La Basílica de la Sagrada Familia tendrá doce mártires. El 17 de enero de 2012, el Cardenal-Arzobispo de Barcelona, Lluís Martínez Sistach, ha clausurado la fase diocesana del proceso de beatificación de los Doce mártires de la Basílica de la Sagrada Familia.
Estos doce presuntos mártires son seis clérigos muertos al inicio de la Guerra Civil Española y seis laicos que murieron por haberlos refugiado o ayudado: el Dr. Francesc Parés, presidente de la Junta de Obras, mosén Gil Parés, capellán de la Cripta, mosén Jaume Llonch, vicario y organista de la Cripta, el Dr. Ramon Balcells, fundador de la Caja de Ahorros de la Sagrada Familia; mosén Antoni Forns, párroco de San Juan de Gracia, la parroquia de Gaudí; el oratoriano padre Agustín Mas, director espiritual de Gaudí; Consol Puig, maestra de las Escuelas de la Sagrada Familia, y Clodomir Coll, que murieron por refugiar a mosén Gil Parés; los hermanos Francesc y Mercè Diéguez, que murieron con mosén Jaume Llonch; Francesc Xavier Cunill, colaborador del Dr. Balcells; y Ramon Parés, hermano de mosén Gil.
El cardenal Martínez Sistach designó como portador a la Congregación de las Causas de los Santos, en Roma, de las actas del proceso, metidas en cajas lacradas, al señor Antoni Oliva. Él es el fundador y presidente de la asociación civil que promueve este proceso de beatificación.
El número doce no puede ser más gaudiniano, como lo es el hecho de que seis sean laicos y, entre ellos, dos mujeres. Si, como decía Gaudí, "en la Sagrada Familia todo es providencial", este proceso de beatificación lo parece. En unos pocos años, los Doce Mártires de la Basílica de la Sagrada Familia serán beatificados: entonces, el edificio elegido por la Iglesia católica como icono de la Nueva Evangelización contará con todos los elementos necesarios para la evangelización: las piedras materiales - el arte de Gaudí- y las piedras espirituales, empezando por la más genuinamente evangélica y que es el fundamento de todas las demás: el testimonio de doce cristianos que han dado la vida por Jesucristo.
Ramon Balcells i Masó nació el 28 de julio de 1882 en Barcelona, calle Roger de Llúria, n. 19. Era el octavo hijo del matrimonio de Miquel Balcells i Llamosí y Dolors Masó i Bori, que tuvo un total de diez hijos, de los cuales Ramon sería sacerdote; Dolors, Maria y Mercè, religiosas del Sagrado Corazón; Montserrat, religiosa de Jesús-María; y Carme, religiosa carmelita. Sólo tuvo descendencia Miquel, ingeniero, que formó casándose con Paulina Lasarte una familia de once hijos.
Fue bautizado el 4 de agosto en su parroquia, la Major de Santa Anna, con los nombres de Ramon, Agustí y Víctor, siendo padrino su primo Agustí y madrina su hermana Dolors. Fue internado en el colegio de Sant Ignasi de Sarrià desde 1892 hasta 1899, cuando acabó el Bachillerato. Allí había hecho la Primera Comunión, el cuarto domingo de abril, festividad de la Virgen de Montserrat, de 1892.
A los 16 años, en 1899, pasó del internado de los jesuitas al Seminario de Barcelona, donde curso la carrera eclesiástica hasta 1905, estando interno desde octubre de 1902 hasta 1905. Precisamente en 1902 comenzó a ser uno de los catequistas de la sección de niñas de la Cripta de la Sagrada Família.
La catequesis de la Sagrada Família se había iniciado en noviembre de 1886, un año y unos meses después de la primera misa -el 18 de marzo de 1885- en la recién terminada capilla de San José. Se hizo cargo la Congregación de la Inmaculada y San Luis Gonzaga, formada por antiguos alumnos del colegio de los jesuitas de Casp y dirigida por el padre Lluís Ignasi Fiter. Era sólo para niños y, en la visita del obispo Dr. Jaume Català i Albosa de 1894, se constató la dificultad de encontrar catequistas para las niñas. La solución fue constituir con seminaristas la Associació Catequista.
En 1902, cuando Ramon tenía 19 años, recibió la primera tonsura clerical en el Palacio Episcopal de manos del obispo de Barcelona, el cardenal Casañas. Ello le permitió iniciar su labor pastoral en la Associació Catequista, como catequista de niñas en la Sagrada Família. Ingresó también en la Congregación de la Inmaculada y San Luis Gonzaga.
Ramon, de buena posición económica, descubrió la realidad del Poblet, la barriada de aluvión inmigratorio que crecía alrededor de las obras de la Sagrada Família. Se dio cuenta de que las chicas abandonaban la práctica religiosa después de la Primera Comunión, perdiendo paulatinamente la fe. También dejaban los estudios, para trabajar las jornadas de diez o doce horas de entonces, además de atender las obligaciones domésticas propias de la mujer de la época.
Ramon fue catequista durante dos años, hasta 1904. El 18 de marzo de 1904 recibió las órdenes menores del obispo auxiliar de Barcelona, Dr. Ricard Cortés i Cullell; y al día siguiente, 19 de marzo, el subdiaconado, en la iglesia de las Salesas, de manos del cardenal Casañas. El 24 de septiembre, fue ordenado diácono en la iglesia de Pedralbes. Y el 17 de junio de 1905, fue ordenado presbítero en el oratorio de Sant Felip Neri, por el Dr. Cortés. Ramon se ordenó a título de patrimonio, que fue constituido por su propia madre. Tenía 22 años; es decir, le faltaba un mes y medio para cumplir los 23, la edad necesaria para ser ordenado sacerdote según el Derecho Canónico. Cantó su primera misa el 22 de junio de 1905 en la capilla del colegio de las religiosas del Sagrat Cor de la calle Diputació, siendo padrinos su tío Joan Masó y su madre; predicó el padre jesuita Celestí Matas.
Mosén Ramon Balcells era un joven sacerdote abnegado, austero y de mucha oración. Pronto sus sermones se hicieron famosos por los frutos de santidad que producían en sus numerosos oyentes. Conceptuado como un excelente catequista, fue capellán de los colegios de Loreto de Barcelona (1905-1908) y de Sarrià (1909-1917); y en 1906 fue nombrado vocal de la Junta Diocesana de Catecisme y de la Junta Diocesana de Capelles. 
Siempre dedicado al apostolado femenino del Poblet, fundó la Escola Dominical para las chicas del barrio. El 1 de mayo de 1906 alquiló una vieja nave industrial en la calle València, n. 371-379, y tuvo gran éxito. Los políticos anticlericales del Poblet clamaban: “eso nos faltaba, el domingo a la escuela…”. El 1 de octubre inauguró la Escola Nocturna y el 1 de mayo de 1907 la Escola Diurna. Las tres –dominical, nocturna y diurna- eran gratuitas y a cargo de profesores seglares. En 1909, poco antes de la Setmana Tràgica, se hicieron cargo las religiosas Hijas de la Caridad de San Vicente de Paül.
Por entonces, el 7 de mayo de 1909, compró el terreno que actualmente ocupan las escuelas; y el 5 de junio de 1909, festividad del Sagrado Corazón, el propio mosén Balcells bendijo la primera piedra del edificio del “Patronat Social Escolar d’Obreres del Poblet”. Se inauguró parcialmente el 30 de julio de 1910 y se terminó el 13 de julio de 1919.
Mosén Balcells fue nombrado en 1910 confesor y profesor de religión del colegio de Jesús Maria (hasta 1927) y vocal de la Junta Diocesana de Acció Catòlica. Estudió por libre la carrera de Magisterio en la Escuela Normal de Barcelona, que terminó en 1913.
En 1915, fue nombrado confesor ordinario de las Dames Catequistes (hasta 1924); en 1916, beneficiado de la parroquia de la Puríssima Concepció; y en 1917, cura ecónomo de Sant Josep de Gràcia (hasta 1920), ejerciendo desde 1918 como consiliario del Cercle Catòlic de Gràcia.
Mosén Balcells participaba en los cultos de la Cripta de la Sagrada Família. Por ejemplo, celebró la misa expiatoria que el domingo 20 de febrero de 1916 organizaron las congregaciones del colegio de La Salle Condal. En su plática, mosén Balcells definió aquella comunión expiatoria como “un beso filial que damos al Señor, ofreciendo a Dios Padre la víctima propiciatoria del Cordero Divinal, en expiación de los pecados de los hombres, de los hijos pródigos que han dejado la casa paterna”. Habló después de la significación de la familia cristiana en la vida de este árbol grandioso que denominamos Sociedad y que está formado por ramas numerosísimas, que son las familias, las cuales siendo verdaderamente cristianas le darán vida de cristiana restauración. Durante la comunión, resonaron los cánticos en aquella cripta como en una de las viejas catacumbas de los primeros cristianos. Y uno de los que se acercó a recibir a Jesús en aquella comunión expiatoria fue Antoni Gaudí.
En 1919, mosén Balcells fue nombrado lector del Sínode Diocesà; y en 1920, cura ecónomo de la parroquia Major de Santa Anna, director general de la Lliga d’Acció Catòlica de la Dona, presidente de la sección de propaganda de la Associació d’Eclesiàstics, director de la Congregación de la Inmaculada y San Luis Gonzaga del colegio de Jesús Maria y director de la Associació Escolar Femenina.
El domingo 16 de mayo de 1920, las asociadas del Patronat d’Obreres del Poblet visitaron las obras de la Sagrada Família. En su homilía, el Dr. Balcells invocó a la Sagrada Familia para que el espíritu que muestra el Templo, levantado a fuerza de trabajos y sacrificios, transcienda en el hogar, dirigiendo el alma al cielo, como al cielo se elevan los campanarios, alabando al Señor con la aclamación del “Hosanna”.
El 28 de noviembre de 1920, el Obispo de Barcelona, Dr. Guillamet, unificó las tres ramas femeninas de la Acció Catòlica y nombró al Dr. Balcells consiliario.
En aquel año, el 10 de marzo de 1920, la antigua entidad Montepío de Santa Madrona, que agrupaba a 6.000 socias, se integró en la Obra Social de la Caixa -fundada en 1904 y dirigida por el gran cristiano Francesc Moragas i Barret- y cambió su nombre por el de “Institut de la Dona que treballa”. El Dr. Balcells fue nombrado en 1921 consiliario por el Obispo de Barcelona. Desde este cargo, estableció una sólida amistad con los altos directivos de la Caixa. También fue nombrado director delegado de la Arxiconfraria de l’Oració Continua pel Papa.
Poco después, en 1921, el Dr. Balcells fundó la Caixa Social del Patronat Social Escolar d’Obreres del Poblet, entidad destinada a fomentar el ahorro entre las chicas, preservarlo y remunerarlo. A los pocos meses, se dio cuenta de que se debería abrir al público, pero tenía sus dudas sobre la influencia de los impositores –en aquel barrio anticlerical- y la posible competencia con la Caixa, que entonces era entendida como una entidad de finalidades benéficas.
No obstante, el Dr. Balcells observó que la Caixa había absorbido las diferentes entidades financieras diocesanas que desde el siglo XVIII se habían desarrollado al amparo de la Bula de Benedicto XIV de 26-XI-1752, la cual consideraba vigente. Por tanto, estas funciones de banco diocesano con control eclesiástico las podría desarrollar la Caixa Social del Patronat d’Obreres, que abrió al público con el nombre de “Caixa d’Estalvis de la Sagrada Família”, con el asesoramiento y la colaboración de altos directivos de la Caixa, singularmente de Francesc Xavier Cunill, cuya hermana Joaquima era la más estrecha colaboradora del Dr. Balcells en sus apostolados.
El Obispo de Barcelona le nombró en 1922 tesorero del Consell Diocesà de la Santa Infància; y en 1925, vocal de la Junta Diocesana per a la celebració de l’Any Sant. Mientras, el número de chicas atendidas por el Patronat Social Escolar d’Obreres del Poblet aumentaba y en 1925 adquirieron el edificio de la calle Sicília n. 249-251, con lo que la capacidad total creció a 826 alumnas a la vez en 13 aulas y habitación para 50 personas.
Desde 1926, el Dr. Balcells fue consiliario de la Junta Diocesana d’Acció Catòlica Femenina; y fue nombrado consultor de la Junta Diocesana de Associacions Catequètiques, director interino del Patronat d’Obreres d’Hostafranchs, consiliario en Barcelona de la Federación de Maestros Españoles, consiliario del Sindicat Barcelonès de l’Agulla, vocal de la Junta Diocesana del Congreso Catequístico de Granada, director del Rober del Sagrat Cor y presidente de la Federació de Patronats d’Obreres de Catalunya.
En 1930, fue nombrado presidente del comité ejecutivo de la Junta Diocesana d’Acció Catòlica, consiliario general de la Acció Catòlica en Barcelona, miembro de la comisión organizadora del III Congreso Catequístico de Zaragoza y miembro de la Comissió de Vigilància. Y en 1931, vocal de la Obra Pontifícia de la Santa Infància.
En 1933, presidió la primera asamblea de la Joventut Catòlica Femenina en Montserrat, y fue nombrado consiliario de la Junta Diocesana de Acció Catòlica y del consejo director de la Acció Catòlica Femenina.
En 1934, formó parte del comité pro-Santa Missió en Barcelona con motivo del Jubileo de la Redención; y en 1935, vocal de la Obra Pontificia de la Santa Infància, presidente de la sección de propaganda escrita de la Associació d’Eclesiàstics y consiliario de la Unió Diocesana de Dones d’Acció Catòlica.
La labor y la valía personal del Dr. Balcells transcendían la diócesis de Barcelona. Así, el cardenal Vidal i Barraquer, arzobispo de Tarragona –archidiócesis a la que pertenecía entonces la diócesis de Barcelona- le quería hacer obispo a finales de 1935, pero el propio Dr. Balcells se opuso.
Comenzada la Guerra Civil Española, la más grande preocupación del Dr. Balcells fue salvaguardar los ahorros de tantas chicas y familias depositados en la Caixa d’Estalvis de la Sagrada Família, cosa difícil por tratarse de una entidad pseudo eclesiástica.
Por esto no se escondió, arriesgando su vida en aquellos meses de persecución a muerte de los sacerdotes. En julio de 1936, fueron destruidas la iglesia y la casa rectoral de Santa Anna y el Dr. Balcells fue acogiéndose a la generosa hospitalidad de diversas familias, que con este acto ponían también en riesgo sus vidas.
El Dr. Balcells, además, en colaboración con Francesc Xavier Cunill, conseguía y negociaba con los jefes anarquistas los rescates de los sacerdotes y otras personas que habían sido apresadas en los diversos centros de detención, singularmente el de Sant Elies, en una labor similar a la que hacían los Mercedarios en la Edad Media con los cristianos prisioneros del Islam. Así ocurrió con los tres hermanos Homs, los tres presbíteros, detenidos el 16 de setiembre. El 6 de octubre, Xavier Cunill pagó el rescate a cambio de sus vidas. En cambio, no llegó a tiempo para salvar a un gran amigo de Gaudí, el padre jesuita Ignasi Casanovas. Cuando llegó Xavier Cunill con el dinero, le comunicaron que “Ha sido fusilado a las 5 de la mañana”, por tratarse de un sacerdote y, además, jesuita.
¿Cuántos rescataron o intentaron rescatar, liberándolos de la tortura y de la muerte? Seguramente, muchos más. A finales de 1936, sus amigos de la Caixa, que tenía la garantía del Estado, le permitieron depositar en custodia todo el pasivo de su Caixa de la Sagrada Família, con lo que sus modestísimos impositores no perdieron sus ahorros. El Dr. Balcells podía desaparecer tranquilo y los mismos jefes anarquistas a los que pagaban los rescates se ofrecieron a sacarle a él y a Xavier Cunill de país a través de los Pirineos, a cambio de 3.000 pesetas por cada uno.
El 3 de marzo de 1937, les llevaron en un coche hasta un bosque en las inmediaciones de Sant Salvador de Toló (hoy municipio de Gavet de la Conca, Pallars Jussà), donde llegaron la mañana del 4. Allí les debían recoger los guías que les conducirían andando hasta Andorra. En vez de ello, fueron asesinados y, para evitar investigaciones, enterrados allí mismo. Los anarquistas comunicaron a Ramon Cunill, el hermano de Francesc Xavier, que él y el Dr. Balcells habían cruzado la frontera con éxito.
Sus cadáveres fueron reconocidos porque, en previsión, habían cosido en el forro de la ropa unos papeles con sus nombres.
Acabada la Guerra Civil Española, se erigió un monolito de piedra seca. Los restos mortales del Dr. Balcells fueron trasladados al cementerio de Poble Nou el 18 de abril de 1943, propiedad de los hermanos Cunill; quedando los de Francesc Xavier Cunill en el lugar, actualmente desconocido.
Jaume Llonch i Solà nació el 6 de abril de 1890 en Santa Perpètua de Mogoda (Vallès Occidental). Era hijo de Josep Llonch, de oficio ladrillero, y de Fidela Solà, de Sant Martí de Provençals (hoy Barcelona). Fue bautizado el 13 de abril, con los nombres de Jaume, Josep y Antoni; siendo sus padrinos Jaume Llonch i Fité, labrador de Santa Perpètua de Mogoda, y Eulàlia Torras i Mañosa, de Lliçà d’Amunt. Era el sexto de ocho hermanos: Núria (1876), Josep (1879), Josepa (1879), Pere (1883), Joan (1886), Jaume (1890), Josep (1893) y Maria Àngels (1899).
Jaume estudió en el Seminario de Barcelona. Fue ordenado “servitio Eclesiae” en 1916 y siguió la carrera eclesiástica: fue coadjutor sucesivamente de Santa Eulàlia de Ronçana, Premià de Mar, Sant Pere de Terrassa, Badalona y la Sagrada Família.
En 1923 fue nombrado coadjutor de la tenencia parroquial de la Cripta de la Sagrada Família. Era el organista y dirigía los cantos del pueblo en las celebraciones litúrgicas.
Mosén Jaume Llonch intervino en el entierro de Antoni Gaudí, el sábado 12 de junio de 1926 por la tarde. Encabezando al clero de la Sagrada Família, recogió el féretro del arquitecto en la puerta de la Catedral, asistido de mosén Jaume Vilar, mosén Ramon Vall, mosén Manuel Torner y mosén Jaume Colet.
La comitiva llegó a las obras del Templo a la puesta de sol. Depositaron el féretro en el lugar del futuro altar mayor y mosén Jaume Llonch entonó un responso. Seguidamente, el Orfeó Català cantó la absolta “Libera Me” de Victoria.
El jueves siguiente tuvieron lugar en la Cripta varias misas de funeral por el alma de Gaudí. Mn. Jaume Llonch celebró la solemne de las 8 h.: fue la “Misa de Réquiem” en canto llano y gregoriano, como le gustaba a Gaudí. Al acabar, entonó un responso ante su tumba.
En 1931, al ser erigida la Cripta de la Sagrada Família en parroquia, mosén Jaume Llonch fue nombrado su primer vicario.
Vivía en la calle de Bailén, 95-97, 4.º, 2.ª, con la familia de la señorita Anna Biern.
El mismo día que estalló la persecución religiosa, 19 de julio de 1936, desoyendo los consejos, se dirigió a la Cripta a celebrar la habitual misa de 6 h. Iba sin sotana, vestido de paisano y, así, sin haber podido celebrar la misa, pudo regresar a su domicilio. Al día siguiente, se escondió en casa de su amigo el Dr. Pujol. Pero la poca confianza en una sirvienta, que podía denunciarle, determinó que abandonara el escondite. Regreso a casa de la familia Biern, donde le indicaron que habían sufrido registros y estaban permanentemente vigilados, esperando precisamente cazarle a él. Se hicieron llamadas de auxilio y respondió Francesc d’Assís Diéguez i Foguet, que se ofreció a esconderle en su domicilio de la ronda de Sant Pere, 58, 3.º, 1.ª, que compartía con su hermana mayor Mercè y su hermana menor Josepa, ambas también solteras.
Allí permaneció mosén Jaume, saliendo del piso sólo una vez unos minutos, mientras se tramitaba su marcha al extranjero.
Pero el 16 de septiembre, a las 19 h., una patrulla anarquista lo descubrió y se presentó en la vivienda. Se llevaron a mosén Jaume, a Francesc y a Mercè.
Mosén Jaume fue asesinado la noche del 17 al 18 de septiembre en Can Tunis. Tenía 46 años. Su cadáver ingresó en el depósito judicial del Hospital Clínic a las 7 h. del día 18, con la ficha 3 B.
Mercè y Francesc d’Assís fueron asesinados dos noches después, la del 19 al 20, tras sesenta horas de vejaciones, hambre y sed. Tenían 50 y 34 años.
En el Hospital Clínic, los cadáveres eran fotografiados y, si los familiares no venían a recogerlos antes de tres días, eran enterrados como “indocumentados” en la fosa común del cementerio de Montjuïc. Así ocurrió con el de mosén Jaume Llonch i Solà, “3B”, el 20 de septiembre de 1936.
Agustí Mas i Folch nació el 6 de diciembre de 1866 en Barcelona, calle de los Mahonadors, n. 9, 1º. Era hijo de Josep Mas, natural de Ponts (La Noguera) y de Antònia Folch, natural de Guissona (La Segarra). Recibió el bautismo en la Catedral el 9 de diciembre.
Fue monaguillo del Oratorio de San Felipe Neri de Barcelona y allí sintió la vocación sacerdotal. Estudió en el Seminario de Barcelona, con la vista puesta en el Oratorio. Recibió el subdiaconado en las témporas de Santísima Trinidad de 1888, el diaconado en mayo de 1889 y el presbiterado en las témporas de Pentecostés de 1890, a los 23 años; y pasó a vivir en el Oratorio.
Los oratorianos, conocidos como “felipons”, centraban su actividad sacerdotal en el confesionario y en la dirección espiritual de almas. 
Pocos años después, hacia 1894, Antoni Gaudí empezó a acudir al Oratorio y se integró en el “Oratorio Parvo”, destinado a los seglares y cuyo consiliario era el Dr. Torras i Bages. Antoni Gaudí era amigo de otro sacerdote del oratorio, el P. Lluís Maria de Valls i Riera, a quien tomó como director espiritual.
Gaudí fue encarnando las prácticas más características de la espiritualidad de san Felipe Neri: el redescubrimiento de la confesión como un sacramento cotidiano, la oración asidua, la eucaristía diaria, el contacto también diario con la Biblia, el ejercicio de la caridad con los hermanos y la devoción a la Virgen.
Y, ¡cómo no!, entendió las dos grandes intuiciones de san Felipe Neri, de valor permanente, si bien forjadas en el momento histórico de la Contrarreforma.
La primera: que todo aquello que tiene valor artístico lleva a Dios, que la Belleza lleva al Bien; y ésta fue una de sus finalidades al fundar el Oratorio: poner de nuevo el Arte, comenzando por la Música, al servicio de la Iglesia católica.
La segunda: el retorno a la primitiva Iglesia y al amor mutuo de los primeros cristianos, que era el vínculo entre ellos y el ejemplo permanente para todas las generaciones.
Tanto el P. Lluís Maria Valls como el entonces joven P. Agustí Mas eran grandes liturgistas. Junto con otro seglar del Oratorio y amigo de Gaudí, Lluís Millet, fundador del Orfeó Català, abanderaron en Catalunya la renovación del canto litúrgico que se estaba produciendo en toda la Iglesia católica, en tres direcciones: promoción de una polifonía cada vez más de acuerdo con la dignidad de las celebraciones, restauración del canto gregoriano y canto popular en lengua vernácula.
El P. Mas era el gregorianista. Aquel año 1894 tradujo del francés la obra divulgativa de M. C. Chartaud “Chant Grégorien, Grammaire élémentaire”. También viajó a Solesmes, el gran monasterio benedictino que era el centro mundial de restauración del canto gregoriano y en general de toda la liturgia romana, al frente del cual estaba el abad dom Guéranger.
Tres años después, en 1897, el Orfeó Català actuó en los oficios de la Semana Santa del Oratorio. Y entonces Lluís Millet constituyó permanentemente con algunos de sus cantores la Capella de Música de Sant Felip Neri, que interpretaba el canto litúrgico en la triple dimensión de la polifonía clásica –que se confunde con la obra misma de san Felipe en la Roma del siglo XVI-, el canto gregoriano y el canto popular. El maestro comparaba éstos últimos respectivamente a María, solitaria y contemplativa, y a Marta, ocupada y a veces distraída, pero ambas amadas por Jesús. Desde el Oratorio de Barcelona, pues, se difundieron en toda Catalunya la obra de Palestrina –singularmente la “Misa del papa Marcello”-, la gregoriana “Misa de Angelis” y el canto popular en lengua catalana.
El P. Mas fue nombrado por el Obispo de Barcelona, el cardenal Casañas, miembro de la Comisión de Música Sagrada de la diócesis. Y dirigió la edición en tipos gregorianos de los cantos de la Semana Santa, a pesar de las dificultades enormes que suponía la falta de tipos gregorianos y de tipógrafos especializados en Barcelona.
Y así, la iglesia del Oratorio se distinguía por el decoro y la ferviente romanidad con que se vivía la Liturgia. No obstante, no se trataba de una espiritualidad, sino simplemente de una estética y una pedagogía del más genuino sentido oratoriano. El movimiento litúrgico de dom Guéranger llegaba al Oratorio desde fuera, desde los núcleos influenciados por el Dr. Torras i Bages, a los cuales pertenecía Antoni Gaudí, lector diario de los tomos desgastados y desencolados de dom Guéranger. Es decir, la aportación que hacía el Oratorio al movimiento litúrgico que arraigaba en Catalunya era exclusivamente a nivel práctico y divulgativo, siempre en tono menor, aunque muy bien afinado, en comparación con un Solesmes o un Montserrat o con la grandiosidad magnífica con que Gaudí describía los futuros cultos solemnes de la Basílica de la Sagrada Família.
Precisamente en el presbiterio de la iglesia del Oratorio, Gaudí quedó inmortalizado en 1902. El pintor Joan Llimona quiso usar como modelo de san Felipe Neri “al más ilustre y más venerable barbudo que se podía encontrar en el Oratorio todos los días en la función vespertina”, en dos enormes cuadros.
En el de la derecha, titulado “Deo gratias”, el santo explica la doctrina cristiana a una multitud de muchachos y jovenzuelos en Sant’Onofrio.
En el de la izquierda, titulado “Alabat sia Déu”, el santo está celebrando misa, en el momento de la elevación, cuando se produce el milagro de la levitación y su rostro, las facciones de Gaudí, se transfigura.
El 22 de noviembre de 1903 –cuando la “Capella de Música de Sant Felip Neri”, de cuya difusión del canto gregoriano era protagonista e impulsor el P. Mas, llevaba más de seis años funcionando-, el papa san Pío X restauró oficialmente el gregoriano como canto oficial de la Iglesia latina. Su Motu proprio fue recibido con gran alegría en el Oratorio de Barcelona, cuya iglesia fue la primera de Catalunya donde, siguiendo los deseos del Papa, se instauró la participación de los fieles, del pueblo, en el canto litúrgico.
Gaudí ya preveía la participación del pueblo en el canto de las misas solemnes y se lo aprendió de memoria. Y el P. Mas hizo una segunda edición traducida del “Chant Grégorien, Grammaire élémentaire” de Chartaud.
Ahora bien, Chartaud representaba una corriente de interpretación distinta de la adoptada por los benedictinos de Montserrat, liderados por dom Sunyol, que seguían lo que se hacía en Solesmes. Naturalmente, para un fiel normal era difícil percibir estas diferencias de escuela, pero el hecho es que el P. Mas fue superado ampliamente por los benedictinos de Montserrat, que asumieron el papel que les correspondía de restauradores del canto gregoriano en Catalunya e incluso en Europa. El P. Mas quedó marginado del proceso: no quería adoptar el sistema rítmico de Solesmes y al final fue el último gregorianista de Catalunya que no lo hizo.
El P. Mas y Antoni Gaudí dialogaban de un modo controvertido sobre el canto gregoriano, del que el arquitecto era el alumno y el sacerdote el maestro. Probablemente, las discusiones serían fuertes, ya que los caracteres de ambos lo eran.
El miércoles 17 de agosto de 1921, a las cinco y media de la mañana, falleció el P. Lluís Maria de Valls, director espiritual de Antoni Gaudí. Entonces, o quizá antes debido a la enfermedad, el P. Agustí Mas le sustituyó en esta función. Gaudí tenía 69 años y el P. Mas iba a cumplir los 55.
El P. Mas, además de divulgador del canto gregoriano, era muy apreciado por su don de consejo, en la guía espiritual de almas. Y era un docto moralista y un correcto escritor. Era ejemplarmente austero y penitente, sin que nada destacase de la conducta ordinaria de un sacerdote oratoriano. Tenía las piernas llagadas, y a las preguntas de interés por su mal, solía responder con elegante indiferencia.
Su vida oscilaba entre el confesionario –dedicado sobre todo a sacerdotes jóvenes y a seminaristas, para los que dotaba becas de estudio- y su inefable habitación, repleta de papeles, donde trabajaba en la censura de escritos y la corrección de textos litúrgicos. Era muy laborioso y el Obispado le encargaba gran cantidad de dictámenes para la censura eclesiástica. Por otra parte, sabía las rúbricas de memoria y de sus manos salían sin erratas los anuarios litúrgicos oficiales del Obispado, los impresos de calenda y cómputo, y la mayoría de los calendarios y santorales que se publicaban en Barcelona.
La celda del padre Mas estaba en uno de los ángulos del deambulatorio del primer piso de la vetusta residencia del Oratorio de Barcelona. Desde la entrada, era como un pasillo estrechado por las estanterías de libros, y en el fondo una holgada mesa de estudio, junto a un balconcillo recayente sobre la calle de la Palla. Frente a la mesa, un reclinatorio, una estola violácea, una silla y la puerta de acceso al dormitorio.
Sobre una columna, emergía la testa de san Agustín, el santo de su nombre. Sobre la mesa de trabajo, libros y papeles: volúmenes de Teología Moral, con muchas orejillas de papel registrando páginas de frecuente consulta; montones de galeradas de futuros libros, pasados por el Obispado para que los censurase, y papeles de toda clase, incluyendo los de música.
El padre Mas era muy amante de su celda. Apenas salía: para celebrar la santa misa, para atender del confesionario, y poco más.
En aquella época de madurez, había emprendido la compilación histórica del Oratorio de Barcelona, comenzando por su fundador dom Olegari de Montserrat, en 1694, después Obispo de Urgell, y el P. Francesc Bofill, que dotó la casa con magnificencia. Por su pluma pasaron las historias del P. Jacint Suyls, el P. Jaume Vallés, el P. Valentí Pla, II Prepósito de la casa, sucesor del P. Montserrat; el P. Josep Font, el P. Antoni Albertí, el P. Josep de Lapeyra, el P. Antoni Manent, el P. Francesc Fontseca, el P. Agustí Carús, III Prepósito, el mayor en santidad desde la fundación de la casa, con milagros públicos; el P. Francesc Figueras, el P. Josep Casassayes, el P. Pau Tarrassa, el P. Quirze Saurí, el P. Nicolau Saurí, el P. Francesc Elias, el P. Raimon Ferrer, el P. Francesc Amigó, etc.
De los tres primeros prepósitos, había dimanado en la casa una tradición viva de austeridad, fruto del connubio de la austeridad catalana, elevada a pobreza por el Dante, y la austeridad de san Felipe Neri.
Sí dejó publicados la “Vida del Beato Juan Juvenal Ancina”, “Ascética de San Felipe Neri”, “Escenas de la Vida de Nuestro Señor Jesucristo para la infancia”, “Escenas de la Pasión del Señor”, “Las Parábolas de Nuestro Señor Jesucristo dedicadas a la infancia” y la “Historia Sagrada, Antiguo y Nuevo testamentos”. Y tradujo los “Nuevos planes de sermones para las dominicas y fiestas del año”, de Howe; la “Vida de Santa Paula”, del dominico P. Genier, y el “Espíritu de San Felipe Neri”, del P. Louis Busserau. Jamás quiso percibir honorarios, que entregaba generosamente a los editores.
El P. Mas fue elegido Prepósito del Oratorio de Barcelona en 1933. Ya hacía tiempo que veía acercarse la Revolución y auguraba de una manera concreta: “Incendiarán los templos, asesinarán a los sacerdotes; se acerca la hora tremenda, con su séquito de horrores indecibles”. Y solía terminar así: “Harán lo que querrán”.
Al restaurarse el culto en Santa Maria de Poblet, el P. Mas hizo confeccionar una casulla blanca con destino a la iglesia mayor de aquel monasterio, donde habían tenido gran veneración las reliquias de san Felipe Neri. La misa de reconciliación fue concelebrada el 20 de octubre de 1935 por el cardenal Vidal i Barraquer y dom Francesc de Font-Froide, abad de Cuixà.
Iniciada la persecución religiosa a finales de julio de 1936, el Dr. Irurita, Obispo de Barcelona, el 29 de noviembre de 1936 nombró vicarios generales para la anormal situación a tres oratorianos: el P. Mas, el P. Artigues y el P. Torrent.
Pero el P. Mas ya era mayor y no llegó a ejercer esta función, que recayó en el P. Torrent. El P. Mas, a sus 70 años, se refugió en el piso de la señora Teresa Salarich, en la calle dels Arcs, n.º 8, con dos sacerdotes más, Mn. Eudald Canturri i Baró y un tercero, que abandonó aquel escondite en diciembre.
El 15 de febrero de 1937 fueron descubiertos por una patrulla anarquista, que detuvo a la señora y a los dos sacerdotes y los internaron en la prisión anarquista de Sant Elies (actual parroquia de Santa Agnès).
Al cabo de un mes, la noche del 15 al 16 de marzo de 1937, el P. Mas, Mn. Eudald Canturri, Mn. Fidel Doce i Vázquez y Mn. Ramon Bordes i Mallol fueron sacados de la prisión y conducidos a Montcada, donde los cuatro sacerdotes fueron asesinados. El cadáver del P. Mas ingresó en el cementerio de Montcada con la ficha 514. Fue identificado por el P. Torrent, quien compró un nicho y le dio sepultura. Transcurridos cincuenta años, sus restos pasaron al osario.
Jueves, 31 de mayo
Pedro Tarquis
Antonio Aradillas
Juan Fernandez Krohn
Universidad Pontificia Comillas
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo