Nuestro amor encendido siempre en viaje

NUESTRO AMOR ENCENDIDO SIEMPRE EN VIAJE

(Para el Concurso de Poemas Zenda e Iberdrola 2018)

Aunque nos deshabite la distancia y nos separe,
aunque nos deshaga el tiempo y nos distancie,
aunque nos silencie el sonido final del baile,
aunque nos suenen la sombras a ser ya el fondo de equipaje,

pienso decirle a mi corazón que vea que ahí seguimos ambos encendidos,
pienso contarle a mi corazón que me has acompañado en todos los caminos,
pienso explicarle a mi corazón que continúas siendo el número de mis latidos,
pienso exponer a todos que estás a salvo, dentro, en el corazón mío.

Amor fueron todos aquellos momentos que no compartimos con nadie,
Amor son también los momentos que retornan ahora en un largo viaje.
Amor son los senderos del mar por donde viajan los veleros y los mástiles.
Amor son los recuerdos que navegan mi interior por los ríos de la sangre.

Aunque nos deshabite la distancia y nos separe,
aunque nos deshaga el tiempo y nos distancie,
aunque nos silencie el sonido final del baile,
aunque nos suenen la sombras a ser ya el fondo de equipaje,

nuestro amor encendido va a hacer con nosotros siempre el viaje
y seguirá en nuestro corazón iluminado por siempre adelante.

Juan Pablo Mañueco Febrero 2018

https://www.youtube.com/watch?v=HdKSZzegNN0&feature=youtu.be

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En algún lugar del viento

EN ALGÚN LUGAR DEL VIENTO

(Para el concurso de poemas de amor de Zenda e Iberdrola 2018, España)


En algún lugar del viento, en cierta parte del espacio hay mundos
que no suenan a sombra, que no hablan sin ningún contenido.
He oído mencionar ese lugar, en algún remoto paraíso perdido
donde todo lo que siempre has deseado soñar sucede cada segundo.

Los cometas del sueño te llevan a ese punto de anhelos encendido
porque tu viaje sólo tienen fin cuando llegas a ese lugar tan fecundo,
en que hallas todo lo bello, agrupado bajo el arcoíris en colores vagabundo,
allí mismo reunido, porque toda la hermosura en tal lugar se ha reunido.

Las cabezas de las aves que apuntan la dirección migratoria al grupo
que en triángulo agudo les sigue, vuelan hacia ese firmamento escondido.
Oyeron hablar también de ese lugar radiante donde quieren hacer su nido.
Y ahora nos marcan la senda aérea hacia donde hay que mirar todos juntos.

Sí, ese es el mensaje que propaga el arcoíris, en voces de colores sumergido.
Sí, ese es el odre de olas desde donde llega la lluvia a limpiar lo confuso.
Sí, ese es el trozo de estrella que envía el rocío a la tierra para que no llore el mundo.
Sí, ese es el lecho donde duerme el sueño de todos los que alguna forma de edén han querido.

En algún lugar del viento, donde habita el silencio más puro y desnudo.
En algún lugar del espacio, donde palpitan ojos de luz en luz convertidos.
En algún lugar del paraíso que aparentemente hace tiempo se había perdido.
En algún lugar de los sueños tu sustancia de estrella tiene para ti un lugar aún oculto.

Se llama Amor, ese lugar, ese planeta, ese espacio de la luz pura completa

Deséalo.

Siquiera que permanezca esta visión más en tu mente un segundo.

Será una visión
que tú mismo hayas alargado y no sólo lo ya leído.

Será algo
a lo que tú hayas prologado por tu propio impulso.

Después, cuanto tú quieras,
todo cuanto tú quieras,
intégralo en tiempo en tu mundo,
después de haberlo compartido en estas líneas conmigo.

Mientras vayas en tu viaje a solas contigo,
recuerda el planeta Amor al que, acaso sin saberlo, siempre te has dirigido.

Juan Pablo Mañueco (Febrero 2018)

https://www.youtube.com/watch?v=HdKSZzegNN0&feature=youtu.be

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Ajedrez de la cultura castellana, algunas piezas

AJEDREZ DE LA CULTURA CASTELLANA: Algunas piezas

El rey ha de serlo Alfonso X, el rey Sabio,
que de Toledo viene, con su capa cuartelada.
La reina, séalo Teresa, la monja doctora de Ávila,
que llega coronada de misterios literarios.

Álfil, por el sesgo de su pluma y de su espada,
Quevedo lo ha de ser, madrileño de hábito a Santiago,
Y el otro álfil séalo el conquense Fray Luis alado,
a quien en etéreo canto de liras sus odas sutiles alaban.

El caballo largo de la cultura es Cervantes, que el castellano
hizo cabalgar hasta el fin de lo posible. No hay cabalgadura más dorada.
Y sea el otro caballo y caballero Alonso Quijano, que cabalga
al inmortal Rocinante, que Cervantes pintó en tan perpetuo hálito.

Por una de las torres téngase a López de Mendoza, marqués de Santillana,
que siendo palentino, por Guadalajara tiene su palacio edificado.
Y otra torre la levanta don Juan Manuel, otro toledano de torreón batallado
que anuncia la lengua de Castilla a su culmen ya casi llegada.

¡Y por peones, qué ofensiva lanzarán los juglares y las mesnadas del Cid con su canto!
¡Qué embestida acometerán los cantares de gesta y romances de héroes con espada!
¡Qué tretas no inventarán Hita, el de Alcalá, y Celestina, la de Salamanca!
¡Qué argucias no emplearán los pícaros que a la vida a la briba se lanzan!

Hasta San Juan de la Cruz sus hábitos se remanga por servir de peón extraordinario.
Y Calderón de la Barca con su teatro baja al palenque de la singular batalla.
Y Tirso de Molina y José Zorilla por la cultura de Castilla batallan.
Y Gerardo Diego, el santanderino, Berceo, el riojano, Delibes vallisoletano.

¡Prepárese el tablero del mundo, que no ya a España
y sus internas comunidades culturales o regiones,
sino al orbe entero retan estas combativas piezas castellanas
que confrontarán al ajedrez con poso de ventaja, al tiempo que entonan sus canciones!

PD. Obsérvese si es grande esta selección castellana
que hasta el Cid ha partido al destierro del peonaje,
pero en esa posición trae la albricia de un mensaje:
¡si será inmensa de Castilla la cultura que la soberana
épica del castellano en la línea de atrás no cabe!

¡Opóngase a Castilla quien partida de ajedrez con ella taje,
o ríndasele desde ahora mismo el merecido y justo homenaje!

Seleccionó: Juan Pablo Mañueco.

Castilla, España

Salitre breve

SALITRE BREVE, de Juan Pablo Mañueco

La planta que menos gusta a los párpados que crezca es el salitre.
Cualquier sustancia salina que aflora por dentro.
Pero sabemos que tiene que salir de cuando en tiempo.
Sale de nosotros por innumerables cosas como una sustancia triste.

Los conductos lacrimales conducen esa salinidad primero.
Y acaso se quede así y hasta puede ser por motivos felices.
Pero también pueden diluviar su salinidad como si miles
de pequeños mares interiores emergieran del cuerpo.

Y hay que navegarlos también, alcanzando sus límites.
De cuando en vez es preciso darse un baño de sales de dentro.
Y eso se llama en ocasiones ser sensible y tener sentimientos.
De cuando en vez es necesario que nos asomen gotas de salitre.

No quiero citar los motivos que pudieran originar ese momento.
Podría, pero este quiere ser un poema breve y bastante humilde.
De manera que no voy a citar ninguna de esas salitrosas raíces.
Me conformo si te hace aflorar a tus párpados, una pizca de algo que ya estaba en tu adentro.

Octavas olas o coplas alcarreñas

Castilla: lengua más acento (y como en todo linde, dudas)

CASTELLANA DEL ACENTO CASTELLANO
(La mejor definición de Castilla que conozco: lengua más acento)

Alguien me preguntó entre arrabeles castellanos
Lo que era Castilla, yo sólo le dije: “Escucha”.
Gime esa pregunta en todo territorio, en lucha:
Umbral vago a Francia, Italia, Flandes, los romanos…

Inseguro es todo límite. Frontera en mucha
Era es tierra ambigua. Ocurre a todos los humanos.
No te diré, pues, sino una luz de luna: granos
Muestran de verdad. Sin embargo: “Óyela y escucha”

En donde se hable lengua de Castilla, hay Castilla.
PREGUNTÓ alguien, aunque no sea allí Castilla.

ENTRE todas las tierras que hablen en castellano,
ARRABELES del acento nótalo en tal plano.

¡QUÉ ES eso que se llama acento no haber ninguno
CASTILLA con seguridad estar ya, aquí, en uno!

JPM

Castilla

Unos poemas en cartulina de Mañueco

Castilla, España

Entrega de los Premios, los Tres Grandes, a Mañueco y resto premiados

FITUR 2018. 20-1-18, Foto de entrega del “Premio Los Tres Grandes” (Cervantes, Cela, Buero Vallejo), Juan Pablo Mañueco, autor premiado, entre Patricia Franco Jiménez, consejera de Economía y Empleo de la Junta de Comunidades, y Francisco Martínez Guijarro, vicepresidente primero de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha.

Semblanzas de todos los premiados por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha en FITUR-18

(El de en medio de la foto, servidor de ustedes)

http://www.castillalamancha.es/sites/default/files/documentos/archivosnoticias/20180120/semblanzas_de_los_premiados.pdf

España

Entrega “Premios Los Tres Grandes”, a Mañueco

FITUR 2018. 20-1-18, Foto de entrega del “Premio Los Tres Grandes” (Cervantes, Cela, Buero Vallejo), Juan Pablo Mañueco, autor premiado, entre Patricia Franco Jiménez, consejera de Economía y Empleo de la Junta de Comunidades, y Francisco Martínez Guijarro, vicepresidente primero de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha.

España

Fitur 2018

FITUR 2018, Video de Juan Pablo Mañueco recibiendo Premio “Los Tres Grandes”, en el estand de Castilla la Mancha de FITUR el 20 de enero de 2018, de manos de la consejera de Economía y Empleo, Patricia Franco Jiménez.

Pulsar enlace:
https://www.facebook.com/juanpablo.manueco/videos/2151387305083068/

España

Versos finales a Castilla

VERSOS FINALES A CASTILLAvERSO

Poema XXI: Galerna en Santander
Recogemos aquí el 21º poema que nos ha facilitado el escritor alcarreño Juan Pablo Mañueco de una colección de sonetos dedicada a Castilla.

Desde estas líneas queremos agradecer su inestimable colaboración para difundir la cultura y la dignidad de Castilla, en este caso en forma lírica.

Galerna en Santander

A José Antonio Martínez Pérez, gallego en tierra adentro

Están las olas saladas
rompiendo en el Sardinero,
lanzan agua en ruido fiero
por Neptuno airado hinchadas.

¡Y tanto! ¡Que el dios colérico
esta mañana ha emergido
como quien ha removido
el viento entero atmosférico!

Ya en su furia se ha bebido
la arena del Sardinero,
que toldo, bañista y fuero
ante Neptuno ha perdido.

Malecón ahora embiste
maretazo en cinco metros,
enseña océano cetros
a todo aquel que resiste.

Mas aun, galerna reviste
señal de furor constante,
rompe oleaje gigante
y el Paseo queda triste.

Sardinas y boquerones
el malecón han saltado
y ahora siguen su nado
entre Paseo y mansiones.

Anguilas, congrios, morenas
de Neptuno se han fugado,
temen su humor despertado.
¡Trae en su tridente penas!

Merluzas, brótalas, rapes,
lubinas y salmonetes,
como muy buenos jinetes
llenan calles de derrapes.

Los atunes y caballas,
los espetones y muiles
no a los cientos sino a miles
en saltos dejan las playas.

¡Ay, si brinca y arremete,
malecón del Sardinero,
todo el tropel caballero
de caballa y salmonete!

¡Mejillones, langostinos,
berberechos y bocartes
rebotan por todas partes
ante rugidos divinos!

El pez ballesta y el pez luna,
-éste alumbra, aquél arpones-
a Neptuno dan hachones,
a ver si así el dios se encuna.

Al cabo de tarde, al fin,
parece Neptuno amaina
y su iracundia se envaina,
según avisa el delfín.

Las olas ya se retiran.
El Cantábrico es un lago
y el arenal un halago
en que almejas ya respiran.

Pero el malecón ha sido
red de peces cautivados
que en el Paseo, admirados,
de Santander no han salido.

¡Ved ya a los santanderinos
recoger todo el pescado
que Neptuno, el dios airado,
convirtió en nuevos vecinos!

Copyright © Juan Pablo Mañueco Martínez
Derechos de reproducción reservados

Poema XXII: Limpian las sombras del cielo
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Recogemos aquí el 22º poema que nos ha facilitado el escritor alcarreño Juan Pablo Mañueco de una colección de sonetos dedicada a Castilla.

Desde estas líneas queremos agradecer su inestimable colaboración para difundir la cultura y la dignidad de Castilla, en este caso en forma lírica.

Limpian las sombras del cielo (Faros de Cantabria)

El faro de San Vicente
su lumbre da en Punta Silla,
diez metros de altura aliente
hasta encender la bombilla.

Viene después el de Suances,
Punta del Torco de Afuera.
Otros diez metros sus trances
de suelo a faro subiera.

En Santander, Mayor Cabo,
luce el faro a treinta metros.
Al mar le vuelve su esclavo
cuando le prende sus cetros.

El Faro de Mouro, en la isla
a mitad de azul bahía.
Mástil de veinte legisla
sobre oleaje, al que guía,

y entre las olas navega.
Luz y roca, islote y foco,
como cisterna que riega
agua salada que invoco.

El de Punta de la Cerda,
Península Magdalena,
su torre blanca recuerda
a doce metros de almena.

Solitario, en Cabo de Ajo,
los once metros del suelo,
el más norteño badajo
de luz limpia sombra al cielo.

El Faro del Pescador
en Santoña está pescando,
de trece metros de hervor
el anzuelo está lanzando.

En Santoña y aun más alto
también Faro del Caballo,
que ejecuta su gran salto
desde roquedo vasallo.

Por fin, dentro Castro Urdiales,
en castillo de Santa Ana,
castro y castillo son tales
que el faro a belleza es diana.

¡Y cómo no voy a estar
enamorado y galante,
viendo mi barco pasar
con tanto farol delante!

¡Es la costa que más brilla
y el corazón más me exalta,
el litoral de Castilla,
de la Castilla más alta!

Por bárdula y castellana,
por cántabra y por cantábrica
mi nave boga cercana
a la lumbre de tu fábrica.

Nave es que trae la Torre,
la del Oro sevillana,
para que nunca se borre
de Marina castellana

el recuerdo y en tu escudo,
Santander, luego lo graba.
¡Los tres faros de tu embudo
y su ascua mirando estaba!

Poema XXIII: Buscan los huesos de Cervantes
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Recogemos aquí el 23º poema que nos ha facilitado el escritor alcarreño Juan Pablo Mañueco de una colección de sonetos dedicada a Castilla.

Desde estas líneas queremos agradecer su inestimable colaboración para difundir la cultura y la dignidad de Castilla, en este caso en forma lírica.

Buscan los huesos de Cervantes

Miguel, ya puedes decir que has triunfado
de modo claro, desde este momento;
en vida, la sal, pan, gloria y sustento
negaron. Hoy dinero aporta Estado.

Buscan tus huesos, Miguel, en el liado
osario común que hasta hoy fue tu asiento
y aunque, después de tanto, es vano intento
no es malo gaste en ti, viejo soldado,

bárbara España a la que, mutilado,
volviste. Manco, pobre y desdentado
malviviste, enfermo y a menudo hambriento.
Paga y honor, si país civilizado.

Hoy no hay Premio, Instituto o monumento
que no te envíe honoríficos besos.
Ellos cobran sabroso emolumento.
Mas ya te aman, Miguel… Aman tus huesos.

Gobiernos de España bárbara, de ayer y hogaño,
madrastra de tanto genio comedor de viento:
¿Ni siquiera de eso os habíais preocupado?

Y luego, incontinentes,
nos mirarán de soslayo,
se adornarán con un rayo,
no habrá dimisiones,
se calarán el BOE,
requerirán nueva y nueva LOE,
nos crujirán con más leyes
nos tomarán por unos bueyes,
y, conscientemente,
te confundirán los huesos
mentirán en sus impresos,
todos, llenos de lascivias,
adorarán algunas tibias
-que algún Académico o sepulturero no te haya antes hurtado
para en su casa tenerte decorando, en su honor volado-
y no se irán… ni después de brearnos con más impuestos.

Si lo llegas a saber, Miguel amado,
tal vez te hubieras pasado al Turco, allá en Lepanto.
Y yo, como escudero, pienso que te hubiera acompañado
por no quedar aquí, como buen español, de mente manco
al albur de políticos hipócritas y del banco.

Y, aun así, Miguel, ya lo sé, amamos este país de espanto,
que ahora hará negocio con tus huesos.
exponiendo alguno de éstos o de ésos
y dando plata y escaño a los sabuesos.

Poema XXIV: Borrasca sobre el pico del Águila
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Recogemos aquí el 24º poema que nos ha facilitado el escritor alcarreño Juan Pablo Mañueco de una colección de sonetos dedicada a Castilla.

Desde estas líneas queremos agradecer su inestimable colaboración para difundir la cultura y la dignidad de Castilla, en este caso en forma lírica.

Borrasca sobre el pico del Águila (Guadalajara)

Tanto picó -y tan fuerte- el afilado
Pico de Águila en tarde de borrasca
que izó sobre del cielo la hojarasca
de su aguijón y su pincho empuntado.

El cielo denso en nubes y aguzado
por reja hiriente que nimbo adamasca
rompe a llorar y húmedo se aborrasca
a gris, de azul, por colmillo acerado.

¿El pico? Una pirámide truncada.
La aguda punta en sobre dio el mensaje
de llover a la nube traspasada.

Suso de tromba rota al abordaje,
el águila -quizá-, del sol llegada,
planea luz hendida, en raudo viaje.

Juan Pablo Mañueco
(Madrid, 1954)
Licenciado en Filosofía y Letras, periodista y escritor

Poema XXV: Salinar de madera de mar
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Recogemos aquí el 25º poema que nos ha facilitado el escritor alcarreño Juan Pablo Mañueco de una colección de sonetos dedicada a Castilla.

Desde estas líneas queremos agradecer su inestimable colaboración para difundir la cultura y la dignidad de Castilla, en este caso en forma lírica.

Salinar de madera de mar (Santander)

A Victoria, mi mujer, a Victoria, mi hija, y a Santander, mi tríada de amores

Te nació el cielo marina,
Santander, y en tu bahía
el azul del mar cabría
recostada y cantarina.
Al clarear la neblina,
Santander de mar bravía,
galerna trazó grafía
en tu escollera salina.
¡Ah, Santander salinera,
quisieras que en ti escribiera!

Pero en piedras de escollera,
Santander a quien se inclina
el agua que en ti culmina,
estalla mar cual palmera.
¡Qué salinar de madera
de mar, cada ola, germina!
Palmeral de agua marina
que baja el cielo a tu vera.
¡Ah, Santander de agua y cielo
y olas quebrándose al vuelo!

En verdad que tengo celo,
Santander, del oleaje
que, bañando tu paisaje,
viene a postrarse a tu suelo.
Preferiría que un velo
te tapase con su encaje,
pues me temo que el mensaje
de tan repetido anhelo…
¡ah, Santander, no es ternura,
frases de amor te murmura!

La enamorada llanura
del océano encrespa olas
para, así, con sus cabriolas,
divisarte la figura.
Ni recata, ni procura
enviar antes caracolas
con anuncio en sus girolas,
sino insiste en su postura.
¡Ah, Santander, bandoleros
los maretazos viajeros!

¡Que teman mi marejada
los oleajes romeros,
haré con ellos esteros
henchidos de mar salada!
Y en esa balsa mojada
el sol y yo los linderos
de sal y el agua en senderos
tracemos. Su sal aislada.
¡Ah, Santander, me fascina
ser yo ahora tu salina!

Celeste en agua y en cielo,
en palmerales la espuma
de salmuera te perfuma,
con gaviotas en revuelo.
Oleaje, encaje, celo,
puerto que su sal rezuma,
playas de ternura suma
y, en la noche, luz en rielo.
¡Ah, Santander, la fortuna
te arrulló como a ninguna!

Poema XXVI: Todo el día son tus ojos (a Camões)
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Recogemos aquí el 26º poema que nos ha facilitado el escritor alcarreño Juan Pablo Mañueco de una colección de sonetos dedicada a Castilla.

Desde estas líneas queremos agradecer su inestimable colaboración para difundir la cultura y la dignidad de Castilla, en este caso en forma lírica.

Todo el día son tus ojos

“La lumbre de tus ojos tan hermosos”

A Luís de Camões, príncipe de los ingenios portugueses y poeta también en castellano
“Hablad de castellanos y portugueses, pues españoles somos todos”

La lumbre alumbra en tus ojos
e ilumina en luz al día,
que ya, alumbrado, es quien guía:
fanal son dos soles rojos.

Y yo, postrado de hinojos,
lumínico igual lucía,
luminaria recibía,
brasa que abre a alba cerrojos.

Lumbrosos y luminosos,
la jornada amanecía;
si caen, ya atardecía.
Cerrados, de luz son posos.

Copyright © Juan Pablo Mañueco Martínez
Derechos de reproducción reservados

Juan Pablo Mañueco
(Madrid, 1954)
Licenciado en Filosofía y Letras, periodista y escritor

Poema XXVII: Espada de amor
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Recogemos aquí el 27º poema que nos ha facilitado el escritor alcarreño Juan Pablo Mañueco de una colección de sonetos dedicada a Castilla.

Desde estas líneas queremos agradecer su inestimable colaboración para difundir la cultura y la dignidad de Castilla, en este caso en forma lírica.

Espada de amor (Noche de San Juan de 1085)

A Antonio Herrera Casado, historiador y Cronista Provincial de Guadalajara

La dama es Guadalajara
y Álvar Fáñez la rodea.
Bajo murallas pasea,
cubierta lleva la cara.

La noche es noche cerrada,
la bella dama él desea
por si ha de librar pelea
porta al rostro la celada.

Es una noche estrellada
que en el cielo parpadea
y media luna que ondea
sobre el cielo y torreada.

A caballo ha hecho entrada,
junto a torre que bordea,
Minaya, que tintinea
en su mano recia espada.

Está la luna admirada
de cómo el casco golpea
del caballo, y alardea
en verde campiña hollada.

Es Álvar Fáñez Minaya
el que su corcel arrea,
el que las murallas vea
armado para batalla.

¿La noche? La de San Juan,
año mil ochenta y cinco.
El caballo ha dado un brinco
volviendo a Álvar más galán.

Un penacho en lambrequines,
que son las cintas de adorno,
le rodean todo en torno;
a la armadura, son crines.

Caballo está y caballero
trazando al pie sus cabriolas
y Guadalajara a solas
ve que luce otro lucero.

Guadalajara, aún mora,
media luna en su sombrero,
ve jinete tan ligero
que los ojos abre ahora.

Es una noche tan clara,
la más corta y viva de año,
que reluce tras su paño
y brilla Guadalajara.

Otra ronda de Minaya
entre torres almenadas
y adarves donde hay miradas
mirando desde muralla.

Tras él, aguza su lanza
prieta gente de batalla,
que se ha venido Minaya
también con gente que avanza.

Escudos portan escudos
que cruzan la cruz cristiana,
a su paso el prado aplana
sus pasos quedos y mudos.

¡Ay, que sí que ha sonreído
en la noche bella dama!,
¡Ay, que sí sabe quién la ama
y a un susurro presta oído!

-¡Ábrenos breve portillo
desde adentro de muralla!
Así le ha dicho Minaya
desde afuera del anillo.

Y un anillo, que es alianza,
desde dentro de la raya
Guadalajara, que calla,
les va a lanzar a su lanza.

-¡Ábrenos breve portillo,
soy Álvar Fáñez Minaya,
y allí siempre donde vaya
he de llevar tu castillo!

Era la noche tan clara
de junio en el veinticuatro
que el sigiloso teatro
guarda en sí Guadalajara.

Está dormida la guarda,
que no aguardaba a esa hora
requiebros a su señora,
aun siendo dama gallarda.

Un mozárabe cristiano
breve portillo le ha abierto,
para que sueñe despierto
Álvar Fáñez, castellano.

Y por postigo han entrado
en alarde silencioso
el ejército amoroso
por Minaya Fáñez guiado.

La enseña mora han arriado
del torreón ciudadano,
rojo el pendón castellano
en su lugar han izado.

¡Ay, de mi Guadalajara
que ya en sus plazas y calles
la han prendido por sus talles
galanes que ella esperara!

De tal manera, el solsticio
que marca al cielo el verano
va a amanecer más temprano
con fulgor de nuevo inicio.

No precisa usarse espada
cuando amor es sentimiento
que en dos partes halla asiento,
reunión es enamorada.

¡Y ella, por mejor saludo
a todos los capitanes
enamora!, ¡a sus galanes
abre puerta de su escudo!

Copyright © Juan Pablo Mañueco Martínez
Derechos de reproducción reservados

Juan Pablo Mañueco
(Madrid, 1954)
Licenciado en Filosofía y Letras, periodista y escritor

Poema XXVIII: Laguna de Taravilla
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Recogemos aquí el 28º poema que nos ha facilitado el escritor alcarreño Juan Pablo Mañueco de una colección de sonetos dedicada a Castilla.

Desde estas líneas queremos agradecer su inestimable colaboración para difundir la cultura y la dignidad de Castilla, en este caso en forma lírica.

Laguna de Taravilla

No guardes nunca un secreto
en lago de Taravilla
que, aunque espeja, luce y brilla,
dentro de él no estará quieto.

Enclavado entre montañas
en Parque del Alto Tajo
nueve kilómetros viajo
para pasear sus brañas.

Es laguna circular
entre roquedos boscosos
de lágrimas guarda posos
que forman pequeño mar.

Pero siendo estanque quieto
protegido por su fragua
no confíes en esa agua
para guardar un secreto.

Ocurrió hacia mil quinientos
en noche de cruel tormenta,
rayos y truenos se sientan
caídos del cielo a cientos.

Un solitario viajero
llega a posada del monte,
habitación donde afronte
noche pide al posadero.

Era un rico caballero
quien fonda pidiendo había,
no verá la luz del día
quien porta tan buen dinero.

El brillo de la codicia
ciega presto al posadero,
que el oro del caballero
cree que ya lo acaricia.

Truenos y rayos de noche
alumbran en Taravilla,
más un cuchillo que brilla,
por un pasillo ya atroche.

Amarillas bolsas de oro
ha abrazado el posadero,
pero ahora el caballero
en rojo pierde un tesoro.

Envuelto el cadáver lanza
al centro de la laguna,
piedras le sirven de cuna
al que ahora en agua danza.

Cuando la noche es pasada
del crimen ya limpias huellas
posadero piensa en mellas
que su acción tiene trazada.

Y recuerda en ese instante
el cuchillo aún clavado
del huésped en un costado,
lo cual le muda el semblante.

En cuchillo aparecían
nombre y los dos apellidos
del posadero, bruñidos,
en hoja en metal irían.

No quiere mover laguna
por no levantar sospechas;
son aguas hondas, derechas
sin base final ninguna.

Pero al cabo de unos meses
fuerte temblor en la tierra.
Grieta se abre. El fondo asierra.
Sin agua, orillas unieses.

En el agujero seco
un cadáver aparece
en su costado se ofrece
cuchillo con un nombre hueco.

Preso quedó el posadero
por mal que había causado,
cuando seco quedó el vado
de la ley fue prisionero.

No guardes nunca un secreto
en lago de Taravilla
que aunque espeja, luce y brilla,
dentro de él no estará quieto.

Porque, desde aquel momento,
siempre que agua porta enigma
se vacía como estigma
y lo muestra a todo viento.

Poema XXIX: La encantada de Usanos
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Recogemos aquí el 29º poema que nos ha facilitado el escritor alcarreño Juan Pablo Mañueco de una colección de sonetos dedicada a Castilla.

Desde estas líneas queremos agradecer su inestimable colaboración para difundir la cultura y la dignidad de Castilla, en este caso en forma lírica.

La encantada de Usanos (Peine, pelo, espejo o daga)

A Saturnino Martínez Pérez

Según se va desde Usanos
a Galápagos por senda
planicie alzada es la rienda
que llevan pasos lejanos.

No otra cosa que meseta
se ve según adentramos,
por cielo arriba nos guiamos
con estrellas en silueta.

Villa de Usanos incluso
desaparece tras grieta;
hasta la torre se veta,
pues no se ve nada ayuso.

Larga y alta es la meseta
que a soledades conduce
y que el paisaje reduce
a sí misma, plana y escueta.

Solitaria y misteriosa
a primer claror del alba,
sólo la luna nos salva
con la poca luz que posa.

El cerro de Castillejo
rompe luego la llanura
trescientos metros de dura
curva bajando en cortejo.

Hacia arroyo Albatajar
hay pozas que manan agua,
una de esas pozas fragua
la historia que he de contar.

Dentro de una de esas pozas
que alcor Castillejo sella
mujer joven, rubia y bella
canta canción entre brozas.

Cuentan que sea una lamia
que dentro de cueva vive,
cerca de arroyo y aljibe
y duerme un año la lamia.

Sólo el día de San Juan,
del sol el turno más largo,
sale lamia del letargo.
Veinticuatro horas serán

las que escape del zaguán
para cumplir el encargo
de dar a otro el trago amargo
de dormir en su desván.

La lamia peina su pelo
entre el cabello ondulado
con peine de oro preciado
tras los árboles del suelo.

Espejo de plata mira,
por la cintura el cabello;
no habría aspecto más bello,
pero su hechizo conspira.

A los pies de claro arroyo,
que forma limpio remanso,
sus pies baña y da descanso,
forjando agua bello escollo.

Peina sus cabellos blondos
en la espesura del bosque,
esperando que se embosque
persona en aquellos fondos.

El espejo ya ha mostrado
que por entre los canchales
se están notando señales
de alguien que se ha aproximado.

Daga de hierro cenizo
la lamia en la mano blande;
su mano es blanca y es cande,
la otra mano peina un rizo.

Espejo, puerta del alma
que lleva a otras dimensiones;
quienes miren corazones
atrapa, y a ellos ensalma.

Peine, navío con remos
que por ondas de mechones
boga de cueva a salones
a quien use de esos remos.

Ella misma es el cabello,
que esbelta y blanca silueta,
por trocarse, es una treta
a quien escoja su vello.

¿La peor estratagema?
Lo dulce de su mirada,
que en su lugar la hechizada
deje a quien mire esa gema.

Cuando los pasos ya llegan
de la persona anunciada,
lamia melosa en su grada
dice palabras que ciegan.

-¿Peine, pelo, espejo o daga?
Pídeme lo que tú quieras
de todo lo que aquí vieras
pues tu visita me halaga.

¿Peine, pelo, espejo o daga?
Puedo concederte todo,
pelo, peine, espejo o lodo
con mi hierro, pues soy maga.

Sus ojos le están buscando
con una dulce mirada,
¿La anilla en sus ojos, guiada,
anillará a quien entrando?

Respóndele el visitante
-Ni a ti quiero, ni a tu peine,
ni espejo en que lamia reine,
dame la daga al instante

y apártame la mirada,
que visión de hechicería
aun dulce, más es sombría
en criatura malhadada.

Se ha formado un resplandor,
allí donde lamia estaba,
relámpago en que sonaba
ya con apenas vigor:

-Me has condenado otra vez
a estar un año dormida.
La fecha de Juan venida
será de nuevo mi juez.

Goza de veinticuatro horas
lamia a romper el hechizo,
en todo advenedizo
por montañas tan traidoras.

Si al final de la jornada,
lamia aún no se ha trocado,
las hogueras que han quemado
llevan triste su mirada.

Hogueras son de San Juan
con fuego que el mal esfuman,
de noche llamas perfuman,
rescoldo de amor serán.

Dará calor al verano
la hechicera que ha ardido,
su humo se habrá ya escondido
forado adentro cercano,

con un arroyo, en que vive
y sueña dentro la lamia
en el año en que la infamia
rompa el hechizo y lo esquive.

Esta es la historia, señores,
de lamia que hay en Usanos,
cuidado tengan humanos
de requerirla de amores.

Poema XXX: Castillo de la Mota
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Recogemos aquí el 30º poema que nos ha facilitado el escritor alcarreño Juan Pablo Mañueco de una colección de sonetos dedicada a Castilla.

Desde estas líneas queremos agradecer su inestimable colaboración para difundir la cultura y la dignidad de Castilla, en este caso en forma lírica.

Castillo de la Mota (Medina del Campo)

Castillo en Medina alza en roja mota
corto alcor, llana loma, en pena otero.
Si aupado monte, insigne, alto, exagero:
raso pico plano en breve y lisa cota.

No así muralla aguda, que se nota
cercó a la villa con brazo de acero.
Foso, antes del muro recio primero,
fuerte lo iza, si a ras semblara gota.

Atrás, segundo adarve sí que dota
para erguir ya a alcor o monte cimero.
Torre en flanco, otra, otra, y de esquina, anota

cresta a los cuatro lados del tablero.
Torre homenaje altiva casi flota
en baja nube, que hasta ese sendero

bate a luna luego antigua tenue mota.

Poema XXXI: A Padilla, Bravo y Maldonado
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Recogemos aquí el 31º poema que nos ha facilitado el escritor alcarreño Juan Pablo Mañueco de una colección de sonetos dedicada a Castilla.

Desde estas líneas queremos agradecer su inestimable colaboración para difundir la cultura y la dignidad de Castilla, en este caso en forma lírica.

A Padilla, Bravo y Maldonado

Capitanes en 1521 y capitanes de futuro

“El Reino no es del rey, sino de la Comunidad”
“El Estado no es de los representantes, sino de los representados”

Capitán General Juan de Padilla
la Junta Comunera te ha nombrado
y hoy a gloria eterna serás llamado
a veintitrés de abril, mientras Castilla

verdea en trigos y en la fe que brilla
contra un César absoluto llegado
desde tierras flamencas, que ha dejado
arca exhausta en Reino y en cada villa.

De Torrelobatón, alcázar breve
que asedio imperial no resistiría,
hacia Toro el ejército partía
cuyo muro aguantar su empuje puede.

Pero en medio de campiña y relieve,
donde Villalar se eleva y erguía
les avista imperial caballería
en día empapado en que el cielo llueve.

Cuantiosos los jinetes imperiales,
no porque su causa sea más justa,
sino sólo Su Majestad augusta
dadivoso fue en manejar caudales.

Combaten, de un lado, los ideales
de la libertad, y en contra la fusta
que, además de su tiranía, incrusta
prebendas y ventajas señoriales.

Al reino o nación lo quieren
situar encima del rey,
que sólo así norma y ley
por la libertad vinieren.

Así que las baterías
comuneras se sintieren
que, en su fragor, a quien hieren
es a añosas jerarquías.

Los campos son lodazales,
que impiden mover cañones,
de escopeteros sus sones
tampoco suenan iguales.

Más y más caballería
los imperiales aportan,
los predios pronto se acortan
entre pueblo y monarquía.

De Valladolid o Toro
refuerzos no han de llegar,
será, en campo, Villalar
muerte en rojo, o triunfo en oro.

Hasta Segovia y Toledo
noticias han de alcanzar,
de huestes que hicieron armar
y han batallado sin miedo.

Milicias van a luchar,
Salamanca, Madrid, Cuenca…
triunfo o derrota flamenca
a su oído harán hablar.

Padilla pica la espuela
con vanguardia comunera,
sea su sangre primera
que a vencer o morir vuela.

Grita: “¡El Reino no es del rey,
es de la Comunidad!”.
(La idea de libertad
ha calado ya en la grey).

No importa que luego apresen
al que clamó libertad.
Es futuro y es verdad
su criterio, aunque lo hiriesen.

Mil soldados comuneros
yacen ya por Villalar,
amapolas que al brotar
suenan sones mensajeros:

-“¡No sea el Reino del rey,
sea de Comunidad!”.
(Al futuro preguntad
y éste dictará su ley).

A la mañana siguiente
la aristocracia ha alzado
cadalso tan elevado
que a idea corte la frente.

Juan Bravo y Juan de Padilla,
más Francisco Maldonado,
a lugar tan destacado
de la Historia de Castilla

suben sin hincar rodilla.
Pide Bravo, el segoviano
-donde hoy en bronce su mano
ondea un pendón que brilla-,

morir antes que Padilla;
pero aún el toledano
otra frase en castellano
más alta y clara gavilla:

-“¡Las leyes las haga el Reino
y para ser recta ley
obliguen también al rey
que es por debajo del Reino!”

Hoy reyes o presidentes
se inclinan ante Padilla
que ideas, las de Castilla,
los mudaron en sirvientes.

Al menos, en teoría.
Que ni el Reino hace las leyes
y aún se tienen por reyes
sirvientes que “señoría”

se hacen llamar sin reparo.
¡Supiera Juan de Padilla
y Bravo, que a esa orilla
no llega -sino es descaro-

quien se sienta “señoría”!,
¡que el votado ha de sufrir
un encargo que servir,
lo cual servidor le haría!

Capitán Juan de Padilla,
el modelo castellano
en nombre triunfó, no en grano.
Falta la cuestión sencilla

que Comunidad sabía:
-“Ni el Reino sea del rey,
ni amo propio el que hace ley”.
(¡Democracia eso sería!)

Ni el Reino sea del rey,
ni el cargo del encargado,
cumpla con lo programado
que le ha encargado la grey.

¡Nos falta aún, capitán,
el mandato imperativo
que al votado haga cautivo,
para tu gloria asir, Juan!

A esta dependencia estaba
procurador castellano
sujeto, y en verdad grano
es que libera a la esclava

gente que aún sólo puede
una u otra señoría
escoger, mas no la vía
que imperial modelo ruede.

Haznos, Juan, otro servicio.
Que después de Villalar
nos vuelvas a levantar
hasta la puerta y el quicio

en que Castilla futura
no sólo asuma en el nombre
democracia que le asombre:
¡lo que su fondo asegura!

¡Mil quinientos y veintiuno
no será así una derrota
sino una fecha que anota
futuro más que oportuno!

-“El Estado no es de los representantes
es -o lo ha de ser- de los representados”.
Reinos o repúblicas, si no son guiados
por tu voz… aristocracias semejantes

serán. Finjan los valores declarantes
lo que gusten. A expolio serán llevados
lo público y el erario, por amistados
clanes de rey o república imperantes.

La única diferencia… será de grado,
mas habrá despojo en lo que el dueño/pueblo no haya marcado.

Lograr tu revolución, Juan, aun bastante
fuera. La sustancial y única importante,

no la de este o aquel partido distante
ni la de la nominal forma de Estado.

Repúblicas o Monarquías, serán verticales
sin el programa que obligue a los representantes

y dé, al menos, ese poder real a los representados…
Ambos estarán, sin ti, Juan, sobre la Común alzados.

Soneto de Semana Santa
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Desde estas líneas queremos agradecer a Juan Pablo Mañueco su inestimable colaboración para difundir la cultura y la dignidad de Castilla, en este caso en forma lírica.

Al Cristo del Amor y de la Paz
paso de la Semana Santa de Guadalajara

A la Hermandad del Santísimo Cristo del Amor y de la Paz y a la parroquia de San Ginés de Guadalajara.

Nada inviable al Dios del Amor, hermoso,
y de la Paz, clavado en un madero
y dormido tres días… pasajero
camina aun, con un paso luminoso.

Abierto abrazo convoca, amoroso,
a la Paz, que de arriba es mensajero,
en serena actitud bajo el letrero,
en quietud celestial ya más glorioso.

Sus manos un sombrío clavo fiero
atan, pero no impide que dos dedos
bendigan desde encima del tablero.

Y sus pies, más clavados y más quedos,
andan por las calles en costalero
gesto de fervor, paz, amor y credos.

Poema XXXII: Seguidillas de las comarcas castellanas
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Recogemos aquí el 32º poema que nos ha facilitado el escritor alcarreño Juan Pablo Mañueco de una colección lírica dedicada a Castilla.

Desde estas líneas queremos agradecer su inestimable colaboración para difundir la cultura y la dignidad de Castilla, en este caso en forma lírica.

Seguidillas de las comarcas castellanas
(El, la, los, las, y no hay más que hablar)

De Castilla a la Mancha
no va distancia.
Que la Mancha es comarca.

De Castilla a la Mancha
tan sin distancia
que Castilla se ensancha
donde la Mancha.

De Castilla a la Jara
nula distancia,
que la Jara es comarca
como la Mancha.

De Castilla a la Sagra
sobra distancia
que viera quien mirara
misma sustancia.

Desde el Valle de Alcudia
no hay lejanía,
a Castilla separa
de Andalucía.

Cervantes lo dijera
en Rinconete,
que en val de Alcudia ubica
su Molinete.

Los Montes de Toledo
altos de piedras
que según yo lo creo
comarca fueran.

Y el valle del Alberche,
tan castellano
que de Ávila se vuelve
talaverano.

Serranía de Cuenca
otra comarca es,
y su relieve muestra
cada pared.

De Castilla a la Alcarria
lo podéis ver
que es el todo y la parte
del mismo ser.

Alcudia, Jara, Mancha,
Alcarria, Montes…
Serranía, la Sagra,
diversos nombres

que están dentro de marcas
de castellana tierra;
son sus comarcas.

Entre ellas y entre el todo
no hay distancias,
diversos nombres sólo.

Por mostrar que lo son
por un artículo
empiezan, y esa unión

muestra su condición:
es el vehículo
de identificación.

Que en lengua castellana
una comarca
va siempre articulada.

Las Jaras, Manchas, Sagras,
las Alcarrias, Mesa
de Ocaña, la Sierra Alta
y Baja, la Campiña…,
damas fijadas
por lengua de Castilla.

Si fuéramos en laes
subiendo, llegáramos
en comarcales viajes
sobresurcando
de la Tierra de Ayllón
hasta la de Osma,
la Tierra de Pinares
y la de Soria.

De las Tierras Altas
a los Cameros
y luego hasta las Riojas
por sus senderos,

la Bureba y la Lora
y la Montaña
y previa a la Costa
está la Liébana.

¡De qué modo sencillo
lengua en Castilla
articula un pasillo
que nos deslinda
geográfico anillo
de la política!

¿Tierra con un artículo?:
Geografía.
Comarca dentro un todo
que la cobija.

¿Reino o región política?:
Su nombre suena
por sí, sin otra crítica.

¡Bastara el castellano
a deslindar
a un ente soberano
del comarcal!

¡Supieran los políticos
su lengua hablar
y ya fueran científicos
para estimar
lo que es ente legítimo
al que historiar
y qué es un ente típico
de otro total!

Poema XXXIII: Seguidillas de los ríos de Cantabria
Escrito por Redacción | Imprimir | Email
Recogemos aquí el 33º poema que nos ha facilitado el escritor alcarreño Juan Pablo Mañueco de una colección lírica dedicada a Castilla.

Desde estas líneas queremos agradecer su inestimable colaboración para difundir la cultura y la dignidad de Castilla, en este caso en forma lírica.

Seguidillas de los ríos de Cantabria

Percibo sal y sol
santanderino,
al pie de este farol,
candil marino:

Cabo Mayor
faro eriza que riza
lumbre y calor.

Pero hoy no quiero yo
luz de la costa;
por Pas, Miera o Asón
trepo a la contra.

Me izaré al río Deva
casi en Asturias
o hasta el fluvial Agüera
bañado en lluvias.

A las bravías cumbres
de cordillera
donde húmedas nubes
zumos plañeran.

Brusca me besa,
savia del cielo, en punta.
Por montañesa.

Quizá mis pasos paren
en Peña Sagra,
en Pico de Tres Mares,
o en Peña Labra.

En el Tres Mares
las vertientes deciden
suertes finales.

Si norte, es río Nansa…
Desde allí arriba
buscando el agua mansa
pronto reciba

al mar Cantábrico,
rompiendo contra rocas
agreste y rápido.

A babor beba el Deva
-de Fuente Dé-
cuantas aguas se atreva
hacer correr.

Saja y Besaya a diestra
van a juntarse,
y su atracción demuestra
que son amantes.

Por este del Tres Mares…
puedo hasta el Ebro
por el Híjar fugarme.
¡Y ambos enhebro!

Que túnel subterráneo
-casi mil metros-
lo devuelve en Fontibre
con nombre de Ebro.

Después, si por el sur…
desde el Tres Mares
nos diluvia el azul,
sus manantiales

entre nieves y nieblas
al Duero absorto
nos llevará el Pisuerga.
¡Y al mar de Oporto!

Oh, montes de Cantabria
si dais de beber agua
a tres mares de España,
¿dónde fundís la fragua?

Pico de los Tres Mares,
no eres montaña,
altar en donde nacen
sorbos de España.

La cual por entre tus peñas
-rocas maternas en lágrimas-
viene al pico, ved, de unas cigüeñas.

Poema XXXIV: Seguidillas de los ríos de Guadalajara
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Recogemos aquí el 34º poema que nos ha facilitado el escritor alcarreño Juan Pablo Mañueco de una colección lírica dedicada a Castilla.

Desde estas líneas queremos agradecer su inestimable colaboración para difundir la cultura y la dignidad de Castilla, en este caso en forma lírica.

Seguidillas de los ríos y sierras de Guadalajara

A los pintores, poetas y pensadores que han dicho que en Castilla “no había curvas” ni “regatos ni arboledas”, o bien que pintan una tierra yerma, seca y parda e intitulan su parcialísima, tópica y desmoralizadora obra… “Castilla”

¡Para mi sed de amarte
bastan tus aguas,
que alzo por tu estandarte,
Guadalajara!

¡Tajuña, Tajo, Henares,
Jarama en ramas,
helecho, hierba, boscaje
su agua os derraman!

Hacia el río Ebro alguno
raudo progresa,
por abismos profundos
del Piedra y Mesa.

Sierra de Caldereros
tal cosa tiene,
que divide viajeros
lechos y nieves.

También ríos del norte
aman al Duero,
el Parado da el corte
y el Aguisejo.

En la Sierra de Pela
mana el atajo
que al Duero interpela,
tal como al Tajo.

Pero los cursos grandes,
propios de Alcarria,
a su acuático padre
Tajo lo llaman.

Saetas que hacia ocaso
vuelan hermanas,
Tajuña, Henares, Tajo,
más el Jarama.

¡Tajuña, Tajo, Henares,
Jarama en ramas,
helecho, hierba, boscaje
su agua os derraman!

Sois los racimos de uvas
de mosto verde,
pues florestas en cubas
su hierba os vierten.

I. RÍO TAJO, ESMERALDA ENTRE LAS CUMBRES

Tajo, río esmeralda,
que el bosque entero
envuelve y viste de agua.
Floral sendero.

Vereda honda con hoces
que tajan valles,
rocosos murallones
semejan calles.

Cantiles, farallones,
que habita nadie,
a tus aguas veloces
han hecho Parque.

Puente del Martinete
salva angosturas
de estrecho Peralejos,
el de las Truchas.

Riscales de negrura
-pero horadados-.
Sólo luz no es oscura
por los forados.

¡Dios, qué sol tan grandioso!
¡La escarpadura
alumbra el luminoso
astro en la altura!

Alto Tajo te nombran
por ser temprano,
también puedan nombrarte
por encumbrado.

Fresno, pino, sauce, olmo…
quieren ser cielo,
pero los gana el chopo
versado en vuelo,

que deja atrás
a encina, boj y enebro
y al sabinar.

Desde arriba nos mira
el gavilán,
halcón, buitre que gira,
búho real.

Las águilas otean
el horizonte,
alcor gris que aletea
con eco y voces.

Jabalíes y ciervos,
corzos, ginetas,
los azores y cuervos,
nutrias atletas.

Después del Martinete
hasta el San Pedro,
puentes que son jinete
causan arredro.

¡Porque amedrentan
pasarelas tan breves
entre roquedas!

En mitad de gargantas,
los arcoíris
-cuando el sol se levanta
inverosímil

tras las lluvias caídas
por las quebradas-
nidos anidan
de alcotanes y de águilas.

Sobre arcos en el cielo
del Alto Tajo,
se atisba que las peñas
vuelan más alto.

El martín pescador
también nidal
sobre el arcoíris posa,
para pescar.

La luz juega con río
entre agua y flores.
Soleado. Sombrío…
El día. Anoche…

A veces, el torrente
fue maderada,
que bajó la corriente
suelta o atada.

¿Ágiles troncos? Claven
bravos gancheros
-con que domen y encaucen-
largos bicheros.

Que son las picas
por las que los gancheros
los troncos cuidan.

¿Atados? Almadías
-balsas flotantes-
timoneles tenían
barcas viajantes.

Hasta Aranjuez llegaban
en estos viajes
troncos en maderadas.
¡Su abanico abren!

Incluso hasta Toledo
y Talavera
el bogante enredo
que el Tajo viera.

Ayer era trabajo,
hoy son festejos
cuando surcan el Tajo
duros gancheros.

Al propio José Luis
recto y Sampedro
se le ve conducir
algún madero

entre brumas y nieblas
de Peralejos
hasta de Zaorejas
curvos reflejos.

O entre la Buenafuente,
la del Sistal,
y Huertapelayo, enfrente,
huerta y pinar,

José Luis es ganchero
hábil, frutal,
alegre por senderos
de agua, al cantar.

Por la diestra, Hoceseca
de puerto en puerto
agua que sabe a sierra
trae con el viento.

Luego vierte el Cabrillas,
que por Orea moje
a Checa y a Chequilla,
de día y noche.

Hasta que en Peñalén
se junte con el Tajo,
que le susurra “ven”.

Poco antes de esta boca,
donde Poveda
de la Sierra ara evoca,
guitarra suena

de Segundo Pastor.
¡Otra en la Alcarria
no ha sonado mejor!
Manos de magia.

Maestro concertista
y compositor,
al río está tocando
pieza en bordón.

Su “Homenaje a la Alcarria”
revela amor
de enjambre, zagal, danza,
rasgando son.

Delante, la laguna
de Taravilla
-princesa, oro, misterio…-
su agua gavilla.

Mitos entre montañas,
redondo lago,
sólo a tiro de piedra
queda del Tajo,

como si a una moneda
el sol, allá debajo,
haya incendiado en valle
liso pedazo.

También a diestra viene
el río Gallo.
¿Roquedal que lo frene?
Lo rompe en llantos.

Adarves de Molina,
puente románico,
verde Gallo camina,
corta barrancos.

¡Más las quebradas y hoces
-y los castillos-
que edad cabe en la noche
del Señorío!

El agua del Bullones
rebosa el Gallo
entre Tierzo, Terzaga,
Baños de Tajo.

Y previo a Fuembellida
por Almallá,
Bullones sal da y vida
a un salinar,

al que ya los celtíberos
-con voz de druida-
le extraían su sal

El Ablanquejo
aborigen de Ablanque
a la altura de Ocentejo
rinde su viaje.

Mirador de Ocentejo,
¡quién la mirara,
por siempre, a tu “Oz en Texo”!,
¡y quién te hablara

igual que tú nos hablas,
en castellano viejo!
De ayer. Hoy. Y mañana.

Cerca tajó el Hundido,
el de Armallones
Tajo o sismo que en ruido
cegó estas hoces.

Lo remojaba el río
en otro tiempo
hasta que, hundida entrada,
quedóse seco.

Huella del paraíso
hoy la roqueda,
¡fauna y flora feraz
quien la descienda!

En medio de Ablanquejo,
forado antiguo,
todavía me dejo
y algo salino:

Por el riente Linares,
-olor a pinos-
Cueva de los Casares
abre caminos

a grabados rupestres
y trogloditas,
que en la gruta nos muestren
treinta mil citas

con años anteriores
a la era y siglo.
¡Pinturas y grabados
contra el olvido!

Riba de Saelices
es municipio
que grabó esas raíces.

Y a pocos caminares
en Saelices
de la Sal, salinares
de albos matices.

Cifuentes, en cien balsas
nacido, llega al Tajo
por cataratas blancas,
calles abajo.

En el centro de Trillo
descuelga falda,
¡con donaire y con brío
mueve su saya!

Sobre el verdor del Tajo,
bajo un gran puente,
para darle un abrazo
curva el Cifuentes.

En fortín cifontino,
don Juan Manuel
el “Libro de Patronio”
hoy no lo lee,

que los boscosos Gárgoles
va a recorrer,
de Abajo y Arriba.
Trillo después.

A babor gran Guadiela
-de Serranía
de Cuenca-, anda con velas
por el Buendía.

Con Tajo de Entrepeñas
junta su embalse
para, entre astas y sierras,
ser navegantes.

Más abajo también
el de Bolarque
-sierpe larga entre sierras-
es navegante.

Que los veleros surcan
-por entre peñas
de Sierra de Altomira-
Tajo y Guadiela.

De aquí también al Tajo
largo trasvase
hacia el Mediterráneo
sus aguas guiase,

pese a que si él quisiera
ser Turia o Júcar
en la Universal Sierra
virase curva.

He aquí que, solidaria,
Castilla pura
vasalla es, tributaria
seco Segura.

¿Qué tierra solidaria,
Castilla mía,
igual se te mostrara
siquiera un día?

De Almonacid a embalse
Tajo en Zorita,
León Felipe hoy tarde
anda y visita.

Boticario fue en villa
y su amor guarda,
a esta tierra, una niña
que oyó…: “¡Qué lástima

que no tenga una patria!
Pero la Alcarria
lleva la vida a mi alma
y esa mirada

de una niña tan guapa
-nariz pegaba
al cristal mi ventana-.
Hasta que otra mañana

fue por mi casa
dentro cajita blanca…
e igual pegaba
su naricilla chata

al cristal de la caja.
Por mi pueblo de Alcarria
toda la vida pasa,
¡y muerte también pasa!”.

Abajo, tres kilómetros,
aguas del Tajo
Zorita de los Canes
es calatravo

y colosal castillo,
el más grandioso
del provincial recinto,
bravo y rocoso.

A otros tres kilómetros,
visigoda, alza
Recópolis su cetro
de piedra cana.

Mandó Leovigildo
a Recaredo
elevar estos lirios
más que el roquedo.

En pétrea explanada
hoy conservamos
la cristiana basílica
-sobre altozano-

más antigua de España,
tras que los godos
abandonaran a Arrio.
¡Tajo en recodo!

Faltas tú, lento Arlés,
que por Pastrana
saludo bien cortés
das a doña Ana

de Mendoza. En la Plaza
de la triste Hora
sus recuerdos abraza.
Llanto que llora

la princesa cautiva
mana hacia abajo,
por risco, vega y riba
salando el Tajo.

¡A él quisiera fugar!
Y no ser sombra
que se pueda asomar
solitaria hora.

Santa Teresa funda
doble convento,
donde Amado profunda
paz y alimento

otorga. Y lanza y flecha
del Creador
en el humano enhebra
su largo Amor.

Sutil Juan de la Cruz
-monte y ribera-
por amar a Jesús
persigue su huella.

Las llamas de amor vivas
con que Dios le hiere
río observa en sus ribas,
¡quién las sintiere!

¡Tajuña, Tajo, Henares,
Jarama en ramas,
helecho, hierba y boscaje
su agua os derraman!

II. RÍO HENARES, RUEDA GUADALAJARA HACIA SU RÍO

Desde Sierra Ministra,
casi en Sigüenza,
manantial de Castilla
Henares trenza.

Gota aún de rocío
ya se extasía
ante la urbe mitrada
y seguntina.

Don Martín Vázquez de Arce,
“Doncel” lo llaman,
ha cerrado su libro
esta mañana.

Cierto que por Sigüenza
queda su estatua
para asombro del mundo
que la mirara.

¡Se le ve cabalgar
abajo Henares,
para trotar la Alcarria
por montes y valles!

Al pasar reverencia
a un cardenal,
gran González Mendoza,
que en su sitial

ve cómo se termina
la catedral
-este alcarreño ilustre
no obvio en moral-.

El tercer rey de España,
de Dios primado,
en urbe alta de Henares
trama milagros.

Más holgado aun que él,
río Salado
-salina, estanques, norias-
lo ha empapado.

A poco llega el Dulce,
desde su Parque.
Poca luz, más perfumes,
llenos de sauces.

Por quebradas el río
de Cañamares,
tras haberse embalsado
en el de Pálmaces.

Antes, nos llegan ayes
desde Robledo
de Corpes –altos montes
y ruido quedo-,

cerca del Cañamares
de Carrión condes
a doña Elvira y Sol
han dado voces.

Luego con latigazos
la afrenta en Corpes
obscenos consumaron.

Las cinchas corredizas
bajan a nado
por el río, de donde
las azotaron.

¡Tan recios, crueles golpes
que por siempre han quedado
en robledal de Corpes!

De Sierra de Alto Rey,
por los Condemios
funda el río Bornova
su propio reino.

Cerca de Somolinos
el Manadero
laguna de agua fría
moja en el suelo.

Afluye hasta el Bornova
-presa en Alcorlo-
que desciende entre rocas
regio y redondo.

Con el Pelagallinas,
agua de sierra,
gotas tan cristalinas
que hoy son Reserva.

En Parque del Hayedo
Tejera Negra,
dan haya, pino y tejo
carbón y leña.

Lillas, Zarzas, Sonsaz…
y otros absorbe,
para formar caudal,
el río Sorbe,

que en Pozo de los Ramos
su agua represa
y más aun el pantano
que hay en Beleña.

Aguas que embebe el Sorbe
y que las liba,
nieves de dos mil metros
puras y frías.

Aguas que aviva y bebe
Guadalajara,
Madrid… Fina agua leve
de hayedo arriada.

Y a babor se arría él.
Hita celeste.
Milagroso Badiel.
Santo y castrense.

Por clérigo, arcipreste.
Amante y fiel.
Monástico y agreste,
lleno de miel.

Al pasar por Jadraque
el Faenarius,
que llamamos Henares,
cierra los labios.

La corriente que cruza
los campos de heno
ha quedado ahora
toda en silencio…

Que Mío Çid Ruy Díaz
trama celada
y entera noche tiene
tropa emboscada.

¡De madrugada
cuando se abran las puertas
de Castejón

frenará nada
para quedar expuestas
a quienes callan hoy!

El Çid Ruy Díaz
con ciento de su zaga
tomará Castejón
por añagaza,

sin haber de lidiar.
Guarda caución
Henares, por sigilo
y discreción.

Y mientras tanto
Álvar Fáñez Minaya
y otros doscientos
ha salido en algara.

Por el Henares bajan
de “Fita Ayuso
e por Guadalfajara
fasta Alcalá

lleguen en las algaras”,
que son plazas muy fuertes
y bien muradas.

¡Tantos siglos de Historia
y tantas épocas
como Arriaca memorias
guarda remotas!

¡Dios, qué hermosos países
por estos pagos,
tan variados, diversos,
tan castellanos!

Ahora Guadalajara
desde el balcón
ve pasar el Henares,
que el Tajo no.

Para ver lo más próximo
todo el reflejo
escalera iza Antonio
Buero Vallejo.

Que para tejer sueños
del río Henares
soñador para un pueblo
debe mirarle.

Y es solamente
la señal que él espera
que las ondas del agua
vengan ligeras.

¿Cuánto tiempo divisas,
tierra henariega,
donde empieza Campiña
a irrigar vega?

Rueda Guadalajara
hacia su río
como Wad-al-hayara
su canto ha oído.

¡Cuántos siglos, y aun eras!
¡Y, Arriaca, sigues
alta ,sobre tus piedras!

¡Dios, qué hermosura el agua
de esta provincia,
y cuanto más la amo, amo
más a Castilla!

¡Tajuña, Tajo, Henares,
Jarama en ramas,
helecho, hierba y boscaje
su agua os derraman!

III. RÍO JARAMA, CANDELIZAS AGUJAS DE HIELO EN ÁRBOL.

Tú, Jarama que en ramas
desvistes grutas,
a más de dos mil metros
manan tus lunas.

De Peña Cebollera
o Tres Provincias,
en Cardoso de Sierra
bebes celliscas.

Luego al Pico del Lobo
-más alta cúspide
de la región-, neviscas
desvistes. Dúctiles.

Igual a Somosierra,
ramaje de agua,
como un árbol fluvial
cata el Jarama.

Acequias de neveros
entre regatos,
cabellos de carámbanos
tan carpetanos.

Cavernas manaderas,
canchal serrano,
candelizas agujas
de hielo en árbol.

Cardoso de la Sierra,
robles y hayedos,
y pinariegas flechas,
y encina, acebo…

Y entre las verdes cumbres
los pueblos negros,
bajo las blancas nubes
y azules cielos.

En la pizarra escribe
por los tejados
el fulgor, que concibe
brillos grabados.

Campillo, Tamajón,
Valverde negro,
Bocígano, Cabida…
sois mundos quietos.

¡Dios, qué sol tan hermoso
su luz irisa
contra montes y sotos
ebrios de brisa!

Porque casi tus puertos
fuesen de mar,
de infinitos regueros
que haces lactar:

Jarama, Jaramilla,
Horcajo, Ermito,
Vallosera en mantillas
y el Berbellido.

Tú solo, Jaramilla…
¡atruena tanto
tu cañón, que ensordece
piedras y cantos!

De casi dos mil metros,
puerto Quesera,
Cardoso, Majaelrayo,
trazas frontera,

tan abrupta que nadie
hasta hace poco
trasponerla pudiera.
¡Tu abismo evoco,

hoy lo ha salvado un puente
y carretera.
Más talud sí se siente!

Y en escasos kilómetros
-Jarama aunado-
a novecientos metros
te embalsa el Vado.

Por curso del Jarama
a un cura de Hita
salteóle serrana
que monte habita.

En cuanto el río pasa
moza le mira,
nevosa la mañana,
bastante fría.

Es robusta serrana
de Malangosto
que fuera puerto y dama
expuesto al solo

que por allí viajara.
Tan pronto el rostro
por el puerto asomara
de Malangosto

le alojó y le mimó
dicha serrana
de manera y de modo
que no olvidara.

Igual Íñigo López,
de Santillana,
cruzando sus estados
halló serrana.

En viaje hasta Buitrago
y hasta el Lozoya,
el marqués montes sube
donde Berzosa.

Al pie de gran montaña
vaquera hermosa
vacas guarda en cabaña,
¡y tan graciosa!

Y a fe que si el marqués
busca venado,
por tal caza después
fue bien pagado.

¡Dios, qué hermosos salís,
veneros de agua,
es la tierra a que venís
afortunada!

¡Tajuña, Tajo, Henares,
Jarama en ramas,
helecho, hierba y boscaje
su agua os derraman!

IV. TAJUÑA, VALLES DE ORO QUE DORA EL OTOÑO.

Y faltas tú, Tagonius
romano. Juntas
valle angosto, al que arañas
por ser Tajuña.

Apenas sin afluentes,
salvo regatos
y concisos torrentes.

Sin embargo y con todo,
Tajuña en huertas,
tu alargado acomodo,
pleno de vegas,

entre toda su cuenca
segundo holgado.
Sólo vas por detrás
del propio Tajo.

Profundos valles surcan
tus puras aguas,
que abrigan como blusas
a las Alcarrias.

Clares y Maranchón
manan tus fuentes,
por Luzaga y Luzón
ya ríen peces.

Masegoso, Alaminos
y Cogollor,
donde tantos caminos
traza la flor.

Cívica en el Tajuña,
a pico abierta,
desenrocando en cuña
la breve sierra.

De Cívica dijo alguien
que si una aldea
tibetana parece…
quizá lo sea.

Horadada entre rocas
y entre piedras,
entre sus balaustradas,
sus escaleras,

con cascada que canta
a la pradera,
y colmenas en una
de sus laderas.

De Brihuega, jardines,
muralla, iglesias…
-después que los camines-
su agua refleja.

Del castillo rocoso,
Peña Bermeja,
contempla Alcarria brioso
Camilo Cela,

que a la Alcarria le llama
“bello país”
le dé a gente la gana
-o no- en venir.

En Brihuega, ¿milagros?,
Virgen de Peña,
aun siendo milagrosa
Brihuega entera.

Por Brihuega el Tajuña
pasa despacio
quiere ver cómo corren
toros por campo.

Ya en siglo dieciséis
toros corrían
por la villa briocense
montes y simas.

Que no sólo las calles
son recorridas,
colman con animales
valles, colinas.

Corren tanto los toros
que los caballos,
por el polvo que tragan
van resoplando.

Delante van los mozos,
como muchachos
que del toro se prendan,
le dan abrazos.

Cuando, Brihuega atrás,
se llega al campo,
hay que evitar del toro
sus arañazos.

Y los más valerosos
a todo trapo
ensayan darle al toro
sus capotazos.

Cuando ríos de gente
hay por los montes
de los toros la frente
es horizonte.

¡Falta volver los toros
a los corrales
porque el Tajuña pueda
seguir su cauce!

De Atanzón y Caspueñas
viene el Ungría,
por vertiente derecha
se le uniría.

Y por el borde izquierdo
el San Andrés,
que a Yélamos, Irueste
su adiós les dé.

Loranca, Mondéjar…
le traen su agua,
el Tajuña se la lleva
a Carabaña.

Y después por Morata
y por Chinchón
vuelca desde el Jarama
final adiós.

Pero mucho antes, Tajuña,
de esas Alcarrias…
en las previas, acuñas
selvas tan varias

que en la Tajera aturdes,
embalse verde
por las verdosas luces
de hojas silvestres.

¡Y qué decir, nogales
de valles de oro,
si acacia, aliso y arce
dora el otoño!

V. FINAL

¡Dios, qué hermosuras juntas
Guadalajara!,
¡Cuán verde zumo de uvas
pisan tus aguas!

Cuánta sierra y color
trepan laderas,
coquetea el amor
tu hendida tierra.

¡Tajuña, Tajo, Henares,
Jarama en ramas,
helecho, hierba y boscaje
su agua os derraman!

¡Para mi sed de amarte
bastan tus aguas,
que alzo por tu estandarte,
Guadalajara!

Poema XXXV: Seguidillas del naciente Duero
Escrito por Redacción | Imprimir | Email
Recogemos aquí el 35º poema que nos ha facilitado el escritor alcarreño Juan Pablo Mañueco de una colección lírica dedicada a Castilla.

Desde estas líneas queremos agradecer su inestimable colaboración para difundir la cultura y la dignidad de Castilla, en este caso en forma lírica.

Seguidillas del naciente Duero

Duero, niño bravío,
ponte a querer
que en tus fuentes de río
te alcance a ver.

Sobre el mirador, Soria,
miras al río,
comba de tanta historia
como rocío.

¡Sierpe curva de Soria,
cómo te ansío!
¡Haces que me recorran
escalofríos!

Quien te conozca, Soria,
dama tan bella,
contigo habrá, señora,
nula querella.

Pero hoy, más que a ti misma,
Soria, a la cumbre
iré, donde reside
la fluvial lumbre

que nieve en noche fría
-hebras de luces-
templa y torna a la vida
como aguas dulces.

Duero, niño bravío,
quiere querer
que a tus fuentes de río
yo alcance a ver.

En los Picos de Urbión
-libre albedrío-
estrena el Duero embrión
de poderío.

Dos mil cien metros
y el griterío
de regatos cayendo
por llorar río.

Copos de nieve, cofias
sota del frío
soñando que son norias
rodando al río.

Manantial de Duruelo,
yo me extasío,
de que te nazca el Duero
albo y umbrío.

Madrugó bien el cielo,
sabio entre riscos,
que al pasar por Duruelo
agua se hizo.

Duero, niño bravío,
ponte a querer
que en tus fuentes de río
pueda beber.

Cuando rozas el suelo
el vocerío
de los riachos no saben
que el desafío

de deshacer el hielo
no es desvarío.
¡Pondrán su traje al Duero,
niño bravío!

Con manos formo vaso
sota un nevero
al que le cierro el paso
Queda en silencio.

Por la diestra el Ebrillos.
El Revinuesa
a babor. Haz de brillos:
Laguna Negra,

blanca en pinos con nieve,
verde de yedras,
candes los murallones
de albares piedras.

Duero, niño bravío,
quiere querer
que Laguna en el río
sepa yo ver.

Las canas son tan blancas
-roca a través-
de regatos que bajan
agua a sus pies.

Tan claras aguas mansas
que reverberan
por verdor de los bosques
que la flanquean.

Canta el pinar frondoso
tanto en Vinuesa
que le escucha el hayedo
de Covaleda.

De este circo glacial
varias lagunas
dan cuenta que agua y hielo
hablan a una.

Por ello es natural
y recto Parque,
porque hasta el pastizal
es relevante.

Duero, niño bravío,
ponte a querer
que en tus cumbres de río
pueda yo ver.

Hacia picos superbos
de Urbión atisbo,
donde corzos y ciervos
saltan amigos

por entre los peñascos
en graderío,
y hozan los jabalíes
sobre el vacío.

No sois agua pasada,
lagos de Urbión,
prosigue perpetuada
vuestra visión.

Río niño, ya naces
río guerrero,
mas con tu filo errante
yo no guerreo.

Duero, niño bravío,
ponte a querer
que tu espada de río
sepa envolver.

De tus bosques, un rayo
esclarecido
me llevo. ¡Iluminaba
con amor fluido

el sol, a rachas, sierra
tuya, alta Soria;
y hoy reluce tu tierra
en mi memoria!

¡Duero, río bravío,
quiere querer
que a tus fuentes del río
vuelva a volver!

Poema XXXIV: Seguidillas de los ríos de Guadalajara
Escrito por Redacción | Imprimir | Email
Recogemos aquí el 34º poema que nos ha facilitado el escritor alcarreño Juan Pablo Mañueco de una colección lírica dedicada a Castilla.

Desde estas líneas queremos agradecer su inestimable colaboración para difundir la cultura y la dignidad de Castilla, en este caso en forma lírica.

Seguidillas de los ríos y sierras de Guadalajara

A los pintores, poetas y pensadores que han dicho que en Castilla “no había curvas” ni “regatos ni arboledas”, o bien que pintan una tierra yerma, seca y parda e intitulan su parcialísima, tópica y desmoralizadora obra… “Castilla”

¡Para mi sed de amarte
bastan tus aguas,
que alzo por tu estandarte,
Guadalajara!

¡Tajuña, Tajo, Henares,
Jarama en ramas,
helecho, hierba, boscaje
su agua os derraman!

Hacia el río Ebro alguno
raudo progresa,
por abismos profundos
del Piedra y Mesa.

Sierra de Caldereros
tal cosa tiene,
que divide viajeros
lechos y nieves.

También ríos del norte
aman al Duero,
el Parado da el corte
y el Aguisejo.

En la Sierra de Pela
mana el atajo
que al Duero interpela,
tal como al Tajo.

Pero los cursos grandes,
propios de Alcarria,
a su acuático padre
Tajo lo llaman.

Saetas que hacia ocaso
vuelan hermanas,
Tajuña, Henares, Tajo,
más el Jarama.

¡Tajuña, Tajo, Henares,
Jarama en ramas,
helecho, hierba, boscaje
su agua os derraman!

Sois los racimos de uvas
de mosto verde,
pues florestas en cubas
su hierba os vierten.

I. RÍO TAJO, ESMERALDA ENTRE LAS CUMBRES

Tajo, río esmeralda,
que el bosque entero
envuelve y viste de agua.
Floral sendero.

Vereda honda con hoces
que tajan valles,
rocosos murallones
semejan calles.

Cantiles, farallones,
que habita nadie,
a tus aguas veloces
han hecho Parque.

Puente del Martinete
salva angosturas
de estrecho Peralejos,
el de las Truchas.

Riscales de negrura
-pero horadados-.
Sólo luz no es oscura
por los forados.

¡Dios, qué sol tan grandioso!
¡La escarpadura
alumbra el luminoso
astro en la altura!

Alto Tajo te nombran
por ser temprano,
también puedan nombrarte
por encumbrado.

Fresno, pino, sauce, olmo…
quieren ser cielo,
pero los gana el chopo
versado en vuelo,

que deja atrás
a encina, boj y enebro
y al sabinar.

Desde arriba nos mira
el gavilán,
halcón, buitre que gira,
búho real.

Las águilas otean
el horizonte,
alcor gris que aletea
con eco y voces.

Jabalíes y ciervos,
corzos, ginetas,
los azores y cuervos,
nutrias atletas.

Después del Martinete
hasta el San Pedro,
puentes que son jinete
causan arredro.

¡Porque amedrentan
pasarelas tan breves
entre roquedas!

En mitad de gargantas,
los arcoíris
-cuando el sol se levanta
inverosímil

tras las lluvias caídas
por las quebradas-
nidos anidan
de alcotanes y de águilas.

Sobre arcos en el cielo
del Alto Tajo,
se atisba que las peñas
vuelan más alto.

El martín pescador
también nidal
sobre el arcoíris posa,
para pescar.

La luz juega con río
entre agua y flores.
Soleado. Sombrío…
El día. Anoche…

A veces, el torrente
fue maderada,
que bajó la corriente
suelta o atada.

¿Ágiles troncos? Claven
bravos gancheros
-con que domen y encaucen-
largos bicheros.

Que son las picas
por las que los gancheros
los troncos cuidan.

¿Atados? Almadías
-balsas flotantes-
timoneles tenían
barcas viajantes.

Hasta Aranjuez llegaban
en estos viajes
troncos en maderadas.
¡Su abanico abren!

Incluso hasta Toledo
y Talavera
el bogante enredo
que el Tajo viera.

Ayer era trabajo,
hoy son festejos
cuando surcan el Tajo
duros gancheros.

Al propio José Luis
recto y Sampedro
se le ve conducir
algún madero

entre brumas y nieblas
de Peralejos
hasta de Zaorejas
curvos reflejos.

O entre la Buenafuente,
la del Sistal,
y Huertapelayo, enfrente,
huerta y pinar,

José Luis es ganchero
hábil, frutal,
alegre por senderos
de agua, al cantar.

Por la diestra, Hoceseca
de puerto en puerto
agua que sabe a sierra
trae con el viento.

Luego vierte el Cabrillas,
que por Orea moje
a Checa y a Chequilla,
de día y noche.

Hasta que en Peñalén
se junte con el Tajo,
que le susurra “ven”.

Poco antes de esta boca,
donde Poveda
de la Sierra ara evoca,
guitarra suena

de Segundo Pastor.
¡Otra en la Alcarria
no ha sonado mejor!
Manos de magia.

Maestro concertista
y compositor,
al río está tocando
pieza en bordón.

Su “Homenaje a la Alcarria”
revela amor
de enjambre, zagal, danza,
rasgando son.

Delante, la laguna
de Taravilla
-princesa, oro, misterio…-
su agua gavilla.

Mitos entre montañas,
redondo lago,
sólo a tiro de piedra
queda del Tajo,

como si a una moneda
el sol, allá debajo,
haya incendiado en valle
liso pedazo.

También a diestra viene
el río Gallo.
¿Roquedal que lo frene?
Lo rompe en llantos.

Adarves de Molina,
puente románico,
verde Gallo camina,
corta barrancos.

¡Más las quebradas y hoces
-y los castillos-
que edad cabe en la noche
del Señorío!

El agua del Bullones
rebosa el Gallo
entre Tierzo, Terzaga,
Baños de Tajo.

Y previo a Fuembellida
por Almallá,
Bullones sal da y vida
a un salinar,

al que ya los celtíberos
-con voz de druida-
le extraían su sal

El Ablanquejo
aborigen de Ablanque
a la altura de Ocentejo
rinde su viaje.

Mirador de Ocentejo,
¡quién la mirara,
por siempre, a tu “Oz en Texo”!,
¡y quién te hablara

igual que tú nos hablas,
en castellano viejo!
De ayer. Hoy. Y mañana.

Cerca tajó el Hundido,
el de Armallones
Tajo o sismo que en ruido
cegó estas hoces.

Lo remojaba el río
en otro tiempo
hasta que, hundida entrada,
quedóse seco.

Huella del paraíso
hoy la roqueda,
¡fauna y flora feraz
quien la descienda!

En medio de Ablanquejo,
forado antiguo,
todavía me dejo
y algo salino:

Por el riente Linares,
-olor a pinos-
Cueva de los Casares
abre caminos

a grabados rupestres
y trogloditas,
que en la gruta nos muestren
treinta mil citas

con años anteriores
a la era y siglo.
¡Pinturas y grabados
contra el olvido!

Riba de Saelices
es municipio
que grabó esas raíces.

Y a pocos caminares
en Saelices
de la Sal, salinares
de albos matices.

Cifuentes, en cien balsas
nacido, llega al Tajo
por cataratas blancas,
calles abajo.

En el centro de Trillo
descuelga falda,
¡con donaire y con brío
mueve su saya!

Sobre el verdor del Tajo,
bajo un gran puente,
para darle un abrazo
curva el Cifuentes.

En fortín cifontino,
don Juan Manuel
el “Libro de Patronio”
hoy no lo lee,

que los boscosos Gárgoles
va a recorrer,
de Abajo y Arriba.
Trillo después.

A babor gran Guadiela
-de Serranía
de Cuenca-, anda con velas
por el Buendía.

Con Tajo de Entrepeñas
junta su embalse
para, entre astas y sierras,
ser navegantes.

Más abajo también
el de Bolarque
-sierpe larga entre sierras-
es navegante.

Que los veleros surcan
-por entre peñas
de Sierra de Altomira-
Tajo y Guadiela.

De aquí también al Tajo
largo trasvase
hacia el Mediterráneo
sus aguas guiase,

pese a que si él quisiera
ser Turia o Júcar
en la Universal Sierra
virase curva.

He aquí que, solidaria,
Castilla pura
vasalla es, tributaria
seco Segura.

¿Qué tierra solidaria,
Castilla mía,
igual se te mostrara
siquiera un día?

De Almonacid a embalse
Tajo en Zorita,
León Felipe hoy tarde
anda y visita.

Boticario fue en villa
y su amor guarda,
a esta tierra, una niña
que oyó…: “¡Qué lástima

que no tenga una patria!
Pero la Alcarria
lleva la vida a mi alma
y esa mirada

de una niña tan guapa
-nariz pegaba
al cristal mi ventana-.
Hasta que otra mañana

fue por mi casa
dentro cajita blanca…
e igual pegaba
su naricilla chata

al cristal de la caja.
Por mi pueblo de Alcarria
toda la vida pasa,
¡y muerte también pasa!”.

Abajo, tres kilómetros,
aguas del Tajo
Zorita de los Canes
es calatravo

y colosal castillo,
el más grandioso
del provincial recinto,
bravo y rocoso.

A otros tres kilómetros,
visigoda, alza
Recópolis su cetro
de piedra cana.

Mandó Leovigildo
a Recaredo
elevar estos lirios
más que el roquedo.

En pétrea explanada
hoy conservamos
la cristiana basílica
-sobre altozano-

más antigua de España,
tras que los godos
abandonaran a Arrio.
¡Tajo en recodo!

Faltas tú, lento Arlés,
que por Pastrana
saludo bien cortés
das a doña Ana

de Mendoza. En la Plaza
de la triste Hora
sus recuerdos abraza.
Llanto que llora

la princesa cautiva
mana hacia abajo,
por risco, vega y riba
salando el Tajo.

¡A él quisiera fugar!
Y no ser sombra
que se pueda asomar
solitaria hora.

Santa Teresa funda
doble convento,
donde Amado profunda
paz y alimento

otorga. Y lanza y flecha
del Creador
en el humano enhebra
su largo Amor.

Sutil Juan de la Cruz
-monte y ribera-
por amar a Jesús
persigue su huella.

Las llamas de amor vivas
con que Dios le hiere
río observa en sus ribas,
¡quién las sintiere!

¡Tajuña, Tajo, Henares,
Jarama en ramas,
helecho, hierba y boscaje
su agua os derraman!

II. RÍO HENARES, RUEDA GUADALAJARA HACIA SU RÍO

Desde Sierra Ministra,
casi en Sigüenza,
manantial de Castilla
Henares trenza.

Gota aún de rocío
ya se extasía
ante la urbe mitrada
y seguntina.

Don Martín Vázquez de Arce,
“Doncel” lo llaman,
ha cerrado su libro
esta mañana.

Cierto que por Sigüenza
queda su estatua
para asombro del mundo
que la mirara.

¡Se le ve cabalgar
abajo Henares,
para trotar la Alcarria
por montes y valles!

Al pasar reverencia
a un cardenal,
gran González Mendoza,
que en su sitial

ve cómo se termina
la catedral
-este alcarreño ilustre
no obvio en moral-.

El tercer rey de España,
de Dios primado,
en urbe alta de Henares
trama milagros.

Más holgado aun que él,
río Salado
-salina, estanques, norias-
lo ha empapado.

A poco llega el Dulce,
desde su Parque.
Poca luz, más perfumes,
llenos de sauces.

Por quebradas el río
de Cañamares,
tras haberse embalsado
en el de Pálmaces.

Antes, nos llegan ayes
desde Robledo
de Corpes –altos montes
y ruido quedo-,

cerca del Cañamares
de Carrión condes
a doña Elvira y Sol
han dado voces.

Luego con latigazos
la afrenta en Corpes
obscenos consumaron.

Las cinchas corredizas
bajan a nado
por el río, de donde
las azotaron.

¡Tan recios, crueles golpes
que por siempre han quedado
en robledal de Corpes!

De Sierra de Alto Rey,
por los Condemios
funda el río Bornova
su propio reino.

Cerca de Somolinos
el Manadero
laguna de agua fría
moja en el suelo.

Afluye hasta el Bornova
-presa en Alcorlo-
que desciende entre rocas
regio y redondo.

Con el Pelagallinas,
agua de sierra,
gotas tan cristalinas
que hoy son Reserva.

En Parque del Hayedo
Tejera Negra,
dan haya, pino y tejo
carbón y leña.

Lillas, Zarzas, Sonsaz…
y otros absorbe,
para formar caudal,
el río Sorbe,

que en Pozo de los Ramos
su agua represa
y más aun el pantano
que hay en Beleña.

Aguas que embebe el Sorbe
y que las liba,
nieves de dos mil metros
puras y frías.

Aguas que aviva y bebe
Guadalajara,
Madrid… Fina agua leve
de hayedo arriada.

Y a babor se arría él.
Hita celeste.
Milagroso Badiel.
Santo y castrense.

Por clérigo, arcipreste.
Amante y fiel.
Monástico y agreste,
lleno de miel.

Al pasar por Jadraque
el Faenarius,
que llamamos Henares,
cierra los labios.

La corriente que cruza
los campos de heno
ha quedado ahora
toda en silencio…

Que Mío Çid Ruy Díaz
trama celada
y entera noche tiene
tropa emboscada.

¡De madrugada
cuando se abran las puertas
de Castejón

frenará nada
para quedar expuestas
a quienes callan hoy!

El Çid Ruy Díaz
con ciento de su zaga
tomará Castejón
por añagaza,

sin haber de lidiar.
Guarda caución
Henares, por sigilo
y discreción.

Y mientras tanto
Álvar Fáñez Minaya
y otros doscientos
ha salido en algara.

Por el Henares bajan
de “Fita Ayuso
e por Guadalfajara
fasta Alcalá

lleguen en las algaras”,
que son plazas muy fuertes
y bien muradas.

¡Tantos siglos de Historia
y tantas épocas
como Arriaca memorias
guarda remotas!

¡Dios, qué hermosos países
por estos pagos,
tan variados, diversos,
tan castellanos!

Ahora Guadalajara
desde el balcón
ve pasar el Henares,
que el Tajo no.

Para ver lo más próximo
todo el reflejo
escalera iza Antonio
Buero Vallejo.

Que para tejer sueños
del río Henares
soñador para un pueblo
debe mirarle.

Y es solamente
la señal que él espera
que las ondas del agua
vengan ligeras.

¿Cuánto tiempo divisas,
tierra henariega,
donde empieza Campiña
a irrigar vega?

Rueda Guadalajara
hacia su río
como Wad-al-hayara
su canto ha oído.

¡Cuántos siglos, y aun eras!
¡Y, Arriaca, sigues
alta ,sobre tus piedras!

¡Dios, qué hermosura el agua
de esta provincia,
y cuanto más la amo, amo
más a Castilla!

¡Tajuña, Tajo, Henares,
Jarama en ramas,
helecho, hierba y boscaje
su agua os derraman!

III. RÍO JARAMA, CANDELIZAS AGUJAS DE HIELO EN ÁRBOL.

Tú, Jarama que en ramas
desvistes grutas,
a más de dos mil metros
manan tus lunas.

De Peña Cebollera
o Tres Provincias,
en Cardoso de Sierra
bebes celliscas.

Luego al Pico del Lobo
-más alta cúspide
de la región-, neviscas
desvistes. Dúctiles.

Igual a Somosierra,
ramaje de agua,
como un árbol fluvial
cata el Jarama.

Acequias de neveros
entre regatos,
cabellos de carámbanos
tan carpetanos.

Cavernas manaderas,
canchal serrano,
candelizas agujas
de hielo en árbol.

Cardoso de la Sierra,
robles y hayedos,
y pinariegas flechas,
y encina, acebo…

Y entre las verdes cumbres
los pueblos negros,
bajo las blancas nubes
y azules cielos.

En la pizarra escribe
por los tejados
el fulgor, que concibe
brillos grabados.

Campillo, Tamajón,
Valverde negro,
Bocígano, Cabida…
sois mundos quietos.

¡Dios, qué sol tan hermoso
su luz irisa
contra montes y sotos
ebrios de brisa!

Porque casi tus puertos
fuesen de mar,
de infinitos regueros
que haces lactar:

Jarama, Jaramilla,
Horcajo, Ermito,
Vallosera en mantillas
y el Berbellido.

Tú solo, Jaramilla…
¡atruena tanto
tu cañón, que ensordece
piedras y cantos!

De casi dos mil metros,
puerto Quesera,
Cardoso, Majaelrayo,
trazas frontera,

tan abrupta que nadie
hasta hace poco
trasponerla pudiera.
¡Tu abismo evoco,

hoy lo ha salvado un puente
y carretera.
Más talud sí se siente!

Y en escasos kilómetros
-Jarama aunado-
a novecientos metros
te embalsa el Vado.

Por curso del Jarama
a un cura de Hita
salteóle serrana
que monte habita.

En cuanto el río pasa
moza le mira,
nevosa la mañana,
bastante fría.

Es robusta serrana
de Malangosto
que fuera puerto y dama
expuesto al solo

que por allí viajara.
Tan pronto el rostro
por el puerto asomara
de Malangosto

le alojó y le mimó
dicha serrana
de manera y de modo
que no olvidara.

Igual Íñigo López,
de Santillana,
cruzando sus estados
halló serrana.

En viaje hasta Buitrago
y hasta el Lozoya,
el marqués montes sube
donde Berzosa.

Al pie de gran montaña
vaquera hermosa
vacas guarda en cabaña,
¡y tan graciosa!

Y a fe que si el marqués
busca venado,
por tal caza después
fue bien pagado.

¡Dios, qué hermosos salís,
veneros de agua,
es la tierra a que venís
afortunada!

¡Tajuña, Tajo, Henares,
Jarama en ramas,
helecho, hierba y boscaje
su agua os derraman!

IV. TAJUÑA, VALLES DE ORO QUE DORA EL OTOÑO.

Y faltas tú, Tagonius
romano. Juntas
valle angosto, al que arañas
por ser Tajuña.

Apenas sin afluentes,
salvo regatos
y concisos torrentes.

Sin embargo y con todo,
Tajuña en huertas,
tu alargado acomodo,
pleno de vegas,

entre toda su cuenca
segundo holgado.
Sólo vas por detrás
del propio Tajo.

Profundos valles surcan
tus puras aguas,
que abrigan como blusas
a las Alcarrias.

Clares y Maranchón
manan tus fuentes,
por Luzaga y Luzón
ya ríen peces.

Masegoso, Alaminos
y Cogollor,
donde tantos caminos
traza la flor.

Cívica en el Tajuña,
a pico abierta,
desenrocando en cuña
la breve sierra.

De Cívica dijo alguien
que si una aldea
tibetana parece…
quizá lo sea.

Horadada entre rocas
y entre piedras,
entre sus balaustradas,
sus escaleras,

con cascada que canta
a la pradera,
y colmenas en una
de sus laderas.

De Brihuega, jardines,
muralla, iglesias…
-después que los camines-
su agua refleja.

Del castillo rocoso,
Peña Bermeja,
contempla Alcarria brioso
Camilo Cela,

que a la Alcarria le llama
“bello país”
le dé a gente la gana
-o no- en venir.

En Brihuega, ¿milagros?,
Virgen de Peña,
aun siendo milagrosa
Brihuega entera.

Por Brihuega el Tajuña
pasa despacio
quiere ver cómo corren
toros por campo.

Ya en siglo dieciséis
toros corrían
por la villa briocense
montes y simas.

Que no sólo las calles
son recorridas,
colman con animales
valles, colinas.

Corren tanto los toros
que los caballos,
por el polvo que tragan
van resoplando.

Delante van los mozos,
como muchachos
que del toro se prendan,
le dan abrazos.

Cuando, Brihuega atrás,
se llega al campo,
hay que evitar del toro
sus arañazos.

Y los más valerosos
a todo trapo
ensayan darle al toro
sus capotazos.

Cuando ríos de gente
hay por los montes
de los toros la frente
es horizonte.

¡Falta volver los toros
a los corrales
porque el Tajuña pueda
seguir su cauce!

De Atanzón y Caspueñas
viene el Ungría,
por vertiente derecha
se le uniría.

Y por el borde izquierdo
el San Andrés,
que a Yélamos, Irueste
su adiós les dé.

Loranca, Mondéjar…
le traen su agua,
el Tajuña se la lleva
a Carabaña.

Y después por Morata
y por Chinchón
vuelca desde el Jarama
final adiós.

Pero mucho antes, Tajuña,
de esas Alcarrias…
en las previas, acuñas
selvas tan varias

que en la Tajera aturdes,
embalse verde
por las verdosas luces
de hojas silvestres.

¡Y qué decir, nogales
de valles de oro,
si acacia, aliso y arce
dora el otoño!

V. FINAL

¡Dios, qué hermosuras juntas
Guadalajara!,
¡Cuán verde zumo de uvas
pisan tus aguas!

Cuánta sierra y color
trepan laderas,
coquetea el amor
tu hendida tierra.

¡Tajuña, Tajo, Henares,
Jarama en ramas,
helecho, hierba y boscaje
su agua os derraman!

¡Para mi sed de amarte
bastan tus aguas,
que alzo por tu estandarte,
Guadalajara!

Poema XXXVII: Arriaca y Victoria, amo y amaría
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Recogemos aquí el 37º poema que nos ha facilitado el escritor alcarreño Juan Pablo Mañueco de una colección lírica dedicada a Castilla.

Desde estas líneas queremos agradecer su inestimable colaboración para difundir la cultura y la dignidad de Castilla, en este caso en forma lírica.

Arriaca y Victoria, amo y amaría

Está, esté, estuve, estaré y estaría.
Si partiese de Arriaca, volvería,
porque mi amada eres tú y mi porfía
y mi anhelo y la calma que quería.

Amo, ame, amaba, amaré y amaría
a María, la amada que, entre todas,
vence muy por encima de las modas
sin cuya Victoria mi alma ancla fría.

A ellas, mi luz, mi bien, mi amor, mi vida…
desposo como esposas de mis bodas,
sin las cuales mi ser perecería.

Musas que me inspiraron estas odas.
Seguro al punto las aceptaría
a las dos, por esposas y por brida.

Tales son, para mí, Arriaca y María.

Poema XXXIX: Canción por la unidad de Castilla
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Recogemos aquí el 39º poema que nos ha facilitado el escritor alcarreño Juan Pablo Mañueco de una colección lírica dedicada a Castilla.

Desde estas líneas queremos agradecer su inestimable colaboración para difundir la cultura y la dignidad de Castilla, en este caso en forma lírica.

Canción por la unidad de Castilla

Eres tú la bella dama
que ha dado jaque a mi vida
y me une a la dulce brida
que a tu presencia me llama.

Tú eres, tierra castellana.

No quiero yo mejor fama,
ni nada mejor que pida.
que pasar toda la vida,
unido a tan linda dama.

Tú soy, tierra castellana.

El futuro en ti ya grana
tierra bella de Castilla,
donde la hermosura brilla
montaraz y curva y llana.

Así tú, mi castellana.

Cantad a esta tierra humana
donde una a una cada villa
sueña con la nueva arcilla
que las una y lleve a diana.

Una eres, tierra castellana.

De verde, erguida Montaña
al que el Cantábrico baña,
hasta el sur de Puertollano
juegan todos esta mano
de ser entre los de España
un pueblo de otros hermano,
o destruida, por la saña,
e incendiada leña y braña.

Resurge ya, castellana.

Todo el resto fuera vano
para el pueblo castellano,
¡Una a una cada villa
ha de sentirse Castilla!
Resurge ya, mi Castilla.

Poema XL: Romance nuevo de la esperanza eterna
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Recogemos aquí el 40º poema que nos ha facilitado el escritor alcarreño Juan Pablo Mañueco de una colección lírica dedicada a Castilla.

Desde estas líneas queremos agradecer su inestimable colaboración para difundir la cultura y la dignidad de Castilla, en este caso en forma lírica.

Romance nuevo de la esperanza eterna

Romances del castellano
los del Romancero Viejo,
romances enamorados,
de la historia sois reflejo.

Castigo para tiranos,
pasarelas sobre el tiempo,
amados por los amados,
colección de sentimientos

con tu verbo tan liviano,
recompensas a los buenos
y das la muerte a los malos.
Honra para caballeros

temor de los más malvados,
cronicones de los hechos
hechos por los castellanos,
¿cómo, si andas de tan lejos,

pero es tu andar tan lozano,
no ha de quedar siempre el sueño
de sentimientos humanos?
Por siempre será en ti cierto

el idioma castellano,
por siempre tendrá en ti cuerpo
el cantar del castellano,
¡y la tierra que lo ha hecho,

la patria del castellano!
¡Bastes tú, gran Romancero,
para decirle al verano
que no ha de llegar invierno

para el pueblo castellano!
Y yo así se lo deseo
con este romance nuevo
que sea también eterno

y que esté unido su pueblo
por los tiempos de los tiempos.

Poema XLI: A la Rioja
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Recogemos aquí el 41º poema que nos ha facilitado el escritor alcarreño Juan Pablo Mañueco de una colección lírica dedicada a Castilla.

Desde estas líneas queremos agradecer su inestimable colaboración para difundir la cultura y la dignidad de Castilla, en este caso en forma lírica.

A la Rioja

La Rioja, parte de algo
articulada.
Yo te digo y pregunto,
¿cuál es tu casa?

La Rioja, parte de algo,
pues llevas signo
de ser una comarca
en el artículo.

La Rioja, parte de algo,
¿de dónde manas?
tú y tus hijosdalgo,
¿qué lengua hablan?

¿De dónde acude y fluye
tu gran dulce agua?
La Rioja, parte de algo,
¡dame palabra!

San Millán, ermitaño,
algo te hablara,
si oído a rezo prestas
y hasta a su espada.

San Millán, monasterio,
escribe que habla
una lengua concreta,
¡ya ríe y canta!

Y hasta Berceo, Gonzalo,
esta mañana,
mientras apura el vino,
opina y parla.

En idioma romance,
y paladino
en el que habla el riojano
a su vecino.

La Rioja, parte de algo,
articulada.
Yo te digo y pregunto,
¿cuál es tu casa?

Los Cameros, las Riojas
altas y bajas,
responded a mi coda,
¿cuál vuestra casa?

Cuando habléis al vecino
por la mañana
y, si después, más tarde
miráis al agua

el propio cauce de Ebro,
que os las bajara,
os lo dirá y también
vuestra palabra.

Del libro en preparación “Castilla, este canto es tu canto. Parte II: La geografía, las ciudades, los paisajes”

Copyright © Juan Pablo Mañueco Martínez
Derechos de reproducción reservados

Juan Pablo Mañueco
(Madrid, 1954)
Licenciado en Filosofía y Letras, periodista y escritor

Poema XLII: Canción de las comarcas castellanas
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Recogemos aquí el 42º poema que nos ha facilitado el escritor alcarreño Juan Pablo Mañueco de una colección lírica dedicada a Castilla.

Desde estas líneas queremos agradecer su inestimable colaboración para difundir la cultura y la dignidad de Castilla, en este caso en forma lírica.

Canción de las comarcas castellanas

Lo que va de ayer a hoy

I. Ayer
1981 (Del libro “Cancionero y Romancero de la Alcarria”)

Castilla, hermosa tristeza
que no supo amar su casa.
Tu pueblo agoniza ahora,
la estirpe tuya se acaba.

Olmo que erguiste abundoso,
te cercenaron las ramas.
¿Quién detendrá esta amargura
de los seres en su marcha?

Los caminos de emigrantes
tu agotamiento proclaman,
¿cuándo gritarán los vientos
la muerte que te amenaza?

Contemplad esas colinas
de gentes ya desterradas:
rubias fueron de trigales,
hoy el silencio las labra.

Las agujas de la iglesia
resisten mal las nevadas,
muchas cayeron en tromba
sobre la tierra, que calla.

Un pueblo que no defiende
los cimientos de su casa
merece ser desterrado
y errar por siempre sin patria.

Las techumbres se derrumban
como polvo, a dentelladas;
nadie fecunda tu vientre,
madre nutricia sin savia.

¿Cómo salir a la tierra
a proclamar la esperanza,
si ya la tierra es silencio
y soledades que callan?

Cuando la casa era fuerte,
quedó la casa habitada;
vino la noche, Castilla,
y te dejaron sin nada.

Un pueblo que muere es siempre
una raíz profanada.
En los caminos sin huellas
las ruinas se me hacen patria.

Entre cenizas y nieblas,
voy sintiéndome fantasma,
¿último ser de un concepto
y de una extinguida raza?

Castilla, hermosa tristeza
que no supo amar su casa.

II. Hoy

Te dividieron, Castilla,
hicieron leña a tu vara,
no les fue aun suficiente
Posguerra te despoblara,

al llegar la Transición
con igual o peor saña
contigo se comportasen,
¡hasta aventaron tu casa!

Y aunque te amamos no fue
suficientemente llama
el amor que te tuvimos
para salvar tu morada,

Ni siquiera nos dejasen
como inmutables e intactas
las huellas y las memorias
de canciones y tonadas,

que hasta eso, que es tu alma,
te quitaron por dejarte
pesarosa y despoblada,

sin memoria de ti misma
y sin alma…
para aplicárselas a otras

distintas, perversas patrias
que por darle errado fondo
a ti te desustanciaran,

en lugar de ser tu voz
-tan respetable y tan clara-
la que junto a otras voces

dieran lumbre y prez a España.

III. Mañana

Pero es esa agua
que pasa
de una a otra ventana
por los ojos de los siglos a otros nuevos mañanas,
por los acueductos viejos que a otros siglos manan
y que tus viejas canciones cantan
por donde yo veo tus murmullos de muchacha,
reciente, amable, tan grata,
con trenzas recién trenzadas,
orlada
de todas galas.

Y, con los siglos, me llegan eternamente palabras,
con una luz muy fresca y muy clara.

Días que a las noches calan
con los reconocibles y vivos fulgores con que mira tu mirada,
con lo espiritual de tu espíritu desde el que aun poder dar batallas.
¡Esas páginas tuyas no han podido pasarlas!

Es una calle muy ancha
la voz por la que tu cultura pasa,
y por ella transitan eximias, excelsas, imperecederas palabras.

Romances que a ti te cantan,
endechas llenas de magia,
seguidillas que traspasan
la belleza y verdad que tú a ellas les irradias,
monorrimas estrofas sabias,
jotas asonantadas,
redondillas que se abrazan,
cuartetos de belleza trágica,
cuartetas en ellas ricas, llenas de luz y fragancia,
serventesios corteses y aptos para requebrar a las damas,
melodías de las gestas aún con sabor a corazas,
danzas
telúricas que en tu derredor bailan
y que regresan con jazmines desde la primavera humana,
con gotas de siempre hablando de lunas largas,
coplas en cualquier metro ávidas de vida ávida,
espumas de siglos que a tu orilla se remansan:

cuándo sacras,
cuándo lágrimas,
cuándo plácidas,
cuándo ingenuamente pías, inmaculadas,
cuándo rezando plegarias,
cuándo heroicamente altas,
ganadoras de ciudades, castillos, reinos, territorios y distancias,
cuándo mágicas
cuándo clásicas,
relatos que te relatan
novelas sentimentales o pastoriles que de ti tratan,
obras de teatro dramáticas,
églogas de grandes lluvias portadoras de palabras,
autos sacramentales que al pie de templos nos hablan.
músicas de juglares que van sonando en las plazas,
músicas de conventos, de cortes o de iglesias con más curial elegancia,

pinturas que te pintaran,
imágenes que te tallaran,
esculturas que te labran,
arquitecturas góticas y románicas,
clasicistas, neoclásicas,
modernistas, futuristas y románticas…

¡Cómo van a poder enterrarte, aunque lo soñaran,
si por ti tantas bellezas, más eternas que los políticos de ahora, hablan!
¡Volverás, Castilla, a ser dueña de tu casa,
porque en su cantar se hizo a sí misma para siempre inmortal tu alma!

Sí, son esas palabras,
que tú guardas
y te aman
esas voces, acentos, sentidos que forjaran
tus madrugadas
desde que empezó a alborear contigo la luz del alba,
esas músicas gratas,
las que tienden delgados hilos que te llaman:
¡Castilla, Castilla, vuelve a tomar la palabra!

Para mí, Castilla, eres tan eterna y tan de alborada,
como aquella niña cidiana
que, en forma discreta, habla;
y, después de haber dicho tan dulcemente su cláusula,
retorna otra vez, serenamente, a su casa.
“Esto la niña dixo e tornose para su casa”.

No puede morir, ni menos ser enterrada,
una niña de “nuef años” que tan dulce y tierno habla.

Sólo has de conseguir que te reconozca España
un puesto entre las demás, hermana
de tus hermanas,
y si esto así lo hiciera la plural tierra de España,
mucho mejor se te viera, a ti, Castilla, y a España,
que es la madre de sus hijas, que a todas les ha de dar agua,
de ninguna ser madrastra
y menos de la que más por ella trabajara,

Mira que aún está latiendo tu corazón y que no calla,
Castilla, niña de “nuef años”, discreta niña cidiana.

Diles a aquellos que quisieren ir a cortarte tus alas,
que los vientos han traído viajeras fogatas
en llamas,
caminos de siglos que unen como frutos del cerezo a tus comarcas
y que quieren estar con los otros pueblos de España
agavilladas,
de gala,
rientes por bardas y pampas,
en el mismo racimo de estirpes y de uvas, que no sobrara
ninguna. Ni ninguna de las bayas
es despreciable en las vides que buenos frutos resguardan.

¡Cómo vas a serlo tú, Castilla, aunque estés ahora sin habla,
partida en tantos pedazos, silenciosa y olvidada!

Aunque estés ahora, tierra, tan muda cual flagelada,
tu cultura se percibe, tu cultura no se acaba.
Por escrito sí que hablas,
cómo hablan
tus ciudades, tus paisajes y esos tallos y mieses en parvas
que son tus varias
comarcas.

Y hablan
las espesuras de tus bosques donde encuentro lámparas
de heroínas de romances con sus cabelleras agitadas,
hijas del Cid azotadas,
de Bernardo del Carpio lanzas,
praderas por donde han cruzado los siete infantes de Salas,
arteriales personajes que llevan sangre a tu alma,
cántaros de don Juan Manuel que su leche nos derraman
Calila e Dimna contando viejas historias de Arabia,
y hasta a Azorín y a Unamuno hablándole de ti a España.

Algo erróneo ha de haber en esta España,
puesto que a ti te enmascara.
Para que primero a mediados del siglo XX fuerzas del mal te despoblaran
y luego, finando ya ese mal siglo, tu propia casa
aventaran.

Pero tus ríos, Castilla, iluminan igual, como lámparas,
porque de la tierra brotan y traen de allí sus palabras.
Los ríos, las cordilleras, los libros, poemas, novelas, teatro hablan,
para que no sigas muda. ¡Qué tormenta de palabras!

¡Qué forma de hablar tan clara!
¡Qué voz de honda garganta
la del río flotando en su agua!
La de la cordillera en su cellisca helada,
la de los libros entre sus guardas
y la de los poemas en cada sílaba, sí y no acentuada,
porque es el habla de Castilla y es mucha esa palabra.

¡Qué alegrías de cantar de Castilla,
urde, teje, ovilla e hila
en sus cantares Castilla!

¡Qué silencios de cantar de Castilla,
calla, tapa, oculta, olvida,
en estos tiempos Castilla!

¡Qué sorpresa sin cantar de Castilla,
asombra, duele, turba, admira,
que ya no cante Castilla!

¡Qué orfandad sin el cantar de Castilla,
falta, falla, ayuna, priva,
el misterio de Castilla!

¡Qué rasguño sin cantar de Castilla
roza, sangra, hiere, irrita,
por ser ausencia Castilla!

¡Qué congoja sin cantar de Castilla,
hiere, instiga, punza, pica,
por ser sigilo Castilla!

¡Qué menester de cantar de Castilla,
sopla, boga, llena, infla,
las velas de tu bajel,
para que tengas cabida
entre los pueblos de España,
otro más de la partida!

Si no hablaran
por ti los que hoy mandan,
Garcilaso les hablara,
Cervantes les novelara,
Juan Ruiz humanas rimas rimara
y Berceo a lo divino en cuaderna vía te afirmara,
Lope te versificara,
Quevedo soneto satírico lanzara
tan afilado como la punta aguda de su espada,
el dieciocho tratase de ti en su prosa neoclásica,
el XIX te romanceara
¡y el veinte tanto diría en y de tu lengua castellana!

IV. El canto de las comarcas

Y hasta
creo que hoy por ti ya las comarcas
castellanas
cantan
una canción muy simple, muy bella y muy grata.

La cantan
con alegría, con ilusión, despenadas,
plenas de luz castellana,
dejando que salga
a la luz la lumbre que hay en sus gargantas,
como rosas mojadas
por tormentas y borrascas
que han visto a través de los siglos, y ellas tajan
como espadas
para expresar a todo el mundo cordilleras de palabras,
movimientos sin tregua que cantan
en su propia voz castellana:

La Ribera, el Alfoz de Burgos y la Tierra de Arlanza,
el Alto Campoo, el Cerrato y La Montaña,
la comarca de la Costa, la de Trasmiera y el Besaya,
la Tierra de Cameros y la Rioja Alta y Baja,
la Comunidad de Sepúlveda, la Tierra de Cuéllar y la Tierra de Pedraza,
el Campo de Gómara, la comarca de Almazán y la Tierra de Ágreda,
la Tierra de Campos, la Campiña del Pisuerga, el Campo de Peñafiel, la Moraña,
la Campiña del Pisuerga, el Campo de Peñafiel, la Moraña,
la Sierra de San Vicente, Oropesa y la Sagra,
la Alcarria, la Manchuela y la Serranía Alta,
la Campiña del Henares y la Sierra de Guadalajara…
quieren ser lo que han sido desde que así las nombraran
¡agua
de la misma fuente que mana
fluidos nombres de comarcas!,
¡y quieren tener en Castilla su forma de ser España!

V. Coda. Esta Castilla ya, al menos, esta Castilla queremos

¡Bastaría con tan poco, con tan poco ya asentara
el respeto que se debe a tan gran fuente de España!
Con un Gesto, un Reconocimiento, un Órgano ya bastara,
con que la Cultura o el Deporte en algo se unificara.
¡Con que se diera esperanza!
Y que de una u otra forma el ámbito de Castilla hablara…

Así ya se preservara
lo que siempre ha sido. Es hoy. ¡Y también será mañana!

Del libro “Castilla, este canto es tu canto. Parte I: La Historia, la Literatura, el Futuro”

Poema XLIII: Canción de siega del siglo XXI
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Recogemos aquí el 43º poema que nos ha facilitado el escritor alcarreño Juan Pablo Mañueco de una colección lírica dedicada a Castilla.

Desde estas líneas queremos agradecer su inestimable colaboración para difundir la cultura y la dignidad de Castilla, en este caso en forma lírica.

Canción de siega del siglo XXI

(Cosechando trigo en Usanos, 2014)

A Benjamín Marián de Diego

Llegó la cosechadora
para peinar a los trigos,
apenas el alba aurora
busca a los granos, amigos.

En cambio tallos ignora,
los considera enemigos,
se los traga y los devora:
ha abierto ya los postigos.

Campos cálidos de trigo,
rayas doradas de estío.
La peinadora de espigas
cortante muestra sonrisa.

El molinete levanta,
de otro nombre molinillo.
Pero artilugio adelanta
con muy agudo cuchillo.

Pronto hará la trilla el trillo

En pos viene de la planta
que luce color amarillo,
al filo y ritmo que canta
pronto hará la trilla el trillo.

Las hebras que surte tierra,
como los cabellos de oro,
dentro de poco ya fueran
con un tamaño más corto.

Porque peine, peine, peine
porta la cosechadora,
porque reine, reine, reine
su cuchilla cortadora,

Antes, molino despeine,
con su tabla dobladora,
tallo, que acero repeine:
de espiga lo desamora.

El sol es canicular.
¡Más que se aplana el trigal
cuando le mesa cabellos,
recién levantado del sueño!

La máquina segadora
guedeja que toma triza,
a la espiga desamora
según por ella desliza.

Sea para ello vasallo
del filo de su cuchilla
el duro cañón del tallo
del que la espiga es la orilla.

Sólo brotan ya del suelo
unos mechones de caña,
que han quedado en desconsuelo:
rastrojos de corta espada.

Trigales y más trigales que van doblando su cuerpo

Trigales y más trigales,
que van doblando su cuerpo,
uno tras otro sus calles
van domando sus cabellos.

Una vez que ya están dentro
de fagocitante máquina
los tan móviles cuchillos
los cortan y ya separan

paja respecto de granos,
que sinfines acarrean
a depositar lozanos
en tolvas de grano llenas.

Después irán a remolques
que junto a máquina vienen;
de remolques a graneros,
que con el grano se llenen.

A dar de comer al mundo
luego, porque es la semilla
sustento de Humanidad
y alma rubia de Castilla.

Servirá a paliar el hambre
y a la tierra, a poco, en siembra,
que es una mujer muy hembra
brotará nueva pelambre.

Copyright © Juan Pablo Mañueco Martínez
Derechos de reproducción reservados

Castilla