Juan Martín, “el Empecinado”, vida y muerte de un héroe liberal castellano

EL EMPECINADO, por Mañueco

Viaje a Brihuega con Foto

I. Castrillo de Duero (Valladolid)

Era un hombre Juan Martín
que llaman “Empecinado”
tan terco y tan obstinado
desde el comienzo hasta el fin,

que al ir a ser ahorcado
no admitió muerte tan ruin
y se obstinó Juan Martín
que no iba a morir colgado.

En la villa de Castrillo
de Duero
, en Valladolid,
fue a nacer tal nuevo cid
de hogar labriego y sencillo.

Quien fue en Castilla adalid
y tomó tanto castillo
en sus calles fue chiquillo
y venció al francés en lid.

Reclutado fue a la guerra
por Godoy primera vez…
Vio allí que la rapidez
contra ejércitos de tierra

unida a la intrepidez
de una partida de guerra
puede hacer perder la tierra
a fuerza en mayor rigidez.

Es la guerra de guerrillas
la que viera Juan Martín,
que desde uno a otro confín
puede poner de rodillas

a un ejército sin fin,
causándole pesadillas
cabalgando de puntillas
siendo el triunfo su botín.

Es la guerra de guerrillas
la que viera Juan Martín…

Y luego que era obstinado
llegó a ser Empecinado
y quiso a serlo hasta el fin.
¡Y así lo fue Juan Martín!

Después de ser licenciado
y que a su pueblo volvió
al terruño él regresó
del cual se había apartado.

Mas el francés retornó
sin saber que había hollado,
la patria de Empecinado…
¡y contra ellos Juan se alzó!

Gente de Cuéllar y Aranda
de Peñafiel y del Duero
siguieron al guerrillero,
que pronto a decenas manda.

Tirador y caballero
no es gente armada ni banda,
sino una partida que anda
contra ejército extranjero.

Espoz y Mina en guerrilla
por Navarra, más Merino
-el cura- por Burgos, sino
fue que por toda Castilla

anduviera su camino
Juan Martín, el que más brilla
de entre toda la guerrilla.
¡Empecinado destino!

II. Guerrillero por toda Castilla contra el francés

Era un hombre Juan Martín,
que llaman Empecinado,
tan terco y tan obstinado
desde el comienzo hasta el fin,

que al ir a ser ahorcado
no admitió muerte tan ruin
y se obstinó Juan Martín
que no iba a morir colgado.

Tierras de Valladolid
de Ávila y Salamanca
de Burgos, Guadalajara,
Cuenca y Alcalá y Madrid

Y de Segovia y de hasta
Zamora lidió en gran lid
de independencia adalid.
Y al generalato escala.

La España más liberal,
la de la Constitución,
le eleva a tal condición
de ascenderle a general.

Coordinando su acción
-de una manera oficial-
con la milicia real
adquiere tal condición.

III. General Juan Martín, “El Empecinado”, en destierro

Pero al regresar Fernando
-el rey que fue “el Deseado”-,
retorna todo al pasado.
¡El rey será único mando!

Ser libre había jurado
y no cambiarse de bando,
que en tal cosa no era blando,
Juan Martín, Empecinado.

Por eso, sufre destierro:
Valladolid alejado,
Juan Martín, Empecinado.
¡Le dará aún peor hierro!

Valladolid confinado
que allí sufre destierro.
¡Le dará aún peor hierro
a Martín, Empecinado!

Mas las logias liberales
se despliegan por Castilla
y España. “Hijos de Padilla”
o “Los comuneros” , viales

son de ideario que brilla
y que en ellos da señales
de querer que principales
sea la gente sencilla.

Liberales, ¡libertad!,
que ha de estar a su servicio
todo el público edificio
y también la autoridad,

sirviendo así al ejercicio
de toda la sociedad.
Y que sea de verdad
el general beneficio,

estando supeditado
al mandato recibido
el que del pueblo ha salido
para ser su diputado.

“Libertad” tiene el sentido
que aquí mismo le hemos dado
,
o no será su diputado
quien bajo el pueblo sumido

nunca se encuentre situado,
¡sino que estará encimado!
Sólo se habrá revestido
el Viejo Estado, seguido.

IV. Capitán General Juan Martín

En el trienio liberal
Juan, ya rehabilitado,
llega a obtener el grado
de Capitán General.

Juan Martín, Empecinado,
aún no ha cruzado umbral
del que será su final
adonde será llamado.

Es tiempo de comuneros
a los que honra en Villalar.
Se empieza a conmemorar
los liberales senderos

que quisieron implantar,
aquellos que cual pioneros,
siendo de ellos herederos,
se comienzan a llamar.

“O Constitución o muerte”
llevaba en franja morada
alguna logia llamada
que absolutismo subvierte.

Morada enseña enlazada
en que su siglo convierte
el rojo color que oferte
la oriflama que, ondeada,

fue pendón de comuneros.
En boga el romanticismo
confundió su historicismo
los colores verdaderos

con aquel anacronismo…
Liberales comuneros
rojos de sangre regueros-
fuese así su pendón mismo.

“O Constitución o muerte”
dicho había el general.
El héroe nacional,
con el rey, una concierte.

V. El General, encarcelado en Roa (Burgos).

Pero siendo derrocado
el sistema liberal,
Juan Martín fue encarcelado
de un modo, si insospechado,
ignominioso e inmoral.

Dos años está apresado
en Roa quien general
fue… En los días de mercado
exhibido y enjaulado
para escarnio universal.

Después, a ser ahorcado
le condena el rey felón…
Pero aún Empecinado
a esa nueva humillación
responderá como osado,
en una y última acción.

“¿Ni una bala le ha quedado
a la española nación,
para matar a un soldado
que por ella ha peleado
y hecho la revolución?”

VI. Su muerte heroica, peleando, en Roa

Juan Martín se ha empecinado
que no sea su morir
-si es que a la muerte ha de ir-
el de no morir colgado.

Y era un hombre Juan Martín,
que llaman Empecinado,
tan terco y tan obstinado
desde el comienzo hasta el fin,

que al ir a ser ahorcado
no admitió muerte tan ruin.
¡Y se obstinó Juan Martín
que no iba a morir colgado!

“¿Ni una bala le ha quedado
a la española nación,
para matar a un soldado
que por ella ha peleado
y hecho la revolución?”

Dijo… Y rompió sus grilletes
abordando a sus guardianes,
los cuales con los machetes
de sus bayonetas…
hicieron los ademanes
que acabaron con el Empecinado.

Después de morir, sí que fue ahorcado,
pero ya no era Juan Martín Díez, el Empecinado,
que en la leyenda sutil,
por su forma de vivir
y su forma de morir
¡en leyenda había entrado…!

VII. Su recuerdo

Hoy, la canción dice así:

“Era un hombre Juan Martín,
que llaman Empecinado,
tan terco y tan obstinado
desde el comienzo hasta el fin,

que al ir a ser ahorcado
no admitió muerte tan ruin
y se obstinó Juan Martín
que no iba a morir colgado”.

Juan Pablo Mañueco
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