´La sombra del sol´ II

He terminado el tomo II de “La sombra del sol”, que se titulará “El sol del amanecer”.

Pongo aquí cómo termina esta Parte Segunda, para que se vea que deja en el aire las ganas de continuar con la III… Pero tranquilos que no hay que esperar nada. El que quiere disfutar este verano con Castilla y su gente, tiene desde febrero de 2017 en las librerías “La sombra de sol” que es lectura de mucho gusto y agrado.

FINAL, FINAL DE “El sol del amanecer”

ADELANTO DE FUTURO. (Final del Tomo II y adelanto de lo que será el Tomo III”

SUCEDERÁ PRONTO, PUES, QUE rumbo adelante por el Camino Real de Aragón en dirección a Guadalajara, uno de los personajes que este curioso trío de viajeros componen, piense en cierta composición rimada del siglo X, que primero imaginó y reprodujo en su pensamiento y luego comentó a sus dos acompañantes.

En primer lugar, el personaje misterioso recordó lo que en caracteres latinos había leído en cierta ocasión a partir de una composición mozárabe, es decir, de los cristianos que habían quedado en tierras peninsulares ocupadas por los musulmanes, y que reflejaba ya un estadio avanzado oral de la lengua romance.

dš knd mw sdyl bnyd
tn bwnh ‘lbš’rh
km r’yh dšwl ‘šyd
‘n w’ d ‘lḥj ‘rh.

Y luego se lo expuso a sus compañeros de camino:

-¿Qué pensarías de mí, queridos camaradas, si yo os dijera…?:

Des cuand mio Cidiello viénid
¡tan buona albischara!
com rayo de sol éxid
en Wad-al-ḥaŷāra.

-Pues ¿qué habíamos de pensar? Que habláis muy raro y a la antigua.

-No sólo eso, queridos camaradas del camino, también podemos decir que estamos recorriendo las tierras donde esas primeras palabras o versos del romance que casi es ya castellano se escribieron.

-¿Cómo puede ser eso?

-Os he recitado una jarcha del siglo X, escrita en lengua romance aunque con las grafías de las lenguas entonces dominantes en estas tierras, árabes o judías.

-Cosa curiosa en verdad ha sido entonces lo que habéis dicho.

-Por ello sólo se entendieron al ser transcritas al alfabeto latino o primer castellano, y se le pusieron las vocales correspondientes, que como sabéis las lenguas semitas no usan.

-Y exactamente ¿qué nos habéis dicho?

-Fijaos en la belleza de una lengua todavía formándose y emergiendo como puede en un contexto hostil: “Cidiello”, el nombre árabe “cid”, señor, con el diminutivo afectuoso pero ya romance claro de aquellos tiempos, en “iello”.

-Lo cual significa…

-Mi “señorito”, mi “joven amado”… Es lo que dice una muchacha cuando espera a su amado, mientras amanece por Guadalajara. O sea que está escrito por alguien de estas tierras por las que ahora estamos atravesando, para quien el sol amanecía por el este, por Guadalajara, en el siglo X.

-¿En el siglo X?

-Escrito en el siglo X, pero cantado o dicho desde muchos siglos antes. Es el primer vagido natal de lo que acabaríamos llamando el “castellano”.

-Y qué habéis dicho exactamente, si nos lo podéis trasladar a nuestro castellano del siglo XVII.

-Esto he dicho:

Cuando mi enamorado viene
¡qué gran algazara!,
como un rayo de sol sale
por Guad-al-ayara!

Y remató:

-¡Estamos pisando la tierra donde ya se cantaba en castellano en el siglo X, y varios siglos antes!

Juan Pablo Mañueco. Final de “El sol del amanecer”, segunda parte de “La sombra del sol”

Novelas

´Castilla, este canto es tu canto´, dos poemas

Dos poemas de Juan Pablo Mañueco, en imagen de cartulina digital

Del libro “Castilla, este canto es tu canto” (2015)

Castilla, España

´Versos a Medianoche´ en Guadalajara y Torija. J. Mª Alonso Gamo

Versos a Medianoche en Guadalajara y Torija. José María Alonso Gamo

“ÓIGAME SEÑOR AUTOR DE este artículo”, preguntó de nuevo el díscolo, indisciplinado y levantisco lector de prensa que, texto tras texto, intentaba sacar la cabeza fuera de su papel asignado como lector, para convertirse él mismo en el protagonista de la columna.

-Dígame, señor lector, ¿qué quiere…? Ya estaba usted tardando mucho hoy en interrumpirme.

-Que me han dicho que en el mes de julio ha vuelto a publicar usted otros tres libros de versos, igual que en junio, y que no se sabe ya la cantidad de libros que lleva usted publicados desde que comenzó el año 2017

Dieciséis, exactamente. Trece de versos, dos novelas y una obra de teatro… Pero ocurre una cosa con lo que usted dice, señor lector.

-¿Cuál es?

-Que no es ése el tema del artículo que escribo, por lo que debo reconvenirle drásticamente y rogarle educadamente que guarde silencio.

-Usted disculpe. Así lo haré –aseguró el lector-.

Aunque as los pocos segundos, preguntaba:

-¿Y entonces el tema del artículo?

EL TEMA DE ESTE ARTÍCULO son las ediciones de “versos a medianoche” que afortunadamente abundan en una provincia profundamente poética como es la de Guadalajara.

Lo da la belleza de la tierra –una de las más hermosas y variadas de España-, lo ha dado a lo largo de la Historia –pues ha sido una provincia recorrida por la poesía castellana- y lo sigue dando en nuestros días.

Lo fue el martes, 18 de julio, en la plaza del Carmen de Guadalajara, donde se celebró una nueva edición más de “Versos a Medianoche”, de la cual ya publiqué una Crónica Rimada, que tiene el lector a su disposición, para releer o leer por primera vez, si no lo hizo en su día,

http://www.guadalajaradiario.es/ocio-y-cultura/23599-versos-a-medianoche.html

Y el sábado 29 de julio la poesía se derrama por la Plazuela de la Iglesia de Torija con la edición de “Versos al pie de un soneto”.

Para este festival torijano de versos, no voy a efectuar una crónica rimada, sino que, dada la amistad y la condición de catecúmeno de su sabiduría que tuve con el poeta José María Alonso Gamo, al pie de cuyo soneto se celebra esta edición poética, voy a hacer otra cosa.

José María Alonso Gamo, poeta de Torija

Reproduciré exactamente cómo rememoré en 2016, mi vieja amistad con José María Alonso Gamo, cómo es la plazuela de la Iglesia de Torija, cuál es el soneto de Alonso Gamo que allí se inscribe en cerámica y cómo recorrí yo esas callejas en mi libro del año citado, que lleva por título “Viaje a la Alcarria, versión siglo XXI”.

He aquí los párrafos que se refieren a todo ello, sin más aviso, lo cual servirá para refrescar a todos la memoria de quién fue José María Alonso Gamo, porque hay torijanos, incluso que presumen de serlo, los cuales sin embargo no saben exactamente quién fue su paisano… Pues aquí lo tienen:

* * *** * * *** * * *** * * *** * * ***

“Ruando por las calles de Torija, según se sale de la plaza de la Villa por la calle General Aldeanueva, el escribidor acaba llegando hasta la iglesia, que contempla y disfruta, y también alcanza la plazuela de la Iglesia y se planta en la calle de José María Alonso Gamo, torijano ilustre, con quien el escribidor tuvo amistad en sus años mozos, porque les unía la misma pasión común por la poesía, por Catulo y por la provincia de Guadalajara.

José María Alonso Gamo, caballero donde los haya, había nacido en 1913, y para cuando el escribidor tuvo trato con él era mucho mayor que el pipiolo que por entonces empezaba a escribir.

José María le recibió en su casa del Paseo del Prado, de Madrid, decorada con todo lujo y una asombrosa y valiosa biblioteca, sobre todo, de autores clásicos grecolatinos.

Al escribidor de ahora, José María Alonso Gamo le regaló una traducción suya de los versos de Catulo, dedicada y firmada de su puño y letra, que sacó de una imponente vitrina acristalada, alta hasta el techo, llena de libros estimables. Y también le obsequió con muchos elogios por los pinitos literarios, mayormente versos, que el escribidor entonces componía.

(…)

Ahora el escribidor, mientras pasea por la calle José María Alonso Gamo, de Torija, y por otras adyacentes, le da la razón en muchas de las cosas que le dijo sobre el verso libre y sobre el soneto, y piensa, por pensar algo, en el paso del tiempo y en los caminos y senderos ocultos por donde nos va llevando la vida.

Para rememorar a su amigo, José María Alonso Gamo, y ya que está en su pueblo, el escribidor busca en su aparato móvil, y, cuando encuentra lo que busca, lee para sí:

LO QUE COBIJA HOY TURRÍCULA,
(El castillo de Torija al atardecer)

Cuando veo estas piedras albas rectas,
Umbrías ya de atardecer heridas,
Al sol de oeste ya casi vencidas,
Nobles rocas aún altas erectas.

Donde lanchas en cantos revestidas
Obtienen del cuadrado las selectas
Vistas bélicas y hoy en paz perfectas
Escenas de armonías compartidas.

Ondear arriba a tus arquitectas
Espuelas diamantinas recorridas
-Sobre los siglos- por amanecidas
Tierras al galope de eras provectas…

Aún existir las siento, castillo,
SOBRE TU ROCA LLANA de Torija;
turrícula, torrecilla, rendija
asediada hoy sólo por el brillo

del atardecer, que tu torre de homenaje guarda, luce y cobija.

“Al final, tuviste tú razón, José María”, piensa el escribidor, meditabundo, caviloso y pensativo, “la rima completa, la consonante y el soneto son la más alta expresión con que cuenta la poesía para fabricar belleza en pocas líneas”.

Y luego, prosigue:

“Aunque, como verás, no es exactamente el soneto en lo que he parado. Creo que al final conseguí innovar algunas cosas clásicas. Es un soneto especial, de dieciséis versos, dicisiete en este caso, y con otras variaciones que tú entenderás”.

(…)

Al escribidor le da tiempo a acercarse también hasta la airosa picota de Torija, que al entrar a lomos de Alcarriante habían visto, y allí quedándose plantado ante ella, tomando mentalmente algunos datos y una foto de la misma, le da para componer, cuando vuelve a su casa, esta descripción rimada:

LA PICOTA DE TORIJA

Sobre un cielo gris que sirve de contraste,
Obrando el prodigio de ser pilastra
Brava de la historia, que en el libro de la lastra
Recibe la anotación del tiempo que labraste

Eres símbolo del fluir de siglos que arrastra
Un corcel de épocas que atrás dejaste,
No solo entre el viento huidizo que pasaste,
Contigo sigue ahora y en la piedra encastra.

Incipientes cabezas de león, los cardinales
En punta puntos marcan en lo alto.
Lados en cruz de fiera que casi el salto
Obran de saltar como rugientes animales.

Gloriosa villa, que en mi verso exalto.
Rastro de paz y guerra dando señales,
Indicando en cada uno de sus umbrales
Ser ya villa bella de corazón alto
QUE SIRVE DE CONTRASTES celestiales
a esta picota, que de ser villa Torija da señales.

Ruando de nuevo por las calles de Torija, el escribidor rodea la iglesia de la Asunción, y se asoma desde allí hasta el valle. Conforme llega de nuevo a la plazuela de la Iglesia, encuentra adosada a las piedras del templo algo en lo que antes no se había fijado: una notable cerámica muy grande, de varios cuerpos, quince en total, porque el escribidor se entretiene en contarlos.

La cerámica lo que contiene es un bello soneto de José María, dedicado a su pueblo natal, en el que se expresa:

Torija. ¡Aquella plaza, aquella calle,
por las que va, de paso, mi costumbre!
Torija en que nací: piedra de alumbre
que mis sueños rodeas con tu talle!”.

Del libro “Viaje a la Alcarria, versión siglo XXI” y, dentro de él, de la parte titulada en concreto “La novela de Torija”, Juan Pablo Mañueco (2016)

http://librosdeaache.blogspot.com.es/2016/06/nuevo-viaje-la-alcarria-por-manueco.html

Castilla, España, Guadalajara, Novelas

La Mosquitea (Poema homérico-burlesco en liras alcarreñas -doble lira-)

LA MOSQUITEA

Poema homérico-burlesco, escrito en liras alcarreñas (doble lira), protagonizado por mosquitos, pero cuyos héroes y villanos a menudo semejan bípedos

Preámbulo e invocación

¡Canta, oh musa, las glorias
de la raza mosquita, en Mosquitea,
que se nutre de historias
de la estirpe aquilea
y que todo lector que sepa, que la lea!

Égloga I

Canto I. Presentación del espécimen

Especie es el mosquito
que poca gente ama, estima y desea.
No es animal bonito,
que nadie que posea
lo saca de paseo por la aldea.

Es una especie fea
animal que se maldice, y, maldito,
su pico balancea
poniéndonos en grito,
a causa de su voraz apetito.

El nombre es tan hispano
que es término universal conocido
su voz en castellano.
Éxito conseguido
que no desdeñado ha de ser sido.

Triunfo grande obtenido
de idioma, si no en ciencia es soberano,
sí que lo hay bien habido
de modo cotidiano
en renombre éste alzado por la mano.

Que es la hembra bien sabemos
la que probóscide tiene en la boca
y chupa en los baremos
que su apetito provoca,
según la necesidad sea mucha o poca.

Pero en esta obra loca
también los machos portarán extremos,
que aquello cuanto toca
succionarán supremos
y sorberán la sangre, cual veremos.

La sangre de animales
mamíferos sobre todo es que agrada
a estos profesionales,
de mañosa chupada
que blandea a la bestia muy mermada.

También muy desangrada
deja a especie humana y en grandes males,
pues chupando es libada
por estos animales
que muestran la maldad de racionales.

(Y así hasta el fin del largo poema homérico-humorístico).

“Cantil de Cantos XI. La Mosquitea, poemas de humor y coplas a lo Manrique”. Juan Pablo Mañueco. Julio-2017

Libros, Liras

´La sombra del sol´ calificada de ´novelaza´

“La sombra del sol” comentada en digital y calificada de “novelaza”.

Yo sólo digo que es lo mejor que he escrito en mi vida, que su protagonista principal es el cura seguntino Pedro Pérez, y que éste, acompañado de don Alonso Quijano y de Miguel de Cervantes Saavedra, vienen hacia Guadalajara, en 1601…

http://librosdeguadalajara.blogspot.com.es/2017/07/La-sombra-del-sol.html

España, Libros, Novelas

Crítica de la novela “La sombra del sol”, de Mañueco

Crítica de la novela “La sombra del sol” (2017), en el periódico “Nueva Alcarria” (7,8 y 9 de julio de 2017) de este fin de semana, en donde afirmo y también afirma el crítico que es mi mejor obra hasta la fecha.

Así lo creo yo. 350 páginas que ponen en pie el siglo XVII español, de una forma que voy a calificar de “original” y soprendente. Quien lea un poco de la crítica sabrá por qué…

Uno de los protagonistas se llama Pedro Pérez y es cura en un pueblo de la Mancha, ¿a alguien le suena?

Pues en unión de dos compañeros de viaje más recorre los caminos de Castilla a principios del XVII y van comentado lo que ven alrededor.

El resto queda ya para quienes lean la novela al completo.

Aquí va un enlace a un resumen de la novela:

http://aache.com/la-sombra-del-sol/

Libros

Castilla, este canto en tu canto, Mañueco, en cartulina

Cartulina con el comienzo de “Castilla, este canto es tu canto”, la Historia de Castilla, desde el 15 de septiembre del año 800, primera vez que aparece escrito el nombe de “Castella”, en Taranco de Mena (Norte de Burgos), a orillas del río Cadagua, hasta nuestros días….

12 siglos de historia del pueblo más significado de España (aunque hoy no esté reconocido) y con una cultura de valor universal.

2300 versos en liras tan sonoras como ésta, para explicar la que ha sido llamada por la crítica “La epopeya de la patria castellana”.

Yo, más humilde, digo que es eso: la Historia de Castilla en liras agradables de leer, que comienzan así…

Juan Pablo Mañueco. “Castilla, este canto es tu canto” (2014)

http://aache.com/tienda/531-castilla-este-canto-es-tu-canto-parte-i.html

Castilla, España, Libros, Liras

El niño García Pérez, etc, de Jesús Torbado

Jesús Torbado, un leonés nacido en 1943, a quien tuve el placer de conocer con ocasión de la entrevista que le hice para el libro “Diez castellanos y Castilla”, y que el 3 de diciembre de 1980 publicó en el diario “El País” este artículo que resume mejor que nada lo que pasó con el ninguneo de Castilla y su cultura en la época de la Transición española.

El artículo no debería ignorarse si ahora se van a corregir algunas cosas que se hicieron mal en aquellos años de la Transición: la desigualdad entre los territorios de España y el olvido, partición y aventamiento de Castilla, por ejemplo.

El artículo, más bien, debería ser de gustosa lectura en todas las escuelas de Castilla y de obligado conocimiento por todo aquel candidato o candidata que quisiera dedicarse a la política en cualquier provincia de Castilla.

EL NIÑO GARCÍA PÉREZ ETCÉTERA,
de Jesús Torbado

Nota aclaratoria.- Poco antes de la publicación de este artículo la oposición de izquierdas y progresista en Euskadi había cuestionado una campaña del gobierno peneuvista entre los escolares en la cual se aplicaban criterios antropométricos para determinar las características faciales y corporales de los escolares, así como se analizaba la genealogía de los alumnos, valorando el número de apellidos vascos.

EL AIRADO VIENTO DE LOS PÁRAMOS mesetarios le enrojecía las orejas y fijaba bajo su naricilla dos sucios velones que le alumbraban al santo de los fríos y de la desolación. Un agujereado tapabocas granate se anudaba alrededor de su cuello, por encima de la pelliza de plástico ajado que la había mandado un primo suyo establecido en la capital. El niño García Pérez Etcétera vigilaba el confuso rebaño que su padre le había dado en mando: dos docenas de ovejas, siete cabras, una vaca, dos mulos y un asno. Una pareja de lebreles le hacía compañía aquella mañana helada de la estepa. El niño García Pérez Etcétera no tenía nada mejor que hacer.

Del pueblo se habían ido el cura, el médico y el maestro. El maestro había sido el último. Los señores de Madrid habían dicho que no quedaba dinero para costear su salario en la escuela rural y lo habían mandado a poner escuela veinte kilómetros más lejos. Los señores de Madrid habían entregado 2.000 millones de pesetas para las ikastolas del Norte y otros muchos para las escolas del Este, así que no disponían ya de las 800.000 pesetas anuales que el maestro cobraba.

Pero el camino hasta la nueva escuela era arenoso y áspero y se tardaba mucho en llegar. Los señores de Madrid habían unido con autopistas todas las capitales de provincia del Norte y del Este y no tenían ya dinero para echar grava sobre aquel polvoriento-lodoso camino.

Como la camioneta tardaba tanto en llevar a los trece niños del pueblo hasta la nueva escuela, el padre del niño García Pérez prefirió que cuidase el ganado en lugar de tener todo el día al chiquillo por esos malos caminos de Dios. Ahora, la vieja escuela iba tomando forma de todos los pajares semiderruídos del pueblo: llenos de gatos en celo, palomas en los desvanes, lagartijas aletargadas y arañas dormidas dentro de sus capullos.

Del médico sólo los más antiguos se acordaban. Cuando el niño García Pérez Etcétera se ponía malo, le daban leche caliente con vino y mielo, y eso lo curaba todo, salvo los sabañones invernales, que no tenían cura, y las diarreas del verano a las que ya estaba acostumbrado. Médicos quedaban por ahí, desde luego, pero se dedicaban a contar los pelos que los niños del Norte tenían en las falanges de los dedos de los pies, a fiscalizar sus pecas, a medir sus cráneos y narices: estaban demasiado ocupados como para cuidar las pulmonías del niño García Pérez y de sus compañeros.

Y como el muchacho no iba a tener jamás una escuela a donde ir, toda su vida ignoraría algunos esencialísimos detalles de sí mismo, especialmente las claves de su código genético. A él y a su padre y a su abuelo no le importaban demasiado, pero la sociedad en que vivían padecería una terrible e inevitable carencia; la patria en que había nacido se tambalearía ante la flojedad de aquellos cimientos humanos del zagal que pisoteaba los terrones de la meseta.

Porque era una delicada e importante cuestión. Den entre los cientos de García, Pérez, Rodríguez, Sánchez, Martínez y Suárez de su nombre, un estudio científico de aquel niño hubiera podido deducir notabilísimas conclusiones.

Hubiera adivinado, por ejemplo, que uno de sus antepasados fue el emperador Teodosio el Grande, que dejó preñada a una sus esposas cuando salió de Coca (Segovia) para gobernar el Imperio romano; que otro de ellos había luchado con Hernán Cortés en la conquista de México; que otro había sido conde de Castilla; que una de sus abuelas tuvo trato carnal con Abd al-Rahman III; y otra con el filósofo y médico judío Moses ben Maimón; que otro ancestro suyo había sido tío de un tal Miguel de Cervantes, aquel a quien sapientísimos hombres habían borrado de una calle de Lejona para sustituir su opaco nombre por el del eximio poeta Ormaechea Orive; que otro había sido capitán de los tercios de Flandes y otro obispo de Esmirna, y uno más palafranero de Isabel II la Casta.

Por lo demás, si el niño García Pérez Etcétera se hubiera sentado ante un culo de botella y lo hubiese utilizado como espejo, habría descubierto que poseía en su rostro 9618 pecas, lo cual hubiera podido cambiar el mundo si el maestro no se hubiese largado de su vera por orden superior, pues era el mismo que poseyeron Gobineau y Rosenberg; que brotaban 95 pelos sobre cada uno de sus falanges (muchos de ellos chamuscados en la hoguera que tenía prendida), el mismo número que Hitler lucía; que las medidas de su nariz coincidían milimétricamente con las del más conocido jefe del Ku-Kux-Klan, un tal coronel W.J Simmons; que la implantación de su (nonato) vello público formaba el mismo dibujo que en vida tuvieron Jim Crow y el general Forrest, y, en fin, que la posición de las circunvoluciones cerebrales era idéntica a la que los arqueólogos hallaron en el cráneo de Nerón, y, feliz coincidencia, a las que aún hoy en día eran frecuentes en Africa del Sur y otras famosas regiones de la Tierra.

¿Y qué decir del color de sus ojos y de su sensibilidad gustativa? Los ojos eran de color pardo cuando contemplaba el ocaso y grises al mirar las primeras luces de la mañana. Ni el niño García Pérez se hubiera repuesto de esta sorpresa étnico-antropológica, si la hubiese alcanzado. Por otro lado, le gustaban las sopas de ajo, los garbanzos, las patatas viudas, las sardinas fritas, el tocino y las manzanas verdes. Era tan bueno es esto que incluso fabricaba chicle con un puñado de trigo recogido en las eras o en los campos.

Cualquiera de estos detalles hubiera permitido a un concejal medianamente cultivado o a un alcalde con el segundo curso de EGB aprobado escribir una enciclopedia acerca de la superioridad de aquel pastorcillo perdido bajo el invernal frío de la meseta.

Y si un buen genealogista hubiera echado leña al fuego del informe genético, teniendo en cuenta todos aquellos apellidos ilustres en el macuto vital del niño, a nadie le hubiese sorprendido que vinieran a llevárselo para nombrarlo director de la universidad de Harvard, u obispo de Roma, o rey de España mismamente.

Pero como hacía frío, estaba empezando a nevar, loas cabras se desmandaban, uno de los mulos se había perdido y el cura, el médico, el maestro y su madre estaban lejos, el niño García Pérez Etcétera se puso a llorar en medio del campo, a la sombra de una zarza agostada, y lloraba como un perro, como un perro castellano.”

El País, miércoles, 3 de diciembre de 1980

Castilla, España

´Cantil de Cantos VII, VIII y IX´, de Mañueco

Después de la novela publicada en enero, “La sombra del sol”, ganadora del “Premio Regional de Periodismo “Los Tres Grandes de 2016 (Cervantes, Cela y Buero Vallejo)”, otorgado por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, y después también de los seis primeros “Cantil de Cantos”, libros de poesía que dan a conocer estrofas nuevas en la métrica universal, que aparecieron en febrero, el escritor Juan Pablo Mañueco ha vuelto a publicar en el mes de junio tres nuevos “Cantil de Cantos”, los numerados con los ordinales VII, VIII y IX.

Estos tres volúmenes se unen a otros tres libros del mismo autor que aparecieron en el mes de abril: la segunda edición de la novela “Castilla y el primer Villalar de 1976”, con prólogo de Miguel Delibes, la obra de teatro “La Comedia de la Vieja y Nueva Política o Esperando a Prometeo” y el Cantil de Cantos XIII, titulado “Veinte nerudas de amor y una canción propia”, que por su singularidad adelantó a los que les preceden numéricamente y se encuentra en las librerías desde hace dos meses.

Los tres “Cantiles” publicados ahora tienen los siguientes títulos y temas:

“Cantil de Cantos VII. (Blas de) Otero de poemas y otras estrofas novicias”. Sobre la obra del poeta vasco Blas de Otero y escrito en las estrofas inéditas “española” y “ovillo”.

“Cantil de Cantos VIII. Los poemas místicos y otras estrofas novicias”. Sobre la obra de San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús y escrito en las estrofas “lira alcarreña”, “romance doble” y “victoriola”.

“Cantil de Cantos IX. Los versos del cardenal y los septetos dobles”. Composiciones religiosas y otras dedicadas a España, a Castilla y a la provincia de Guadalajara, en las estrofas nuevas “septeto doble” y “septilla”.

Para el mes de julio está anunciada la publicación de los “Cantil de Cantos X, XI y XII”. Y ya en el mes de septiembre aparecerán los volúmenes XIV y XV, de esta colección de quince “Cantiles” con estrofas inéditas, que constituyen una verdadera novedad en el panorama actual de la métrica en cualquier lengua.

Castellanas y otras estrofas nuevas, Libros

´Cantil de Cantos´, tomos X, XI y XII

Las portadas de los tres siguientes “Cantil de Cantos” (cada libro, mil versos en una estrofa inédita nueva) que estarán en las librerías en los primeros días de julio.

Cantil de Cantos X. Bécquer.
Cantil de Cantos XI Manrique, Cervantes, Lope, Espronceda.
Cantil de Cantos XII. Góngora, Quevedo y Mariano José de Larra.

Al final, cuando acaben de publicarse los XV Cantil de Cantos van a componer una colección de estrofas inéditas muy seria y digna de ser tenida en cuenta por los amantes de las novedades.

¿Pero es que puede haber novedades en el ámbito literario, concretamente de la poesía…? Pues ya se está viendo que sí.

Cultura Castellana y Española:

https://www.facebook.com/groups/1099119673457464/1099147320121366/?notif_t=like&notif_id=1476476000066121

Castellanas y otras estrofas nuevas, Libros