Terminábamos la semana pasada nuestro comentario diciendo que, dados los niveles de los principales valores, BBVA, Santander y Telefónica, el recorrido a la baja de la Bolsa era, a nuestro juicio, limitado. Decíamos también que la sobreventa de los bonos de largo plazo era excesiva y que, en nuestra opinión, y pese a opiniones como la del famoso gestor Bill Gross, los tipos largos frenarían su subida.
Ambas ideas se han demostrado acertadas a lo largo de la semana. El Eurostoxx ha subido casi un 4%, el Ibex un 2,9%, el Nasdaq un 2%, y el Dow y el Nikkei más de un 1%. En cuanto a los tipos de los bonos a diez años, los del Tesoro americano, tras alcanzar niveles del 5,33% a principios de la semana, cerraban el viernes con un tipo del 5,15%, e igualmente los tipos del "bund" alemán cerraban la semana en el 4,65%, por debajo de los máximos semanales, aunque todavía algo por encima del cierre de la semana anterior.
Los datos económicos que han ido apareciendo a lo largo de la semana han ayudado a esa evolución de las Bolsas y de los tipos largos, al confirmar que los temores sobre la inflación parecen algo exagerados. La inflación subyacente americana, que subió solo el 0,1% en mayo, y el Libro Beige, que denotó una continuidad en el escenario de crecimiento moderado pero sostenido, y con inflación controlada, en la economía USA, se sumaron al dato de inflación de la zona euro, que sigue en el 1,9%, y todo ello ha venido a poner las cosas en su sitio. El único dato malo de inflación que hemos conocido es el de China, y como consecuencia de una subida del 40% en los precios del cerdo, por razones coyunturales.
Como ya hemos expresado en alguna ocasión, los factores deflacionistas de la economía actual son muy importantes, debido a la revolución de las tecnologías de información, y a la entrada en el mercado de productores de bajo coste como China e India. Esos factores provocaron el año 2.004 un discurso muy dominante sobre la amenaza de deflación en la economía global, que, a la postre, se demostró erróneo, y se demostró erróneo precisamente por la abundante liquidez que generan una serie de factores estructurales, y por la propia actuación acomodaticia y no restrictiva de los Bancos Centrales.
Traída al momento actual, la idea sería que la inflación va a seguir básicamente bajo control y que, por ello, los tipos de largo plazo van a tener un recorrido limitado en su subida en el presente ciclo. Es decir, van a subir, pero no a los niveles alarmistas en los que algunos están pensando. Dicho de otra manera, vivimos un periodo de tipos de interés estructuralmente bajos y si alguien piensa en una repetición de 1.994 , cuando los tipos del bono del Tesoro a diez años subió en tres meses del 5,7% al 7,3%, a nuestro juicio se equivoca.
Esta es, a nuestro juicio, una idea dominante, y que ha tenido, una vez más , su peso en las Bolsas esta semana, con el importante rebote de todas las Bolsas. También contribuyó positivamente la subida del PIB japonés en el primer trimestre, del 0,8% y superior a la esperada, que conocimos la noche del lunes.
Ahora bien, en nuestra opinión, las Bolsas deberían abordar una consolidación larga en torno a estos niveles. Una consolidación que se tendría que haber hecho y no se hizo tras la crisis de fin de febrero y que, a nuestro juicio, se hará en los próximos meses.
Tras las dos anteriores caídas, la de febrero y la de abril, el Ibex rebotó con fuerza y superó en ambos casos los niveles previos a la caída. Ahora está por ver si el Ibex vuelve a situarse por encima del 15.500. Todo es posible, pero si pensamos en lo más conveniente a medio plazo, nos gustaría más ver una consolidación en torno al 15.000 antes de abordar una nueva fase alcista.
A la espera de que comience la temporada de resultados del segundo trimestre, los indicadores adelantados de Estados Unidos y la encuesta ZEW e IFO es difícil que muevan a un mercado que está más atento a las operaciones corporativas.
Lunes, 13 de febrero
Juan Carlos Ureta
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Juan Carlos Ureta
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