La obsesión homosexual del Papa
11.11.06 @ 01:22:19. Archivado en Premios Siagrio, Gays

Cabe la posibilidad de que el Papa necesite –con carácter de urgencia- asistencia psiquiátrica. Pero no se preocupen: muchos de nosotros también podemos necesitarla en algún momento de nuestra existencia. El Papa, pues, como digo, parece aquejado de una obsesión (pónganle los apellidos técnicos pertinentes) hacia todo lo referente a las homosexualidades y las personas homosexuales. Se diría que ve gays por todas partes, gays peligrosísimos me refiero, gays letales, gays que él, en su mente tan particular, identifica con pederastas, pedófilos dañinos, gente escandalizadora e inmoral. Ab omni malo...
Me da la impresión de que esto no es normal, de mentes que están en su sitio, quiero decir. La obsesión del Papa por todo lo gay empieza a cobrar forma, compulsivamente, cuando llegó a Roma, en el siglo pasado, como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. El primer golpe homofóbico lo asestó en el 86, con aquella tristemente famosa carta a los obispos de la Iglesia Católica sobre la atención pastoral a las personas homosexuales.
Ya como obispo de Roma, Benedicto XVI ha protagonizado intervenciones desafortunadas y violentas, que figuran en la historia del crimen homofóbico (por tanto, de los crímenes morales contra la humanidad), como Auschwitz figurará para siempre en la historia de los asesinatos en masa. Uno de los atentados de BXVI más sonados contra los hijos de Dios ha sido –va ya para un año- la tristemente famosa instrucción vaticana que vetaba el sacerdocio ministerial a varones homosexuales.
Ahora, y sin cejar en su siempre culpable homofobia, el Papa bávaro se descolgó en días pasados con una cómica –y terrible- pataleta contra la celebración del último World Gay Pride en Jerusalén.
Lo recoge de manera simpática hasta el diario El Mundo, que -cualquiera lo diría- parece vivir entregadísimo a la santa misión de incensar a la Santidad bávara desde el mismísimo instante de su aparición, en carne mortal, en la logia de San Pedro, aquel aciago día. El Mundo de ayer publicó la diaria viñeta de Gallego & Rey, resumiendo la enfermiza obsesión de este pontífice por los gays y su demonización de la homosexualidad. En el primer cuadro, el titular de un periódico: “18 civiles mueren en Beit Hanun por fuego israelí, la mayoría mujeres y niños”. Cuadro central del tríptico: el Papa, poseído de algo así como santa ira, dice a quien corresponda (qué casualidad, siempre hay un tiesto para una maceta…): “¡Ponme con Jerusalén!”. Pero no, no va a protestar Su Santidad por los asesinatos perpetrados por el estado sionista, no. Cuadro final, otro titular de un diario: “El Vaticano presiona a Israel para que impida un desfile del ‘orgullo gay’ en Jerusalén”.
¿Cuál será la siguiente de Ratzinger, en su obsesa cruzada contra la homosexualidad? ¿Cuál su próxima agresión?
O, mejor aún: ¿por qué?
Semejante compulsiva fijación, semejante negación (¿tal vez se trate de una abjuración?) de la homosexualidad se percibe en homosexuales que viven atormentados por ser tales. Sorpresas da la vida, pero aquí poco asombro creo que nos aparejará. A mí me parece que una explicación para la recalcitrante homofobia de Benedicto XVI es que él mismo es gay, y que lo lleva fatal, que se rebela contra su propia naturaleza (que Dios ha creado y le ha regalado) y –consciente o no- trata de tirar balones fuera.
Ser homosexual no es pecado, ni resultado de una enfermedad, ni es un vicio. Relájese. Pero ser homófobo, sí: pecado, enfermedad y tara. Yo rezo por Benedicto XVI, para que Dios y un buen director espiritual le conceda la salud del alma, y un buen psiquiatra -si efectivamente lo necesita- la de la mente.
¿Su Santidad necesita ayuda? Aquí nos tiene, comparta con nosotros en nuestro grupo de CRISTIANOS GAYS.
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José Mantero



