Ofertas de Iglesia
09.11.06 @ 00:45:45. Archivado en Gays, otras confesiones cristianas, IGLESIA
Estos días aterrizan en mi escritorio folletos diversos, opúsculos, libros e incluso –preciso es reconocerlo- algún panfleto, con ofertas de variadas realidades eclesiales, la mayoría de ellas con una marcada (acaso remarcada, como se dice ahora) característica común: su proclamada inclusividad, o sea, acogida de toda persona, sin inquisiciones ni exclusiones de género, orientación sexual, u otro signo. Señal de algo importante: las Iglesias y comunidades cristianas recogen velas de intolerancia y pecaminosa homofobia, para presentarse con los brazos abiertos a todas las personas.
Así, numerosos grupos católico-romanos nacionales e internacionales que, a pesar de (es importante subrayar la adversativa) su eminentemente homofóbica jerarquía, acogen a homosexuales y caminan con ellos sin paternalismos (que ya es difícil…), sino de igual a igual, como Dios manda. Tal es el caso de algunas comisiones de católicos, integradas en colectivos gays, donde no siempre les va bien. Por ejemplo, no hace mucho a los chicos de una de estas comisiones –en España- les prohibieron formalmente rezar y llamarse cristianos. Estos grupos, combatidos desde un lado por obispos y curas intolerantes, y desde el otro por militantes gays intolerantes, tienen un indiscutible mérito: mantener encendida la llama del nombre cristiano, al que nada humano le es ajeno.
También me llega, ayer en concreto, la presentación de un colectivo denominado Iglesia Católica Americana en Argentina, perteneciente a la Iglesia Católica Americana, nacida a su vez bajo los auspicios de la Free Catholic Church. Se trata de grupos que no están en comunión con Roma ni con su obispo, pero que se confiesan católicos (como muchos, que se honran en no pertenecer ni al catolicismo romano ni al no-romano), incluso siguiendo las directrices del Concilio Vaticano II. Aseguran que respetan al obispo de Roma, pero sin comulgar disciplinariamente con él; así como certifican que sus obispos mantienen la sucesión apostólica.
El tema de la sucesión apostólica lo aseguran también Iglesias serias y probadas, como las de la Comunión Anglicana, e iglesias de opereta como la del Palmar de Troya. No entiendo por qué se le da tanta importancia a una sucesión apostólica entendida carnalmente, cuando la que importa es la interior, que no conoce imposiciones ni constricciones, sólo dones del Espíritu Santo, que es el que nos constituye en hermanos y responsables (o inspectores, obispos) los unos sobre los otros.
Uno de los postulados de la Iglesia Católica Americana en Argentina: “Confrontamos la injusticia de la pobreza, el sexismo, el racismo y la homofobia, mediante la acción social cristiana”. Loable compromiso, del que bien pudiera aprender el tronco del que se desgajaron. Muy amablemente me escribe su párroco, el Rvdo. Alejandro Soria, dándome cumplida información de su Iglesia.
Luego está (sobre mi mesa, me refiero) la Iglesia Cristiana Esenia, con representación en España, más concretamente en Cataluña, donde cuenta con un arzobispo, un obispo y desconozco si algún laico o laica. Se trata, también, de una iglesia inclusiva, para la cuál ser homosexual o mujer no significa tener cerrado el acceso a un sacerdocio que, en lo externo, copia tanto los paramentos y ornamentos católicos que uno se confunde. Tienen un arzobispo en Barcelona, Enric, y un obispo allá por Urgell, llamado Xavier, rebautizado Ermengol. No hacen ruido.
Realidades, comunidades e iglesias, serias algunas, de vodevil otras.
La pregunta es: ¿tanto echan de menos a su organización eclesiástica de origen, que pretenden copiar incluso indumentarias, cuando menos? La nostalgia es algo muy humano, pero el Evangelio pide otra cosa. Otra cuestión: partimos de la base de que la Iglesia es necesaria, espiritualmente hablando; pero no ocurre lo mismo con el aparato externo, absolutamente innecesario, si no causa de caída, tropiezo y pecado. De escándalo. ¿Por qué no dedicarnos a reunirnos unos con otros para acoger la Palabra, celebrar a Nuestro Señor y hacer operante la caridad cristiana, sin necesidad de esas tediosas instituciones que únicamente consiguen fabricar ateos? Donde dos o tres nos reunamos en su nombre, allí está el Señor en medio de nosotros.
Es evidente que un mínimo de organización es necesario, en orden a la caridad y a la eficacia evangelizadora. Pero nada más, y para nada más. ¿Que este mínimo organizativo coincide con el del Nuevo Testamento? Bien está, mas no es imprescindible, pues lo que importa no es el accidente, sino la sustancia. Y lo sustancial es la Iglesia, no las formas de la Iglesia. Lo sustancial es la sucesión espiritual, no la formal. Lo sustancial, lo importante, lo definitivo es el amor.
Bendita sea nuestra Madre y Padre, Dios.
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José Mantero



