Un pulular homofóbico
16.11.06 @ 00:57:54. Archivado en Religiones no cristianas
Leo en Granada Digital que el todavía arzobispo católico romano de Granada, Javier Martínez, alias Pululu, con quien Carlos Alberto Biendicho me aseguró haber compartido tanto durante aquellos lejanos años de formación sacerdotal, se descuelga ahora (no sé si para hacer méritos o para enjaretar una cortina de humo sobre el último escándalo –con vertiente judicial- que ha protagonizado, con bloqueo de publicación y suspensión a canónigo incluidos) con la surrealista aseveración de que el matrimonio entre personas del mismo sexo equivale a la “abolición del reconocimiento y la protección debidas al matrimonio”, por lo que monse (ñor) opina que esto es “suicida para cualquier sociedad”.
Ay, monse, monse, ñor, ñor… No sigo martirizando al prójimo lector con la cartita que Javier Martínez ha dirigido a sus sufridísimos diocesanos, con motivo (o coartada) del Día de la Iglesia Diocesana.
¿Por qué tanto prejuicio? ¿Por qué tanto odio, que sigue transmitiéndose de generación en generación contra las personas homosexuales? Un obispo, que teóricamente ha de mostrar el corazón misericordioso del Redentor, ¿qué hace dando argumentos a los que nos propinan palizas en parques y otros lugares? ¿Por qué la palabra de un obispo supuestamente cristiano sigue sustentando el odio con que en ciertos países se nos sigue aplicando pena de muerte por amar de la forma en que Dios ha dispuesto que amemos?
Supongo que Monse (ñor) Martínez, aún ordinario de Granada, rezará Completas antes de cerrar los ojos, los labios y el corazón. Si lo hace, concluirá pidiendo al Señor “una noche tranquila y una muerte santa”… La que Monse (ñor), precisamente, niega a sus hermanos e hijos cristianos y cristianas gays y lesbianas, cuando nos ofende y ataca de este modo con su palabra, llamada por Cristo a ser palabra de vida, y no de tormenta, de dolor, de tortura psicológica, de trauma., de condenación.
Pululan las martinezcas aguas un pulular de maldiciones. Monse (ñor) continúa avivando el torrente del anatema. Pululan las arzobispales aguas un pulular de prejuicios. Las y los que alimenta este obispo, que tanto y tan pronto parece haber aprendido –en maneras, sonrisas, ademanes y rictus- de su señor terreno.
“Lo que Dios limpió, no lo llames tú inmundo” (Hch 10, 15).
“A mí me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame impuro o inmundo” (Hch 10, 28).
Monse (ñor) Javier Martínez tendrá que arrepentirse, en última instancia ante el tribunal de Dios, por haber alimentado, con su palabra de presunto pastor, un odio más, un sufrimiento más, quién sabe si una terrible, injusta muerte más.
Pululen las aguas de la historia un pulular de sólo bendición.
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José Mantero



