Maneras
09.06.06 @ 00:12:58. Archivado en Premios San Ildefonso, Religión
Escucha mis palabras, Job, presta oído a mi discurso. Esta es la característica propia de la manera de enseñar de los arrogantes, que no saben inculcar sus enseñanzas con humildad ni comunicar rectamente las cosas rectas que saben. En su manera de hablar se pone de manifiesto que ellos, al enseñar, se consideran como situados en el lugar más elevado, y miran a los que reciben sus enseñanzas como si estuvieran muy por debajo de ellos, y se dignan hablarles no en plan de consejo, sino como quien pretende imponerles su dominio.
A estos tales les dice, con razón, el Señor, por boca del profeta: Vosotros los habéis dominado con crueldad y violencia. Con crueldad y con violencia dominan, en efecto, aquellos que, en vez de corregir a sus súbditos razonando reposadamente con ellos, se apresuran a doblegarlos rudamente con su autoridad.
Por el contrario, la verdadera enseñanza evita con su reflexión este vicio de la arrogancia, con tanto más interés cuanto que su intención consiste precisamente en herir con los dardos de sus palabras a aquel que es el maestro de la arrogancia. Procura, en efecto, no ir a obtener, con una manera arrogante de comportarse, el resultado contrario, es decir: predicar a aquel a quien quiere atacar, con santas enseñanzas, en el corazón de sus oyentes. Y, así, se esfuerza por enseñar de palabra y de obra la humildad, madre y maestra de todas las virtudes, de manera que la explica a los discípulos de la verdad con las acciones, más que con las palabras.
De ahí que Pablo, hablando a los tesalonicences, como olvidándose de la autoridad que tenía por su condición de apóstol, les dice: Os tratamos con delicadeza. Y, en el mismo sentido, el apóstol Pedro, cuando dice: Estad siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere, enseña que hay que guardar en ello el modo debido, añadiendo: Pero con mansedumbre y respeto y en buena conciencia.
Pongan comillas desde el principio, hasta el párrafo precedente: Tratados morales de San Gregorio Magno, papa, sobre el libro de Job. Lo leímos (o no) anteayer, en el oficio de lectura de la feria correspondiente.
“La manera de enseñar de los arrogantes”, frente a “la verdadera enseñanza”, como la de Jesús, que hablaba con autoridad, no como los escribas y fariseos (Mt 7, 29).
El arrogante quiere imponer e imponerse, el verdadero maestro ilumina.
El arrogante condena, el maestro hace una propuesta de camino.
El Pontificio Consejo de la Familia ha dado a la estampa nuevos papeles contra casi todo lo que se refiere al amor (ellos prefieren el sexo sórdido, sin afecto), en el libelo titulado “Familia y procreación humana”.
En noviembre el papa publicó una instrucción en la que prohibía el acceso al sacerdocio ministerial a los varones gays.
Lean a San Gregorio Magno. Y escojan. O no.
Benedicta sea Dios.
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José Mantero



