Espacio para el espíritu

Orar con el Evangelio

17.11.13 | 09:00. Archivado en Oración

Oración del Domingo 33 del Tiempo Ordinario
(Lc 21,5-19)

1. “Cuidado con que nadie os engañe”

En el Evangelio de hoy Jesús nos habla del fin del mundo. Tanto la fe como la ciencia coinciden en afirmar que el mundo tendrá fin, pero la realidad es que el fin del mundo para cada uno de nosotros es el día en que muramos. Y esta verdad nos la recuerda el sacerdote el miércoles de ceniza cuando, poniéndonos un poco de ceniza sobre la frente, nos dice: Acuérdate de que eres polvo y en polvo te has de convertir.
Cuentan que Gerardo Kempis, hermano de Tomás Kempis, autor de un importante libro, se había hecho construir un magnífico palacio. Invitó un día a su herma, no a verlo; después de haberle mostrado todo, detalle tras detalle, le preguntó:
-Tomás, ¿qué te parece este palacio?
-Gerardo, siento decírtelo. Tiene un fallo garrafal.
-¿Qué me dices?
-Sí, Gerardo; este palacio tiene puerta de salida. Lo has hecho para vivir aquí eternamente y esa es la puerta por donde te van a sacar.
Hermanas y hermanos: es que en medio de tantos engaños la gran verdad es que somos polvo y en polvo nos vamos a convertir.

2. Ponderar la belleza del Templo

Un escultor hizo una estatua maravillosa. Todos los que pasaban se quedaban maravillados de su belleza.
Unos decían: “¡qué maravilla!”
Otros: “algo fuera de serie!”
Otros: “¡no hemos visto cosa igual!”
El escultor que estaba cerca escuchaba todos los comentarios y observaba. Hasta que un día, fastidiado, cogió un martillo y la destrozó.
La gente se preguntaba:
“¿quién ha sido el bruto que ha destruido la estatua?”
Otros comentaban: “esto lo hace un loco”. Es una pérdida irreparable.
Al final, el escultor dio cara y respondió: “¡He sido yo!”

Pero ¿por qué?

Porque todos se maravillaban de la estatua y nadie se acordaba del que la hizo. He escuchado muchos comentarios sobre la estatua, pero ninguno sobre el autor que la esculpió.

Alguien se preguntará ¿y qué tiene que ver todo esto con el Evangelio de hoy?
Creo que puede ser una imagen que ilustra la escena de aquellos que extasiados contemplaban la belleza del templo de Jerusalén y al que Jesús predice su ruina y su destrucción.

También aquí la gente admira la belleza del templo: Pero “pero por la calidad de la piedra”, “por la calidad de los exvotos”. Es decir, todos admiran la belleza exterior del templo.
Pero nadie admira la belleza interior del templo.
Nadie admira la presencia de Dios en el templo.
Nadie admira la vida de fe de quienes visitan el templo.
Todos se quedan con la belleza de afuera.
Como si todo quedase en la apariencia externa por más que por dentro estuviese sin vida. Una belleza sin vida.

3. Un reto: saber en quién confiar

Hay que tener cuidado con aquello en lo que proyectamos nuestro futuro. Puede ser tan frágil como nosotros, tan transitorio como nuestro paso por la vida, tan efímero como los cohetes de la fiesta, tan volátil como el sueño de una noche de verano, tan firme como una pluma de ave sometida a la fuerza del viento.

El sentido de la belleza, si ha de ser expresión de nuestra realidad presente y futura debe tener algo más que firmeza y mucho más que finitud. Si su cualidad es representar nuestra condición histórica y nuestra esperanza profunda y convencida de un futuro pleno en el que todo el recorrido de la vida tenga un final feliz, no puede quedarse sólo en un sentido superficial de lo bonito ni en un sentido fatal de fracaso.

El caminante de la vida necesita ir descubriendo, junto a las pequeñas ilusiones ficticias que pueden entretenerle un rato, los agarraderos fuertes y definitivos en los que apoyar su cansino y vacilante pie. El suelo en el que echar sus pasos ya cansados de tanto recorrido.

ORACIÓN

Tú eres mi única verdad, Señor

Todo lo de la vida se desvanece.
Se mueren los familiares
y el dolor se hace el rey de la fiesta;
se rompen las relaciones
y parece que cruje el corazón;
aparece la enfermedad
y descoloca toda la vida;
tenemos un problema económico
y sentimos miedo e inseguridad;
falla el trabajo o llega la jubilación
y la vida parece un sinsentido;
perdemos el ánimo, aqueja la depresión
y no tenemos ganas de seguir viviendo;
nos ocurre cualquier tragedia
y la vida se nos hunde...
Lo único que es seguro,
la roca que no falla,
el tesoro más valioso
eres tú, Señor, Dios nuestro.
Porque tenemos la seguridad de tu Amor,
porque sabemos que acompañas nuestros días,
porque nos esperas al final del camino,
porque llegaremos a tus brazos,
a celebrar la fiesta de la Vida,
a sentir tu abrazo definitivo,
de plenitud, felicidad y armonía,
ese que siempre andábamos buscando.
Entonces todo lo demás perderá su importancia
y se quedará pequeño a tu lado, Dios de mi vida.

Puedes visitar mi página web: www.juanjauregui.es


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