Llamadlos
29.10.06 @ 00:25:12. Archivado en Homilía los domingos
Cuánto tiempo llevaría allí Bartimeo. Horas y horas, día tras día sentado al borde del mismo camino, el mendigo ciego estaba acostumbrado a sentir pasar, sin pararse ni apenas reparar en él, la indiferencia, cuando no el menosprecio de unos y otros. Pero aquél era su día. Pasaba Jesús de Nazaret; y él, el hijo de Timeo, tenía que conseguir que el joven rabí se fijase en su situación. Gritó. E invocó lo que más hace estremecerse el corazón de Dios: la compasión.
“¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!” (Mc 10, 47).
El Señor se detuvo. ¿Se apartaría del camino, para ir al
José Mantero



