DESASTROSO COMIENZO
07.01.08 @ 09:11:22. Archivado en Comentario semanal
Si en nuestro ultimo comentario de 2.007 cifrábamos el éxito de la Bolsa en el 2.008 en no perder posiciones, hay que convenir que las tres primeras sesiones del año no han cumplido ni siquiera ese modesto objetivo. Más bien ha sido, en toda regla, un comienzo desastroso, muy a tono con el ambiente de crisis en medio del cual terminó el pasado año y ha empezado éste.
Si analizamos lo que está sucediendo, que se podría resumir en la idea de una desactivación de la llamada burbuja inmobiliaria de varios países, muy significadamente Estados Unidos y España, podemos decir, en cierto sentido, que está ocurriendo lo que tenía que ocurrir y que, además, es bueno y era necesario que esto pasase. Hace un año, el consenso era que la velocidad de subida de los inmuebles era insostenible y que era necesario corregir los muy excesivos precios a los que habían llegado los inmuebles. Hace un año era también consenso general que la economía americana debía ralentizarse, que el consumo debía bajar, y que era imprescindible un mayor ahorro y un rebalance de las muy endeudadas familias, lo cual ayudaría a corregir el déficit comercial exterior de la primera economía del mundo. Estas mismas consideraciones podían hacerse, hace un año, de la economía española, entonces impulsada por un escenario poco sostenible de crédito fácil, ilimitado y barato.
El problema no es, por tanto, que esté pasando lo que tenía que pasar, lo que es bueno que pase. El problema, o más bien la duda, es si el necesario ajuste se va a producir de forma ordenada, de forma que no impacte seriamente en el conjunto de la economía. Esta es la clave.
Los malos datos de empleo del pasado viernes en USA, unidos al también mal datos previos del ISM manufacturero provocaron un desplome muy fuerte, al asomar de nuevo la idea de una recesión, y ni siquiera el buen dato del ISM servicios consiguió evitar ese sentimiento. Predomina así la idea de que el ajuste de los inmuebles traerá consecuencias generales muy graves.
Sin embargo, hemos visto casos de grandes correcciones en activos que previamente habían subido mucho, como el dólar y su ajuste a la baja a partir de 2.002, que no han tenido un efecto desestabilizador ni han causado perjuicios enormes al conjunto de la economía, aunque es verdad que ha habido momentos puntuales en los que la aceleración de la bajada del dólar ha sembrado inquietud en los mercados.
El que ahora la corrección inmobiliaria, con su secuela en la banca y en los consumidores, tenga o no un efecto demoledor sobre la economía en general es algo que está por ver. Nuestra opinión es que ese efecto destructivo sobre el conjunto de la economía es evitable, no es necesario ni tiene por qué ocurrir, aunque ciertamente es posible.
La actuación de los Bancos Centrales cobra, en este contexto, una importancia decisiva. Tras los nefastos datos de empleo americanos, la opinión general es que la FED bajará claramente tipos en su reunión de fin de enero. Es muy probable que también lo haga el Bank of England el próximo 10 de enero, ay que en este momento el objetivo esencial es evitar como sea otro patinazo como el del Northern Rock, tras haber aprendido la lección de que una vez abierta la caja de los truenos cerrarla es siempre más costoso que lo que habría sido mantenerla bajo llave.
Queda el BCE, que se reúne también el jueves 10. Nadie Espera que baje tipos, ya que la inflación de la eurozona se ha disparado al 3,1%. Sin embargo, seguimos pensando que el BCE se verá forzado a bajar los tipos, y en este sentido, creemos que haría bien en empezar a preparar el terreno en su comunicado esta semana.
Si miramos a las Bolsas, los desplomes de estas tres primeras sesiones son, sin duda, muy preocupantes, pero es necesario situarlos en contexto. El Ibex ha subido en los cinco últimos años más de un 150%, y el eurostoxx ha más que doblado desde sus mínimos de 2.002. Desde el otoño de 2.005 hasta el verano de 2.007 apenas ha habido correcciones de envergadura, salvo la muy corta de junio de 2.006. Por ello, el que ahora se esté produciendo una corrección seria no es, por sí solo, indicativo de un cambio de tendencia. Aunque los fundamentos del mercado alcista siguiesen íntegros ahí, una corrección era necesaria, y , hoy por hoy, a pesar de la caída de estas tres primeras sesiones, los niveles básicos de tendencia de largo plazo no se han visto amenazados en ningún momento, ni se verían amenazados aunque las caídas se prolongasen algo más.
Un dato importante de esta primera mini-semana de enero es que las caídas han afectado a casi todos los sectores, no solo, como venía siendo habitual en las ultimas semanas, a la banca, constructoras e inmobiliarias. Solo las petroleras, las eléctricas, las telecos (salvo nuestra Telefónica) y alguna que otra química se han librado del castigo, castigo que ha afectado de forma muy seria a sectores como el automóvil, tan brillante el pasado año, o las tecnológicas e industriales. El Nasdaq , que el año pasado subió más de un 10% y fue un índice líder, estos días se desplomaba más de un 6% afectado por valores como Intel, Amazon, Google o Apple, por citar solo algunos de sus grandes valores.
Así, después de este desastroso inicio, lo que queda es un tipo del bono del tesoro americano a diez años al 3.87% y unos precios de las acciones muy bajos, con rentabilidades por dividendo muy altas. En el Eurostoxx hay más de 20 valores de primera fila con rentabilidades por dividendo muy cercanas o superiores al 5%, algunas de ellas superiores al 6%. Vamos a ver si esas rentabilidades atraen a los inversores o si, por el contrario, el miedo a una recesión sigue dominando. Vamos a ver también si los anuncios de beneficios del cuarto trimestre permiten pensar en que los aumentos de productividad siguen ahí y permiten mejorar los resultados en un contexto de desaceleración económica.
Si, como pensamos, los beneficios empresariales y los dividendos siguen siendo atractivos, las Bolsas, incluido el sector bancario, podrían atenuar, de momento, los muy negativos efectos económicos del desastroso inicio de año, a la espera de que se den las condiciones para salir del entorno de turbulencias y de crisis, y a la espera de que , más adelante, cuando los daños en los balances bancarios sean ya claros y cuando se hayan producido las reestructuraciones empresariales que son inevitables, en algún momento de 2.008, pueda pensarse en abordar la segunda parte del ciclo, si es que ha de haberla, como debería.
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Juan Carlos Ureta





