Nubarrones negros sobre la Iglesia
27.10.06 @ 00:28:37. Archivado en ESPIRITUALIDAD INCLUSIVA
"Cuando veis que se levanta una nube en el occidente, en seguida decís: 'Va a llover', y así sucede. Y cuando sopla el viento del sur, decís: 'Va a hacer calor', y así sucede. ¡Hipócritas! Sabéis interpretar la apariencia de la tierra y del cielo. ¿Cómo es que no sabéis interpretar el tiempo actual?" (Lc 12, 54-56)).
¿Y cómo interpretar el tiempo presente? Hay nubarrones a occidente, vemos oscuridades que se ciernen poderosas sobre ciertas realidades que parecían inamovibles, eternas, imperecederas. Pero nada hay permanente, fuera de Dios; tampoco las Iglesias, por mucho que las amemos. Por tanto, también las Iglesias, tal como las conocemos, desaparecerán, pues no son un fin en sí mismas, sino medios constitutivos para llevar a los hombres a Cristo. Y esta desaparición no será una tragedia, sino parte del plan de Dios. Lo importante es que la Iglesia cumpla su función y, luego, fiel a su Señor, haga mutis. Pues sabe que no es ella la que importa; que, si algo importa, es como dedo que señala humildemente hacia su Maestro.
Pero, ¿qué sucede si la Iglesia se niega a eclipsarse ante su Señor, y, resistiéndose, pretende perpetuarse por encima de lo que El ha establecido? Está revolviéndose contra su fundador.
Hoy vemos nubes a occidente, sobre ellas, las Iglesias, tal como las hemos conocido hasta ahora. ¿Lloverá? Muy probablemente lo haga, en dos sentidos:
• Crecerá un torrente que limpiará y purificará las realidades eclesiales que conocemos. Preparará el terreno arrasando y arrancando, para que más tarde, con la bonanza, sea posible edificar y plantar.
• La lluvia mullirá nuestra tierra interior para que, nuevamente, en ella crezcan gérmenes del Reino que está por venir.
Cristo Jesús es lluvia, la divina salvífica precipitación esperada por los siglos, y que vino una vez –física y pobremente- en Belén.
Cristo Jesús, por su Espíritu Santo, continúa hoy proporcionándonos la lluvia temprana y tardía, para que nuestra vida dé frutos de justicia, paz y amor.
Cristo Jesús volverá y hará plenas las aspiraciones del hombre, anhelos que El mismo sembró en su primera venida.
¡Que las nubes lluevan al Justo! ¡Ábrete, tierra, haz germinar al Salvador!
Por tanto, no nos preocupemos cuando veamos –como ahora- el crepúsculo de las actuales concreciones de Iglesia. Pues lo importante no es la forma (con lo importante que es), sino Cristo que, por el Espíritu, da cuerpo y vida a su Iglesia.
Nubarrones negros a occidente hablan claramente de pronta caducidad. ¿Temblamos, pues? No, si no es de alegría y esperanza; pues tras las concreciones trasnochadas que se empeñan pecadoramente en perpetuarse, nacerá otra realidad comunitaria, más fiel al Señor. Y, así, hasta el final, el momento en que el tiempo ya será dulcemente sustituido por la eternidad de la Santa Trinidad.
Y habrá fiesta sin fin para los hijos en el Hijo.
¡Que las nubes lluevan al Justo! ¡Ábrete, tierra, haz germinar al Salvador!
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José Mantero



