Mandamiento de Dios-tradiciones de hombres
03.09.06 @ 00:28:20. Archivado en Homilía los domingos
“Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón. La norma del Señor es límpida y da luz a los ojos”. El salmo 19 ilustra al corazón creyente, ofreciéndole un sano criterio de discernimiento acerca de aquellas cosas que sí vienen de Dios, Luz indeficiente.
Una vez más, la santa Palabra alumbra nuestro entendimiento. En estos tiempos en que se aprecia en las Iglesias esa fuerte y reticente inclinación a confundir voluntad divina con intereses humanos.
Jesús, en el Evangelio de hoy, advierte seriamente a quienes se aferraban a las tradiciones rabínicas, en detrimento del mandato de Dios: “Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres” (Mc 7, 8). Grave amonestación contra aquellos que cedían a la tentación por excelencia del hombre religioso: confundir su propia palabra, opinión, interés, voluntad, con la palabra, la opinión, el interés o la voluntad del Señor.
Ocurría en aquellos tiempos, y continúa sucediendo hoy. Particularmente en comunidades de fuerte tradición dogmática, cuyos dirigentes han de permanecer alertas para no creerse ellos mismos Dios, y adorarse a sí mismos… Sentados en la cátedra humana, esgrimiendo la sucesión apostólica como arma y no como instrumento de bendición, iluminación y servicio, demasiados jerarcas se manifiestan –desde esa prepotencia pecadora y realmente pagana- como detentadores del único hilo directo con el Creador. Y, verdaderamente, no hay intermediarios, fuera de Cristo mismo: todos podemos hablar directamente con Dios y escuchar, directamente de Su corazón, esa palabra viva que El ha destinado para cada uno desde antes de la fundación del mundo. Es esta la enseñanza de Jesús.
¿Cómo, pues, reconocer los mandatos que sí proceden de Dios? ¿Cómo, pues, distinguirlos de los preceptos meramente humanos?
La infinita rectitud divina dota a sus mandamientos de una posibilidad: insuflar alegría en los corazones. Por el contrario, demasiados preceptos eclesiásticos (de cualquier etiqueta) tienden a amargarnos la vida, agriando aquello que Dios quiso formar agradable al paladar interno: el alma.
La norma divina ilumina, muchos preceptos eclesiásticos oscurecen la visión, tanto que incluso nos ciegan. Guías ciegos…
¿Qué criterio seguir para verificar una tradición como querida por Dios y, por tanto, deseable? Si sirve al hombre, creatura, sirve al Creador. Si amarga al hombre, desagrada a Dios, es perversa.
Los mandamientos de Dios –aun incomprensibles en la infancia de la fe- liberan y edifican personas; las tradiciones exclusivamente humanas de tantas familias eclesiales esclavizan y matan el Evangelio.
No obstante, persisten en la amenaza, la condena, los vetos, las prohibiciones… la negación de la luz cristiana, a favor de las obras de los hijos de las tinieblas.
Jesús avisa acerca de ellos. Es delicada y rotunda la matización contenida en el texto griego: entolé tou Theou, mandamiento de Dios, frente a parádosin ton anthropon, tradición de los hombres.
Pero, por encima de todo, la caridad: “La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo” (St 1, 27).Fuera de esto, que se dejen de pamemas.
Otro criterio de la epístola de Santiago: la mansedumbre (1, 21). Lo que viene de Dios nos llega mansamente; frente a las imposiciones humanas de mundanos responsables eclesiales, que nos sobrevienen con fiereza y aires de superioridad. Y arrebatan la paz al espíritu. No vienen de Dios. Por mucho que se esfuercen en aseverarlo.
A las tradiciones humanas hay que aferrarse. Ciegamente.
A los mandamientos se les presta adhesión. Se cumplen. Lúcidamente.
Pero es precisamente esta la diferencia entre los fanáticos y los creyentes.
El fanático se cuadra, se aferra a la disciplina impuesta.
El creyente obedece, cumple la palabra propuesta.
“Sólo el creyente obedece,
sólo el obediente cree”.
Palabra de Bonhoeffer.
AVISO: Para que la inscripción en "Cristianos gays" sea aceptada, es preciso escribir, siquiera sea brevemente, los motivos para solicitarla. De otro modo, el sistema rechaza. Espero lo entiendan, y si alguien no ha sido aceptado, vuelva por favor a solicitarlo pero escribiendo sus motivos para pertenecer al grupo. Gracias.
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José Mantero



