Ratzinger I Espeleólogo
19.09.06 @ 00:24:37. Archivado en Premios Siagrio, Rysands Posten
Es desproporcionada la batería de reacciones que se ha montado, entre los fanáticos islamistas, en respuesta –orquestada- al discurso del Papa en la Universidad de Ratisbona. Sopésense bien sustantivos y adjetivos, pues no hablo de muslimes, o sea, de creyentes musulmanes, sino de las excrecencias fundamentalistas del cuerpo del islam; las cuáles, al igual que las excrecencias fundamentalistas del cuerpo cristiano, son aberrantes e indeseables.
El hecho es que Ratzinger citó el tan cacareado texto de los diálogos del decadente y atemorizado emperador bizantino Manuel II Paleólogo, con un sabio persa:
“Muéstrame también aquello que Mahoma ha traído de nuevo, y encontrarás solamente cosas malvadas e inhumanas, como su directiva de difundir por medio de la espada la fe que él predicaba”.
Estuvo mal que el Pontífice hiciera esta cita; y peor aún que no manifestara, en el transcurso del mismo discurso, su disconformidad con las palabras del Paleólogo, sino que pretenda hacerlo ahora, a toro pasado y madraza cabreada.
Ante semejante donde dije digo, cabe preguntarse si es propio de un intelectual de talla cometer semejante desliz y, por el mismo, poner en peligro las ya de por sí precarias relaciones no ya entre cristianismo e islam, sino entre una y otra civilización.
Tengo para mí que, por mucho que ahora quiera deshacer el entuerto, lo que dijo fue dicho con total, lúcida y consciente intencionalidad. No olvidemos que a este individuo no le duelen prendas a la hora de crearse enemigos, dentro y fuera del Vaticano, de la propia Iglesia Católica y del resto de confesiones cristianas (el Gran Inquisidor Ratzinger fue el autor del documento contraecuménico Dominus Iesus…). Por tanto, no es aceptable la tesis del desliz. Tampoco la de la senilidad de este hombre, al menos no es la impresión general que da.
Análisis argumentales aparte, la verdad es que las palabras papales van a causar –han causado ya- un daño irreparable (¿irreversible?) en la historia de la tolerancia.
Ahora bien, la que han organizado en diversas partes del globo descerebrados vociferantes islamistas, también tiene tela. Pues, si es cierto que Manuel II y Ratzinger han argumentado basándose en el –desmontable- tópico de que el islam es una religión de violencia, y de que el sentido de yihad es el de guerra santa (no hay guerras santas), del otro lado han contestado tal sarta de despropósitos que no sabe uno si reír o echarse a temblar por la que se nos pueda venir encima.
Puede que incluso la monja asesinada en Mogadiscio lo haya sido por tal motivo.
Lo que sí nos hace reír es que un tirano de tres al cuarto como Mohamed VI de Marruecos se haya atrevido a exigir rectificación a Roma. Y su casa por barrer…
Aquí casi todo es surrealista. Como la relativa edulcorada disculpa pontificia, el sábado en Castelgandolfo, la otra satrapía:
“Estoy vivamente compungido
por las reacciones que ha suscitado
un breve pasaje
de mi discurso en la Universidad de Ratisbona,
considerado ofensivo
por la sensibilidad de los creyentes musulmanes
y en el que citaba
un texto medieval
que en modo alguno refleja mi pensamiento”
Una disculpa honra a quien se disculpa. Pero lo de BXVI suena a excusa, algo distinto. Me recuerda demasiado al Otelo de Shakespeare… y eso me preocupa:
“El cielo me es testigo;
no tengo al moro ni respeto ni obediencia;
pero se lo aparento así
para llegar a mis fines particulares.”
(Otelo, acto I, escena I, palabras de Iago)
¿Cuál es el verdadero pensamiento del Papa acerca de esta movidita? Ahora nunca lo sabremos.
Si Ratzinger –alias Benedicto XVI- pretendía contribuir a frenar los terrorismos fundamentalistas, ha conseguido acaso lo contrario: exacerbar los ánimos en una coyuntura que, desgraciadamente, pudiera servir de caldo de cultivo a nuevos actos terroristas.
Con el discurso de Ratisbona han triunfado los fanatismos de todos los palos.
No es verdad que haya cruzada contra el islam.
No es cierto que los musulmanes estén siendo perseguidos.
No es cierto que Ratzinger esté arrepentido, espeleólogo en cavernas de culpas ajenas. Mira quién habla.
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José Mantero



