Casi todas las Bolsas mundiales, con excepción del Nasdaq, ayudado por los buenos resultados de Dell, han cerrado la semana con pérdidas, más acentuadas en el Nikkei, que ha caído más del 2% en la semana.
El detonante del giro ha sido la caída del dólar, y detrás de esa caída está la desaceleración de la economía norteamericana, y el temor a que un dólar a la baja debilite aun más las exportaciones a Estados Unidos, ya de por sí afectadas por la propia falta de pulso de su economía.
En estas condiciones, la idea de que la zona euro, Asia y, aunque sea en menor medida, Japón, tomen el relevo como motores del crecimiento, vuelve al primer plano de la escena, pero a la vez, el temor sigue siendo que la mayor economía del mundo, la norteamericana, pueda caer en una fuerte contracción, al impactar la caída de los inmuebles más de lo que se piensa.
De esta forma, el dólar no es sino un reflejo de temores más profundos sobre la sostenibilidad del crecimiento global en los próximos años, temores que en las últimas semanas no habían hecho acto de presencia, aunque de alguna manera estaban ahí.
Los próximos días van a ser claves para confirmar o no estos temores, ya que además de las ventas minoristas del llamado "black friday" (el viernes siguiente al Día de Acción de Gracias) que parece no han sido malas, vamos a tener muchos datos sobre la salud de la economía norteamericana, como el de confianza de los consumidores, el PIB revisado del tercer trimestre (recordemos que la primera publicación arrojó un crecimiento de tan solo el 1,6% anualizado), el ISM, las ventas de viviendas de octubre, el empleo de noviembre o el Beige Book, por citar sólo algunos.
Todos estos datos van a ser decisivos en la orientación a corto de las Bolsas, y también los de la zona euro (clima empresarial, confianza del consumidor, datos de precios y producción,...) y los de Japón ( IPC y empleo de octubre), ya que las Bolsas han valorado en los dos últimos meses un escenario de pocos riesgos, casi de ningún riesgo, y es normal que cualquier variante sobre ese escenario provoque temores y recortes, frente al idílico "happy slowdown" que se venía descontando de forma complaciente.
Por el momento, sin embargo, los datos que hemos conocido de Alemania han sido fuertes, con la IFO subiendo de 105,3 a 106,8 y los tipos de los bonos a diez años se mantienen en niveles muy bajos, del 4,55% en el bono americano y del 3,7% en los de la zona euro. Estos tipos de largo plazo, unidos al reiterado mensaje de los Bancos Centrales de que el crecimiento no está en riesgo (por eso el BCE subirá tipos el 7 de diciembre casi con seguridad y por eso la FED alerta sobre todo de los temores de inflación) crean una convicción de que el novedoso escenario financiero al que aludíamos la semana pasada, es decir, crecimiento estable y condiciones de financiación de largo plazo favorables, va a permanecer.
Estas son las condiciones en las que se plantea la corrección en curso de las Bolsas, a la que acompaña una suave recuperación del precio del petróleo y de las materias primas. En principio, y salvo evoluciones imprevistas, los mercados van a limitarse a corregir excesos, como apuntábamos hace una semana, y aunque en algunos valores los excesos son de cierta importancia, en el conjunto del mercado los multiplicadores y las valoraciones no se han apartado demasiado de lo razonable.
Martes, 9 de febrero
Juan Carlos Ureta
Luis Llopis Herbas
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Juan Carlos Ureta
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