Levantar una ciudad grande como el mundo.
Mesa y hogar.
Donde todos entendamos el hablar de todos.
Por encima de ideologías, razas, lenguas y religiones.
Familia única de Dios.
Y Cristo ahí, clave y cimiento
de esta ciudad para todos.

Compuse esta canción en 1973.
Vivíamos tiempos difíciles en América Latina.
Cuando llegó el momento de la grabación, escogí al uruguayo Manuel Picón para que interpretara aquel lamento y la decisión de seguir avanzando hacia un futuro distinto.
"Quédate con nosotros".
Súplica de hoy y de todos los tiempos,
como aquella tarde en Emaús.
Y Él puso su tienda entre nosotros
para compartir nuestra mesa,
para acompañar nuestro caminar incierto,
para iluminar la oscuridad de nuestra vida.

El canto se desborda en un himno de alegría.
A las voces de todos los seres vivos se unen las trompetas y las cítaras, los tambores y las arpas, los platillos y las flautas.
Porque el Señor ha estado grande con nosotros.
Porque su amor los llena de alegría y de esperanza.

No es ésta una canción triunfal.
No es un himno glorioso, acompañado de huecas trompetas.
La resurrección de Jesús se produjo en el silencio de la noche, en el sosegado clarear del alba.
La injusticia y la muerte fueron vencidas.
Pero en lo alto del Calvario todavía permanecía la soledad de una cruz de ajusticiado.
Con sabor a despedida,
conociendo que estaban cercanas la traición y su muerte, nos pidió:
"Amaos como Yo os he amado".
Él se fue,
pero sigue vivo entre nosotros.
Su exigencia de amor
recorre la Historia de la Humanidad
como un reto permanente que no ha podido borrar el paso de los siglos.

Necesaria como el agua y el aire, como el pan de cada día...
La paz que es justicia, perdón y libertad...
Paz para esta tierra que sangra...
La paz de la que Él nos habló...
Esta es la paz
que nosotros,
con tanta fuerza,
pedimos, construimos y cantamos.

A partir de la grabación del CD "Testigos de Jesús", en el año 2006, nos pareció que tendría sentido el ir gratuitamente por Parroquias dando Conciertos con el fin de retomar y seguir impulsando las líneas abiertas por el Concilio Vaticano II.

Pan y vino,
con la sencillez de la vida humana.
Y nos presentamos como somos.
Con el corazón dolorido por esta Humanidad que sangra.
Con la alegría sencilla al saborear las pequeñas cosas de cada día.
Con la ilusión y esperanza de quien vislumbra una nueva tierra
que nace en la paz y la justicia.

Estas canciones surgieron al recorrer los caminos de Andalucía y Extremadura, en contacto directo con sus pueblos y sus gentes, al calor de aquellos "cantares" que entonábamos en medio de la noche, alumbrando un nuevo amanecer.
Sólo añadir un fragmento de los versos que el poeta extremeño, Manuel Pacheco, escribió con motivo de uno de aquellos "recitales":

Este duro poema de Luis Alvarez Lencero (1923 - 1983) refleja con toda su crudeza la situación que se vivía en aquellos años 50 en tantos pueblos de Andalucía y Extremadura.
Hombres de brazos caídos,
cansados de esperar un trabajo que nunca llegaba,
obligados a emigrar a míseros suburbios de grandes ciudades,
Estuve una larga temporada trabajando con campesinos del Norte de Perú.
Las palmeras, que se levantaban a lo largo del Valle del Río Chira, eran testigos todas las mañanas de nuestros "encuentros concientizadores" en las tareas de Alfabetización Integral.
Así nació esta canción que ahora presento.
Miércoles, 30 de mayo
Juan Fernandez Krohn
Universidad Pontificia Comillas
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo