La leyenda negra castellana: su origen, desarrollo y triunfo completo (I)

COMIENZO AQUÍ LA PUBLICACIÓN, en Periodista Digital, del prólogo que llevará mi próximo libro, cuyo título me reservo, que en realidad es un ensayo de unas 50 páginas sobre el tema que abajo se indica: “La leyenda negra castellana” y sus consecuencias que son tan devastadoras como que ni siquiera se es consciente de que dicha “Leyenda negra castellana” existe.

Dicha leyenda negra sí es cierto que ha sido creada por sus enemigos, pero ha triunfado tan plenamente que es la Castilla que se enseña hoy día a los castellanos en las escuelas y además las propias autoridades regionales de las Castillas, aceptan los postulados -sin saberlo y sin ser críticos con ellos- de la propia leyenda negra, que ahora vamos a exponer.

De que se venza a la “leyenda negra castellana o no” depende que Castilla renazca con fuerza entre los pueblos de España o siga languideciendo ante todos nosotros, sin que a nadie en España ni tampooc a las autoridades castellanas y a la propia población, parezca preocuparles…

Empezamos con la primera entrega de este Prólogo/Ensayo.

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LA LEYENDA NEGRA CASTELLANA: SU ORIGEN, DESARROLLO Y TRIUNFO COMPLETO. (Parte I)

Sus efectos sobre el abatimiento y el provincialismo –no regionalismo- castellano y sobre el modo de vencer esa leyenda negra

Volumen I. Contra la leyenda negra castellana

A favor y en contra de Antonio Machado y Rafael Alberti;
con Gerardo Diego y García Lorca, siempre

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ANTONIO MACHADO ES UNA CUMBRE de la poesía del siglo XX. Su visión de Castilla, sin embargo, se ha transformado casi en única sobre esta tierra. Y en esta afirmación que acabo de efectuar sobre el autor de “Campos de Castilla” lo relevante es el posesivo “su”: la visión de Machado, convertida en quintaesencia sola y excluyente de cualquier otra de la tierra castellana.

Siendo así que es la de un personal poeta. Que ha habido otras muchas visiones de lo castellano, a lo largo de la historia, coetáneas a la del vate sevillano, y también posteriores a él. Y siendo así, por último, que la Castilla de Antonio Machado apenas se refiere a la ciudad de Soria y sus alrededores. Y que este título hubiese sido credencial más adecuada para el contenido de su libro: “Campos de Soria y alrededores”.

Sólo una excursión a los picos de Urbión y a la Laguna Negra se aleja del perímetro descrito. Más una breve referencia a la Sierra de Guadarrama, vista desde Madrid, y a “la mujer manchega”, que finalmente comprobamos que se trata de una elucubración literaria sobre Dulcinea del Toboso.

No hay más campos de Castilla en “Campos de Castilla”. Ni más ciudades, ni más villas, ni más referencias históricas, ni más ámbitos que los descritos: Soria.

Una Soria, la capital de provincia más pequeña de España en tiempos de Machado, en declive económico absoluto, por las causas de cuya decadencia Machado no se interrogó en ningún momento, desde un esplendoroso pasado económico y demográfico en siglos anteriores.

Una Soria –y una Castilla la Vieja, por extensión- por la que no había sentido ninguna atracción hasta ese momento y a la que llegó no por interés especial, sino porque era la plaza más cercana a Madrid a la que su número de opositor como profesor de francés le permitía acceder.

Madrid, la gran ciudad y corte, con sus ambientes literarios, sí le atraía. En ella había vivido durante los veinte años –“mi juventud, veinte años en tierra de Castilla”- que mediaban entre su marcha de Sevilla (1883, con ocho años de edad) y su necesidad de ponerse a trabajar –sobrepasados ya los treinta años-.

Para ello opositó en 1907 a lo que permitía su menguado currículum académico, profesor de francés en Institutos de Segunda Enseñanza, para lo que no se necesitaba en su época título de Licenciado, que Antonio Machado no poseía.

En Soria conoció a Leonor Izquierdo, ciertamente. Una niña de trece años ante un hombre mucho mayor, que pasaba de los treinta. Y con ello Antonio Machado se abrió al amor.

Pero la prematura muerte de Leonor (1912), convertida ya en su mujer (1909), hizo que Antonio Machado abandonara definitivamente la pequeña ciudad de Soria, de apenas siete mil habitantes en su época. Nada le retenía ya en aquella ciudad o tierra.

Repitámoslo, Antonio Machado es una cumbre de la poesía del siglo XX. Y debemos reiterar su condición de espléndido poeta porque la sacralización de Antonio Machado y su identificación absoluta con Soria (y con la tierra que apenas tocó, Castilla, pese al título de su afamado libro) hará que suene a sacrilegio lo que se está diciendo y lo que va a decirse a partir de ahora, en los oídos de sus devotos, fervorosos e incondicionales admiradores, que son legión, enjambre y muchedumbre.

Sobre todo, si se toca el tema literario de Castilla; entonces el nombre de Antonio Machado surge de inmediato, enseñoreándolo todo.

Juan Pablo Mañueco.

Youtube sobre el autor:

https://www.youtube.com/watch?v=HdKSZzegNN0″>https://www.youtube.com/watch?v=HdKSZzegNN0″>https://www.youtube.com/watch?v=HdKSZzegNN0

Continuará.

Castilla, España

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