Espacio para el espíritu

El que cree en el Hijo tiene vida eterna

27.04.17 | 08:00. Archivado en Evangelio

Jueves de la segunda semana de Pascua

“El que cree en el Hijo tiene vida eterna” (Jn 3,36)

Nuestra tentación es creer que eso de la vida eterna es algo que tenemos que esperar hasta “estirar la pata” como suele decirse vulgarmente.

Y peor todavía cuando nos imaginamos que salvarse es desprenderse de lo humano, revestirnos de lo divino y ser unos angelitos descarnados aquí en la tierra.
Y por eso, la mayoría buscamos a Dios siempre lejos, en lo alto, allá en los cielos. Algo así como si Dios y el hombre caminásemos al revés:
Dios viene a nosotros.
Dios asume todo lo humano.

Resulta que “Dios viene de arriba abajo”
Dios se manifiesta no “arriba” sino “abajo”.
Jesús no murió en los cielos sino en la tierra.
Jesús no fue enterrado en el cielo sino en la tierra.
Jesús no resucitó en el cielo sino en la tierra.
Jesús no se apareció como una luz lejana en los cielos.
Jesús se apareció en la tierra: entró por la puerta, almorzó junto al Lago, comió pan y peces recién pescados en el Lago.
Mientras tanto nosotros preferimos “buscarlo arriba”.
El buscando lo humano y nosotros huyendo de lo humano.
El haciendo de lo humano “sacramento de revelación”.
En tanto que nosotros vemos en lo humano un “peligro”.

La vida eterna no está al otro lado de la muerte.
La vida eterna está ya en estos caminos polvorientos de la tierra.
La vida eterna no comienza al otro lado de la muerte.
La vida eterna comienza a este lado en la vida de cada día.
“El que cree en el Hijo tiene vida eterna”.

La fe no es para cuando vayamos al cielo.
La fe es para vivir ahora mismo en la tierra.
La fe no es para creer en un Dios lejano.
La fe es para creer en el Hijo encarnado, humanado.
Por eso Dios ama lo humano.
Las palabras de Dios son pronunciadas “aquí abajo” y en nuestro propio lenguaje.

Porque es aquí, con camisa y corbata, o con pantalones vaqueros o con zapatillas deportivas, donde comienza la “vida eterna”.
Jesús resucitó en la oscuridad de un sepulcro prestado.
Y nosotros resucitaremos en un sepulcro donde alguien escriba “Descanse en paz”.

Por eso mismo, la resurrección de Jesús no le afectó solo a él.
Nos afectó a todos y afectó a toda la creación:
Nuevos hombres.
Nuevas mujeres.
Nueva creación.
Nuevos sepulcros.
Nueva vida.

La vida eterna no el seguro de jubilación que sólo podemos cobrar cuando muramos.
La vida eterna es disfrutar desde ya nuestro seguro desde el momento en que creemos en el que “ha sido enviado”.
Desde su encarnación, Jesús era plenamente divino y plenamente humano.
Desde que nosotros creemos, somos plenamente humanos y divinos, temporales y eternos. Con las llaga

Puedes visitar mí página: www.juanjauregui.es


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Comentarios
  • Comentario por MAX GARCIA 13.03.18 | 07:16

    QUE BELLEZA DE REFLEXION... GRACIAS POR COMPARTIR...GRACIAS POR ESPARCIR LA SEMILLA

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