Monumental corrida por la paz
25.11.06 @ 00:16:16. Archivado en Con el mazo dando, Rysands Posten
Algún viernes que otro, divierte hojear El Mundo, sobre todo en su sección “El zoo del siglo XXI”, a la que afectan menos las obsesiones de su ser supremo por cornear a ZP, hacer la hagiografía del prácticamente desaparecido Aznar, o incensar a Ratzinger, el Papa obseso con eso del sexo. El viernes me lo pasé pipa.
Resulta que Carlos Fresneda presenta a una singular pareja –Donna Sheehan y Paul Reffell-, cuya pretensión no es otra que resucitar aquel delicioso lema hippy: “haz el amor y no la guerra”, que alegró los sesenta, parte de los setenta y por momentos nuestro hoy. Efectivamente, esta pareja de simpáticos puretillas nos invitan a todos (y a todas: no te enfades, Ricardo) a una internacional, qué digo internacional, mundial, universal e incluso cósmica corrida. Provocada, no por polución nocturna. Y esto, el mismísimo día en que los niños de San Ildefonso (oh, deliciosa casulla), de buena mañana, alimentan nuestras esperanzas y decepciones salmodiando religiosamente nuestra buena y mala suerte. Al final, lo que importa es la salud, ya sabes. Cuarenta millones deeeeeee paaaaa jooooooo teeeeees. Ay, Señor, qué cosas.
El binomio Sheehan-Reffell invita a todo dios –es un decir, ya me entiendes- a reservar el día de autos al menos 20 minutillos de nada para fornicar a modo; o, en su defecto, solazarnos en solitario vía manubrio autoimpulsado. O, también, solazar al prójimo vía paja, otra honesta y legítima opción. ¿Por qué razón? Pues al parecer (cualquier motivo es bueno para follar y pajearse en vez de agredir al prójimo) porque si todos (y todas: no me seas suspicaz, Sebastián), más o menos en el mismo período de tiempo, nos calentamos de tan socorrida manera, algo importante puede cambiar en nuestro mundo físico, relacional y diplomático. Por eso no han dudado un solo instante al convocar para –repito, despistadillos- el próximo 22 de Diciembre (¿te imaginas: cuarenta millones deeeeeeeeeeeeeeee coooooooooooooooorriiiiiiiiiiiiiiiiiiiidaaaaaaaaaaaaasssss?) el planetario polvo. Para los amigos de manola, dejémoslo en planetaria corrida.
Claro, esto, a más de los reparos filosóficos que uno quiera hacerle (pocos, tratándose de trabajar por la paz, que es cosa de almas y cuerpos bienaventurados), tiene uno puramente técnico: se nos ha indicado el día, sí, pero ¿a qué hora hay que follar y/o masturbar y/o masturbarse el día D? Hay que ponerse de acuerdo, teniendo en cuenta los distintos usos horarios, y también, por qué no, la universal y socorrida hora internet. Así, mientras en Madrid estamos dale que te pego a las siete de la tarde, en Montevideo se lo montarían a las cuatro más o menos, en Nueva Cork a la una del mediodía, y tal y pascual.
Tenemos que ponernos de acuerdo, pues no debiéramos dejar que se desperdiciara semejante planetaria holganza. ¿Te imaginas? Sería fantástico, ¿no? Veinte minutos durante los cuales no se pega ni un solo tiro, no se suspende a divinis a ni un solo díscolo (homosexual, canónigo respondón, o ambas cosas), no se da a la estampa ningún documento sobre la unidad de destino en lo universal… Ya digo: genial.
Desde este humilde púlpito cibernético les emplazo a todas y a todos a guardar energías orgónicas (bendito W. Reich) y orgásmicas para tal fecha y ocasión. Y así –sonora y efusivamente- explotar al unísono (como una buena antífona de las de antes) el día de la lotería. Por ejemplo, todos juntos mirando la tele o con la radio pegada a la oreja y, cuando los niños de San Ildefonso canten el gordo, ¡zas!: ande, ande, ande, la marimorena. A follar, que el mundo se va a acabar. Un eón de estos.
Montémosla el 22 de Diciembre. Corramos y corrámonos unos con otros (y otras, marisabidilla). Curas con obispos, laicas con monjas, sacristanes con cardenales, estos con abades, papas con carne, aviadores con administrativas, peras con manzanas… ¡Qué bonito todo!
A ver si del calentón, y subsiguiente relajo global, dejamos de fastidiarnos unos a otros. Yo, por mi parte, pienso interactuar, Deo volente. Ea, con Dios.
No por vicio ni por fornicio: por la paz mundial
José Mantero



