Comunidad Anawim: aire fresco en las Iglesias de España
02.09.06 @ 00:48:46. Archivado en Religión, IGLESIA
Un aire diferente en el seno de las Iglesias sugiere la lectura del testimonio que sigue: el de Daniel en su comunidad. No hace mucho me comentaba que apostató (no de la fe, sino del monstruo...)por amor al Señor y a su Iglesia. ¿Palabras, pues, de un apóstata? Palabras de un seguidor del Mesías. Se puede estar o no de acuerdo con él, pero lo que dice Daniel contrasta fuertemente con la idea de rancia uniformidad (no unidad) por la que batallan determinados dirigentes eclesiales. Con todos ustedes, la comunidad Anawim.
"Tras una fuerte crisis a los dieciocho, que inició mi ruptura con la “línea oficial”, conocí y anuncié el Evangelio a un estudiante de filosofía, con quien fundé la comunidad. Más tarde se nos unieron dos amigos míos: un estudiante de telecomunicaciones y otro joven “filósofo”. Aunque soy el único judeo-cristiano, asumimos un nombre hebreo: ´ANAWIM (“sencillos”).
Un tiempo después acordamos abandonar el catolicismo en favor de un “cristianismo sin apellidos”, no para fundar una nueva Iglesia sino precisamente para vivir desde ya de espaldas a todo cisma, y desde la equidistancia respecto de cada confesión, ayudar a cada una a potenciar lo mejor dentro de un camino de reconciliación para caminar juntos hacia el modelo de Iglesia una y plural del NT. Mientras, consideramos que quien se siente llamado en conciencia a militar en una confesión determinada, responde a su vocación en Cristo tanto como nosotros a la nuestra.
No reconocemos el sacerdocio ordenado, sí el ministerio episcopal (y en su contexto, el petrino), pero no en su expresión actual, ya que ni son fruto de elección comunitaria ni distinguen entre unidad en el anuncio de la fe y diversidad en la interpretación de la misma. Nuestra norma de fe a título eclesial es el NT (del que rechazamos el final apócrifo de Mc y al que añadimos otros cuatro textos, como la Didajé) clarificado a la luz de las enseñanzas (especialmente, el credo niceno-constantinopolitano) de los concilios anteriores al cisma con Oriente, aunque se hicieran de espaldas a los judeo-cristianos y dando por supuesto el cumplimiento de los requisitos formales (p. ej. no aceptamos el dogma de la Zeotokos porque:
1. Fue proclamado de espaldas a parte de los convocados a Éfeso, quienes tuvieron que aceptarlo finalmente por miedo a un cisma.
2. Canoniza implícitamente una determinada teología, la alejandrina, frente a otra igualmente ortodoxa, la antioqueña). Tenemos otros artículos de fe establecidos por votación como vinculantes, pero sólo para la comunidad (como la Inmaculada Concepción).
Sólo aceptamos el bautismo de adultos, por el que todos somos consagrados diáconos. Además, dos ejercemos de apóstoles, y uno de profeta. Nuestra evolución de dentro de estos ministerios obedece al criterio de aquel que elegimos anualmente para el de la presidencia. Si una mujer ingresara en la comunidad podría ejercer todos los ministerios en pie de igualdad. El apóstol puede absolver los pecados y presidir la Eucaristía, que celebramos siempre entre el anochecer del sábado y el del domingo. Antes leemos el NT y ofrecemos oraciones de intercesión por todos/as y ofrecimiento propio. Singular valor otorgamos al Padrenuestro, que recitamos entre la fracción del pan y la distribución del vino, después de la colecta en favor de los necesitados.
El servicio a los mismos es clave en nuestra espiritualidad: cada pocas semanas repartimos comida a los/as sin-techo, en verano pedimos de puerta en puerta para cierto comedor de indigentes y una vez al año ponemos en común lo ahorrado y lo donamos. En todo esto damos testimonio de nuestra común vocación: luego, y con un fuerte anhelo de perfección evangélica (a través del abandono a la Gracia), cada uno vive el precepto de tratar a los/as demás como le gustaría ser tratado según su propio carisma: p. ej. sólo yo he hecho votos de castidad y pobreza. La vivencia del cristianismo como servicio al prójimo nos es central: no sólo al intentar mejorar este mundo, sino por la conciencia de que, al hacerlo en comunión con el Vivo, nuestros resucitados en la eternidad de Dios maduran como adobes de la Nueva Jerusalem para todas las personas de buena voluntad, nos entiendan o rechacen en esta vida. Conjugamos la conciencia de la enormidad de nuestra vocación (ser cristianos) con la de su insignificancia a ojos del mundo, a cuyos ojos hemos escondido nuestra vida en el misterio de la Cruz.
También es clave en nuestra comprensión de la fe el rechazo de que el cristianismo sea una religión frente a las otras. Creemos que todas ellas – no sólo la del AT –, lo mismo que los diversos sistemas filosóficos – incluidos los declaradamente ateos - esconden, de forma profética, “chispas” de la Verdad que El Anhelado recapituló en Su Persona, enviándonos a cribarlas de adherencias mundanas, reunirlas y asumirlas en estado de redención, que es cuando pueden dar verdadero fruto.
Siendo yo el único no-heterosexual, los cuatro consideramos como básico el rechazo de la homofobia, adhiriéndonos a manifiestos y asistiendo a la marcha del Orgullo, en la cual portamos carteles contra la homofobia eclesiástica que luego pegamos en la puerta de la catedral. En cuestiones éticas disputadas, consideramos que la conciencia puede reconocer por sí misma qué es pecado “de muerte”.
Tenemos como patrones a Santiago el Menor (por mi filiación judeo-cristiana) y al hermano Francisco de Asís (cuyo carisma nos parece demasiado valioso para quedar confinado en una sola confesión cristiana)."
Daniel Ramos Seisas (Daniyye´l Ben Yosef).
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José Mantero



