Gays: ¿Irreligiosos o anticlericales? Maltratados
23.09.06 @ 00:19:21. Archivado en Gays, Religión, IGLESIA
Uno de los lugares comunes que más rulan por ahí es que los gays somos personas especialmente religiosas. Creo que el adverbio de modo sobra. Podemos ser, efectivamente, religiosos o todo lo contrario, pero ni más ni menos que el resto; pues quien se siente religada a Dios, a su dios concreto, no es la orientación sexual y afectiva, sino la persona en sí. La orientación, al menos aquí, es irrelevante.
Pero otro de los tópicos circulantes se refiere a la actitud contraria a la religión –incluso anticlerical- dentro del que llaman (no sé por qué) “mundo gay”, “comunidad homosexual”, o incluso “cultura gay”, tres denominaciones ciertamente dignas de ser discutidas, acaso en otro momento.
Ambos párrafos anteriores merecen ser aclarados.
Trato a diario con hombres y mujeres homosexuales muy religiosos (no ritualistas, sino que se sienten religadas con un Dios personal), y que, además, no quieren saber nada de la Iglesia Católica o de otras confesiones cristianas. Sinceramente creo que no se puede hablar de gays irreligiosos –o paganos, uf, menudo palabro-, sino en todo caso torturados, maltratados por ministros clericales. Teniendo en cuenta que el clericalismo es un vicio para las Iglesias, un cáncer que es preciso extirpar para que las comunidades vivan en el espíritu del Evangelio.
¿Por qué esta –al menos aparente- dicotomía? El testimonio epistolar, de ayer mismo, del hermano Daniel, arroja luz sobre nuestra pregunta. Dani me escribió lo que sigue sobre una de las actividades de su comunidad religiosa:
“…te cuento ya mismo algo que me ha pasado hoy mientras pedía puerta por
puerta. Un chaval vecino mío que es gay - creo -, de mi edad o un poco
menos, nos ha dicho: "si fuerais otra organización, os daría, pero
yo...estas cosas de la religión no estoy con ellas". Nos lo ha dicho de
buenas maneras, pero aún me duele como si una espada me hubiera atravesado
el corazón. Y todo, por quienes le han hecho ver el Camino de Cristo como
algo hostil, algo indigno, algo digno de desprecio; por aquellos que les
fuera mejor nunca haber conocido la fe, aquellos por quienes el Nombre es
blasfemado entre las naciones.Me voy as echar una siesta que estoy agotado de subir y bajar escaleras.
Con Dios, hermanito”.
La reacción de ese chico se repite hasta la saciedad en nuestra sociedad. Personas gays creyentes que, por una mala –incluso traumática- con su Iglesia de origen, no quieren volver a saber nada con nada que huela a religioso, a Biblia, a Dios…
Las Iglesias homófobas han de revisar su ser y quehacer, pues finalmente todos nos enfrentaremos a la revisión protagonizada por el Padre. Seremos juzgados por el amor.
A vuelta de correo, contesté a Daniel:
“Bueno, hermano Daniel, "si el grano de trigo no cae en tierra y muere..."
Qué curioso: tú has tenido esta mañana esa experiencia de rechazo, específicamente por tu fe, y yo, en mi meditación de media mañana, he recibido para ti (ahora lo sé) estas palabras de Pablo a los Corintios:
Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes.
Se siembra en deshonra, resucitará en gloria;
se siembra en debilidad, resucitará en poder.
Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes,
creciendo en la obra del Señor siempre,
sabiendo que nuestro trabajo en el Señor no es en vano
(1 Cor 15, 36.43.58)
Un abrazo en Cristo rechazado, humillado, asesinado, y resucitado para nuestra justificación”.
Un abrazo es poco para aquellos gays y lesbianas rechazados, humillados, torturados… por responsables de Iglesias.
Pero, sí, más que el momento de la crítica, es ahora el de la reconstrucción. Pues eso, descubramos la Vida, comuniquemos a nuestras hermanas y hermanos la vida que es Cristo. Para todos.
Bendita sea Dios.
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José Mantero



