Cuando parecía encauzada la crisis del sistema bancario, y antes de dar ni siquiera un mínimo respiro a los mercados, ha estallado en toda su intensidad la crisis de algunas economías emergentes, provocando una nueva oleada de liquidaciones y como derivada una nueva oleada de ventas de pánico.
El efecto en los principales valores españoles, muy vinculados a Latinoamérica, es bien visible en las caídas semanales de Repsol, Telefónica, BBVA y Santander. Pero la onda expansiva ha llegado a todos los mercados, con caídas semanales del 13,5% en el Ibex, del 7,8% en el Eurostoxx, del 5,3% en el Dow Jones, del 6,8% en el S&P y del 12% en el Nikkei.
El "tsunami" de desapalancamiento (deleverage) ha seguido, así, su curso, y esta semana ha tenido una especial intensidad en las tres últimas sesiones, creando de nuevo el caos, y haciendo cada vez más perentoria la necesidad de ordenar ese caos antes de que sea demasiado tarde. El proceso de ventas forzosas, de ventas de "liquidación", no terminará mientras haya quienes deben vender de forma obligada sus posiciones, pero, en la medida de lo posible hay que evitar que ese proceso transmita pánico en los inversores no apalancados, ya que sus ventas de pánico contribuyen a nuevas caídas creando un círculo vicioso.
En este sentido, lo más frustrante de esta semana ha sido el giro de los tres últimos días. El lunes e incluso el martes, hasta media sesión, las Bolsas parecían por fin estabilizarse, moviéndose el Ibex con cierta comodidad por encima de los 10.000 puntos, a pesar de un incendiario informe de Merrill, en el que decía que varios grandes Bancos europeos tenían necesidades de nuevo capital. Pero, a partir de ahí, vino una nueva oleada de ventas, vinculadas a la situación de varias economías emergentes, oleada que ha llevado a los principales índices a los mínimos del viernes 10 de octubre y a nuestro Ibex, afectado por el efecto Argentina, casi mil puntos más abajo.
Esta nueva tormenta, estando tan reciente la de hace dos semanas, ha sumido a los inversores en el negativismo y en la resignación, tras ver que las alegrías con las que se han recibido las sucesivas medidas (plan Paulson, rebaja coordinada de tipos, plan europeo de apoyo al sistema bancario,...) han durado poco y han sido seguidas de fuertes desplomes. El miedo inversor llega a tal nivel que hasta el economista Nouriel Roubini, apóstol y difusor activo del apocalipsis económico, dice que el pánico que se ha apoderado de los inversores es irracional. Roubini propone como solución cerrar las Bolsas, pero esta medida, en nuestra modesta opinión, solo contribuiría a generar más alarma, por lo que parece mejor dejar que el mercado haga suelo donde quiera, aunque sea en un nivel irracionalmente bajo.
Tras las nuevas turbulencias de esta semana se hace más evidente aun la necesidad de bajar tipos de forma decidida y cuanto antes y de seguir bajando tipos cuantas veces haga falta, que probablemente sean varias más.
Al final el mercado sabrá poner su suelo, como supo poner el techo al ciclo alcista en el 2.007, como supo poner límite a la irracional subida del crudo el pasado mes de julio, y como ha sabido poner límite a lo que antes del verano parecía una irremediable desplome del dólar. ¿Cuando y en que nivel? Bill Gross , gestor de Pimco, decía el viernes por la tarde en una entrevista con la CNBC que podría estar próximo el final de las ventas de "liquidación", dado el fuerte ritmo de las mismas. Pero en realidad nadie lo sabe. También decía Gross que en algún momento veremos dinero privado entrando a acompañar a los planes públicos de apoyo a la banca, ya que es una buena idea ser socio del Gobierno en estos planes. Pero es muy difícil saber cuando se va a producir esa entrada.
A nivel técnico, hemos visto en el Ibex el nivel 8.000, que es el mínimo que algunos analistas han dado para esta corrección, ya que supone la pérdida de la mitad desde los máximos de tan solo hace un año en niveles de 16.000. Nunca en la historia de la Bolsa habíamos visto una corrección tan intensa en tan poco tiempo y sin casi respiro. Incluso en la crisis del 73 y 74 , el Dow cayó un 45%, pero lo hizo en dos años, y ahora lo ha hecho en un solo año.
Esta semana conoceremos el PIB americano del tercer trimestre, las ventas de viviendas nuevas en USA, y el precio de la vivienda medido por el índice Shiller, datos que se espera sean malos. De alguna manera esto ya está muy descontado, aunque el impacto negativo a corto puede seguir existiendo. También conoceremos la inflación de la zona euro en octubre, que debería bajar en consonancia con el fuerte deterioro económico. También conoceremos numerosos resultados empresariales del tercer trimestre, entre ellos los de los dos grandes Bancos españoles.
Las expectativas de alguna mejora bursátil se centran en la bajada de tipos que previsiblemente hará esta semana la FED y la próxima el Banco de Inglaterra y el BCE, así como en el cambio de liderazgo americano que previsiblemente se producirá el 4 de noviembre. Estos factores, unidos al nivel bajísimo al que han llegado las cotizaciones, lo que en algunos de los grandes valores europeos significa que estamos viendo niveles de PER de 2 ó 3 veces beneficios, deberían estabilizar las Bolsas, pero bien es verdad que la frustración acumulada en las semanas anteriores nos lleva a ser muy cautelosos a la hora de emitir cualquier mínimo mensaje de recuperación o incluso de estabilización en los mercados.
Miércoles, 30 de mayo
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Juan Carlos Ureta
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