¿Qué queda en mi cabeza y mi corazón después de unos días? Que fuimos dos mil personas que compartimos nuestro trabajo con tantos y tantos jóvenes, en torno a querer lo mejor para ellos, y lo mejor que tenemos es Jesucristo. Allí estaba el hoy de la Iglesia joven, lo mejor y más representativo de la Pastoral Juvenil de España en el que sentí que puse mi granito de arena recordando que merece la pena estar con tantos chavales, tenerlos en el corazón y darles algo tan grande como es la vida en Cristo.Que hubo intervenciones con las que no estaba de acuerdo, pues claro, eso es un Fórum completo, pero que me gustaron todas las demás también y vi mucha sintonía. El Fórum ha sido y es mucho más que algún detalle polémico, por lo que merece la pena seguir con esto que en el manifiesto final expresan los organizares y a los que nos unimos desde este blog.
Me he llevado el sentimiento de que la Iglesia sigue caminando y dando pasos más que positivos, el espíritu de comunión (de buscar lo que nos une y trabajar juntos siempre dentro de la Iglesia Católica), la alegría de tantas personas a las que les ha ayudado para volver a sus diócesis, grupos y parroquias viendo una realidad que hasta ahora ni pensaban y con ganas de seguir trabajando.
Esta mañana hablaba con un político y me decía que ¿cómo habíamos conseguido reunir a dos mil jóvenes? Que eso ellos no lo conseguían, ni nadie, me dijo. Y es que cada persona que quería participar se canalizaba todo por la delegación diocesana de Juventud para luego elegir quiénes representaban a toda la diócesis, por porcentajes iguales para todas las diócesis según población, y en una proporción mayor para las parroquias, luego para los grupos de religiosos y un porcentaje más pequeño para nuevas realidades eclesiales.
Me gustó la búsqueda de diálogo en todo momento, desde con nuestros Obispos, hasta con los propios jóvenes. Se invitó a siete jóvenes para que dialogaran con la Iglesia, para el último día contestarles, un diálogo que sí que me encuentro en mi día a día, con un joven heavy, un joven trabajador que le cuesta encontrar su sitio, un discapacitado al que quizás tenemos menos en cuenta, una lesbiana, un inmigrante… jóvenes que no eran cristianos pero que también son destinatarios de la Iglesia y de la Palabra de Dios y tenemos que tener una respuesta desde lo que vivimos. Cada uno de ellos se iba con un deseo y una acogida, sin perder nuestro ser cristiano y con una palabra de cercanía hacia ellos.
Me gustó mucho cómo un chico se me acercó a comentarme la situación de su diócesis y que cómo podíamos ayudarnos unos a otros, me encantó conocer a gente como Carles Such, José María Bautista o conocer mejor a Rosendo y a Sonia. Me gustó ver en cada momento a don Francisco Cerro y a don José Ignacio Munilla participando también, sin miedo, de este diálogo que muchos agradecieron. ¡Qué bueno que los Obispos estén tan presentes y cercanos y qué bien que nos ayuden a no apartarnos de lo que Cristo quiere!
Estoy muy ilusionado con el post-Fórum, no por lo que se vaya a hacer o no, sino porque he visto que más de uno y de dos compartimos una serie de inquietudes y que, sinceramente, es la primera vez en que he visto hecha realidad esta palabra (que quizás estamos ya desvirtuando un poco) de la Comunión. La Eucaristía final fue preciosa, eclesial, con el auditorio lleno…
Me animó a mí mismo a seguir trabajando esto, a profundizar en mi oración con qué ha querido Dios para mí en todo esto, y a intentar seguir siendo fiel a Cristo y a su Iglesia para así manifestar a todos, especialmente a los jóvenes que Él pone en mi camino, a un Jesús vivo que es respuesta para su vida.
Fidel Mateos
Foto: Vida Nueva
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Bravo, esto es.
Te preguntarás cómo es que hay tantos participantes en blogs que se paran a analizar y criticar una escena con las orejeras puestas para no ver nada más de lo vivido, será que azín zemos.
Felicidades Fidel, me alegro con tu alegría.
Domingo, 12 de febrero
Francisco Margallo
Pedro Tarquis
Francisco Baena Calvo
Juan Fernandez Krohn
Juan Antonio Espinosa
Ana Bou
Carmen Guaita
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya
Religión Digital