Blog de Josep Maria Tarragona

Subirachs, in memoriam

21.04.14 | 20:12. Archivado en Arte, Sagrada Família

Josep Maria Subirachs era una persona encantadora, con quien se podía tratar llanamente. Como Gaudí, vestía y se comportaba de manera sencilla y corriente.
Era un artista plástico polifacético: grabador, pintor, dibujante, escultor, etc. Y también muy trabajador: formado en los parámetros clasicistas del novecentismo, viajó a la abstracción y regresó al expresionismo. Como Gaudí, experimentaba con los más diversos materiales: cerámica, hierro, madera, hormigón, vidrio, etc., obteniendo todo tipo de texturas superficiales.
Subirachs tuvo el mérito de popularizar el arte vanguardista en las calles de Barcelona y un momento álgido como artista con la portada del santuario de la Virgen del Camino (León, 1959), una espectacular obra de arte religioso.
De 1987 a 2005, se dedicó a la gigantesca tarea de las esculturas de la Fachada de la Pasión, dibujada por Gaudí al volver de la convalecencia de Puigcerdà (1911), donde meditaba las obras de Juan de la Cruz. Considerada aisladamente, la Fachada de la Pasión proyectada por Gaudí era una de sus mejores obras de madurez, quizás la parte de la basílica más genuinamente gaudiniana. Con la Sainte Chapelle de san Luis y las Pasiones de Bach, formaba la tríada de las mejores obras de arte que la humanidad ha dedicado a la Pasión de Nuestro Señor.

La intervención de Subirachs fue, es y será polémica, ya que se trataba del primer intento consciente de hacer en la Sagrada Família algo antigaudiniano. Él esculpía "contra la naturaleza", que odiaba como artista, y su concepción del cristianismo era opuesta a la de Gaudí.
Que esto haya sido bueno o malo, el tiempo lo dirá, como también juzgará toda la obra de Subirachs. Referente a sus esculturas de la Fachada de la Pasión, creo que perderán protagonismo que se les da y terminarán siendo unas más de la basílica.
En todo caso, cumplen el deseo-profecía de Gaudí: "La vida del Templo debe depender de las generaciones que se lo transmiten y con las que vive y se encarna."
Y nuestra generación es erotizada, atea y relativista.

Descanse en paz.


Gaudí y el padre Manyanet

27.03.14 | 16:53. Archivado en Antoni Gaudí, Biografía

En la biografía de Gaudí, la basílica de la Sagrada Família es fundamental desde 1883. El arquitecto tenía entonces 31 años y el resto de su vida se fue identificando con aquel encargo hasta convertirse en El arquitecto de la Sagrada Família.
Pero la Sagrada Família tenía su propia vida antes del encuentro con Gaudí. En su concepción y primer desarrollo, Gaudí no estuvo presente. Fue obra de otras personas, entre las que destaca el padre Manyanet, fundador de la congregación religiosa de los Hijos de la Sagrada Família de Jesús, María y José.

¿Qué relación y mútuas influencias tuvieron Antoni Gaudí y san José Manyanet? El biógrafo del padre Manyanet, Josep Maria Blanquet, ha estudiado a fondo la documentación ya conocida y bastante más inédita y ha reunido sus conclusiones en El Origen de la Sagrada Família - José Manyanet, el inspirador.

El edificio de la Sagrada Família, como toda gran catedral cristiana, tiene su biografía espiritual. Josep Maria Blanquet presenta con rigor historiográfico su inicio y su entrelazamiento con la biografia de Antoni Gaudí a través del padre Manyanet y de las demás personas implicadas en mayor o menor grado, como el librero Josep Maria Bocabella, el padre Josep Maria Rodríguez o el poeta mosén Jacint Verdaguer.

El libro aparece en español y en catalán, publicado por editorial Claret.


Entierro del humanista Antonio Blanch

31.12.13 | 19:14. Archivado en Iglesia, Sociedad

El penúltimo mediodía del año 2013 es frío en el cementerio de los jesuitas de Sant Cugat. Un cementerio familiar y exacto, para mi boda, para tu boda con lo exacto. La luz entra a través del ramaje de los pinos, que se extienden cuesta arriba del Collserola hasta la otra vertiente, la del mar, donde Barcelona engulle el pequeño pueblo de Sarrià.
Entra en el cementerio exacto el féretro de un señor de Sarrià, los restos mortales de una vida que ha merecido la pena ser vivida, seguido de los sacerdotes y del pueblo. Es Antoni Blanch, el amigo disponible para cualquier servicio, el maestro luminoso, el humanista a quien el estudio no condujo hacia el cinismo, sino a la esperanza trufada de optimismo, siempre mirando adelante.
Imagino un cadáver muy elegante dentro del ataúd , como Antoni había sido siempre, dando una clase con severidad y ternura, cenando familiarmente con los amigos, jugando al tenis, subiendo una montaña con un equipo excursionista impecable, revestido para celebrar la eucaristía, con la bata blanca para cuidar a un hermano enfermo. Un señor de Sarrià que alcanzaba la máxima ignaciana de no perder punto de perfección en todas las actividades que se realizan.

Antoni Blanch era un humanista riguroso, un sabio a quien las cosas saben como realmente son. Un buscador y catador de la belleza, camino que nos abría a los demás a través de Dostoievski, de Tolstoi y de las literaturas castellana y francesa. Son muestras El hombre imaginario. Una antropología literaria (1995 ) y El espíritu de la letra. Acercamiento creyente a la literatura (2002 ) .
La belleza, integrada en su bondad, le conducía a la verdad, a la experiencia de Dios. Descansa en paz, servidor y amigo fiel de Jesucristo. Ahora estás para siempre en la compañía de Jesús.

¿Diálogo entre fe y cultura? El cristianismo necesita, singularmente en nuestro país, humanistas de la talla de Antoni Blanch y con su espíritu, educados y equilibrados, que no hablen del pasado, sino hombres de una fe sin grietas que hablen del presente y del futuro.

Català


Iglesia española e Iglesia catalana III

26.12.13 | 13:12. Archivado en Iglesia

La extirpación del término Iglesia catalana tuvo un efecto positivo. Se trataba de sustituirlo por el término Iglesia española en el territorio de la Conferencia Episcopal Española, tal como en el territorio de la Conferencia Episcopal Francesa no existe tampoco una Iglesia catalana con la diócesis de Perpignan.
Ahora bien, Iglesia española es sinónimo de Iglesia anticatalana, una Iglesia que gasta cada año millones de euros en fomentar el odio étnico a los catalanes y que, en abierta contradicción con los textos oficiales publicados de la Doctrina Social de la Iglesia y con el magisterio del inminente santo Juan Pablo II, declara inmoral la nación catalana.
¿Qué puede hacer, entonces, un obispo nombrado para una diócesis cuya sede está en Catalunya? Depende. Si está de acuerdo, disimular al máximo para no resultar odioso mientras va haciendo su trabajo y cumpliendo su misión. Si prefiere acercarse a las ovejas que le han sido asignadas, no para liderarlas políticamente, sino para evangelizarlas, aplicar sus conocimientos de eclesiología.
En ambos casos, no hablará nunca en Catalunya de la Iglesia española. Sí lo hará en sus viajes a Madrid y por España; pero en Catalunya, no.
En Catalunya, hablará de la Iglesia católica, que se hace presente en Roma, Madrid, Toledo, Tarragona o Terrassa. Primero de Teología.
Si, siguiendo el criterio de Balmes, de Torras i Bages y de Vidal i Barraquer -él se titulaba a sí mismo Metropolitano de Catalunya-, es de los que se admiran como Tomás de Aquino de una realidad existente fuera de su mente, la cual es interesante conocer para amarla, hablará de una Iglesia que peregrina, vive, actúa y trabaja en Catalunya. Y, matiza el cardenal Lluís Martínez Sistach, como tal puede llamarse a nivel coloquial "Iglesia catalana", como se hace desde antiguamente.

La desaparición de la Iglesia catalana y la reducción de este nombre a una anticuada expresión sólo admisible en el nivel coloquial es un hecho positivo, cuya positividad se verá cada vez con más claridad a medida que avancen la globalización y, en Catalunya, la diversidad social, cultural y política.
¿Asistiremos a la desaparición de la Iglesia española y la reducción de este nombre a una anticuada expresión sólo admisible en el nivel coloquial? Opino que también sería muy positivo.


Iglesia Española e Iglesia Catalana II

17.12.13 | 18:10. Archivado en Iglesia

La respuesta de la Conferencia Episcopal Española a la petición de los obispos catalanes de recuperar el reconocimiento jurídico que su unidad pastoral tenía desde su fundación por San Pablo o sus inmediatos discípulos y que perdió en el Franquismo fue brutal. Saltaron todas las alarmas del nacionalismo español, tanto entre los propios obispos como en el Partido Popular.
¿Se trataba de una nueva manifestación, ahora en el campo eclesiástico, del invento de unos oligarcas del noroeste de España de una presunta “nación” para acaparar sus recursos y enriquecerse ellos y sus familias a costa de unos españoles vilmente engañados? Se partió en dos la diócesis de Lleida, en su mitad aragonesa y en su mitad catalana, después de ocho siglos de existencia, para colaborar con el PP en la extinción de la lengua catalana en Aragón y para crear y mantener un conflicto religioso, cultural, civil y político con Catalunya desde la diócesis de Barbastro, salvada in extremis de su lógica absorción por la de Huesca. Y se desarrolló un gigantesco aparato propagandístico de odio étnico a los catalanes, sufragado cada ejercicio con millones de euros procedentes de la crucecita en la casilla del impreso del IRPF.
Naturalmente, se intervino el nombramiento de obispos con un comisariado político, de forma que llegaran a su sede con una misión clara y definida. Lo cual tuvo un interesante efecto filológico-histórico: la rehabilitación del precioso adjetivo catalán “valentí-valentina”, un rastro que la influencia de la magna familia Borja en los asuntos eclesiásticos y políticos de la Corona de Aragón había dejado en el diccionario. Según el Institut d’Estudis Catalans, “Valentí” es sinónimo de “Valencià”, pero se aplica especialmente a la Iglesia de Valencia.
Finalmente, se borró del lenguaje la expresión Iglesia catalana. ¿Cómo va a tener nombre una cosa que no existe?


Iglesia Española e Iglesia Catalana

12.12.13 | 20:13. Archivado en Iglesia

El último concilio provincial tarraconense –que agrupa a las diócesis con sede en Catalunya, las cuales incluían entonces territorios de dos estados, Andorra y España y, dentro de éste, de tres comunidades autónomas, Catalunya, Aragón y Valenciana, con habitantes de tres lenguas, catalán, castellano y aranés, y un fuerte parentesco con las diócesis de las Islas Baleares- solicitó en su resolución 138 y ss. el reconocimiento jurídico de su unidad pastoral, por ejemplo mediante una Región Eclesiástica, una circunscripción dentro de la Conferencia Episcopal Española similar a las que existen en Francia e Italia y que queda muy lejos de la figura que la Autoridad Suprema de la Iglesia otorga a las diócesis de Escocia: la Conferencia Episcopal de Escocia.

Como es sabido, Escocia y Catalunya tienen muchas cosas en común. Por ejemplo, pertenecer a la Unión Europea y a unos estados democráticos con, en la actual legislatura, un gobierno conservador. Hay, también, algunas diferencias. Los escoceses trabajan con libras, por suerte para ellos, mientras que Catalunya está metida en el euro. Y, desde el punto de vista político, las encuestas indican que la mayoría de la población de Escocia es partidaria de mantener su país dentro del Reino Unido, mientras que la mayoría de los residentes en Catalunya prefieren ser independientes de España. Quizás esta es una de las razones del fortísimo contraste entre Cameron y Rajoy. Ambos son primeros ministros conservadores de dos estados democráticos y se presentan a sí mismos como demócratas. El primero ha convocado un referéndum en Escocia para que los ciudadanos decidan con su voto lo que quieran, una decisión que él y su partido aceptarán ipso facto. El segundo se opone con todos los medios a que los ciudadanos residentes en Catalunya decidan con su voto lo que quieran en un referéndum libre y pacífico y se opone, incluso, a que dichos ciudadanos sean ni siquiera consultados sobre su opinión al respecto.

En 2015 se cumplirán 20 años de aquella petición de un concilio celebrado en 1995, cuando el más joven de los obispos españoles, Xavier Novell, era un seminarista.


Gaudí y el Papa XXVIII: San Pío X y la Colònia Güell

18.10.13 | 11:07. Archivado en Antoni Gaudí, Biografía

En 1913, la situación económica holgada de la fábrica Güell permitía destinar fuertes sumas de dinero a la construcción de la iglesia de la colonia, siguiendo el proyecto diseñado y calculado mediante la famosa maqueta “estereostática” de bolsitas de perdigones colgadas de cordeles.

A la altura de la cripta, ya se habían alzado las paredes, las columnas inclinadas, algunas de ellas ramificadas, y los nervios de la bóveda, todos ellos arcos catenarios y algunos de doble curvatura. Los estudiantes de ingeniería la visitaban y comparaban la mecánica de la nueva arquitectura de Gaudí con la del Gótico. Los arcos ojivales y los pilares verticales del Gótico ni contienen las líneas de presión ni contrarrestan en la misma dirección el peso de los arcos. Los arcos catenarios y las columnas inclinadas de Gaudí superaban estos defectos: coinciden exactamente con las líneas de presiones y trasladan el peso de los arcos al suelo completamente.

El 6 de mayo de 1913, el capellán de la Colònia Güell, mosén Gaspar Vilarrubias, fue recibido en audiencia por el papa san Pío X, y le entregó un pergamino con el dibujo de Gaudí del proyecto de esta iglesia revolucionaria, que marcaba en la historia de la arquitectura el inicio de un nuevo estilo, cosa que sólo sucede cada varios siglos.

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La beatificación de los mártires y el cardenal Vidal i Barraquer

12.10.13 | 23:10. Archivado en Iglesia, Sociedad

Cuando el cardenal Vidal i Barraquer coincidió la noche del 23 de julio de 1936 en los calabozos de Montblanc con el arcipreste y los dos coadjutores de aquella población, les bendijo y les pudo dirigir estas palabras: Sacerdotes: todo por la fe, ¡nada por la política!

Como es sabido, en aquella persecución religiosa, fueron inmolados un porcentaje significativo de los presbíteros de Catalunya -entonces una única archidiócesis, de la que él era el arzobispo- y de España, comenzando por su más estrecho colaborador, el obispo auxiliar Manel Borràs.
El cardenal fue salvado gracias a una orden firmada por el presidente Companys, sumándose a los miles de sacerdotes, religiosas, empresarios, familiares de militares alzados, etc. protegidos y evacuados por la Generalitat en connivencia con el cónsul de Italia.

Vidal i Barraquer había sido perseguido por Primo de Rivera por defender la libertad de la Iglesia ante el aprovechamiento político que hacía de ella la primera dictadura, proclamándose oficialmente catòlica en su propaganda. Fue cuando aprendió pràcticamente la lección teòrica de Torras i Bages: Si el problema religioso de España consistiera en crear un estado y una legislación católicos, con todos los deberes y los privilegios de la Iglesia legalmente consagrados, es decir, si fuera un problema político, Primo de Rivera ya lo habría resuelto casi completamente.

Más adelante, había fracasado en su intento de que los católicos españoles se ahorraran las dos o tres generaciones que, con graves efectos en la descristianización de sus países, habían tardado los católicos franceses e italianos en incorporarse a la vida de sus respectivas repúblicas, por lo que había sido duramente atacado por la prensa antirrepublicana, mayoritariamente católica.

Durante la Guerra Civil, el cardenal de la paz trabajó incansablemente para ayudar a los sacerdotes escondidos en la zona roja, para obtener de Franco indultos de penas de muerte y para que los dos bandos hicieran un armisticio y las diferencias se resolvieran mediante una conferencia internacional. Y, cuando Franco propuso al cardenal Gomá que el episcopado difundiera un documento colectivo que contrarrestase la hostilidad que la prensa católica internacional manifestaba hacia su rebelión, considerada ilegítima por la mayoría de los intelectuales católicos europeos y americanos, lo desaconsejó y resistió todas las presiones y amenazas para firmarlo.

Así, Vidal i Barraquer salvó ante la historia y ante la Iglesia el honor del episcopado español, el último episcopado católico que ha participado activamente en una guerra civil.

Vidal i Barraquer no era hostil a la causa de Franco ni contrario a que se hiciera en el extranjero una intensa propaganda sobre la realidad de la persecución religiosa en España, pero no mezclándola con la política. Para él, la Iglesia, los obispos, no podía intervenir en una guerra civil. Mejor dicho, tenía que actuar y mucho, pero no a favor de la victoria de uno de los dos ejércitos, sino de la paz: de la cesación del odio, de las negociaciones diplomáticas y de la reconciliación entre hermanos. Pensaba también en la segunda dictadura, que surgiría de la entonces ya más que probable victoria de Franco, argumentado a Gomá: Se dejan de aprovechar las circunstancias propicias, en el inicio de una nueva era, para probar prácticamente que los obispos están completamente apartados y muy por encima de todo partidismo político, dando así ejemplo a los sacerdotes. (…) Nuestra primordial misión es difundir el Reino de Cristo, trabajar por la libertad de la Iglesia y defender al papa. (…) No quiere esto decir que no debamos amar nuestra patria y ayudar con todas nuestras fuerzas al poder civil en su labor por el bien común, pero debemos hacerlo como sacerdotes y como obispos, cumpliendo siempre ordenada y jerárquicamente nuestros deberes y nuestra altísima misión de paz, caridad y concordia.

Como con Jesucristo, los poderes político y religioso de su pequeña y amada patria se unieron para crucificarlo en vida, silenciarlo y extirpar su memoria después.

Porque Vidal i Barraquer hizo exactamente lo que esperaban los sacerdotes martirizados. El cardenal de la paz fue plenamente coherente con los mártires; dedicó la vida que Dios le había conservado a los mismos ideales por los que ellos la entregaron. Mártires que no fueron de España o de la antiEspaña, aún menos de una guerra y mucho menos civil. La actuación de Vidal i Barraquer después de su martirio justifica plenamente su beatificación, ante los católicos y ante los no católicos de todos los países y de todas las épocas. Una beatificación que los obispos españoles se han visto obligados a puntualizar que no es contra nadie -cambiando el titulo con que se les beatificaba de mártires de la Guerra Civil y de mártires de España y prohibiendo el uso de banderas y pancartas en la ceremonia- y que el arzobispo Pujol explica que tampoco es a favor de nadie.


Las instituciones políticas del pasado no servirán al sucesor de Rouco para crisitanizar la sociedad

10.10.13 | 18:28. Archivado en Iglesia, Sociedad

Observaba Torras i Bages que en las restauraciones del cristianismo en una sociedad nunca ha intervenido la política. San Benito, san Francisco, san Ignacio hicieron su labor sin contar con ella.

Ahora bien, la Iglesia institucional siempre ha buscado la alianza con la potestad secular de cada país y cada época, aunque procurase no casarse con ninguna de ellas, entre otras razones para que cuando cayeran no la arrastraran a ella misma en su caída.
En todo caso, la Iglesia experimenta fuertes sacudidas en las transformaciones políticas que trae consigo el curso de los siglos, porque naturalmente ama a las instituciones en cuyo consorcio ha vivido por largo tiempo. Es el caso del estado español, donde la Iglesia ha sido aliada íntima de la monarquía o del nacionalismo español durante siglos.

Advertía Torras i Bages a sus contemporáneos eclesiásticos: Mas no nos enamoremos nunca de las instituciones que han caído en el sentido de buscar en ellas el espíritu de Cristo. Si en las instituciones políticas pasadas, por excelentes que hayan sido, buscásemos a Cristo, oiríamos aquel divino reproche: “Quid quaeritis viventem cum mortuis?” (El Clero en la vida social moderna (1888) Obras Completas, vol IX, Barcelona: Biblioteca Balmes, 1935, p. 116)

Es una reflexión interesante para el sucesor de Rouco, que deja una Iglesia nostálgica de un régimen político liberticida y nacionalista español, que se gasta cada año millones de euros en fomentar el odio étnico a los catalanes.

Si en el futuro inmediato asistimos, por ejemplo, a la desaparición de la monarquía o a una nueva división de la nación española (todavía no se han cumplido cuarenta años de la última), ¿cómo actuará la Iglesia? Llorará como una enamorada llora la pérdida del amado. Pero el sucesor de Rouco se confundiría tanto como él si pretendiera la restauración cristiana de la sociedad mediante la restauración de las instituciones políticas recién cambiadas por los ciudadanos.


El sucesor de Rouco podría dejar de obligar a los españoles a aceptar ideas políticas determinadas

09.10.13 | 15:29. Archivado en Iglesia, Sociedad

Hace ya más de cien años, Torras i Bages reclamaba que los españoles dejaran de ser una excepción dentro de la Iglesia católica. Glosaba la encíclica Immortale Dei, de valor universal para todos los católicos: Como enseña admirablemente León XIII, no es de la naturaleza de la Iglesia el organizar Estados, ni ocuparse directa y principalmente de las cosas caducas y terrenas, sino que el orden político y social “brota espontáneamente y es una flor de la doctrina del Evangelio”. Y concluía que La Iglesia no tiene un ideal político, ni por su índole especial puede tenerle.

¿Por qué, entonces, los eclesiásticos españoles obligan a los cristianos a admitir determinadas formas o sistemas políticos? No era entonces de sentido común, ni lo es ahora que el episcopado español imponga a los católicos el nacionalismo español y el odio étnico a los catalanes, en vez de manifestar su indiferencia con respecto de las distintas formas, sistemas e ideas políticas.

La conclusión de Torras i Bages puede ser útil al sucesor de Rouco, que podría dar un giro realmente copernicano –cambiar la tierra por el sol como centro alrededor del que giramos- al episcopado español: El clero no debe tener opiniones, sino doctrina, y ésta impersonal, divina, la que es substancia de la vida humana, conveniente y útil a todas las escuelas, a todos los partidos, a todos los sistemas (…) para que si nos piden razón de ella podamos contestar con aquellas evangélicas palabras “Mea doctrina non est mea, sed eius qui misit me” (El clero en la vida social moderna. Obras completas, IX. Barcelona: Biblioteca Balmes, 1935, p. 16 y 23-24).


El sucesor de Rouco podría ampliar generosamente la Iglesia a los no nacionalistas españoles

08.10.13 | 12:38. Archivado en Iglesia, Sociedad

Rouco dejará una Iglesia española identificada con el nacionalismo español en su doctrina, en su actuación pública y en sus medios de comunicación. En el territorio de la Conferencia Episcopal Española, el nacionalismo español es la cultura en que se transforma la fe, cuando está bien vívida por un católico.
Junto a grandes ventajas en épocas de estabilidad social, esta manera de vivir la fe tiene sus inconvenientes, que en la actual y grave crisis del Estado español no se pueden minimizar: la exclusión de los no nacionalistas españoles y la consideración de amplias capas de españoles como enemigos de la Iglesia.

Hace un siglo, Torras i Bages se encontró con una situación similar: la Iglesia era sensiblemente más pequeña, sociológica, ideológica y políticamente que la España que había surgido del hundimiento del Ancien Régime y las sucesivas revoluciones liberales. Es más: el campo católico, ligado a ideologías en retirada social, continuaba empequeñeciéndose.

El sistema político y el sistema social están en perenne transformación, escribía en 1888. Y añadía: No es el clero quien directamente ha de gobernar este movimiento (…). Tiene a su cargo el interés eterno de las almas, y en el continuo flujo de los siglos tócale la conservación del “unnum necessarium” de todo el linaje humano. (…) Nuestra única misión social es dirigir los pueblos a la consecución de la excelencia evangélica (El clero en la vida social moderna. Obras completas, IX. Barcelona: Biblioteca Balmes, 1935).

Al plantear a los obispos que asumieran que su misión es exclusivamente espiritual, Torras i Bages les abría la posibilidad de evangelizar a todos, sin necesidad de circuncidarlos ideológicamente o políticamente para entrar y formar parte de la Iglesia: Hemos de revestirnos de ánimo generoso, ensanchar cuanto podamos los caminos de la Iglesia, llamar a ella aún a los imperfectos y defectuosos y hasta compeler para que entre en la misma a cuantos mendigos y lisiados, ciegos y cojos se encuentren en las plazas y calles de las ciudades.


El sucesor de Rouco podría cancelar la hipoteca del Partido Popular sobre la Iglesia

07.10.13 | 13:00. Archivado en Iglesia, Sociedad

El sucesor de Rouco heredará una Iglesia española hipotecada por el Partido Popular, como tantas familias heredan viviendas con hipotecas que se contrataron por períodos tan largos que obligan a la siguiente generación a seguir pagando cada mes.

Así, el episcopado español dedica cada año millones de euros a la propaganda del Partido Popular y presenta sus ideas políticas, aunque estén en abierta contradicción con los textos oficiales vigentes de la Doctrina social de la Iglesia católica, como el bien moral; sus candidatos, con independencia de su vida familiar y laboral, como los católicos y sus leyes y decretos como la cristianización de la sociedad española.

El sucesor de Rouco podría considerar el ejemplo de Torras i Bages, que a finales del siglo XIX y principios del XX, se propuso y consiguió cancelar la hipoteca del partido carlista. La Restauración (1874) había incorporado muchos de los avances de la Revolución de 1868: liberalismo económico, abolición de la esclavitud, libertad de prensa, legalidad del movimiento obrero, simulacro de elecciones, etc., y su consolidación había arrinconado progresivamente al partido carlista en una ultraderecha nostálgica y sin futuro.

Por lo menos en Catalunya, el 90% o más del clero era carlista y la actividad principal de sus medios de comunicación –entonces no había webs, sino periódicos semanales o diarios- no era polemizar con las ideas anticlericales o anticristianas sino que era atacar a los católicos no carlistas en agrias polémicas públicas, calificándolos de “mestizos” en contraposición a su “integrismo”.

En 1888, el año de la Exposición, Torras i Bages aún no era obispo. Era un sacerdote que, siguiendo la estela de Balmes, escribió El Clero en la vida social moderna (Obras Completas, IX. Barcelona: Biblioteca Balmes, 1935). Constató que el partido católico, entre otras características, no tiene prometida la asistencia del Espíritu Santo y ha dado por resultado muchas veces divisiones, luchas y escándalos.

Es más: Si el clero se junta con algún partido político, y atiéndase que hablamos con referencia a nuestro país y a nuestro tiempo, corre graves peligros. Aconsejaba, pues, a los clérigos huir de las “malas compañías” –los partidos políticos- porque, entre otras razones, de esta manera se salvarán de ser el blanco del odio de los otros partidos militantes.
Y proponía: A nuestro humilde entender, lo que ahora procede es la desligación de la Iglesia de todo sistema político y aún social.

Siglo y cuarto después, al comenzar un periodo de crisis profunda del Estado español, en que se consolidarán cambios de los últimos años y habrá otros nuevos, la reflexión de Torras i Bages puede ser útil al obispo a quien toque liderar la Iglesia en nuestro país.


Sábado, 16 de diciembre

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