¿Hay salvación en las Iglesias?
10.11.06 @ 00:34:57. Archivado en ESPIRITUALIDAD INCLUSIVA
Hablando de espiritualidad, ¿qué es lo que alimenta el alma? No la sustentan etiquetados estrictos de Iglesias que se creen más importantes que Cristo, que Dios; que incluso se atreven a decir que fuera de ellas no hay salvación, como si fueran ellas quienes murieron por mí y por ti en la cruz, como si fueran ellas quienes resucitaron para darnos vida. ¡Como si fueran ellas Dios!
Ciertamente, recibimos nuestra nutrición espiritual en Iglesia, en comunidad, pues el Señor lo quiso disponer así: hermano con hermano, creciendo juntos hacia El, único descanso para nuestro corazón.
Pero también nos nutrimos espiritualmente en la calle, en otros ámbitos no eclesiales. Dios también nos alimenta con su Palabra y su Aliento fuera de la Iglesia. Fuera de la Iglesia sí hay salvación. Fuera de la Iglesia también habla Dios.
La luminosidad de la redención no es privativa de la Iglesia, de ninguna de ellas. Pretender y predicar lo contrario es un ejercicio pecaminoso de soberbia. Como la oscuridad del pecado no pertenece única y exclusivamente a la realidad extramuros. Porque gracia y salvación, tiniebla y mal habitan, por igual, dentro y fuera. La gracia no destruye, sino transforma la naturaleza.
Por momentos, en mi realidad eclesial percibo mucha luz: hermanos que alientan a hermanos, acogida sin condiciones ni límites, fiesta que es parábola del banquete celestial, amor a torrentes…
Pero esto no dejo de percibirlo en la calle, en Juan, el mendigo vestido con corona de flores que dice palabras de sabiduría desde su disfraz de locura; en Reposo, la testigo de Jehová que me fue ayer al Mercadona a por chocolate sin azúcar; en mi amigo Nacho, ateo confeso y casi profeso que es en sí mismo una ong… La semilla del Verbo anida en ellos, dentro y fuera de la Iglesia. De las Iglesias.
Pero a veces, qué luminoso y pujante se vislumbra al Verbo de Vida, esplendor del Padre, en la vida de la Iglesia. Anoche mismo me acosté tardísimo, viendo el video de la toma de posesión de Katharine Jefferts Schori como Arzobispa Primada de la Iglesia Episcopal de Estados Unidos, en la Catedral Nacional de Washington. En esa Iglesia se veía la acogida universal, el amor y la misericordia incondicionales y sin limitaciones del Señor. Todos tenían cabida. A través de una liturgia sencilla y digna, en inglés y español (en la comunión se cantó el eterno “Pescador de hombres”), Cristo me decía que en su Iglesia hay salvación. En aquella Iglesia había salvación.
Pero, ay Señor, también ayer, por la tarde, leí las palabras opacas y sin vida del obispo de Tarazona sobre los homosexuales y los transexuales… Monseñor Demetrio quería conciliar, sin conseguirlo, disciplina y misericordia divina. Quería poner una vela a Dios –malamente puesta- y otra a Ratzinger. Por un lado decía que Dios no se equivoca al crearnos; por otro… En la Iglesia de Demetrio no parece haber salvación.
Por eso tantas hermanas y hermanos optan por vivir la fe extramuros, o buscando comunidades alternativas donde sí hay calor y manifestación de la primavera de Dios. Porque, en el fondo, llevamos la Iglesia con nosotros allí donde vamos. Dos o tres, reunidos en su Nombre, ya somos la Iglesia. Sin tonterías. Es hermoso ser esta Iglesia, la de Jesucristo. La otra… ya murió.
Señor ¿a quién iremos? Sólo tú tienes palabras de vida.
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José Mantero



