Miércoles de Ceniza
A) PARA ORAR
Dejaos reconciliar con Dios. Ahora es tiempo de la gracia; ahora es el día de la salvación.
(Tomado de la segunda lectura del día)
Me das una oportunidad, Señor. Me llamas a la conversión.
No me faltan ganas, me faltan fuerzas.
Si tú me ayudas lograré seguir tu camino, y vivir una vida auténtica.
Reflexión
Somos piedras en una sociedad de cemento, pero lo peor de todo es que cuando una flor quiere nacer en ella, la pisan… ¿Frase bonita? No. Realidad hiriente dicha con imágenes bonitas… Pero duelen los corazones, sangran los corazones de mucha gente. Estamos llegando a unos límites de deshumanización de los que sólo saldremos cuando nos toquen en carne viva. ¡Qué duro que tengamos que aprender “porque nos toque la china”, no porque tengamos ternura en los ojos y en el corazón para ver las lágrimas de los demás...! Y no nos referimos a la sociedad en abstracto. En las comunidades oficialmente de seguimiento de Jesús también se puede dar esta dureza de piedra...
¡Qué razón tiene el profeta para llamarnos a conversión! ¡Qué actual el grito de «rasgad los corazones, no las vestiduras..!
"Tapamos tanto el dolor del corazón que hay personas que tienen el alma por los suelos, pero «aparentan» normalidad; están que no se pueden ver, no se hablan apenas, y salen con amigos y dan «el pego,,: se comportan como si fueran el matrimonio ideal y más feliz... ¡¡Qué insensatez!! La realidad disfrazada de mentira podrida.
El aparentar no soluciona nada, aunque crean que eso se lavan la cara, pero el corazón, no. El corazón sigue entristecido y duro de tanto llorar...
«Rasgad los corazones" a lo mejor hay que traducirlo por (abrid el corazón al otro», «abrid el corazón la persona que elegiste de corazón y para entregarle el corazón". ¿Cómo rasgaremos el corazón ante Dios si no lo hemos abierto al otro?
Oye, Señor…
Tú sabes que en muchas ocasiones
no somos del todo puros,
que, a veces, actuamos para ser vistos y reconocidos,
que somos tan frágiles, que andamos buscando poder,
prestigio o una buena imagen de nosotros mismos.
Tú nos avisas del peligro de la falsedad,
de las trampas que nos hacemos las personas
para actuar bien y gustar a los demás
o responder a nuestra exigencia, pero sin amor.
Tú conoces nuestras incongruencias
y todos los rincones oscuros de nuestro corazón.
Límpianos de toda vanidad e hipocresía,
haznos coherentes y fieles seguidores tuyos.
Comenzamos esta Cuaresma contigo,
este tiempo de aumentar nuestra amistad,
de compartir más tiempo en lo secreto,
para llenar nuestro vivir de Amor y autenticidad.
Sugerencias
. Para caer en la cuenta de tu deseo de conversión, deja un ejemplar de los evangelios en un lugar visible, como el bolso, el lugar de trabajo, el coche, el cuarto de estar, etc.
. Puedes llevar una piedra en el bolsillo recordándote que deseas cambiar tu corazón de piedra.
Salmo
Misericordia,
Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito, limpia mi pecado.
Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti sólo pequé,
cometí la maldad que aborreces.
Oh Dios, crea en mi un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso.
Señor; me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.
(Salmo 50)
Pensamientos
1.- Lávame, Señor, de tanta comodidad como me invade.
Lávame, Señor, de tanta superficialidad. Lléname de ti,
y saltaré de alegría y todos se contagiarán de lo que haces en mí.
2.- Vivir de apariencias nos condena a vivir en la mentira. Donde hay mentira, allí no está Dios.
B) LITURGIA DE LA PALABRA
Volved a mí de todo corazón (Joel 2,12-18)
Este es el día de la salvación (2 Corintios 5,20-6,2)
No hagáis para ser vistos (Mateo 6,1-6-16-18)
Querido creyente:
Es Cuaresma. Cuando el autor del libro del Génesis quiere explicar el pecado en la existencia humana, inventa una parábola: la de la serpiente. Desde el principio, se nos dice, los seres humanos quisieron todo y todo de repente: ser dioses en un abrir y cerrar de ojos. La espera, el camino, las etapas, la lenta marcha les parecía una empresa imposible.
Hoy comenzamos un tiempo penitencial aparentemente largo. No lo es tanto. En él iremos proclamando y meditando los textos esenciales de la Palabra de Dios. Un único objetivo: Volver a Dios de todo corazón.
Y esto, creyente, ya es gracia. ¿Cómo cambiar de camino si no nos damos cuenta de que estamos recorriendo senderos que no llevan a la libertad; senderos que nos dejan siempre en el mismo sitio, en nuestros antojos?
La gran afirmación inicial de la Cuaresma es que «no somos lo que hacemos», «no somos trabajo», «no somos pura ocupación», «no somos máquinas», «no somos apariencias». Somos personas y necesitamos cimientos. Si no tenemos cimientos, somos como ceniza que el viento lleva de un sitio para otro. Nuestro definitivo cimiento, la roca donde podemos descansar, es Dios. Todo lo demás se mueve, se tambalea, cae.
Cuando la Iglesia nos habla de penitencia en estos días, nos está invitando a ser nosotros mismos, a dejar de lado tantas cosas que no son esenciales.
Penitencia nos suena a dureza o a dolor porque nos hemos habituado a cosas superfluas, pasajeras ... que nos cuesta dejarlas de lado y desprendemos de ellas. Un amigo mío visitando unos grandes almacenes me decía: Entrando aquí me doy cuenta de lo bien que se vive sin tantas cosas. ¡De cuántas cosas puedo prescindir! ¡Qué bien me siento sin necesidad de todo esto! Mientras él me comentaba esto, yo veía a miles de personas preocupadas por comprar «complementos», es decir, lo que adorna, lo no necesario. ¿Vamos por la vida «adornados» para disimular que debajo de los adornos hay poco o nada ... ?
Esta Cuaresma es, además, don de Dios para ti y para toda persona que quiera escuchar la voz de Dios. El amor de Dios llega a nosotros dándonos oportunidades de ser de otra manera.
Jesús en el evangelio de hoy denuncia las manipulaciones de Dios que ciertas personas, muy religiosas en apariencia, hacen de Dios. Lo del Evangelio no es apariencia, es profundidad. Hay gestos, actitudes a primera vista muy religiosas, que en el fondo no son nada más que lejanía de Dios. Nos podemos creer que haciendo cosas «compraremos a Dios o haremos que Dios se
incline hacia nosotros». Pero Dios es Dios, y lee los corazones, no las apariencias.
Entra en tu adentro, en tu corazón. Es allí donde Dios te quiere visitar; es allí donde te está esperando; es allí donde Dios quiere pedir tu colaboración para ser más escuchador de su Palabra y más cercano a todo lo suyo.
¡Que el Señor bendiga tus pasos!
Adiós.
La conversión no es un empeño personal solamente. Es, fundamentalmente, un don de Dios, una palabra del Espíritu pronunciada en nuestro corazón. Hay maneras de hacer penitencia que son «obra de nuestras manos», pero no camino que viene de Dios y a Dios lleva. Detente en el evangelio de hoy.
Miércoles, 30 de mayo
Juan Fernandez Krohn
Universidad Pontificia Comillas
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo