Si habíamos calificado como muy importante la semana primera de septiembre, la realidad es que al final se ha transformado en una semana realmente frustrante.
Las Bolsas han vuelto, con el barril del petróleo a 105 dólares, a los mismos niveles del 15 de julio, cuando el barril estaba a 145 dólares y algunas voces apuntaban a los 200 dólares antes de fin de año. Toda el efecto positivo de la caída de las materias primas en verano, que debería servir para aminorar los temores de inflación, y que había permitido a las Bolsas una tranquilidad en agosto, aunque es verdad que con jornadas muy volátiles, ha sido de golpe eliminado en estas dos últimas sesiones.
El detonante fueron las palabras de Trichet el jueves tras la reunión del BCE, a las que siguieron el viernes nuevas manifestaciones en Frankfurt del mismo Trichet que hicieron caer aun más a las Bolsas europeas. Así, una semana que había empezado bien, con el Ibex cerca de los 12.000 puntos el martes, y con la confirmación, tras la amenaza del huracán Gustav, de que las materias primas y el petróleo van a ajustar su precio a la etapa de bajo crecimiento económico en la que está la economía, terminó dominada por el temor, sobre todo en las Bolsas europeas.
El informe de empleo de agosto publicado el viernes en Estados Unidos, con una subida de la tasa de paro al 6,1%, no ayudó en absoluto, pero lo cierto es que las Bolsas americanas el viernes, tras el dato, evolucionaron de menos a más, y cerraron en positivo. Esto pone de manifiesto que en Estados Unidos la percepción sobre la situación económica y sobre la actuación de las autoridades económicas es bastante mejor que en Europa, y tal vez debería hacer reflexionar al presidente del BCE sobre el hecho de que sus palabras siempre generan inquietud e inestabilidad en los inversores y en los mercados. Tal vez la máxima autoridad monetaria europea debiera reflexionar sobre si es bueno o no que eso suceda, tenga o no razón el presidente del BCE en sus puntos de vista, que debemos respetar y que suponemos correctos.
Ya en el fin de semana, hemos conocido la decisión del Gobierno americano de intervenir las dos grandes agencias hipotecarias americanas, Fredie Mac y Fannie Mae. No es descartable que algunos rumores o filtraciones incompletas sobre esa posible intervención hayan tenido algo que ver (además de las ya mencionadas palabras de Trichet) con la sorprendente caída de más del 5% en las Bolsas europeas en tan solo una sesión y media, y tal vez incluso también ayudasen el viernes, una vez conocidos mejor los detalles de la intervención, a la recuperación de las Bolsas americanas, cuando ya habían cerrado los parquets europeos.
Tras las declaraciones del Secretario del Tesoro americano, Henry Paulson, el domingo, explicando el plan de acción, parece que la intervención está muy meditada y que va a llevarse a cabo de forma acertada. Paulson ha puesto el énfasis, en sus declaraciones, en que es preciso de una vez por todas parar el deterioro inmobiliario como forma de fijar la economía y evitar deterioros adicionales. Es decir, parar la "bola de nieve" que genera la alimentación sucesiva y permanente entre los problemas bancarios, los problemas inmobiliarios y la debilidad de la economía.
Habrá que esperar a ver la reacción de las Bolsas ante la intervención, pero en principio hay que dar un voto de confianza al movimiento, ya que, como se ha visto a lo largo de todo agosto, Freddie Mac y Fannie Mae eran uno de los problemas pendientes de solución, tal vez el más grande, en el sistema financiero norteamericano.
Si esto fuese así, y dado que el resto de los datos económicos que hemos conocido en la semana no han sido malos (el petróleo, pasado el huracán Gustav, cerró en el entorno de 106 dólares, los ISM de agosto, tanto manufacturero como de servicios, fueron buenos) podríamos aspirar a algo de calma en unas Bolsas que están de nuevo, como decíamos, en mínimos anuales, y que amenazan con romperlos, posibilidad que no hay que descartar.
Lo razonable, sobre todo si al intervención de Fredie Mac y Fannie Mae se recibe bien, sería que siguiese la banda de negociación entre el 11.000 y el 12.000 del Ibex, y en el Eurostoxx entre el 3.200 y el 3.400, que se ha venido manteniendo todo el verano, y que es acorde con el hecho de que durante el verano haya habido buenas noticias en el lado de las materias primas y del petróleo.
Miércoles, 30 de mayo
Juan Carlos Ureta
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