En la semana en la que se ha cumplido formalmente el primer aniversario de la crisis global de crédito (global credit crunch), la gran noticia ha sido, sin duda, la caída del precio del petróleo por debajo de los 120 dólares, acumulando así el barril un descenso de más de treinta dólares en las cuatro ultimas semanas, lo que permite empezar a dibujar un escenario diferente al de la primera quincena del pasado mes de julio.
Hace un mes el precio del barril subía hasta 147 dólares, de forma bastante incomprensible, ya que los datos económicos apuntaban muy claramente hacia una fuerte desaceleración de la demanda global. La lectura que hacían los inversores de esa subida del crudo era la de la llamada estagflacion, estancamiento con inflación, escenario similar al de los setenta. Sin embargo, tal y como ya comentamos en ese momento, la comparación con la década de los setenta no parecía acertada, ya que, por un lado, la economía ha cambiado mucho gracias a la globalización y a la revolución de las tecnologías de la información y, por otro lado, esta subida del petróleo no ha sido provocada, como la de los setenta, por recortes en la oferta, sino que parece tener un componente asociado a los mercados de futuros y a la actuación en esos mercados de inversores puramente financieros, haya habido o no (que probablemente algo ha habido) especulación de los precios al alza provocada por algunos operadores.
El escenario, si se confirman en las próximas semanas los descensos del crudo, ha cambiado. Nos encontramos ahora con un cuadro mucho más coherente, en la medida en la que la caída de la demanda provocada por la crisis global lleva consigo, como es lógico, un recorte del precio de las materias primas.
Este escenario permite pensar en una moderación de la inflación en los próximos meses, siempre y cuando se confirme la caída del petróleo. A partir de ahí, como ya decíamos la semana pasada, la mejor combinación para las Bolsas seria la de un periodo de bajo crecimiento y de inflación moderada. El bajo crecimiento es necesario para corregir los desequilibrios generados en la fase de exuberancia y para recomponer los balances de las familias, generando mayor ahorro. La baja inflación permitiría a los Bancos Centrales suavizar la dureza del ajuste con un entorno monetario y de tipos de interés amable.
Como decíamos la semana pasada, cabe otro escenario, el de la deflación, en el que la economía se contrae y a la vez bajan los precios. Pero hoy por hoy ese escenario parece lejano, como lo demostraba el pasado martes ISM americano de servicios al subir en julio a 49,5 superando todas las estimaciones. Recordemos que los servicios son el 80% de la economía norteamericana.
En este contexto, si vemos los comunicados de la FED del martes y del BCE del jueves podemos apreciar que ambos Bancos Centrales están persiguiendo una etapa de estabilidad, de baja inflación y moderado crecimiento, aunque, como era previsible, las palabras de Bernanke tuvieron un efecto balsámico en las Bolsas, en tanto que las de Trichet solo consiguieron, una vez más, provocar caídas.
Al margen de esa diferente capacidad de ambos Bancos Centrales, lo cierto es, en definitiva, que la primera semana de agosto ha sido muy positiva por el lado macroeconómico, al despejar los temores de estagflacion.
Por el lado de las empresas, se han publicado numerosos resultados, confirmando en general descensos en los beneficios, si bien muchos de esos descensos se situaron en línea con lo esperado o incluso fueron mejores que las estimaciones. Algunos de los Bancos que publicaron resultados fueron Fortis (- 50% en el trimestre), HSBC (-29%), Societe Generale (-63%), BNP (-34%), y Barclays (-33%). Como se ve todos ellos con caídas de beneficios, caídas que sin embargo ya estaban descontadas por el mercado. También las aseguradoras europeas (Axa, Allianz, Aegon) presentaron caídas de beneficios del entorno del 30% pero su cotización apenas se vio afectada.
No fue este el caso de AIG, la aseguradora americana que el miércoles presento tras cerrar el mercado una perdida de 5.300 millones de dólares tras provisionar más de 11.000 millones de dólares. La desconfianza provocada por estas nuevas provisiones y la sensación de que puede haber más problemas de balance en la otrora admirada multinacional aseguradora, provocaron una caída de más del 18% en la acción en la sesión del jueves, arrastrando al Dow, también afectado por el anuncio de fuertes perdidas trimestrales en Fannie Mae y Freddie Mac.
En el conjunto de la semana la caída del petróleo y las buenas noticias macroeconómicas como el ISM de servicios pudieron más que los malos resultados empresariales, y de nuevo los índices se enfrentan a niveles críticos, como el 12.000 del Ibex o el 3.400 del Eurostoxx.
La continuidad en el recorte del precio del crudo será clave para que esta vez, en el tercer intento, se puedan superar esos niveles, y en este sentido ayuda la opinión de los analistas técnicos, que sitúan el próximo nivel de soporte de los futuros del petróleo en los alrededores de 100 dólares, una vez roto a la baja el nivel 120.
Lo normal es que sigamos viendo una elevada volatilidad, como la que hemos tenido estos días (valga como muestra la sesión del viernes 8) pese a estar en pleno agosto, pero tanto la evolución del dólar como la del petróleo nos permiten albergar mayores expectativas de estabilización de los mercados financieros en la segunda mitad del ejercicio.
Los datos que doy de M3 son la media móvil trimestral. Considerando el dato corriente, habría que hablar de una horquilla 12,3% - 9,5%. En cualqiuier caso, avances muy importantes.
Sólo ha desaparecido el crédito para los supermegahiperendeudados, como es lógico y natural, porque crédito y endeudamiento tienen dinámicas contrapuestas. Por eso, estos clientes que vienen con que "los de los bancos son unos cabrones porque no me dan dinero, a mí que no tengo nada que ver con El Pisito", echémonos a temblar, bien por la deudaza que deben tener, bien por la solvencia de esos bancos/Cajas que hipotéticamente se "niegan" a hacer negocio.
El "credit crunch" no es "la" crisis. Sólo es una etapa de la crisis, aunque haya una realimentación a la baja.
El credit crunch tiene una causa: la muerte de las expectativas del negociete inmobiliario.
Además, sería un credit crunch rarísimo porque las magnitudes monetarias siguen creciendo muchísimo. Por ejemplo, M3 en la eurozona, desde que estalló la CRISIS SUBPRIME, que es como la llamamos todos, ha seguido creciendo a tasas interanuales entre 12,0% y 9,9%.
El que, a los usureros y triunfadores del Pisito, el sistema financiero les haya dado una patada en le trasero no quiere decir nada más que eso.
Miércoles, 10 de febrero
Juan Carlos Ureta
Luis Llopis Herbas
Grupo Cenyt
Juan Carlos Ureta
Institución Futuro. Think tank independiente
José Miguel Montes
Jesús Pérez
Ramón Tamames