¿Cristianofobia en notables gays?
26.09.06 @ 00:30:48. Archivado en Gays, IGLESIA
El Maestro Jesucristo nos hizo sus testigos, para anunciar el Evangelio hasta su vuelta, cuando Él inaugure ya plenamente el Reinado de Dios, y dé así cumplimiento a los esfuerzos de sus discípulos por esculpir nuestra tierra –hasta ahora semejanza de Dios- a imagen de nuestro hacedor. Justicia y paz son los buriles que harán salir a la luz la imago Dei; caridad es el toque final, el buril de ocho ceros con el que la Obra brillará, y el Creador sonreirá satisfecho, y será el banquete y la fiesta sin fin.
Testigo. En el griego koiné del Nuevo Testamento: mártir.
Seremos sus testigos hasta los confines del mundo. Él, Nuestro Señor Jesucristo, estará presente en nuestro camino martirial por su Espíritu Santo, Señor y dador de Vida, Abogado y Consolador.
El testimonio cristiano es fuente de amor y de dolor, de gozo y también de sufrimiento. De ahí que, desde el paleocristianismo, se identificara martirio (testimonio) con sufrimiento, incluso tortura y muerte. De todos modos, la Cruz se inscribe en la entraña del discipulado, y por tanto del testimonio, y, así, no está ausente el sufrimiento de la existencia del testigo cristiano.
El dolor del mártir (testigo) tiene varias causas, entre ellas la natural dificultad que tiene la proclamación de la Buena Noticia de Cristo. Pero también da dolor la incomprensión de quienes han de ser los destinatarios del mensaje salvífico.
Los cristianos gays tenemos más difícil, si cabe, el asunto del testimonio. Pues entre nuestros mismos hermanos de orientación sexual y afectiva encontramos una tremenda resistencia a la fe cristiana, no por culpa de ellos, sino de una mala gestión eclesiástica (de las diversas confesiones cristianas) de los contenidos del kerigma, que han logrado transformar el gozo en anatema, la salvación en fastidio, la vida en tedio y muerte. En nosotros se cumple, una vez más, la ecuación testimonio-sufrimiento.
El llamado mundo gay tiene un alto componente cristianófobo. Cierto que somos muchos homosexuales los que pertenecemos a distintas Iglesias, así como también bastantes los que, sin estar adscritos a ninguna (algunos, apóstatas de los aparatos mundanos, pero no de la fe), confiesan a Jesús de Nazaret como Hijo de Dios y Salvador.
Esto es un martirio.
El mayor dolor: anunciar con ilusión y gozo a Jesucristo, y darse uno cuenta de que, por acción y omisión de las Iglesias cristianas, mis hermanas y hermanos gays están rebotados, reticentes, indispuestos para acoger la Palabra.
Pero esto, en lugar de ser una losa que incapacita al testigo para dar testimonio, constituye un reto, un acicate para ser mejor cristiano, estar más unido al Amor que no es amado, y anunciarlo a los hermanos, alabándole a El en medio de la asamblea, de la calle, en el metro.
Me dicen, de buena fuente, que un importante colectivo gay de este país ha prohibido no hace mucho a sus socios llamarse cristianos y rezar. Me dicen, incluso, que una enmienda de su congreso último lo dice claramente. Sería escandaloso, aunque no increíble, ya que yo mismo he tropezado con la intolerancia cristianófoba en la médula senatorial de este mundo gay que lucha contra la intolerancia homófoba. En casa del herrero… ¿Por qué son cristianófobos algunos “apóstoles” de “lo” gay? Por razones externas, e internas. Externas: las Iglesias han transmitido una mala imagen de Dios, de Cristo, de la propia Iglesia. Internas: el núcleo del Evangelio pone en solfa sus mercaderías, negocietes y pecados…
Lo dicho: ni caso. En lugar de acoquinarnos, a crecerse: el mensaje, el Evangelio, Jesucristo merecen la pena ser comunicados, para que todos tengan Vida.
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José Mantero



