Lástima de vida "deportiva"
20.04.07 @ 18:47:10. Archivado en EDUCACIÓN, PASTORAL JUVENIL
Hubo no hace mucho una persona muy ilusionada por el "fútbol". De pequeño nunca pensó que podría jugar, pero él sentía algo por dentro que no supo lo que era, hasta que un día le ofrecieron la posibilidad de jugar. Y así descubrió lo grandioso de este deporte: el poder jugar con otros, conocerles, hacerles mejores jugadores con tu juego, el sacrificio diario, la entrega a los demás... y mientras tanto este jugador se formó durante años leyendo y estudiando mucho y también con la práctica diaria.
El equipo en el que empezó a jugar llegó a ganar muchos partidos, y a ser referencia para muchos. El entrenador estaba muy contento porque se llevaba muchos elogios, pero este entrenador fue perdiendo la ilusión, y se acomodó, y empezó a dejar de estar ahí por sus jugadores. Más bien con un estilo de juego que iba dejando de encajar con los nuevos y jóvenes jugadores. Ganaban más partidos, pero no al estilo del entrenador que no entendía esta forma de jugar y que propiciaba este nuevo jugador que había llegado, que ilusionaba con su fútbol, y que arrastraba con su fuerza a los demás siendo cada vez un mayor equipo. El entrenador en su orgullo se sintió que el jugador le hacía sombra, y echó por un tiempo al jugador estrella para no descolocarle sus esquemas, pero ya nunca volvió. Incomprensiones, daño, el entrenador creaba enfrenteamientos sabiendo que había hecho mal, pero no sabía cómo rectificar. Muchos jugadores se fueron. Otros de los que mejor se llevaban con el jugador expulsado llegaron también a enfrentarse. El jugador que lo había dado todo por este equipo, y sobre todo por cada jugador, estaba en la calle y sin equipo, con todo lo que eso significaba. Y todo por orgullo, y porque el jugador quiso defender a los jugadores más jóvenes a toda costa, que traían un estilo de juego muy especial y renovador.
El jugador se derrumbó, pero consiguió salir adelante y volverse a ilusionar por el fútbol y por hacer de los demás los mejores futbolistas con unos grandes valores. Le ficharon en otros equipos, pero también empleaban unos estilos de juego con lo que ningún jugador estaba a gusto. Y lo más importante: sus entrenadores ninguno eran capaces de entender a los jóvenes futbolistas. No partían de su realidad, e incluso varios de ellos nisiquiera querían ser entrenadores. No les iba la vida en ello.
A esto que algún presidente de equipos oyó hablar de aquel jugador que conseguía contagiar esa ilusión por el fútbol al resto, que los jugadores cambiaban de vida, que muchos más se acercaban al equipo... y lo fichó para el suyo.
En el primer equipo como entrenador no tenían un proyecto claro pero el entrenador vio las necesidades de los jugadores y fue organizando al equipo para todo lo que el presidente lo había pedido. Pero eran muchos partidos y el presidente se cansó al estar ya mayor, y como ya había probado con otros entrenadores más tranquilos, que no jugaban tanto, pues prefirió prescindir de él al comienzo de temporada. Los jóvenes jugadores que se encontraban felices vieron cómo su presidente les defraudaba.
Pero el jugador que ya era entrenador fue fichado por un club en el que realmente se encontró encajado y feliz. No había esos problemas que antes se había encontrado de envidias, ni de orgullo, y sobre todo porque aunque no entendían del todo el sistema de juego veían los resultados de los partidos y la ilusión y alegría de los jugadorees, y se fiaron del entrenador.
Hasta que un día un jugador comenzó a hacer una serie de afirmaciones que no beneficiaron nada a su entrenador. Mentiras de las que luego se arrepintió pero que dieron lugar a desconfianzas en el equipo. El presidente y el consejo de administración empezó a dudar del entrenador y de la desconfianza y la mentira surgió un gran problema para el propio entrenador y el club lo hizo de tal manera que le creó un verdadero problema, que luego no sabían resolver. Gran inexperiencia con equipos y jugadores, pero el daño estaba hecho y no cerraban el tema dando lugar a mil comentarios.
A partir de ahí se miró más por egoísmo que por madurez, y según el presidente, por los jugadores de su equipo. Y los directivos decidieron echar de nuevo a este entrenador. Y mil comentarios de nuevo sin resolver. Para no resolver el lío que habían creado, pusieron en contra a varios jugadores para que no hablaran con el entrenador, se comenzaron a inventar historias que pudieran encajar, pero tan graves que han imposibilitado que fiche por otros equipos incluso.
Gracias a este presidente, la ilusión por jugar y entrenar de nuevo está por los suelos, la incomprensión y la falta de confianza de nuevo patente. Atacar al joven entrenador parece que les sale rentable para ellos.
Consiguen destrozar a esta persona. Consiguen hacerle un gran daño que no quieren reparar, pensando que todo se solucionará solo. Les da igual el entrenador, y también los jugadores jóvenes a los que les están haciendo daños irreparables también. Muchos de ellos han dejado ya el fútbol.
El entrenador no quiere volver a jugar. Y se desespera por ver cómo alguien que se dice seguir del fútbol puede hacer tanto daño, y comportarse como inexpertos en el deporte, sin afrontar los problemas. Si un presidente supiera el daño que está haciendo haría algo en conciencia sin duda.
Pero duele aún más ver la injusticia y el daño hecho a los jugadores, eso le revuelve al entrenador que ha dejado su vida en el deporte. ¿rectificarán? ¿pagarán sus errores? El hombre es capaz de lo peor ¡qué pena! y no sé qué hacer. ¿Ficharíamos de nuevo a este entrenador?
Ah! El que tenga oídos que oiga, el que tenga el corazón limpio que ame y comprenda. El artículo no tiene más explicación pero el lector es suficientemente inteligente.
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