Dios: trío, comunidad
11.06.06 @ 00:22:29. Archivado en Homilía los domingos
¿Quién es Dios? No es quien hay, sino quien hace que haya, decía el teólogo. Y Zubiri. Lo importante no es que exista Dios, lo importante es que existas tú, yo, nosotros, de ahí la importancia de Dios. Él nos llama a existir, nos convoca a la existencia. Él llama a la existencia a lo que previamente no existía, a lo que no estaba, a lo que no era. También para ser familia, y núcleo de amor. También para ser Iglesia; de modo que esta no puede convocarse a sí misma, sino que ha de ser Dios quien la llame a reunirse; de modo que la Iglesia no puede construirse a sí misma, sino que ha de ser Dios el constructor. “Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles” (Sal 127, 1), “pues nadie puede poner otro fundamento que el que ya está puesto: Jesucristo” (1Cor 3, 11). Domingo de la Santísima Trinidad: celebramos el trío amoroso que es Dios.
Padre e Hijo amándose en el Amor, que es el Espíritu Santo, su cemento, la efusión de sus misericordias, su óleo de júbilo, communis nexus amborum, sin diferencia ni distinción. Dios, la comunidad perfecta. Nuestro Dios es trío, es Trinidad Santísima, es la Santa Comunidad, que confiere sentido a la reunión orante, pedagógica y caritativa de sus criaturas, amándonos en Iglesia hasta el fin de los tiempos, para confeccionar la Santa Caridad en la tierra, de manera que se vaya pareciendo más cada día al Reino de Dios que está por venir, y que Cristo hará pleno inaugurándolo en su Parusía. Bendita sea Dios.
Dios es comunidad. Dios nos llama a vivir en armonía; a tener más en cuenta lo que nos une que lo que nos divide, pues una familia no puede subsistir desunida, como en guerra civil, sino que ha de vivir en el amor, eso es la santidad. Y Dios nos quiere santos. Y quiere a su Iglesia santa, unida, amándose.
El Espíritu Santo, admirable constructor de la unidad, sigue llenando de su claridad, su musicalidad, su potencia a tantas hermanas y hermanos, independientemente de su orientación afectivo-sexual. También a nosotros, las personas gays. Nadie puede negar esta verdad universal, católica. “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios” (Rm 8, 16). Esta verdad de fe hay falsos pastores que no la quieren admitir, incluso que la combaten. Sin embargo es tan evidente. Sin embargo, es tan de Dios, que no podemos sino prestarle nuestra obediencia de fe.La familia de Dios, la Iglesia, no puede excluir de la casa del Padre a una porción de sus hijos. Como, desgraciadamente, hacen hoy algunas iglesias con sus miembros homosexuales: admitiéndonos con reparos, es decir, sin ministerio, sin ciudadanía plena, sin verdadera eclesialidad. Las iglesias que hacen esto traicionan su misión universal, contradicen su vocación, reniegan de la Santidad de su Señor.
En la primera lectura de hoy, conociendo el corazón excluyente de alguna gente de iglesia, el Señor hace una promesa: de en medio de su pueblo, sacará otro pueblo, que será su pueblo (Dt 4, 34). Si no nos quieren en una iglesia, o en las que sean, no quememos inútilmente nuestras energías: vivamos juntos –a imagen del Dios uno y trino- la eclesialidad, en nuevas paredes, en distinta casa, en otra iglesia, que incluya a todos sin excluir a ningún hermano, a ninguna hermana.
Dios es familia y quiere que todos vivamos en su familia. La Federación de Iglesias de la Comunidad Metropolitana es una gozosa realidad eclesial que acoge en su seno a todos los hijos y las hijas de Dios, sin pedirle el carné a la puerta, sin auscultar su orientación sexual, sin exigirnos renegar de nosotros mismos.
ICM no exige apostatar del origen eclesial, sino integrarlo de manera dinámica en esta nueva comunidad. O sea: si eres anglicano, eres recibido como tal sin tener que renunciar a tu historia; si eres católica, igualmente; lo mismo si vienes del evangelismo o de la ortodoxia. Porque ICM es como la Iglesia en sus comienzos: inclusiva, hogar de acogida.
“Id, y haced discípulos de todas las naciones” (Mt 28, 19), dice el Señor antes de subir, glorificado, al cielo. La Iglesia, la humanidad necesita cristianos que anuncien el amor del Señor. La Iglesia, la humanidad te necesitan a ti, gay, a ti, lesbiana, a ti.
“Podéis ir en paz”. ¡Aleluya!
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José Mantero



