El blog de Juan Molina

¿Quieres ser feliz? Reconoce y Observa

11.08.17 | 09:42. Archivado en Acerca del autor, religión, liturgia

Hoy celebramos la memoria de Santa Clara de Asís, la dulzura y la ternura de una joven que deja que el Señor acaricie su corazón y consagra su vida entera a cantar sus maravillas a alabar su grandeza.

Los santos son siempre modelos que la Iglesia pone ante nuestra mirada como estímulos en nuestro caminar personal hacia la santidad. Si ellos/as fueron capaces de amar así al Señor… ¿por qué nosotros no? ¡Claro que podemos! Empecemos desde hoy mismo a tomarnos en serio el camino hacia la santidad.

La santidad es dejarse llenar de Dios, el único santo, la fuente de toda santidad. En la primera lectura de hoy, extraída del libro del Deuteronomio el autor escribe precisamente:

"RECONOCE hoy, y medita en tu corazón, que el Señor es el único Dios allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro.
OBSERVA los mandatos y preceptos que yo te prescribo hoy, para que seas feliz, tú y tus hijos, después de ti, y se prolonguen tus días en el suelo que el Señor, tu Dios, te da para siempre"

Dos verbos: Reconocer y observar. Reconocer la belleza de Dios, su grandeza. Dejarse admirar por la compasión y la ternura de quien nos creó por amor y por amor desea nuestra salvación. Para reconocer la belleza de Dios es necesario un corazón libre de apegos egoístas, de intereses mundanos que solo piensan en tratar de satisfacer los anhelos que todos llevamos en lo más íntimo… pero fracasan, son intentos estériles. Nada puede calmar la sed de plenitud que solo en Dios encuentra sentido.

Para poder observar las enseñanzas de Dios es fundamental haber dado antes el primer paso: vaciarnos de nosotros mismos, nuestras pasiones y tomar conciencia como rezábamos en el salmo “¿Qué dios es grande como nuestro Dios?”, ¿Qué puede llenar mi corazón con la paz y la plenitud con que lo hace el Señor? Nada. Todo lo demás tiene fecha de caducidad, es cuestión de tiempo de que pierda interés o fuerza. Pero si abandonas tu corazón a la belleza del Señor, “encontrarás tu vida, el sentido de tu existencia”. Porque “¿De qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla?”

Hoy puede ser el primer día de tu Vida. Reconoce el poder del Señor sobre ti, que Él puede cambiar tu vida y calmar tus anhelos más profundos. Y observa sus palabras, trata de guiar tu vida desde la belleza de las enseñanzas del Evangelio: “Serás feliz, te irá bien”.


Las riquezas de la Iglesia según S. Lorenzo...

10.08.17 | 18:02. Archivado en religión, liturgia

Hoy la Iglesia celebra la memoria de un diácono que la tradición lo hace nacer en la Villa Tarraconensis (Hispania romana) mártir de la Iglesia primitiva que ofreció su vida en la persecución del emperador Valeriano en el siglo III.

Diácono con un cuidado de los más pobres y desfavorecidos ejemplar. A él se atribuye aquel hermoso episodio en el que el emperador, sediento de riquezas, quería apropiarse también de los bienes de la comunidad cristiana. El emperador dio tres días a San Lorenzo para que le trajera las riquezas de la Iglesia. San Lorenzo regresó con el emperador, acompañado por una multitud de pobres, leprosos, lisiados y enfermos, y le dijo: “He aquí, emperador, los verdaderos tesoros de la Iglesia.”

En la liturgia tiene el grado de fiesta litúrgica por lo que tras el acto penitencial hemos recitado el “Gloria”.
Con lecturas propias que todas nos hablan de la opción por los más pequeños y desfavorecidos. Escuchábamos de mano de San Pablo a la comunidad de Corinto: “El que siembra tacañamente, tacañamente cosechará; el que siembra abundantemente, abundantemente cosechará.”

¿Qué sembramos nosotros en los pequeños detalles diarios? ¿Somos sembradores de alegría, de solidaridad, de esperanza, de respeto, de justicia? Según lo que sembremos así cosecharemos…

Damos gracias al Señor por el testimonio y estímulo de la vida de San Lorenzo y pedimos su intercesión!


Ser compasivo no es callar ante el error y el mal

04.08.17 | 11:34. Archivado en religión, liturgia

Ser Misionero del Sagrado Corazón se traduce en una opción vital por el camino de la compasión.

La compasión es la capacidad de ponerte en el lugar del otro no para imponer sino para acompañar al otro en su proceso personal.

Ser compasivo no significa aceptar y dar por bueno todo lo que el otro dice, piensa o hace. Más bien la compasión pasa por la búsqueda fiel y sincera de la Verdad

No soy compasivo cuando permito que te autodestruyas.

No soy compasivo cuando acepto que te estés hundiendo o equivocando.

El camino de la compasión es un camino de cercanía, de ternura, de empatía, de respeto y solidaridad... pero es un camino también de exigencia y valentía para atravesar juntos por el error o la debilidad manteniéndonos fieles a la búsqueda de lo que es Bueno, Verdadero y Bello.

Decir que estás en planteamientos equivocados o que estás tomando caminos que te autodestruyen no es falta de compasión....es falta de valentía o miedo a perder una amistad o a que otro te pueda rechazar.

Ser compasivo es ponerse del lado de lo Bueno, lo Bello y lo Verdadero y ser capaces de acompañar hacia allí desde la ternura y la delicadeza.


URGENTE: recuperar los espacios de SACRALIDAD

01.08.17 | 18:53. Archivado en religión, liturgia

Seguimos con la experiencia de lo trascendente que vive el pueblo de Israel y que nos narra la primera lectura de estos días en la misa.

Hoy nos ha hablado de la “tienda del encuentro”. Encuentro entre Dios y nosotros. Nos decía el libro del Éxodo que “El que deseaba visitar al Señor, salía fuera del campamento y se dirigía a la Tienda del Encuentro.” ¿De que nos está hablando esto? De un Dios que se hace accesible, cercano al ser humano, que se presta al encuentro y al diálogo. Nos habla de la importancia de los espacios, lugares y tiempos para Dios. Ya sabemos que Dios está presente en cualquier lugar, acontecimiento y momento pero el ser humano precisa de ese espacio diferenciado, lo que llamamos, el “espacio sagrado” donde podamos sentir más cercana la presencia de la divinidad.

Corremos el riesgo de secularizar o mundanizar todo. El riesgo de tener una mirada demasiado horizontalista y desacralizada. Creyendo que Dios está en todas partes al final acabamos por no percibirle en ningún lugar. ¿Qué está ocurriendo con tantas personas que entran en la Iglesia como quien va a un salón de reuniones o una reunión de vecinos o de amigos, se respeta poco el silencio en las iglesias y, a menudo, se habla de banalidades? Sin embargo son tantos los momentos, los tiempos y los lugares donde Dios se manifiesta de manera admirable.

Momentos, lugares y espacios donde podemos hablar con Dios cara a cara desde los ojos de la fe. Valoremos esas realidades, esas oportunidades de propiciar el encuentro vital con el Señor. Y de igual modo que se nos pide ser tierra buena para que se siembre y fructifique el fruto… de igual modo, cuidemos “la tierra buena” y propiciemos lo que esté de nuestra mano para que no permitamos llenar de cizaña lo sembrado en el corazón. No estamos solos, no es una lucha desproporcionada de nosotros contra el mal, es una lucha que emprendemos día tras día con el convencimiento de que “El Señor es compasivo y misericordioso.”, como hemos rezado en el salmo.


El decálogo: Más que leyes...PRINCIPIOS!

28.07.17 | 10:03. Archivado en religión, liturgia

En la Palabra de Dios de este viernes nos encontramos con uno de los decálogos que están en la base de lo que la tradición cristiana llamamos los 10 mandamientos. Se trata del texto de Éxodo 20. Existe otra formulación semejante pero con diferencias en Deuteronomio 5. La palabra decálogo significa “10 palabras” y no hace tanto referencia a una enumeración ni a unas leyes jurídicas cuanto a unos principios.

La base desde la que parte todo lo demás lo encontramos en la primera palabra que fundamenta el monoteísmo judío y cristiano: “Yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de esclavitud. No tendrás otros dioses frente a mí.” A partir de aquí vienen concreciones y consecuencias de este reconocimiento de Dios como el Señor. Interesante apreciar que el principio de no fabricar imágenes se ha de comprender en el contexto que le da sentido: “No te fabricarás ídolos”. El énfasis de esta primera palabra no debemos ponerlo en la hechura de imágenes en sí sino en la adoración de ídolos bien sea de hechura humana o de deseos. Uno puede tener como ídolo el poder, el prestigio, el dinero, el placer…

Lo que el Decálogo nos muestra es un camino a realizar, una base sobre la que empezar a edificar nuestra fe. Partiendo del punto más importante: Reconocer a Dios como el único Señor de mi vida y que todo se oriente y nazca de Él, de su Palabra.

Por eso la comunidad cristiana hemos respondido a esta primera lectura con el salmo 18 orando: “Señor, tú tienes palabras de vida eterna.”

Y ¿qué se nos pide como discípulos? Nos lo ha dicho el evangelio: que seamos tierra buena que escuchemos la Palabra, la entendamos y nos esforcemos por ponerla en práctica, hacerla vida.


Urge recuperar la experiencia del misterio

27.07.17 | 12:00. Archivado en religión, liturgia

La Palabra de Dios de este jueves nos invita a introducirnos en la experiencia del misterio. “Al tercer día, al amanecer, hubo truenos y relámpagos y una densa nube sobre la montaña; se oía un fuerte sonido de trompeta; y toda la gente que estaba en el campamento se echó a temblar”, escuchábamos en la 1ª lectura del libro del Éxodo. Lo que esta lectura nos narra es la primera experiencia del pueblo de Israel con el Misterio, con Dios que se manifiesta. En el relato aparecen muchos elementos que cobrarán un gran simbolismo en el resto de la Escritura e incluso imágenes de realidades que se manifestarán en el Nuevo Testamento: Elementos como el desierto, la montaña, los signos de la naturaleza como la nube, los truenos, el fuego.

Todo ello son modos de manifestar la experiencia del misterio, del trascendente, de la divinidad.

En nuestros días vivimos probablemente una importante dificultad para experimentar el misterio. Una sociedad donde el ruido se ha instalado, donde el silencio se experimenta como aterrador, me atrevería a decir, o al menos, como aburrido. Es difícil reconocer la experiencia del misterio con tanta dispersión de los sentidos. La liturgia bien celebrada puede ayudar al hombre y la mujer de hoy a acercarse al misterio pero es imprescindible que los propios sacerdotes seamos hombres habituados a tratar con el misterio, a introducirnos en el misterio, a dialogar con el misterio como Moisés ante su pueblo.

Hoy como en tiempos de Jesús y en tiempos de Moisés hay quienes tienen oídos y no oyen, ojos y no ven, corazón y no sienten. Nuestro valioso aporte a nuestras sociedades es que sepamos custodiar la experiencia del misterio que no es un nadar en el vacío, en la nada. Sino un encuentro personal con el que da la vida y lo santifica todo, con el Dios de Jesucristo.

Ojalá el Señor pueda dirigirnos estas palabras a nosotros:
“bienaventurados vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen”.


Joaquin y Ana, ¿qué nos enseñan?

26.07.17 | 10:37. Archivado en liturgia

Celebramos hoy la memoria de san Joaquín y santa Ana. Santos que la tradición considera los padres de la virgen María y, por tanto, abuelos de Jesús. Este dato, sin embargo, no aparece en los cuatro evangelios que llamamos canónicos (es decir, que fueron reconocidos por la Iglesia como inspirados). Más bien parece tener su fundamento último en el llamado Protoevangelio de Santiago, en el Evangelio de la Natividad de Santa María y el Pseudomateo o Libro de la Natividad de Santa María la Virgen y de la infancia del Salvador. Son libros que pertenecen a lo que llamamos “apócrifos” (esto es, que no entraron en el canon que formó la Biblia por considerarse de dudosa autenticidad en cuanto al contenido o a la atribución del autor).

Más allá de las cuestiones formales o históricas, celebrar esta memoria nos invita a visualizar la familia humana de Jesús. Nos habla del misterio de la encarnación. El mismísimo Dios irrumpe en la historia humana aceptando la realidad humana con sus limitaciones y concreciones. Una de ellas es que todo ser humano tiene una familia, un contexto familiar. Jesús encarnado por obra del Espíritu Santo en el vientre virginal de María tuvo una madre como todos nosotros. Y esa mamá plenamente humana viene de una realidad familiar, de unos padres que la educaron. Hablar de san Joaquín y santa Ana es celebrar que somos familia y una invitación a cuidar de ella. En las lecturas percibimos cómo la Iglesia reconoce en estos dos santos a los justos de Israel que esperaron al Mesías y no lo vieron.
Rezábamos antes del aleluya:

“Esperaban el consuelo de Israel,
y el Espíritu Santo estaba en ellos”

Aprendamos de estos santos que la tradición pone ante nosotros y despertemos, más si cabe, nuestro anhelo y deseo por el Señor. Que vivamos en la santidad de los justos, fieles a los pequeños quehaceres cotidianos, poniendo amor en todo lo que hagamos y compartiendo la alegría del evangelio con quienes vamos encontrándonos en el camino.


Santiago es entender la vida en clave de peregrinaje

25.07.17 | 10:38. Archivado en religión, liturgia

La Iglesia celebra hoy la solemnidad del apóstol Santiago y en España la fiesta de su patrón. Lo que los Evangelios nos dicen sobre Santiago es que era miembro de una familia de pescadores y hermano de Juan “el Evangelista como lo llamamos” y ambos apodados Boanerges (‘Hijos del Trueno’), por sus temperamentos impulsivos. Sabemos también que fue uno de los tres discípulos más cercanos a Jesucristo. El apóstol Santiago no solo estuvo presente en dos de los momentos más importantes de la vida de Jesús (la transfiguración en el monte Tabor y la oración en el huerto de los Olivos), sino que también formó parte del pequeño grupo que fue testigo de su último milagro, su aparición ya resucitado a orillas del lago de Tiberíades.

En la primera lectura de hoy se nos narra que fue Herodes el que mandó decapitar a Santiago tras el valiente testimonio de aquellos discípulos de Jesús valientes que ante la prohibición de anunciar al Cristo ellos respondieron:

“Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres.”

Santiago está presente también en una de las enseñanzas más hermosas de Jesús y que hemos proclamado en el evangelio: ante el deseo humano de aspirar a puestos altos, a cargos y poderes mundanos… el Señor nos recuerda que en la comunidad de discípulos el que quiera ser grande sea el servidor, y el que quiera ser primero se haga el esclavo de todos. Todo un proyecto de vida al servicio.

Hablar de Santiago es entender la vida también en clave de peregrinaje. Aquí estamos de paso, nuestra mirada está en el cielo y por eso esforcémonos en ir ligeros de equipaje sin entretenernos ni enquistarnos en las cosas de aquí abajo


Deja de lamentarte... y empieza a construir tu vida de nuevo

24.07.17 | 10:24. Archivado en religión, liturgia

El pueblo de Israel al ver a los soldados egipcios venir a por ellos quedaron sobrecogidos de miedo y gritaron al Señor.

Dijeron a Moisés:

«¿No había sepulcros en Egipto para que nos hayas traído a morir en el desierto?; ¿Qué nos has hecho sacándonos de Egipto? ¿No te lo decíamos en Egipto: “Déjanos en paz y serviremos a los egipcios; pues más nos vale servir a los egipcios que morir en el desierto”?».

Esta actitud del pueblo de Israel dibuja de manera exacta algo que se repite continuamente en la vida de la mayoría de las personas: instalados en la queja continua, anhelando siempre una vida mejor, unas circunstancias mejores… siempre con el desaliento de que algo no funciona.

Somos capaces de instalarnos en una vida mediocre y atrapada en el pecado o la frivolidad engañados pensando que mejor eso que el riesgo de una vida que desconocemos.

Para la vida de fe esta actitud es uno de los enemigos más voraces porque va enfriando el corazón y la ilusión. La vida de fe hunde sus raíces en la esperanza y no se deja atrapar por las dificultades del camino con la mirada fija en el destino que es la santidad.

Y así contestó Moisés a la queja de su pueblo:

«No temáis; estad firmes, y veréis la victoria que el Señor os va a conceder hoy: esos egipcios que estáis viendo hoy, no los volveréis a ver jamás. El Señor peleará por vosotros; vosotros esperad tranquilos».
¿Y nosotros?

¿Somos como aquel pueblo desalentado y temeroso que prefiere lo malo conocido que lo bueno por conocer? O confiamos en las palabras de Moisés: No temáis, estad firmes. El Señor peleará por vosotros. Vosotros esperad tranquilos.

La respuesta de la comunidad cristiana a esta pregunta la tenemos en el salmo: “Cantaré al Señor, gloriosa es su victoria”.

¡Hoy es el primer día de tu vida!
Deja de lamentarte... y empieza a construir tu vida de nuevo... cada mañana es una nueva oportunidad.
Dios sigue esperándote!


ley sin misericordia = rigorismo. ¡CUIDADO!

21.07.17 | 11:42. Archivado en religión, liturgia

Hoy os invito a que nos fijemos en dos aspectos que brotan de la Palabra de Dios anunciada y proclamada en la misa del día. Por un lado la institución de la Pascua judía como memoria de la liberación del pueblo de Israel de la esclavitud en Egipto y por otro lado la frase que recupera el Señor en el evangelio citando a Oseas 6,6: “Porque yo quiero amor y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos.”

En realidad de lo que estamos hablando indirectamente es del peligro del legalismo en la vivencia de la fe. El peligro humano de atarnos a la letra de las normas y leyes, de las obligaciones y cumplimientos. Todo ello es necesario pero inútil si no va acompañado del espíritu de la letra, es decir, del por qué de tal norma o ley. En la vida de Jesús observaremos siempre un claro enfrentamiento con el colectivo que más custodiaba el cumplimiento de las leyes: los fariseos. Si observamos con detenimiento en los evangelios veremos el contraste de las palabras duras que dirige Jesús a quienes se creen justos y observantes con la extraordinaria ternura y compasión que regala a los pecadores y humildes. Y es que no podemos olvidar que toda la ley y los profetas nuestro Señor lo resume en una única ley: AMA a Dios con todo el alma y todas tus fuerzas y al prójimo como a ti mismo. Ese debe ser siempre el espíritu de toda ley en la Iglesia: que seamos hogar para todos, caricia para el que sufre, bálsamo para el herido, abrazo para el caído,… compasión y misericordia no rigorismo y legalismo.
Así se comprende la normativa de la pascua judía: Todo habla de la gran misericordia que tuvo Dios con su pueblo al sacarlo de la esclavitud de Egipto. Y es esa acción misericordiosa la que debe alimentar todos los demás detalles. También hoy, en nuestros días, la misericordia debe ser la norma que riga y alimente todas las demás normas.


Dios sigue liberando hoy

20.07.17 | 13:19. Archivado en religión, liturgia

“Venid a mi los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré…” de nuevo resuenan entre nosotros estas palabras del evangelio de Mateo que proclamábamos hace dos domingos. Y es que nuestro Dios no mira hacia otro lado ante las dificultades y sufrimientos que padece el ser humano. Dios tiene interés por su creación. En la primera lectura que en los últimos días hemos estado leyendo la historia de José, hijo de Jacob, cómo llegó a Egipto y cómo reunió de nuevo a los hijos de Israel en tierras egipcias. Posteriormente pasados los años cuando el pueblo hebreo era numeroso se despertó una persecución en su contra por los temores del faraón de una rebelión. Los hebreos pasaron a vivir sometidos en esclavitud.
Hoy asistimos al diálogo entre Dios y Moisés. El Señor toca su corazón y le envía a liberar a su pueblo. Un pueblo que sufre bajo el yugo de la esclavitud. Dios se sirve de Moisés para hacer llegar a su pueblo la caricia de su misericordia. Hará un pacto, una alianza, serán liberados de la esclavitud porque Dios mismo “ha observado atentamente cómo os tratan en Egipto y he decidido sacaros de la opresión egipcia y llevaros a una tierra que mana leche y miel”.
La liberación del pueblo de Israel de Egipto es imagen de la liberación de la esclavitud del pecado que el Señor sigue ofertándonos al hombre y la mujer de hoy.
Salgamos de todo aquello que nos esclaviza, que nos somete y dejémonos liberar por el Dios de la Vida.


¿No será el corazón de Moisés lo que ardía?

19.07.17 | 09:58. Archivado en religión, liturgia

Venimos de la primera lectura de ayer donde se nos narraba cómo Moisés decide huir de Egipto tras matar a un egipcio que maltrataba a un hebreo esclavo. Huyó a Madián. Hoy nos encontramos con Moisés que pastoreaba el rebaño de su suegro Jetró. Recordamos que Moisés en su huida defendió de otros pastores a unas mujeres que pastoreaban unas ovejas y que se acercaron al pozo donde descansaba Moisés. Eran las hijas del sacerdote de Madián. Ahí conoció a su esposa, Séfora, una de sus hijas.
Pastoreando al rebaño de su suegro Moisés tiene su primera experiencia de Dios manifestada en una zarza ardiendo en el monte Horeb. Este monte aparece en varias ocasiones en las Escrituras como un lugar de manifestación de Dios. Ahí fue donde Moisés recibirá los 10 mandamientos para su pueblo liberado de la esclavitud.

En el evangelio que hemos proclamado Jesús da gracias al Padre por manifestarse no a sabios y entendidos sino a los pequeños y humildes. Moisés fue un ejemplo de ello. Pastoreaba el ganado de su suegro.
Volviendo al relato de la zarza es bueno percibir dos detalles: “quítate las sandalias de los pies, pues el sitio que pisas es terreno sagrado” y “El clamor de los israelitas ha llegado a mí, y he visto cómo los tiranizan los egipcios”.

Necesitamos recuperar la experiencia de lo sagrado, del misterio, de la presencia de lo divino y trascendente. Necesitamos reaprender a vivir en el respeto y santo temor de Dios. No hablamos de miedos sino de consciencia y respeto. Dios no es ajeno al sufrimiento del ser humano. La mejor manera de honrar a Dios es cuidando y protegiendo la dignidad de su creación. Ante las injusticias no cerremos los ojos ni miremos para otro lado. Siempre me he preguntado si lo que ardía no era el corazón de Moisés indignado ante la opresión a la que estaba sometido el pueblo de Israel.


Jueves, 21 de septiembre

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