La visión de Castilla del 98 y de Machado: matices, precisiones y réplicas

I. Primer movimiento:
OTROS CAMPOS DE CASTILLA

A orillas de Antonio Machado

A ORILLAS DEL DUERO es el Poema 2 de “Campos de Castilla”, libro que en realidad sólo trata de los campos de Soria y sus alrededores, y que, en principio, iba a llamarse “Tierras de España”, lo cual hubiera estado más en consonancia con el espíritu del libro y de la Generación del 98 a la que corresponde.

Supone la culminación poética –porque Machado es una cumbre de la poesía- de la leyenda negra castellana, ya existente antes de que la Generación del 98 iniciase sus publicaciones, aunque pase por ser la exaltación máxima de Castilla en el siglo XX.

En todos los españoles que hayan pasado por la escuela en los últimos cien años resuenan estos versos ofensivos para Castilla y los castellanos, que sin embargo se toman por definitorios de ella, incluso por los desmoralizados castellanos…

“Castilla miserable, ayer dominadora,
envuelta en sus andrajos desprecia cuanto ignora”.

Antonio Machado. “A orillas del Duero” 1912

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I. Poeta grandioso

Poeta, Antonio, eres grandioso, sencillo y claro,
en nombre y adjetivo tuyo, y -rimando- un faro.
Pero, si me permites que esparza esta semilla,
siembro aquí: no son los tuyos “Campos de Castilla”.
Si acaso, puedan ser llamados “Campos sorianos”
los que agavillaste con tal nombre.
¡Y machadianos!

Son “Campos machadianos” que a Soria dedicaste,
a ti te expresan.
Y a España en Soria reflejaste.
Pero a Castilla sólo en muy poco conociste
y por Leonor un poco a esta tierra la quisiste.
¿Los campos sin arados, regatos ni arboledas?
¡No te interrogas
por el ocaso de estas gredas!

¿Atónitos palurdos sin danzas ni canciones?
¿Y a Castilla amabas
con tales sensaciones?
Un solitario y melancólico andaluz triste
que en un desgarrador tiempo de España viviste.

II. Castilla espléndida, nada miserable. Muy generosa contigo

¿Castilla miserable?, ¿ayer dominadora?
¿envuelta en sus andrajos?, ¿desprecia cuanto ignora?
A cualquier tierra que le llamases “miserable”
no es fácil
te nombrara poeta venerable,
Antonio. Admitirás que en ello es generosa
tierra que te venera en forma casi amorosa.

Y si hubiera que entender, por ello, “empobrecida”
debíaste igual preguntar por qué su caída.
Agentes, causas, heridas…
cuando ricas tierras
en lanas, carnes, tejidos, mantas, sedas, sierras
gentes, hasta hoy
que las ves con tan poco preciada
voz, en tu Castilla despreciable y despreciada.

III. Dominada Castilla, casi destruida

(Siglos VIII y IX)

¿Ayer dominadora Castilla te parece,
Antonio…? ¿Y cuándo eso, buen Machado, acontece…?
¿Cuando un pequeño rincón Castilla entre el mar bárdulo
y montañas que debía proteger con párvulos
recursos de ataques dominadores…? ¡Califas
de islam despreciaron tales rocas insumisas!

Ignoraban que aquello breve que despreciaban
-Tan breve que ´castro leve´, ´castillo´, llamaban-,
sabría erguirse como la luz de la mañana
para conformar -con otros pueblos- el de España.
No, Castiella,
la tierra de los breves castillos,
se amparaba en rocas sólo, elevaba portillos.

IV. Pequeño condado marítimo y montañoso

(Siglo VIII)

¿Consideras que Castilla era dominadora
Antonio, cuando solo una tierra que el mundo ignora?
Era sólo el breve territorio de un condado
marítimo, entre Bardulia-Cantabria a este lado
y tramos iniciales de Ebro (Burgos arriba:
Reinosa, Villarcayo, Mena… Nada más iba
ni entrado el IX, la marina y la montañosa
-tan verde, agreste, salada, feraz, deliciosa
dependiente hogar-, y dulce tierra de Castilla).

¿Esa minúscula, condal, boscosa y sencilla
tierra, sierra, costeña, fluvial y encantadora
Castilla es la que piensas que domina e ignora?

Santander, Castro, Santoña, Laredo era apenas.
Más castillos que Montaña en guarniciones llenas
va dejando al prevenir incursiones sureñas,
¿estas son las tierras que en tus cantares desdeñas?

Reinosa, Burceña, Taranco, Valpuesta, valles
que se cuidan de las invasiones sarracenas
y que llegar a Burgos ni mucho menos sueñan,
¿son do tanto pardo, yermo, llano, seco… halles?

Son tus “Campos” tan sólo alrededores sorianos
y óptica sombría fin de siglo: ¡machadianos!

“Campos machadianos” son los tuyos, pero ahora
-de Castilla toda- imagen es dominadora.

Tus lectores siguiendo tu senda poética logran la peripecia
de aceptar, como única, la idea que a casi toda Castilla desprecia.

¿Machado miserable, de rima dominadora,
envuelto en una ciudad empobrecida, desprecia cuanto ignora?

¡No, Antonio! Aunque juzgue que tu juicio ha hecho daño
a la imagen completa de Castilla, no te acompañaré de tamaño
exabrupto… ¡No te llamaré “miserable”, ni en el sentido de “cicatero”!

Aunque sí es verdad que podrías haber hecho más por conocer las tierras primero
del Ebro, Cadagua, Adaja, Tormes, Eresma, Clamores, Pisuerga, Carrión, Duero
Tajo, Henares, Tajuña, Alberche, Tiétar, antes de ser tan pardo, parco y parvo
en tus versos.

¡En tus versos, Antonio, no en los paisajes castellanos tan distintos y diversos,
por donde se puede andar y caminar con mucha más donosura y garbo!

V. Castilla aún no llega ni a Burgos ni al Duero,
pero ya va sobrada de agua, verdor y rocas

(Siglo IX)

¿Tal vez tu Castilla parda, seca, sin arroyos
y sin arboledas, surge –única- en los cogollos
del siglo IX, cuando ya se avanza hacia Amaya
Miranda de Ebro, Oña, Frías, Pancorbo…?
¡Bien que haya
tanta haya, prado, pasto, alta braña, verde bosque
en que granjas, villas, pastores, gente se embosque
entre pino y robles…!
Brañosera fuero diera
de libertad, a quien a esta Castilla viniera,
¡por protegerse de Córdoba, dominadora
y musulmana! ¡Ansia libre castellana ignora…!
¡Pero Córdoba, Antonio! ¡No la verde Castiella,
que entre el mar y montaña castellana marca huella!

VI. Castilla de Fernán, el conde, a Fernando III, el rey santo:
navegan las sevillanas.

(Siglos X al XIII)

¡Oh, poeta triste y noble!, ¡Miremos centurias
posteriores…!
Del X del conde que aún penurias
tantas pase ante Córdoba soberbia, invasora,
al XIII en que Fernando el Santo Córdoba incorpora
a la invadida tierra de aquella estirpe goda
que Al-Ándalus –dominadora- cercena y poda.

“Era Castilla la Vieja un puerto bien cerrado,
Non había más entrada de un solo forado;
tovieron castellanos el puerto bien guardado,
porque de toda España eso hobo fincado”.

“Un puerto de montaña bien cerrado”, Antonio.
El Poema de Fernán González poetizado
eso dejó. Castilla era La Montaña. Pasos
abruptos a los que castillos cerraran pórticos.

“Sobre todas las tierras mejor es la Montaña,
de vacas e de ovejas non hay tierra tamaña”
“Buena tierra de caza e buena de venados,
de río e de mar muchos buenos pescados”

Mucho ha cambiado la visión que los castellanos
poetas tenían de su tierra, a la que, Machado
amigo, diste tú y no sé de dónde sacado.
Veamos ahora puertos de mar castellanos…

¡Mira que de los puertos norteños de Castilla
una flota de barcos parte a tomar Sevilla!
¡Son barcos castellanos, Antonio,
que te entregan
la Sevilla en que nazcas! ¡Incluso a ti, navegan…! (1)

¿Lo ignoras o lo desprecias…? ¿El viaje que naves
castellanas emprendan, pues tú hoy lo menoscabes?

¡Y en tanto navegan van cantando castellanas
seguidillas…! Sevilla las muda a… “sevillanas”.

VII. Reino, Corona, Mundo, pero pronto tierra esquilmada

(1492 –Colón, Corona de Castilla- a 1522 – Magallanes, Espinosa, Elcano, Corona de Castilla-)

XIII al XV, Castilla algo de Hispania incorpora,
pero de nada ajeno es ella dominadora.

¿De Colón a Magallanes, Espinosa, Elcano…? (2)
Es cierto: océanos, mundos se incorporan -plano
a redondo- al orbe castellano. ¿Treinta años?

¿Son esos –noventa y dos, veintidós- los peldaños
desde Colón hasta el regreso de nao Elcano
los solos treinta años de dominio castellano?

Puede ser… Aquello que una carabela abriese,
la “Victoria” castellana vuelta al mundo diese.
¡Pues tampoco es mal dominio dominar los mares!:
¡Explíquense en la escuela de quién los navegares!

¡Y recuerda tú, Antonio, salvo que en la leyenda
más negra te integres, que océanos por la senda

de Castilla son surcados. Barcos castellanos
que no pueden ignorar poetas sevillanos.

VIII Marinos castellanos

Marino, “ome de Burgos”, fue Ramón Bonifaz,
que almirante de Castilla fue y en forma audaz

remontó el Guadalquivir llevando hasta Sevilla
arietes primeros de los barcos de Castilla.

E igual de Burgos, de Espinosa de los Monteros,
es Espinosa, que tomó el mando de veleros

de Magallanes, y enarboló armas de Castilla
para que siguiera flota rumbo hacia Sevilla.

Cervantes, Lope y tantos castellanos de tierra
adentro navegaron en los barcos de guerra

que nada autoriza a la incierta leyenda negra,
a ignorar que Castilla con azul sal se alegra.

IX. La forzada y forzosa decadencia, siglo tras siglo,
provocada por el poder central

(Desde 1522 en adelante)

Pero a partir de mil y quinientos veintidós,
Castilla va a quedarse poco a poco ya en pos
de la Casa de Austria.
A su interés sólo sujeta.
Aún el Dieciséis da a Castilla y Soria inquieta
iglesias, catedrales, palacios, solariegas
casonas, manufacturas, bellezas. No niegas
tú mismo, buen Machado, pues ellas mismas vieras
o sus restos, ruinas o vestigios presintieras.

Cuatro siglos en tu tiempo, cinco en este ahora,
mucho la hace dominada (no dominadora).

La mayor presión fiscal o el olvido inversor
conducen al presente y arrumbado dolor
de las ruinas a las que han reducido a Castilla.
¡Hasta su historia esquilmada…!
¡En verso se la humilla!

X. ¿Sólo Castiella desprecia cuanto ignora?

(Pregunta nada retórica)

Todos ignoramos mucho, Antonio, hasta los sabios,
pero no todos ignoramos lo mismo. Labios
humanos no pueden abarcarlo todo.
Errando
es como aprendemos y después rectificando.
¿Por qué llamas ignorante sólo a mi Castiella?,
¿y eres tú el poeta
que cantara su epopeya?

¿El resto nada desprecia, incluso en algún verso…?
Hay mucha altivez a lo ajeno en el universo.
No es buen rasgo tuyo, Antonio, orillarte ante el Duero
por rimar en principio este poema primero.
¡Duro inicio,
que recuerda más el escolar,
y quien no es muy dado a leer ni a poetizar!

XI. De “Castilla, la gentil”, a la Castilla machadiana

(Que el tópico falso se convierta en verdadero, por exclusión de cuanto no entre en él. Siglos XX y XXI)

Sus tierras se cuartean, se parten y trocean.
Y de sus bosques se hacen astillas que golpean
quienes la seca, parda, llana, sin arboleda
la llaman… Año a año imagen literaria ceda
cuanta Castilla sobre, para ajustarla a eso:
tierra en permanente de lo bello retroceso.

¡Que el tópico falso se convierta en verdadero
el continuo logro es de criterio tan artero!
¡Pero si “Castiella la gentil” es en “Poema
del Cid” llamada…!,
¿cómo ahora esta hosca diadema?
¡Y si entre rocas, prados y litoral y playa
la Bardulia original a Castilla pronto halla…!,
¿cómo sólo es
la pelada, parda, seca y llana
Castilla hoy la dominadora, la machadiana?
Anuladora… en realidad de las otras todas
que ya ni intentan cantarlas mudos sus rapsodas.

XII. Machado, buen amigo

Machado, buen amigo, está ya la primavera.
vistiendo las ramas de los álamos que viera
reír el Duero, al pasar camino a San Saturio.
¡La ermita que a río, cielo, roca y Soria augurio
es…! Por estas lágrimas de piedra que el sol traza
en agua cristalina del Duero,
Soria enlaza
cuanto corazón por entre esta alameda pasa.
¡Románicas iglesias nuestro sentir abrasa!

Castilla, sin ser tu tierra, y siendo más diversa
y varia que una sola provincia, en ti está inmersa
entera…
¡Gentes del alto llano numantino,
y gentes de todas las Castillas en tu sino
y verso están inscritas!
Mas toda su belleza
dispar, extensa y amplia fuese absurda proeza
que nunca hubiese cabido en un tan breve libro que por tu “Retrato” empieza.

XIII. Todos, noventayochistas, fuisteis periféricos, no castellanos

Y desde luego, interés concreto por ella no lo tuvisteis
ninguno de vuestra Generación. Aunque sí la visteis
tan postrada, marginada, derrotada, despoblada…
Mas sus problemas os inquietaron… sólo de “pasada”.
¡Pasar por Castilla no yendo a ella…, sino a España!

¡Pasar –cantándola, aunque aparentemente-, de ella!
Sin ver que así de nuevo a Castilla se atropella.
Lanzar, sobre sus ruinas, culpas, quejas y barro…
que algo ahonden más en su corazón el desgarro.

Arrojando al cubo de basura de esta tierra
el pesimismo que a vuestra hora negra acompaña.
¡Era de todos derrota y desastre de España!
¡Después de un siglo –consigo misma- estar en guerra!

Eso hicisteis, agoreros y vencidos por Guerra del 98
No el no ser de Castilla, sino no amarla por sí misma. ¡Eso os reprocho!

Sois el resumen de un siglo de conflictos españoles
que, en una Guerra USA-España, dejó al aire los seculares -de todos- descontroles.

Pero a la más débil lanzasteis igualmente los dardos
que otros le exhalaban, mediante sus histéricos bardos.

XIV. En verso, la visión de Castilla que se generaliza es la tuya, uniprovincial Machado

¿Sabes de qué hablo, vasco Maeztu,
creador del concepto de la Hispanidad,
para despojar de su obra propia
a Castilla y su Corona?
¡Desaparece la Castellanidad
de la Historia!

También creaste tú el tópico de la Castilla mesetaria
sin árboles, seca, plana uniforme, como única parte cierta de esta región de España.

¿Y tú, vasco Unamuno, que inicialmente eras contrario a la tierra castellana
aunque luego fuiste -y mucho- cantor y poeta de su cuerpo y de su alma?:

“En el fondo del catalanismo,
de lo que en mi tierra se llama bizcaitarrismo
y del galleguismo,
no hay sino anticastellanismo,
una profunda aversión a lo castellano y a sus manifestaciones”.

Pues puede ser, Miguel ¡si hasta el cainismo
pirómano alguno de los miembros de tu Generación le achaca!

¿“Azorín”, alicantino, sabes de lo que hablo? También como reflejo de España
Castilla te interesaba, no por el valor propio y auxilio que Castilla necesitaba.

¿Ángel Ganivet, granadino que reflexiona
hasta el suicidio por los males que acumulaba toda –¡toda!- España!

¿Y tú guipuzcoano, pesimista y existencial Baroja, más preocupado
por alejarte del nacionalismo reaccionario vasco,
aunque te dejó huella, que por nada castellano?

Pero el poeta de aquella Generación, Machado,
eres tú. A ti te corresponde el honor de golpear a España con verso avezado
pero usando como tema y como carrillo, el rostro castellano.
Con los versos más sonoros y bien rimados de un espléndido artesano.

¡A España vas, a España analizas, a Castilla hieres cruelmente,
por fenómenos que en otras partes de España hallaras igualmente!

Tu verso uniprovincial se enseña en las escuelas desde hace una centuria,
contribuyendo al disolverse de todo lo que no sea la Castilla de Machado.

Lo lúgubre de aquel momento y amargo, en vuestro propio ánimo anidado
ha pasado a ser la esencia en que se educa a la propia Castilla. ¡Tal su penuria!

Tal el desánimo de todo lo castellano
que nace de aquel tiempo de escaso ánimo,
y otro tanto igual en tu exiguo aliento, Machado amigo,
a quien casualmente quiso el destino
llevarte brevemente a Soria y a su campo.

Allí vertiste sobre Soria y Castilla el pesimismo
que hubieras echado sobre Aragón, si te hubiera correspondido
plaza de profesor de francés, por ejemplo, en la ciudad de Barbastro.

XV. A modo de estribillo: ¿Sólo Castiella desprecia cuanto ignora?

Todos ignoramos mucho, Antonio, hasta los sabios,
pero no todos ignoramos lo mismo. Labios
humanos no pueden abarcarlo todo.
Errando
es como aprendemos y después rectificando.

¿Por qué llamas ignorante sólo a mi Castiella?,
¿y eres tú el poeta
que cantara su epopeya?
¿El resto nada desprecia, incluso en algún verso…?
Hay mucha altivez a lo ajeno en el universo.
No es buen rasgo tuyo, Antonio, orillarte ante el Duero
por rimar en principio este poema primero.

¡Duro inicio…! ¡Lo memora el más tierno escolar!,
¡y quien no es muy dado a leer ni a poetizar!

XVI. Antonio, magno faro de leyenda negra sobre Castilla

Antonio…
¡Gentes del alto llano numantino,
y gentes de todas las Castillas en tu sino
y verso están inscritas! Mas toda su belleza
dispar, extensa y amplia fuese absurda proeza
que nunca hubiese cabido en un tan breve libro que por tu “Retrato” empieza.

En cambio, tu verso grandioso, sencillo y claro,
en nombre y adjetivo tuyo, y -rimando- un faro…
ofrece anchurosa cumbre a la leyenda negra
en cuyo surco –y la avienta- “Campos…” sí se integra.

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(1) La Marina de Guerra de Castilla fue armada por encargo de Fernando III el Santo para colaborar en la reconquista por mar y río de la taifa marítima de Sevilla, recibiendo el marino burgalés Ramón Bonifaz el título de primer Almirante de Castilla.

La Marina de Castilla entró en combate en 1247 en las aguas de las actuales provincias de Huelva y Cádiz contra la escuadra benimerina del norte de África, coaligada con las naves de la taifa sevillana, y tras vencerla remontó el Guadalquivir hasta Sevilla a cuya capitulación contribuyó decisivamente en 1248, apoyando a las tropas de tierra de Fernando III que finalmente rindieron las fuertes murallas sevillanas.

Desde ese siglo XIII entonces y hasta el siglo XVIII, siglo en que Felipe V, con los decretos de Nueva Planta eliminó la Corona de Castilla, se sucedieron ininterrumpidamente los “almirantes de Castilla”, al mando supremo de todas las flotas castellanas, cada una de las cuales, naturalmente también tenían sus propios almirantes o capitanes generales.

(2) Gonzalo Gómez de Espinosa, el gran olvidado de la primera Expedición de Magallanes que cincunnavegó el mundo, fue el marino –natural de Espinosa de los Monteros (Burgos)- que tomó el mando de los barcos que quedaban en dicha Expedición –las naos Trinidad y la nao Victoria- tras la muerte de Fernando de Magallanes.

Espinosa descubrió las islas Molucas –objetivo de la expedición- en 1521 y después ordenó volver a Castilla por el oeste, lo que implicaba dar la vuelta al mundo.

Sin embargo, en la nao capitana, la Trinidad, se descubrió una vía de agua que necesitó una reparación.

Sorprendentemente, estando al otro lado del mundo, entre las actuales Indonesia y Nueva Guinea, las dos naos castellanas se separaron, y la Victoria siguió su viaje dejando varada a la Trinidad.

Al mando de la nao Victoria se hallaba desde hacía poco tiempo Juan Sebastián Elcano, que ya había participado en las costas de Sudamérica en un motín para intentar regresar a España desde allí, sin proseguir el viaje. Ello supuso que todos los amotinados fuesen apresados por Magallanes, que contó para ello con la decisiva ayuda de Gonzalo de Espinosa. Las cabecillas del motín fueron castigados por Magallanes y, poco después, ante la necesidad de hombres, los marineros menos significativos, entre ellos Elcano, fueron perdonados y se reintegraron a la navegación.

¿Siguió Elcano las órdenes de Gonzalo Gómez de Espinosa para proseguir viaje desde las Molucas o desertó la tripulación de la Victoria dejando al capitán de la flota en situación comprometida, rodeado de peligros y reparando su nave, en el archipiélago de las Molucas?

Los historiadores no se ponen de acuerdo al respecto, ni es fácil que nunca se pueda dilucidar la verdad.

La nao Victoria completó sola la vuelta al mundo, entrando en Sevilla el 8 de septiembre de 1522, con otros diecisiete supervivientes. Pero sorprendentemente Gonzalo Gómez de Espinosa sí regreso a Castilla en 1527, acompañado de otros pocos supervivientes de la primera circunnavegación del mundo.

Espinosa y Elcano nunca pudieron confrontar versiones acerca de lo que había ocurrido en las Molucas y la razón de la separación de sus barcos, porque Juan Sebastián Elcano había partido dos años antes –en 1525- en la segunda expedición a las Molucas, comandada por el ciudadrealeño García Jofre de Loaísa, en la que ambos, Loaísa y Elcano, morirían.

Lo cierto es que Carlos I no fue especialmente efusivo en su recompensa a Elcano, quizá porque alguien de la tripulación dejó entrever que su comportamiento no había sido todo muy correcto a lo largo de la expedición.

En la segunda expedición de 1525, Elcano tampoco fue el capitán general de esa nueva flota, pese a conocer ya las rutas del viaje.

Juan Pablo Mañueco, del libro “Otros campos de Castilla” 2018

Comprar:

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Autor, vídeo de minuto y medio:

https://www.youtube.com/watch?v=HdKSZzegNN0

Enlace con las tres partes iniciales del Prólogo a este libro -la mitad aproximadamente del Prólogo-, ya publicadas en internet:

http://blogs.periodistadigital.com/juan-pablo-manueco/2018/08/15/contra-la-leyenda-negra-castellana/

Castilla, España, Libros

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