Catecismo inclusivo de Partenia
06.06.06 @ 00:46:04. Archivado en Iglesia Católica, Gays
Recibo ayer, de buena mañana, una reconfortante carta de Monseñor Jacques Gaillot, obispo de la diócesis de Partenia. Entre otras cosas, me dice (nos dice, a toda la Iglesia): “Le plus important n'est pas notre orientation sexuelle, mais notre capacité d'aimer”. Habla el reverendísimo Jacques tan lleno de Espíritu Santo que ni siquiera sería necesario traducir desde su francés materno. Sin embargo, traduzcamos: “Lo más importante no es nuestra orientación sexual, sino nuestra capacidad de amar”. Esto es lo que parece aterrar al Papa que mayor daño está haciendo a la causa de los derechos humanos en todo el mundo: Ratzinger, a quien algunos consideran Benedicto, denominación más que discutible, dado que son muchas hermanas y hermanos quienes no pueden bendecirle, pues él, desde la usurpada cátedra del pescador, les está cubriendo de maldiciones. Me refiero, entre otras, a las personas homosexuales, seriamente vejadas por el actual soberano vaticano.
Leyendo a Jacques Gaillot, tan obispo como José Ratzinger, qué impresión tan distinta, sin embargo, percibe el alma: el uno, tan desvelado por sus hermanos; el otro, sólo por sus congéneres. La abominación de la desolación.
Leamos el catecismo hijo de Ratzinger, impropiamente llamado de la Iglesia Católica, leamos luego el Catecismo de Partenia, escudriñemos finalmente la Sagrada Escritura. Sin más comentarios que los insultos de quienes, como algunas ladillas y otros parásitos de esta bitácora, se saben perdidos en el marasmo de su propia ambigüedad afectiva y sexual, de su confusión, de su incapacidad de amar. Que aproveche.
Catecismo homófobo de Ratzinger:
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2357: los actos homosexuales son “depravaciones graves”, “intrínsecamente desordenados”, “Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso”.
• 2358: “Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales instintivas. No eligen su condición homosexual; ésta constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. (¿Es acaso justa alguna discriminación? Nota del bloguero) Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición”.
• 2359: “Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana”.
Catecismo cristiano de Partenia:
“Cuando algunas personas toman conciencia de que son homosexuales, esto supone un choque, una herida, y frecuentemente una soledad; sea en la adolescencia, en la edad adulta o incluso ya casada. No es fácil entonces encontrar escucha y diálogo en su entorno.
Conducir su vida respetando su humanidad, ser ciudadano que se quiere actor en la sociedad, vivir su fe en el seno de su Iglesia, es muy difícil.
La intolerancia daña. Las medidas de discriminación destruyen. Las mentalidades evolucionan lentamente. En numerosos países, Amnistía Internacional ha denunciado la represión de los homosexuales. No por casualidad los regímenes totalitarios les declaran fuera de la ley y les tratan despiadadamente.
La condición homosexual permanece siendo un enigma, incluso frecuentemente un tabú, tanto para las sociedades como para las Iglesias. La diferencia sexual es esencial. Estructura las sociedades. En la Biblia es el ser humano, masculino y femenino, el que es creado a imagen de Dios. La sexualidad no adquiere sentido sino en la acogida y el respeto del otro.
Desde la venida de Jesús, sabemos que el amor de Dios no excluye a nadie. Los que portan heridas son los preferidos de Dios.
Los homosexuales no son condenados sino amados de Dios.
Hoy se utiliza el signo del arco iris, símbolo de afirmación homosexual. Los gays y las lesbianas abogan por el reconocimiento de sus derechos.
Los cristianos homosexuales dan testimonio de un amor verdadero y fiel, así como de una fe viva y solidaria.
Si las comunidades cristianas no acogen enteramente a quienes se sienten excluidos, se privan de la apertura y de una mejor comprensión del Evangelio”.
Visión de Apocalipsis acerca de la Nueva Jerusalén:
“En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la salud de las naciones.
Y no habrá más maldición” (Ap 22, 2-3a).
Y no habrá más maldición…
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José Mantero



