Lo real y lo imaginario en el “Poema de la Caballada de Atienza”

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La concepción de lo imaginario en el “Poema de la Caballada de Atienza”

Libro Poema de la Caballada de Atienza. La luna en harina baila

¿Tiene algo que ver el “Romance de la luna, luna” con “La luna en harina baila”, que lleva por subtítulo este poema?

No. Lo que ha llevado a que se produzca semejante coincidencia lunar, entre García Lorca y este poema, no ha sido mi voluntad propia, sino la necesaria presencia del satélite terrestre en los acontecimientos. Los cuales, por tratarse de una rápida carrera diurna pero también nocturna, por entre medias de las sierras y tierras de Castilla, han transmitido igualmente ese vibrante movimiento a la bóveda celeste (luna y estrellas) que veían pasar el trepidante galope.

El inicio de la “Caballada histórica”, la de 1162, o galope de los caballos de los arrieros atencinos para burlar el sitio del ejército invasor que rodeaba el doble anillo de las murallas de su villa, requiere necesariamente la penumbra del amanecer, primero, al dar comienzo su periplo con su preciada carga.

Y el galope ligero después, sin descanso, día y noche, a la luz de la luna si era menester, para que se abreviaran las jornadas de viaje entre Atienza y la más fuertemente amurallada y defendida Ávila de los Caballeros, destino final de la odisea, por valles, llanos, sierras y cordilleras, de los improvisados expedicionarios altomedievales.

Luces, sombras y tonalidades del amanecer


Esta es la razón por la que los centinelas leoneses se transforman en topacios amarillos somnolientos, cuando llega el alba del día en que los atencinos van a iniciar su cabalgada. Esto es, del domingo de Pentecostés de 1162.

Nadie ama la libertad
como la amara un arriero
y aún más la madrugada
cuando a muralla abren lienzo.

El amanecer va llegando poco a poco. Toda la escena se va iluminando lentamente:

La luz rosada del alba
despunta por entre cerros.
Por la puerta de San Juan
comienza a salir viajeros.

Atada recua de mulos
por las testuces sujetos.
Unos, los montan los rústicos,
capote pesado envueltos.

Cargados, otros los llevan
del ronzal prieto, los dueños.
¡La procesión mercadera
sombras son aún con sueño!

A la vez que a los vigías
luz rosa que prende el fuego
del sol les muda en topacios
amarillos somnolientos.

A veces, la vivificación de los elementos inertes o la personificación de componentes no humanos de los sucesos les concede una participación activa en los hechos que se relatan, como cuando se dice, para señalar que los rayos del sol han comenzado a irradiar la luz amarillenta del amanecer sobre la punta de las más altas almenas del castillo de Atienza que “un limón exprime su zumo sobre el castillo de Atienza”, mientras la luz de la luna todavía es tenue, harinada.

La penumbra de la guerra
parece que ya se calma,
mientras sol sale temprano.
La luz es tenue, harinada.

La tensión del momento se percibe claramente; los sitiadores dormitan; los sitiados, que saben la importancia de lo que se juegan en los próximos minutos tienen el corazón palpitante y los ojos muy abiertos y atentos.

Si los soldados dormitan,
aún en países sombríos,
Atienza, la bien guardada,
cuenta astros en fuego vivo.

Que nadie en la larga noche
dentro de Atienza ha dormido;
el corazón, palpitante
y los ojos, refulgidos.

Metáforas y personificaciones


A veces, la materialización y la corporeización de elementos inmateriales, por la vía de la metáfora más básica (I de R) consigue que se presenten ante nosotros, gráficamente, objetos que sin ella no podrían visualizarse:

¡Oh, guitarra de la duda
que su corazón ha oído,
cúanto mejor tiempo fuese
a otra hora hubieras tañido!

En la estrofa siguiente, dando un paso mayor en la profundización metafórica, el término imaginario del conjunto bimembre (I = la guitarra) ha adquirido tanto cuerpo, ante nosotros, que es también este instrumento musical el que suena para avisar a los arrieros del peligro: los soldados leoneses, ya desperezados del todo, han empezado a concebir dudas sobre lo que puede transportar dicho cortejo de mercaderes.

Pero la guitarra pulsa
también a arrieros sonido,
cuando llegan a una ermita
les avisa del peligro.

Tras una nueva treta que habían preparado los arrieros, por si los soldados sitiadores recelaban algo, se inicia la verdadera cabalgada:

-Guíanos, barco en llanura,
rompe cotas, tú, navío,
porque aún montes y valles
han de cruzar atencinos.

Así que se van diciendo
mientras vuelan por caminos.
Espolean más las ganas
de llegar presto a destino

en una fresca mañana
del aún no nato estío.
El pan de la prontitud
alimenta a los equinos.

“El pan de la prontitud alimenta a los equinos”: nuevamente la fórmula I de R (donde I es el término imaginario y R el término real) ha producido un resultado notable. Desde luego, en esta fórmula lo que manda es el término imaginario (I = el pan), convertido en el eje de la frase poética, que gira en torno a este sujeto.

También cabe señalar que este conjunto de estrofas se abre con una metáfora pura, que ha hecho desaparecer por entero el término real, que ni siquiera se cita. La fórmula de la metáfora pura (I en lugar de R) logra que “barco en llanura”, “navío” sustituya plenamente al término real: el elevado castillo roqueño de Atienza, con trazas reales de navegar la llanura, cual si fuese un aéreo navío, para todo aquel que lo conozca:

-Guíanos, barco en llanura,
rompe cotas, tú, navío,
porque aún montes y valles
han de cruzar atencinos.

También podríamos hablar de la personificación o prosopopeya que aquí se aprecia (es el “barco en llanura”, es el “navío” quien debe guiarnos por montes y valles que deben ser cruzados), así como podríamos señalar otras múltiples personificaciones o prosopopeyas que caracterizan, precisamente, el largo poema.

Pero el estudio exhaustivo de las metáforas, prosopopeyas y de otras muy diversas figuras retóricas de dicción y de pensamiento, que adornan la composición, excede con mucho las posibilidades de este texto.

Mañueco 2016-Villaviciosa de TajuñaMonumento

Juan Pablo Mañueco

Castilla, España, Guadalajara

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