Algún viernes que otro, divierte hojear El Mundo, sobre todo en su sección “El zoo del siglo XXI”, a la que afectan menos las obsesiones de su ser supremo por cornear a ZP, hacer la hagiografía del prácticamente desaparecido Aznar, o incensar a Ratzinger, el Papa obseso con eso del sexo. El viernes me lo pasé pipa.
Resulta que Carlos Fresneda presenta a una singular pareja –Donna Sheehan y Paul Reffell-, cuya pretensión no es otra que resucitar aquel delicioso lema hippy: “haz el amor y no la guerra”, que alegró los sesenta, parte de los setenta y por momentos nuestro hoy. Efectivamente, esta pareja de simpáticos puretillas nos invitan a todos (y a todas: no te enfades, Ricardo) a una internacional, qué digo
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Que... mirusté, que dice el Don Fabián que lo de los matrimonios entre personas del mismo sexo es como lo de los campos de exterminio nazis. ¿Que dice eso quién? ¡Qué poca memoria!







En fin, que eso, Don Fabian. Que a ver si se habla con sentido y se predica con verdad. A quién se le ocurre, con lo que tiene en casa, comparar como ha comparado. Ni siquiera es para denunciarle. Es de risa, tronco. Con Dios.
COMENTARIOS
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Es desproporcionada la batería de reacciones que se ha montado, entre los fanáticos islamistas, en respuesta –orquestada- al discurso del Papa en la Universidad de Ratisbona. Sopésense bien sustantivos y adjetivos, pues no hablo de muslimes, o sea, de creyentes musulmanes, sino de las excrecencias fundamentalistas del cuerpo del islam; las cuáles, al igual que las excrecencias fundamentalistas del cuerpo cristiano, son aberrantes e indeseables.
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16.09.06 @ 02:34:47. Archivado en Rysands Posten

Es divertido.
Es aterrador.
Este submundo de las obsesiones religiosas fundamentalistas. Porque distinta cosa es la religión. Algo más serio, que implica –complica, puede- a toda la persona en la (re)construcción de su mundo, codo a codo con el resto de luchadores, hermanos y hermanas. Para construir, no destruir. Así de sencillo.
Pero los fanáticos lo complican todo. Para los fanáticos no es posible el ecumenismo, qué digo, ni la simple vecindad cortés.
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11.09.06 @ 00:16:09. Archivado en Rysands Posten
Tracht más largo del canónico, blanca infamia lederona; mulas rojas le llevan, acémilas cargan el lastre ebrio de su risa, mientras desfilan salmodiando su vivan las caenas.
Rictus cóncavo en ristre, juzga y sojuzga a sus pares con el fiel infiel del mango. La sartén era suya, como del otro la calle. Pero no. La historia verifica. Rá, ra, ra.
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Lo leo en el magnífico blog dosmanzanas; me quedo estupefacto y, del pasmo, paso sin transición al más literal deshueve de risa. Por las barbas del gigante Briareo, ¿qué sería de nosotros sin estos entrañables bimanos, jinetes y amazonas de la más singular y consuetudinaria caspa de las Españas donde sí se puso el sol, y ellos sin enterarse? Gracias, gracias, gracies, merci, thanks, eskerrik asko, obrigado, tante grazie. ¿Qué sería de nosotros sin vosotros, queridos reaccionarios? La tele es taaaaaaaan aburrida. Y
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Sabes, es pecado que Benedicto XVI se convierta -¿en las noches de luna llena?- en Benemérito XVI. O sea. Ratzinger pecó cuando se colocó en su testa destiarada el tricornio de la Guardia Civil. Por mucha ilu que les hiciera a los hijos del cuerpo (cuerpazos, algunos… válame Dios).
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El Papa Ratzinger está echando el resto, también ahora, en su visita apostólica a Polonia. El resto, en ocurrencias. En ocurrencias acordes con su sempiterna obsesión sexual. Con su sempiterna obsesión sexual por el heterosexismo militante, pujante, trinchante… tronchante. Estos Papas… ¡Ay, Señor, Señor!
En Czestochowa el 26 de mayo dijo que la Iglesia necesita sacerdotes santos. Tiene razón. Y Papas santos y con sentido común.
En Varsovia, el día antes: la Iglesia necesita sacerdotes que sean
“maduros, viriles y capaces de cultivar una auténtica espiritualidad”.
No está mal. Es esencial a
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Seguramente, por ser ustedes quienes son, se habrán parado a pensar alguna vez en lo moderno, incluso posmoderno strictu sensu, item más, en lo drag-priest de estética Almodóvar que resulta el imaginario simbólico del libro del Apocalipsis. Ello, por supuesto, sin que uno pretenda faltarle al respeto debido al que es con toda seguridad, para los azacanes de la evangelización y para los sufridores de todos los tiempos y generaciones, uno de los mensajes más esperanzadores de toda la Sagrada Escritura. Cada Cuaresma lo releo, y comencé antier, domingo por la noche. Sus metáforas me llenan de santa consolación, y me hacen sonreír, es más, reir. ¿Qué más se le podría pedir a la Santa Palabra? Incluso para los amantes y entendidos de ese rollito, tiene un airecillo manga. Cosas de la Biblia, cosas de Dios, que es un salao.
¿Qué les parecen los
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Himenoplastia. No menudo palabro, respondiente a falsa realidad: la tela se hace telón, en rompe y rasga a voluntad de la telonera y sus posibles. Ahí es nada. Recuperan ahora aquellos adelantadillos de los EEUU lo que por estos pagos ya zurcía la puta vieja Celestina, alcahueta y –aparejado en el oficio- sastra de virgos, de a tanto la puntada, dependiendo del coño y de su bolsa. La que el fiel Sempronio retrata como “vieja barbuda que se dize Celestina, hechizera, astuta, sagaz en quantas maldades hay. Entiendo que passan de cinco mil virgos los que se han hecho y desecho por su autoridad en esta cibdad”, se estaría haciendo ahora mismo ilusiones de remediar su escasez, teniendo en cuenta la recentísima moda estadounidense. Volver al pasado.
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Las personas homosexuales invisibles son muchas, están por todas partes y hallan sólo relativa seguridad en sus refugios. Ayuntamientos, cuarteles, sacristías, fábricas, escuelas, obras y otros escondites les brindan la coartada que su miedo a existir cree necesitar. Muchos de ellos cristianos mental y espiritualmente torturados por los cuadros dominantes de sus iglesias, durante gran parte de su vida se obstinan en soterrar su orientación afectivo-sexual para negarse a sí mismos, que es negar a Cristo, pues supone renegar de la obra de Dios, ya que Él les ha creado mujeres y hombres homosexuales. Por horas despojándose de su uniforme, sotana,
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No hará ni una semana tropecé por la calle con Ángela, uno de los seres más desdichados que conozco, en su apresuramiento como de tránsfuga, la mirada de orate, esa atmósfera suya de carminativo. Hace años la expulsaron de los neocatecumenales y eso aumentó su trastorno; se enamoró de un cura –siempre han sido su obsesión- y le escribió una apasionada (no puedo decir que hermosa) carta de posesión, que no de amor: “si no eres mío, no serás de nadie”. Él le
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