El pueblo que escapó de la espada
03.11.06 @ 00:44:58. Archivado en ESPIRITUALIDAD INCLUSIVA
Hoy ha llovido todo el día por mi sur. Lluvia generosa, tierra fragante, tormenta al caer la noche, con un relámpago que, como la Palabra, hendió el cielo, hizo vibrar sus cimientos y se llevó el aguacero. Como la Palabra limpia los nubarrones negros de los protagonistas de la última impostura.
Para la meditación de espiritualidad inclusiva de esta semana propongo una serie de textos, todos de la Sagrada Escritura. Ellos son la lluvia que empapa nuestra tierra interior.
• “El pueblo que escapó de la espada ha hallado gracia en el desierto” (Jer 31, 2). La gente del arco iris somos el pueblo que escapó de la espada. Durante siglos perseguidos, señalados, condenados, torturados y asesinados, incluso en nombre de Dios, por quienes dicen que son sus representantes, sus –pecado de soberbia máxima- vicarios. Hemos hallado gracia en el desierto, en descampado, porque hemos tenido que hacer nuestra la fe desprotegida de los patriarcas y la gente del desierto. Porque es en el desierto donde nos redescubrimos como el Pueblo de Dios, una ciudadanía que nadie nos puede arrebatar. Como la gracia de Dios: está aquí, dentro, con nosotros, con todos, porque no es privativa de nadie, de ninguna oficialidad humana.
• Salmo 107, para dar gracias a Dios por su corazón inclusivo:
“Dad gracias al Señor, porque él es bueno;
Su gran amor perdura para siempre.
Que lo digan los redimidos del Señor,
A quienes redimió del poder del adversario,
A quienes reunió de todos los países,
De oriente y occidente,
Del norte y del sur.
Vagaban perdidos por parajes desiertos,
Sin dar con el camino a una ciudad habitable.
¡Que den gracias al Señor por su gran amor,
por sus maravillas a favor nuestro!
El apaga la sed del sediento,
Y sacia con lo mejor al hambriento.
¡El hace añicos las puertas de bronce
y rompe en mil pedazos las barras de hierro!
Convirtió el desierto en fuentes de agua,
La tierra seca en manantiales;
Hizo habitar allí a los hambrientos,
Y ellos fundaron una ciudad habitable”.
• “Por tanto, hijo de hombre, prepara tu equipaje; prepáralo para el exilio, y a plena luz del día, a la vista de todos, saldrás como quien va exiliado sin destino fijo. Tal vez así entiendan, aunque son un pueblo rebelde” (Ez 12, 3). ¿Exilio? ¿Irse? ¿Viaje a la Iglesia de Cristo por el desierto?
• “Así está escrito: ‘Por vuestra causa se blasfema el nombre de Dios entre los gentiles” (Rm 2, 24). Es terrible esto. Porque lo mismo que Pablo podía decir a quienes intentaban imponer la circuncisión a los cristianos no judíos, se puede decir hoy con respecto a la opresión y vejaciones de los gays en la Iglesia. Algunos dicen que los gays no son creyentes, que no quieren a la Iglesia… ¡No es cierto! Pero si alguna blasfemia contra el sagrado nombre de Dios se da entre nosotros, es culpa de la Iglesia. Es terrible.
• “No destruyas por causa de la comida al hermano por quien Cristo murió” (Rm 14, 15). Tal vez lo mismo que se pudo decir en aquel tiempo de la comida de carne sacrificada a los ídolos podría hoy decirse respecto de la orientación homosexual: no destruyáis por causa de la orientación sexual al hermano por quien Cristo murió.
• “Por tanto, aceptaos mutuamente, así como Cristo os aceptó a vosotros para gloria de Dios” (Rm 15, 7).
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José Mantero



