Educar en la sexualidad al adolescente y al joven (II)
28.06.07 @ 14:09:21. Archivado en EDUCACIÓN
Modificaciones psicológicas y sociales:
Es la época en que se cuestionan sobre su propia personalidad e individualidad. Desean definirse en autonomía de sus padres. Entra en conflicto con sus padres y con todas las personas que implican una autoridad establecida. Esto es algo normal, ya que lo que busca el adolescente es tomar iniciativas, tener un mundo íntimo y situarse entre los adultos como igual. Quiere ser libre, es decir, responsable de sí mismo, ser dueño de sí con todas sus consecuencias.
La característica dominante en esta etapa es la ambivalencia, pasa del afecto a la hostilidad, de la docilidad a la rebelión. Desea entrar en el mundo de los adultos y al mismo tiempo siente temor ante una realidad que le es desconocida. En realidad nos encontramos con un chico o chica que sabe que no es ni infante ni adulto, no logra descubrir con serenidad su papel, su lugar y lo busca hacia arriba con deseo y temor a la vez. Quiere crecer y madurar, pero al mismo tiempo esto le causa temor e inseguridad, porque sabe que dejará de tener a sus padres detrás, que deberá hacerse responsable de sus decisiones y opciones, que se enfrentará con elecciones que tendrá que resolver solo; todo esto, en un marco confuso: no se comprende a sí mismo, no comprende sus propios cambios de humor, le preocupa el cambio por el que está pasando su organismo, no se siente a gusto en un cuerpo que ha crecido demasiado rápido y con el cual se mueve torpemente. Además la maduración en los distintos aspectos de la persona ocurre cada vez con mayor diferencia: la madurez física, intelectual y afectiva no son concomitantes; y si a esto le agregamos una genitalidad en pleno hervor, nos encontramos con un niño en un cuerpo de adulto al que no sabe aún controlar.
Otro elemento que debemos considerar es la “mala fama” que se le ha hecho a esta etapa. Hoy los padres temen el momento en que sus hijos lleguen a la adolescencia, los maestros se reconocen en dificultades y las autoridades hablan de la problemática de la adolescencia. Los niños no son impermeables a esta campaña publicitaria. Desde los ocho o nueve años escuchan que sus hermanos o primos mayores han entrado en la difícil edad de la adolescencia, oyen frecuentemente que “nadie comprende al adolescente, ni siquiera él mismo”, son testigos de las discusiones con los padres, de la actuación de las pandillas o grupos de amigos, de las rebeliones y cambios de hábitos y costumbres. Vienen con la idea de que eso es lo “normal” a esa edad.
La pubertad es propiamente el momento de crisis moral y humoral, con oscilaciones de temperamento y carácter. Es el momento de cristalización de la personalidad. Después será posible variarla para mejor o peor pero no cambiarla substancialmente. Está claro que todas estas divisiones son aproximadas, pues en los adolescentes se dan variaciones individuales mayores que en la niñez.
En la adolescencia se dan las dos tendencias fundamentales de apertura a los demás y de búsqueda y afirmación de sí mismo. En esta etapa, la apertura a los demás, surge ya no sólo como amistad sino como amor, especialmente amor sexual, ya que es un instinto que despierta con fuerza.
El adolescente llega poco a poco a la madurez en el amor, gracias a una serie de pasos sucesivos. Primero dirige su atención a sí mismo, después hacia los otros, buscando inicialmente la amistad con los de su propio sexo, después con los del otro, lo que desembocará en la juventud o madurez en la elección de una pareja estable.
Esta sucesiva evolución no supone que el hombre deba caer en una serie de desviaciones sexuales, y mucho menos que éstas ayuden a alcanzar un amor verdaderamente adulto, maduro. La afirmación de sí mismo no debe confundirse con el narcisismo y la masturbación, ni la amistad con compañeros con la homosexualidad, ni la amistad y más adelante el noviazgo con personas de otro sexo con la prostitución y el amor libre. Estas desviaciones no sólo no significan progreso para la afectividad en los psicológico y moral, sino que son un verdadero retroceso que impide o dificulta la superación de la egosexualidad y la llegada a una heterosexualidad madura, adulta y generosa.
Actualmente se postulan algunas teorías que dicen que la búsqueda de mayor amistad con el mismo sexo es señal inequívoca de homosexualidad y que debe impulsarse al adolescente, que se encuentra envuelto en sentimientos confusos sobre sí mismo, a aceptarla y vivirla casi como si estuviese predestinado a ello. O en dirección contraria, el impulso y la atracción sexual hacia personas del sexo opuesto no puede ni debe ser sujetada por principios y normas valóricas, porque podrían crear fuertes traumas. Y en nombre de esta “defensa de la salud mental” se postula y promueve el sexo libre, o más bien libertino.
Todo esto causa confusión y graves problemas a los adolescentes. En otras palabras, se les está diciendo que ellos son incapaces de dominar sus impulsos, que es mejor que ni lo intenten. Se duda de su fuerza de voluntad y decisión sin ofrecerles una posibilidad y ayuda para demostrar realmente su gran capacidad. Obviamente si antes no se les dan recursos y medios para fortalecer su voluntad y formar su conciencia, no podrán en estos momentos salir adelante sin grandes dificultades.
Necesitan claridad de parte de sus padres y formadores. Son capaces, si les explica, de vivir la abstinencia sexual. Hay algunas características propias de esta edad que les ayudan: viven una dualidad respecto a su sexualidad: ante los adultos y extraños son pudorosos, en grupos pequeños y con los amigos suelen ser desinhibidos. La masturbación comienza en estas edades. La mayor dificultad que tiene el adolescente es la cantidad de información sexual incorrecta o incompleta que reciben de sus compañeros mayores y del mundo que les rodea, en parte porque está saturado el ambiente, pero también porque no la reciben a tiempo de sus padres y formadores que son los que deben actuar antes.
El riesgo mayor en esta edad es que lleguen a separar por completo la satisfacción física del amor humano y espiritual, aprendiendo a separar el acto sexual de sus fines y justificación.
Padres y educadores deben, ante todo, querer profundamente a los adolescentes. Decirles que sus dificultades son normales y que ellos pueden superarlas. Hay que impedir un sentimiento excesivo de culpabilidad, ayudarles a encauzar sus ímpetus, encontrar la justa medida y dirigir sus deseos y necesidades de cariño y atención hacia formas más maduras.
Es muy importante estar cerca, especialmente los padres. Los impulsos sexuales despiertan con fuerza e intensidad por momentos; si el adolescente tiene a quien recurrir, estará en menor peligro que uno que no encuentra a nadie cercano. Que los adolescentes sepan que sus padres están dispuestos a ayudarles, a ofrecerles apoyo, a escucharlos y colaborar en su esfuerzo por madurar correctamente. Hay que hablar con ellos sin atosigar, porque aunque parece que no están escuchando todo entra y cala. Especialmente si desde antes existía una buena comunicación con los padres.
Hay que dirigir sus energías hacia algún deporte, actividades al aire libre, etc. Tienen mucha energía aunque por momentos se sientan cansados ya que el crecer consume mucha energía. Son muy adecuadas actividades en grupos con líderes positivos algunos años mayores que ellos, pueden encauzar sus energías, les ofrecen modelos adecuados y positivos y les demuestran que, al contrario de lo que dicen la televisión y las revistas, es posible la vivencia de la castidad.
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