
Desde que me llamó Monseñor Munilla a mi móvil para comentarme la posibilidad de que representara a Europa en la comida que el Santo Padre tendría con doce jóvenes en Sydney no he parado de hacerme una pregunta que aún sigo sin poder contestar: ¿por qué yo? Y la repuesta no puede darla sólo el Obispo de Palencia porque todavía sigo sin creer en las casualidades. La verdad es que ha sido todo un regalazo el participar en esa comida y toda una sorpresa que voy digiriendo poco a poco.
Por tanto la pregunta ha cambiado para ser ¿qué ha querido Dios para mí con este encuentro? Los encuentros marcan nuestra vida y en nuestro recorrido cristiano se producen muchos encuentros y además un Encuentro que transforma la vida de uno. Recuerdo mi encuentro con Cristo con el que finalmente vi que mi vocación estaba en la dedicación a la educación y evangelización de los más jóvenes… y vaya camino más empedrado que he tenido. Golpes, malentendidos, falta de compresión, encuentros también con corazones que estaban ya alejados de Cristo y eso me ha causado gran dolor al ver que eso repercutía en que muchos jóvenes se alejaban de Dios por muchas vidas de sacerdotes, religiosos y laicos que hacían un gran daño, y yo no lo entendía. Quizás esa comida tenía algo para comprender esto. Pude ver a una persona de gran altura moral, muy inteligente, que sabía escuchar y que además estaba realmente preocupado y entregado a la Iglesia Católica, y que además era el sucesor de Pedro. Muchos pensamientos se me pasaron por la cabeza ante él, pero sobre todo una película de mi vida pasó por mi corazón, sonrisas con muchos jóvenes, muchas conversaciones, abrazos, muchas caras de personas que significan mucho para mí… pero también muchas lágrimas producidas no precisamente por los propios jóvenes.
A medida que el día de la comida con el Papa se acercaba me iba viendo mucho más pequeño ante esto, entrevistas de periodistas, conversaciones con amigos, conocidos en la JMJ, Obispos… no pensaba decirle nada especial, sólo escucharle, verle y animarnos a seguir adelante en la aventura de ser cristiano. Y es que poco podía aportar a Benedicto XVI pero quería renovar mi compromiso cristiano ante él.
Llegó el día 18 de julio, a las once de la mañana tenía que estar ya en la puerta para los controles de seguridad. Preparamos nuestros regalos y los dejamos encima de una mesa en una habitación cercana al comedor. Sólo una consigna: sed vosotros mismos, el Papa quiere conoceros.
Entramos en la sala en la que había una mesa redonda para los doce jóvenes, para el Santo Padre y para el Cardenal de Sydney, nos quedamos de pie en el sitio que teníamos asignado y al poco tiempo se abrieron las puertas y entró el Papa. Nos fue saludando uno por uno y preguntando de dónde éramos. Al decir España él lo repitió con fuerza lo que puso una sonrisa en todos.
Comenzamos a comer con total normalidad después de la bendición de la mesa del Cardenal Pell que estaba sentado a mi izquierda y enfrente del Papa Benedicto XVI. Hora y media duró el encuentro en el que se me pasaron un montón de cosas por la cabeza, el Papa se mostró muy cercano e interesado por cada uno, sabiendo escuchar y dedicar tiempo, nunca cortó a ninguno y así pudimos cada uno presentarnos. Quizás quien más me sorprendió y por el que más se interesó el Santo Padre fue por el joven que venía del Congo y que contó la situación de guerra y de persecución a la minoría católica que allí viven. Al llegar mi turno le agradecí la invitación a compartir la comida con nosotros, le dije que los jóvenes católicos españoles le aprecian mucho y que le esperarán con los brazos abiertos cuando él quisiera volver a España, y dos días después confirmó que si Dios quiere, vendrá en 2011. Después le hablé de mis estudios en los salesianos de Salamanca y en la Universidad, después de mi dedicación durante años en diferentes grupos a los adolescentes y jóvenes en los que le dije que había intentado ser coherente con mi fe y fiel a la Iglesia para mostrar a Cristo cercano y vivo, también a través de los medios de comunicación. Además le hablé de los grupos en los que actualmente vivo y comparto mi fe en Madrid, del trabajo entregado de tantos jóvenes y sacerdotes que a pesar de todo siguen desgastando su vida por Cristo y le agradecí todo su trabajo y oración por la Iglesia. Después de comentarle otras cosas personales le expliqué por encima los regalos que posteriormente le iba a dar y su significado.
Los demás compañeros siguieron presentándose y a partir de ahí comenzó un diálogo entre nosotros en el que el Papa escuchaba con atención. Y así, como si nos conociéramos todos de toda la vida continuamos la comida charlando. Antes de tomar el postre fuimos a la sala donde teníamos los regalos para dárselos uno a uno y hacernos algunas fotos. Yo le regalé un rosario de filigrana charra de mi tierra, una figura del apóstol Santiago como patrón de España y fuente del Camino de Santiago que tanto significa para la Europa cristiana, y que vi que le gustó mucho porque me preguntó varias cosas sobre él. Y también le regalé la primera edición del proyecto marco de Pastoral Juvenil de la CEE con el que le expliqué que era así como queríamos trabajar la pastoral con jóvenes en España y lo acogió con interés leyendo su título en alto.
Continuamos con el postre y pudimos seguir conversando con normalidad para después despedirnos uno a uno agradeciéndole ese rato tan agradable que habíamos pasado. Más tarde nos quedamos los doce jóvenes comentando mucho de la comida para después pasar a toda la zona que tenían reservada para las entrevistas a los medios de comunicación.
He aprovechado estas líneas para contar algo de lo que pasó por mi cabeza y por mi corazón en esos momentos y no quedarme en una fría descripción porque quiero compartir con todos algo así, no creo un encuentro así y una experiencia como la de JMJ de Sydney sea para quedársela para uno, sino para compartirla con todos porque es para todos. Y a partir de ahora a seguir trabajando por la pastoral juvenil, yo personalmente a buscar trabajo ya al acabar la carrera, y a seguir entregado a los jóvenes donde Dios quiera ponerme, que si el Papa se entrega así por los demás creo que yo también debo hacerlo.
Fidel Mateos Rodríguez
Artículo para la revista Vida Nueva
Domingo, 12 de febrero
Pedro Tarquis
Angel Moreno
Juan Jáuregui Castelo
Vicente Haya
Asoc. Humanismo sin Credos
José Mª Castillo
Sor Gemma Morató
Julián Moreno Mestre
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo