Educación para la ciudadanía
09.09.06 @ 00:40:13. Archivado en Qué cosas, tú
Al hilo de lo de ayer… Sí, ciertamente es necesaria no sé si una asignatura (doctores tiene la LOE) que se llame tal y pascual, pero es incuestionable la urgentísima necesidad de una educación para ser buenos ciudadanos. Empresa formativa ésta para la cuál tendrán que ponerse de acuerdo todas las fuerzas sociales (también las oficiosas, que niengan serlo), de manera que, entre todos los ciudadanos, enseñemos y aprendamos ciudadanía pata negra (con perdón de los vegetarianos).
Porque lo que está claro es que esto no puede seguir así, los unos amargando la vida de los otros. Hay que educar y educarse. Que el ser humano no vuelva jamás a ser un depredador para los otros seres humanos.
Eso, (in)justamente, es lo que ocurre en demasiadas ocasiones cuando se trata de aceptar –o no- la orientación afectiva y sexual del resto. Enseguida, como resorte de absurda autodefensa, entra en escena la homofobia, singular patología, que sí tiene cura: existen hoy día muy buenos psicoterapeutas, especialistas en ese desorden objetivo que la homofobia es, y que encierra a los enfermos que la padecen en un túnel oscuro de extremadamente difícil salida.
Sin embargo, lo peor de la enfermedad homófoba es que, además, afecta a terceras personas; esto es, amarga la vida, tortura e incluso induce al suicidio a personas homosexuales, personas sanas que ven su naturaleza martilleada hasta el infinito por la sempiterna canción: eres un monstruo de feria, eres un ser defectuoso, eres un vicioso, pecador, enfermo.
Mi amigo Federico, de Sevilla, profesor universitario y sincero católico, me comentaba este verano que muchas veces su oración es esta: Señor, perdóname, pero tengo que dormir con hombres para no volverme loco. Fede no es ningún membrillo, ni indocumentado: profesor de ética en una importante universidad europea, y católico ilustrado. Sin embargo… Víctima de la homofobia.
Juan, estudiante de 21 años de un pueblo de Andalucía, cristiano convencido e ilusionado. Sin embargo, sus padres pertenecen a un movimiento católico ultraconservador, de profundos rasgos sectarios. Le obligaron a vociferar en Madrid en la manifestación que obispos católicos (bajo cuerda) empujaron a montar a ciertos colectivos ultras. Juan me confiesa que va a volverse loco. Víctima de la homofobia.
Ana, lesbiana, 34 años. Cultivada, sensible, femenina. Tiene en la comunidad de Madrid un taller literario. Hace menos de un mes fue agredida cuando iba, de la mano de Silvia, su mujer, del trabajo a su casa. Dieciocho días de hospital. Víctima de la homofobia.
Son demasiadas las víctimas, demasiados los verdugos. Y demasiados los instigadores.
La manera de cambiar esto, de transformar el odio (en el fondo eso es la homofobia) en energías de fraternidad y paz no es otra que la educación. Un proceso lento, arduo, pero seguro. Educar para ser buenos ciudadanos, para que la libertad del otro no la veamos como agresión contra nuestra propia libertad.
Homofobia no es libertad de expresión, como aseguran desde determinados e inciertos foros. Homofobia es vicio, aberración, desorden, enfermedad, pecado.
También las iglesias han de unirse a los agentes de educación para solucionar un problema –los rebrotes homófobos- que, de no pararse ni educarse sus agentes, conducirán a la sociedad general al más hondo de los desequilibrios: el caos del totalitarismo.
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José Mantero



