Cristo, de nuevo crucificado
12.10.06 @ 00:43:09. Archivado en Gays, IGLESIA
Informa ILGA a través de su director, Stephen Barris. Cada dos días asesinan a una persona homosexual en América Latina, especialmente en Brasil, México y Perú.
“Además de la persecución social que sufren en algunos lugares, los homosexuales siguen siendo castigados por su orientación sexual en 86 países y se aplica la pena de muerte en Chechenia, Sudán, Mauritania, Pakistán, Arabia Saudí, Emiratos Arabes Unidos, Yemen, Irán y en algunas zonas de Nigeria y Somalia.”, recoge EFE.
Absurdo. Como mínimo. Porque, ¿qué tenemos de diferente las personas gays, con respecto a heterosexuales? ¿nuestra coloratura a la hora de amar? Poca, muy poca cosa.
Por la misma persecución de la diferencia torturaron, asesinaron y esclavizaron a los negros en muchos países; a los judíos durante siglos, a… tantas personas diferentes a lo largo de la historia. Pero ¿no se dan cuenta de que todos somos diferentes? Yo escribo con pluma, tú con boli, Pedro directamente con su ordenador… Las diferencias enriquecen (nos enriquecen recíprocamente) a la humanidad y la constituyen como un bello mosaico. Pero la persecución nace del deseo y del miedo. Persigues, demasiadas veces, aquello que crees te puede “afectar”, “contagiar”, “corromper”. Pero… ¿Puede haber algo más limpio, bello, justo que el amor, sea cual sea su color?
¿Por qué? Es la pregunta desesperada con la que clama el hermano sólo y desamparado, que se siente acosado a causa de su orientación sexual.
Por qué. Mientras tanto, los violentos obreros de la intolerancia continúan obedeciendo los dictados de los cerebros del mal. Algunos de ellos, con mitra y báculo.
Por qué. Mientras tanto, sigues muriendo, Cristo mío. Y sigues siendo torturado, siendo objeto de burla, insultado, escupido, vejado. Y sufres, Cristo mío, cuando te matan en Geoffrey, porque el chico era homosexual.
Y sufres, mi Señor, cuando en el insti se rieron de Vane. Porque la vieron por el Retiro, de la mano de su chica, otra –sí- chica.
¿Por qué, Maestro mío?
No me respondes. Simple y limpiamente me muestras las llagas de tus manos, tu costado, tus pies. Ellas, tus santas llagas, me responden, son la herida luminosa y esclarecedora: nos persiguen los mismos que te persiguieron a ti, con los mismos argumentos que usaron contra ti, con parecidas armas.
Pero es tan bello ser gay, mi Dios. Tú lo sabes, porque tú nos creaste, nos modelaste desde el amoroso hálito de tu corazón de Hermano, de Padre, de Verbo, de Espíritu, Amor de los amores. Gloria a ti.
Señor, ser homosexual es hermoso. Porque es participar de tu amor en este amor concreto con que amamos.
Házmelo comprender, mi Dios. Y poder comunicarlo a mis hermanos.
Para mirarte a ti, supremo santo Amor, desde mi suelo hasta la encrucijada de madera desde donde nos abres tus amorosos brazos y nos repites: amaos…
Que tus Iglesias, Señor, nunca den argumentos para perseguir a tus hermanos. Que nunca pongan armas en manos violentas. Que nunca instiguen el apaleamiento, la muerte, los desprecios. Que sean espacio de comunión, vía de liberación.
Que todos, mi bello Maestro, miremos a ti. Y cambiemos, Señor. Seamos más humanos, hermanos, y más bellos en ti, belleza soberana.
“Y mirarán a mí,
a quien traspasaron,
y llorarán
como se llora por el hijo unigénito,
afligiéndose por él,
como quien se aflige por el primogénito”.
(Zac 12, 10)
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José Mantero



