Baltimore: una vela a Dios, otra a Ratzinger
07.11.06 @ 00:37:27. Archivado en Iglesia Católica, Gays, obispos
Dos controvertidos puntos en el orden del día de la próxima reunión, a mediados de mes, de los obispos católicos estadounidenses en Baltimore: la comunión a los políticos favorables al aborto, y la pastoral con los homosexuales.
Sobre la pastoral con gays, la conferencia episcopal estadounidense ha preparado –durante cuatro años- unas directrices que intentan conseguir el imposible equilibrio entre tender una mano –pastoral- a los gays y, al mismo tiempo, mantener su fidelidad (formal al menos) a la absoluta cerrazón vaticana a todo papel para los homosexuales en la Iglesia. Esto, en sí mismo, es una buena noticia: quiere decir que algo muy importante y oscuro se está quebrando en la institución y, ciertamente tímidos, algunos intentos de apertura se van a dar, aunque sean excesivamente conciliadores y sumisos al poder romano. ¿Apertura o hipocresía? No se puede poner una vela a Dios y otra al diablo. Y el diablo, hoy, se viste de Prada.
El documento episcopal, plenamente ortodoxo según las enseñanzas de Roma, condena sin término medio todos los actos homosexuales y reafirma la absoluta negativa eclesiástica al matrimonio entre personas del mismo sexo. Sin embargo, intenta una aproximación tolerante y acogedora porque –asegura- “como miembros bautizados de la Iglesia Católica, las personas con inclinaciones homosexuales continúan teniendo a la Iglesia como un lugar en el que pueden vivir en la auténtica integridad humana y en la santidad de vida”. El problema estará en la definición (o re-definición) de “integridad humana” y de “santidad”.
Los obispos USA piden a los ministros de la Iglesia Católica que bajo ningún concepto inciten al odio y a la violencia contra los homosexuales; así como que purifiquen (la vela a Dios) sus sentimientos de prejuicios y exclusión contra las personas homosexuales y acerca de la homosexualidad. Magnífica petición, que esperemos también lea y haga suya el actual obispo de Roma, cuya palabra continúa alimentando odios, violencias y exclusiones contra los gays.
En cuanto a la acogida eclesial, dicen los obispos norteamericanos que “quien siente la atracción homosexual pero vive de acuerdo con las enseñanzas de la Iglesia, deberá estar determinado a asumir un papel activo en la vida de la comunidad religiosa”. Nuevamente, hay que redefinir el concepto de “enseñanzas de la Iglesia”.
De todos modos, por la insistencia en la acogida a las personas homosexuales en la Iglesia, el debate está servido, ya que el documento contrasta acentuadamente con la pasada instrucción vaticana que vetaba el sacerdocio ministerial a las personas homosexuales. Entre otros puntos, en aquellos en que se refiere al bautismo y formación católica de los niños adoptados por parejas homosexuales, algo que los obispos USA dan por hecho…
En fin, una puerta que se cierra, otra que se abre. Una vela a Dios, otra a Ratzinger.
Habrá que ver en qué quedan los debates, reuniones y clausuras. De todos modos, una cosa es cierta: se adivina al menos un tenue talante de apertura en los obispos de Estados Unidos. Al menos, comparándolos con otros de otras conferencias episcopales como la española, que se sitúan entre las mentes más preclaras del siglo XXI antes de Jesucristo.
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José Mantero



