Pastores, lobos... ¡Lobas!
30.09.06 @ 01:37:35. Archivado en Iglesia Católica, Premios Siagrio, obispos
En alguna ocasión, también desde el grupo de cristianos gays, se ha aconsejado hacer menos caso a los jerarcas homófobos e inquisitoriales, vergüenza de la Iglesia Católica (incluso de la Iglesia Cristiana), y más a la reconstrucción de una espiritualidad cristiana inclusiva (decíamos ayer…). Esto está muy bien; es una apreciación acertada, mesurada incluso.
Según esto, deberíamos pasar por alto las últimas declaraciones del pobre Asenjo Pelegrina, quien, desde su celda cordobesa, pataleó contra lo que sueleN: lo malo que está todo, que si los gays casándose, kai ta loipa. El pobre Asenjo es sólo un ejemplo, y lo que sigue no va por él, al menos no especialmente.
No obstante, ¿hemos de callar, ante las constantes agresiones y desafueros de pastores homófobos (tantos de ellos, homosexuales en ocio y en negocio) que sólo se apacientan a sí mismos? ¿No hemos de decir los cristianos (lo de menos es que seamos gays) una palabra a los/sobre los falsos pastores que lanzan hipócritas anatemas contra sus hermanos (y congéneres, muchas veces) homosexuales?
También me ha constituido el Señor pastor de su pueblo, y no sólo a mí, sino a muchos de nosotros. ¿Callaremos, ante la amenaza que para el rebaño de Cristo suponen los lobos camuflados bajo piel de cordero?
Estos días, en el Oficio de Lectura, alternamos Ezequiel con la voz del bienaventurado Agustín, en su sermón sobre los pastores:
“¿Qué significa esto, hermanos? ¿Os dais cuenta de lo peligroso que puede resultar callarse? El malvado muere, y muere con razón; muere en su pecado y en su impiedad; pero lo ha matado la negligencia del mal pastor. Pues podría haber encontrado al pastor que vive y que dice: Por mi vida, oráculo del Señor; pero, como fue negligente el que recibió el encargo de amonestarlo y no lo hizo, él morirá con razón, y con razón se condenará el otro”.
De manera que, cuando proceda, seguiremos hablando a/de los malos pastores, que sólo se apacientan a sí mismos sin tener en cuenta al Santo Rebaño. Y hablaremos porque nos importan, porque les queremos, porque Jesucristo nos impele a presentarles su salvación.
Que, por cierto... ¿Cuál será la próxima del pobre Asenjo?
Otra cosa es que escuchen la voz del Señor, y se conviertan a su Santo Amor, y sanen.
Amén.
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José Mantero



