Testimonio de Fernando, pastor ICM

Enlace Permanente 14.06.06 @ 00:23:50. Archivado en Gays, IGLESIA

Fernando Frontan tuvo el privilegio de ser el primer activista gay visible en su país, Uruguay, hace diez años. Desde entonces, como él mismo dice, su vida ha tenido un “gran giro hacia la soledad del camino comprometido con el Evangelio”. Fernando, que acaba de finalizar sus estudios bíblico-teológicos para poder ejercer el ministerio ordenado en la Federación de Iglesias de la Comunidad Metropolitana (ICM), sabe muy bien lo que significa la soledad a causa de la radicalidad evangélica, “una decisión personal –me dice- que no es acompañada más que por las razones profundas que se cuajan en el interior nuestro”.
El pastor Frontan me escribe frecuentemente. En su primera carta me manifiesta que tiene noticia de la lucha de las personas transexuales por el reconocimiento de su verdadera identidad: “Sé de esa lucha, de esa angustia; tengo varias hermanas en mi congregación que sufren el rechazo y la exclusión por identidad, yo hace más de diez años que vengo peleando por un proyecto de Identidad de Género en el Parlamento de mi país, sé de los bloqueos y los muros que ponen a ello las instituciones y los embates del conservadurismo fundamentalista.
Hace muchos años en mi país, en tiempos de la dictadura, un sacerdote jesuita, Romy Lezama, se la jugó por los presos políticos… y terminó preso y torturado como tod@s ell@s... Mientras estaba en la cárcel escribió una oración que ha generado un impacto tremendo en mi vida y me gustaría compartirla contigo, quizá pueda apoyarte en tu camino espiritual.
Romy decía a Dios de esta manera:

“A veces me da miedo orar
porque es decirle a Dios ¡presente!
Cuando nos llama desde los pobres, los que sufren,
Los necesitados, los que están solos,
Los desamparados, los…
Puede que nos encomiende una misión,
De esas que se llevan la vida”

Creo que decir a Dios ¡presente! es contracultural, subversivo, si lo consideramos desde la radicalidad del Evangelio quedamos fuera de los aplausos del mundo a cambio de asumir la cruz liberadora de Cristo, con El y en El. Y no podemos menos que asumir que Dios nos toma la vida. Lo bueno de todo esto, cuando Dios nos toma la vida, nos la devuelve en abundancia, tanta que es imposible de contenerla”.
Fernando me habla de su salida del armario en un país pequeño como Uruguay: “Yo pasé por eso en un pais tan chiquito como ese pueblo al que perteneces seguramente. Aquí te tirás un pedo en la capital y repercute en el horizonte más lejano del territorio nacional, por aquello de "pueblo chico e infierno grande". Siempre puse en jaque al clero presentándome como un candidato gay de irreprochable reputación en la vida de la iglesia y en aquel momento con confirmada vida celibataria. Pero... el decir soy gay, no me excluyó de entrada. Me dejaron estudiar en el seminario, pero viviendo en una comunidad de curas viejos que vivía en un asentamiento popular marginal de la capital, Montevideo; debí seguir estudiando y el trabajo pastoral me lo pusieron a 92km. de donde vivía. Bien para complicármela. Con todo, sobreviví, logre las mejores calificaciones en el seminario, desarrollé un proyecto de comunidades eclesiales de base en una diócesis con muy poca vida de pequeñas comunidades. Pero este grupo prendió y no solo ello, hoy a 15 años de aquella fundación existen más de 35 comunidades en toda la diócesis. Pero nada sirvió para convencerlo de que lo único que importaba era si tenía o no capacidad oblativa para vivir el celibato disciplinario. Yo decía que no, ellos estaban asustado por el "putanguerismo interno en el clero" (quiero decir la vida sexual intensa dentro del clero, y los problemas colaterales, porque una sexualidad reprimida termina siendo una sexualidad compulsiva y una sexualidad compulsiva suele rozar con facilidad la perversión). En fin luego de 4 años pedí una definición, porque si en algún momento yo iba a ser cura necesitaba tener experiencia de seminario... Y se definieron, me pidieron que renunciara a todo... Lo hice y con ese primer acto fue una seguidilla de rechazos y exclusiones que terminaron no sólo con mi vocación sino con mi vida de Iglesia. A esa altura llevaba 20 años de vida pastoral. Pero pudo más el peso de un prejuicio y yo sentí que valía mucho menos que ese prejuicio. Ahí fue cuando sentí que la cosa no podía ser así, no estaba dispuesto a amordazarme ni a dejarme someter por el error y la malicia de los "acomodados del poder de turno". Gané una comunidad en el movimiento gay. Me metí a militar como gay cristiano laico. En ese momento el movimiento glbt en Uruguay había entrado en una profunda crisis. EL desafío pasaba por asumir una cara visible... Yo tenía tanta bronca e indignación que me hice visible a riesgo de perder trabajo, cariño familiar y amistades. Efectivamente fue así. Pero gané mi libertad y la dignidad de ser fiel al Evangelio del que me enamoré profundamente. Despues cambio la coyuntura... pero para cuando eso sucedió yo estaba más fuerte.
Fueron años de dolor. Estuve 3 años sin celebrar la Eucaristía, sin congregarme, sin tener vida comunitaria. Y tú bien sabes qué significa eso para un católico practicante. Pero no creía que pudiera existir iglesia fuera de la Iglesia Católica. Obtuso mi pensamiento, pero real. No creía. Entre tanto yo había fundado un grupo ecuménico para apoyar a la gente glbt y entablar una relación ecuménica con las iglesias para distribuirles información bíblica y teológica. No podía creer que esta comunidad nueva era la congregación que Dios me estaba ofreciendo y como si fuera poco me pedía que la pastoreara. Yo lo hice, pero no pude entenderlo así en aquel momento. Lloraba el rechazo de la Iglesia "Madre". Hasta que Dios, fastidiado de mi ceguera, arreglo para que una comunidad metodista me invitara a participar de su culto... Y fui... ¡Sorpresa! Sentí fuertemente Su presencia y sentí que la Iglesia era algo mayor a lo conocido por mí.
No me hice metodista, pese a que ellos tienen una apertura muy interesante a lo lgbt, y han tenido una actitud maravillosa frente a nuestra comunidad de cristianos. Yo igualmente no quería, luego de salir de una iglesia tradicional, meterme en otra. En fin. Al final conocí a ICM y allí recuperé muchas de las cosas perdidas”.
Fernando, el pastor ICM Fernando, me invita, nos invita a todas las personas homosexuales y transgénero a buscar mejores pastos eclesiales: “No permitas que la ceguera de la jerarquía bloquee el avance el Reino de Dios... Tú tienes el llamado a predicar y celebrar la eucaristía, y sé lo que eso debe significar porque es lo que yo he buscado desde niño...Y ahora estoy tan cerquita de conseguirlo. Porque si Dios lo permite, luego de retomar mis estudios en una Universidad Protestante (de Bs.As. a unos cuantos kms. de donde vivo) me aceptaron como estudiante gay y la semana pasada acabo de graduarme. Ya está todo pronto para que se cumpla la promesa de Jesús...”
Como ven, Fernando ha gustado el sabor acibarado de la exclusión por parte de las iglesias hacia la comunidad GLBT. Continúa narrándonos su peripecia vital, y la manera tan honda y, si me permiten, entrañable con que retomó su militancia cristiana y gay.
“¿Sabes cuándo comencé yo el ministerio con GLTB? Recién había sido echado del colegio Clara Jackson de Heber, donde trabajaba con adolescentes, por ser gay. Ingrese luego a un grupo político para luchar contra la discriminación, pero al salir de una institución que me discriminaba por ser gay entré en otra que me discriminaba por ser cristiano. Una vez esta organización que se llamaba Homosexuales Unidos (HU), hizo una performance en una disco. El acto consistía en una representación de los superhéroes glbt (se para fraseaban a Superman, Batman y Robin, la Mujer Maravilla, etc.) que luchaban con los chicos malos (el papa, entre otros... claro que no erraban en eso). Pero en ese acto uno de los superhéroes tomó una Biblia y la rompió arrancando un pedazo de ella... Ese acto fue discutido en el grupo, no por la santidad de la Biblia que sin fe es sencillamente un libro. Pero el debate era de que para los miembros del grupo que tenemos fe ese acto era agraviante a nuestra fe. Yo tomé aquella Biblia rota y entendí que eso era los que nos pasaba a los cristianos glbt: habían arrancado su mensaje de amor abruptamente, tanto estos fundamentalistas anticlericales como los fundamentalistas clericales y cristianos... Pero la violencia ejercida contra la Biblia nada tiene que ver con su mensaje liberador. Así nació
primero nuestro grupos de judíos y cristianos glbt, el eelms y luego nuestra Diaconía Cristiana”.
Para que luego vengan cuatro fundamentalistas cobardes camuflados (no son más) a querer emporcar lo que Dios ha querido hacer puro, grande, santificador: nuestro color del amor, como todos los colores del amor. Oremos por estos hermanos y hermanas errados.
ICM, Iglesias de la Comunidad Metropolitana: oasis eclesial para las personas LGBT. El Señor de la Iglesia bendiga a quienes trabajan en esta parcela de su mies, que es mucha, pero pocos los obreros. ¿Te apuntas? Bendita sea Dios.


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