Y la mesura de Dios
12.07.06 @ 00:18:06. Archivado en Iglesia Católica
Concluimos esta serie de tres reflexiones después de la visita papal, y lo hacemos dejándonos iluminar por la palabra del Dios liberador.
Que valora la mesura y la gentileza como expresiones genuinas de la caridad cristiana; ellas, también bajo forma de cortesía y delicadeza, colorean los aspectos quizá más abruptos de la tarea evangelizadora y las luchas por la liberación integral de las personas, emprendida y mandada por Nuestro Señor Jesucristo.
Tiene tanto sentido la mesura, aún en la lucha, que ésta corre el riesgo de volverse contra el Evangelio, si faltare aquélla. Lo cortés no quita lo valiente. La mesura, desde luego, según el Evangelio, no el simple comedimiento.
Por esta razón hay que reconocer –salvando lo que haya que salvar- que el Papa ha estado mesurado en Valencia, así como lo han estado también algunas gentes de iglesia al reaccionar comentando la estancia de Ratzinger entre ellos y sus familias heterosexuales conservadoras católicas.
Lo cuál no quita que siga uno pensando en la homofobia como uno de los pecados concretos de la jerarquía católica, y una de las características desgraciadamente más sobresalientes del actual pontificado. Lo cuál tampoco quita que se reconozca en el hombre Benedicto XVI a un intelectual de gran calado, a un fino teólogo, y a un cristiano con una espiritualidad elegante, incluso gentil. Lo cuál no quita que la homofobia pueda afear todo el conjunto.
“Que vuestra mesura la conozcan todos los hombres. El Señor está cerca” (Flp 4, 5), aconseja el Apóstol a los cristianos de Filipos. Una vez más, nos vamos al maravilloso texto griego del Nuevo Testamento (Nestlé-Aland, con la preciosa colaboración del cardenal Martini), y leemos literalmente: “lo mesurado (epikeines) de vosotros sea sabido por todos los hombres: el señor está cerca”. Mesura, con regusto etimológico de epiqueya, esto es, según el DRAE, “Interpretación moderada y prudente de la ley, según las circunstancias de tiempo, lugar y persona”. Así pues, moderación y prudencia pastorales, cosas distintas al miedo, respetos humanos y temores de espíritus pacatos. Y saber leer las circunstancias, lo que el otro llamó signos de los tiempos, para pronunciar en el seno de ellos la palabra evangélica: liberadora, rompiente, sanadora, inclusiva, nunca excluyente ni homófoba. Que conoce los tiempos y sabe esperar, sí, pero no según la prudencia humana, sino la del Kyrios.
El Dios de Nuestro Señor Jesucristo “no hace acepción de personas, sino que le agrada el que le teme y practica la justicia, sea de la nación que sea” (Hch 10, 34-35), sea de la orientación sexual que sea, sea de la gentilidad que sea. Nadie es “gentil” para Dios, pues todos somos sus hijos. La mesura según el Espíritu está en saber abrazar, acoger y bendecir a todas y a todos, individuos y familias, en la gran familia de Dios, la Iglesia; adaptando la modulación de su Palabra a las circunstancias concretas de cada cuál. La mesura de Dios. Amando de manera especial a los que son diferentes, según el espíritu de Rm 13, 8 (ruego consulten el texto original griego), lo que supone cumplir la ley entera.
“Y no habrá más maldición” (Ap 22, 3), únicamente bendición: a individuos y a familias de todo signo y orientación. Porque Dios ha extirpado toda maldición, y –para obrar con su Santa Mesura- los hombres no podemos maldecir lo que Él bendice.
“La medida del amor es amar sin medida”, bienaventurado Aurelio. La mesura del amor es amar sin mesura, ni vetos ni exclusiones.
“El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser” (1Cor 13, 4-8). Amor.
Resguárdense del sol, tomen líquidos, hidrátense: el calor es fuego. Mi hermano Fernando aconseja café o té como regulador térmico. Pablito, hazle caso a papi. Hasta mañana si Dios quiere.
Un momento de oración por las víctimas del atentado terrorista en India.
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José Mantero



