Y otra cierta mesura
11.07.06 @ 00:35:55. Archivado en Iglesia Católica, Gays
También han sido, en lo que cabe, mesuradas las distintas reacciones ante la pasada visita papal. Comedidos muchos comentarios, de uno y otro signo, salvando las inevitables estridencias, también de propios y extraños. Incluso en los obispos españoles que han hablado para los medios se dan los –lógicos- distintos matices; teniendo en cuenta, además, que no todos han asimilado de igual modo el baño de multitudes en la ciudad del Turia y de Doña Rita.
Juan del Río, obispo de Jerez, ha sido acaso uno de los más entusiastas, como con ese gozo indecible y transfigurado que resulta de haber visto la luz o estar recién repuesto de haber dado “a la caza alcance” (lo cuál es, objetivamente, fantástico: que se lo pregunten, si no, a San Juan de la Cruz). Atilano Rodríguez, obispo de Ciudad Rodrigo (está visto que, como en el balompié, tenemos que aprendernos las alineaciones episcopales), en sus satisfechas impresiones sobre estas pocas horas con Ratzinger, comenta, fervoroso: “la fe tiene futuro y que ese futuro está en la gente joven que se sigue enganchando a la iglesia y al seguimiento de Cristo” (por este orden: primero, iglesia; segundo, Cristo… ¿Son las iglesias un fin en sí mismas, o bien simples medios constituyentes de cara al seguimiento de Cristo?). “Y esto nos viene fenomenal en un momento de confusión, cuando desde muchas instancias se nos viene repitiendo que los jóvenes pasan de Dios y que la fe es algo trasnochado que ya no sirve para la gente de hoy”, concluye monseñor Rodríguez.
Y tiene mucha razón el bueno de Don Atilano. Como él dice, siguen siendo muchas hermanas y hermanos (me encantó que Ratzinger, en Valencia, usara esta distinción) quienes “se siguen enganchando” a Cristo y a las iglesias que configuran la Iglesia. Porque, ciertamente, la fe es siempre actual, don de Dios a la persona y, a la vez, regalo razonable que ésta hace a su Dios. Viva la teología fundamental. Tiene mucha razón Don Atilano; pues, ciertamente, lo trasnochado no es la fe, sino determinadas formas y maneras de concebirla, encapsularla, meterla en el trullo de inciertos preceptos, tan objetivos que llegan a pretender cosificar a Dios. Pero es imposible aprisionar a Dios, ni encerrarle; pues Él es espíritu puro, viento que sopla donde quiere, y se hace presente donde quiere, desde el altar papal al casal de falla; desde los corporales a las sábanas.
Tiene razón. Cristo, hoy, sigue enviándonos su santa palabra, viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo (Hb 4, 12), que escapa a rejas, mordazas, imposiciones, prohibiciones y vetos inhumanos. Alabada sea su Palabra de Vida.
Monseñor Rafael Palmero, de Orihuela-Alicante, se refirió a la sapientísima actitud de Benedicto decimosexto, apostillando que se pueden decir las cosas con elegancia y “sin herir a nadie, como hizo el Papa”. Evidentemente. Así, no todo está en el decir, sino también en el saber callar; ni todo en el hecho, sino también en la omisión.
El mismo día en que el Papa Ratzinger bendecía a las familias heterosexuales conservadoras católicas, una doble celebración matrimonial, obviamente por lo civil (donde las iglesias no tienen arte ni parte, ya que no se celebra un sacramento), unía a dos parejas –dos chicos gays y dos chicas lesbianas- en un casal fallero. Sergio con Juan Francisco, Nuria con Luisa, ya son dos matrimonios felices, dos familias que viven en la predicada paz y armonía que destacó Benedicto XVI. Sinceramente, no sabemos por qué “razón” en algunas iglesias aún se mira a otro lado para no bendecir, si no estos matrimonios, sí al menos sus familias, vividas en la positividad del amor y la mutua entrega. Habrá quien llame provocadoras a estas parejas. El mundo está necesitado de provocaciones, pero fundamentalmente de ese amor que se traduce histórica y concretamente en vida familiar. Benditos, benditas sean, sí, de Dios. Benditas y benditos son por Él.
Acabo la reflexión con una invitación a leer el que para mí ha sido el mejor comentario, la más sensata –con la sensatez de quienes son de Cristo- impresión sobre la pasada visita del Papa. Lo tomo del diario El Mundo, en su edición Noticias de Huelva, recuadro “La otra orilla”. Lo firma Gonzalo Revilla, católico, perteneciente –al menos en tiempos- a Cáritas Diocesana. No tiene desperdicio:
“Benito XVI ha pasado por Valencia. La visita ha venido precedida de polémica, y ha supuesto un despliegue aparatoso en la ciudad mediterránea. Miles de personas se han desplazado a verlo, han aplaudido sus discursos y se han emocionado ante la cercanía de este peculiar jefe de estado, líder religioso del catolicismo, una de las grandes religiones monoteístas. El Papa (el anterior) también estuvo por Huelva hace unos años, y también recordamos lo fastuoso que resultan estas visitas papales. De aquello queda el recuerdo. No dudo que la Iglesia Católica tenga, tengamos, cosas que decir, y que para ello necesite púlpitos. Pero me da que, tal como andan las cosas, bien haríamos en escuchar y aprender, en tomar el pulso de esta humanidad, hoy, ahora, con sus debilidades y sus fortalezas. Y estos viajes no ayudan mucho a escuchar: damos la impresión de una institución con las cosas muy claras, con una trinchera moral muy definida, estática y algo anacrónica. No digo que el relativismo sea mejor, pero sí que hay que revisar muchas de nuestras posiciones a la luz de los nuevos tiempos: no todo es Evangelio (ni evangélico) en lo que pregonamos, la gente lo sabe, los propios creyentes lo saben. Ojalá entonces la próxima visita papal sea menos vertical, que se acerque, nos acerquemos, a las grandes heridas de este mundo con talante sanador, sin juicios previos. Si la Iglesia Católica quiere encontrar su lugar en esta sociedad, en este siglo, ha de revisar sus formas y su mensaje. Amén”.
Pues, lo dicho: Amén.

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José Mantero



