Apóstol de la virilidad clerical: Ratzinger en Polonia
27.05.06 @ 00:40:26. Archivado en Iglesia Católica, gaynas y gaynonas, Rysands Posten
El Papa Ratzinger está echando el resto, también ahora, en su visita apostólica a Polonia. El resto, en ocurrencias. En ocurrencias acordes con su sempiterna obsesión sexual. Con su sempiterna obsesión sexual por el heterosexismo militante, pujante, trinchante… tronchante. Estos Papas… ¡Ay, Señor, Señor!
En Czestochowa el 26 de mayo dijo que la Iglesia necesita sacerdotes santos. Tiene razón. Y Papas santos y con sentido común.
En Varsovia, el día antes: la Iglesia necesita sacerdotes que sean
“maduros, viriles y capaces de cultivar una auténtica espiritualidad”.No está mal. Es esencial a un sacerdote la madurez psíquica y espiritual, lo que no viene dado por la orientación sexual. Hasta ahí estuvo fino el Papa. Pero, chica, es que lo de la virilidad… estando el patio clerical como está… ¿Quiso matar de risa a medio mundo, y de miedo al otro medio?
El otro día, un amigo mío estuvo de testigo en una toma de dichos matrimonial, Parroquia San Talypascual, nueve y cuarto de la noche, qué noche. Su expresión cuando me lo contaba, entusiasmado como los pastorcillos con Nossa Senhora recién aparecida: ¡Tío, aquello parecía Chueca, qué punto! (No dijo “punto”...). Luego me lo aclaró: el cura, los ayudantes, ¡hasta el novio!, tenían todos un plumazo del quince. ¿Y qué?, pensé.
A mí me parece genial, que conste. Y rompo desde aquí una polla –perdón, una lanza- por el salero de la pluma, que en la clerecía la hay, y en superabundancia, colorido y lustre. En la juventud y en la senectud, pasando por la calle de en medio, la más floreada y gentil. Pluma hay en el clero católico, desde el más humilde y ajado roquete aldeano hasta la mitra más potente, y el capelo más… ¿escondido? Y está bien que la haya, aunque ellos la disfracen de eufemismo descortés. Como me dijo un amigo cura cuando le señalé su enseñoreada pluma: Bah, chico, no es amaneramiento, es preciosismo. Así será…
No estoy de acuerdo con cierta actual tendencia en el mundo gay de hacer preponderar al gay macho-man, incluso bronco y hosco, en detrimento del homosexual amanerado, o de la mariquita enjalbegadora de toda la vida en nuestros pueblos. No. Tanto da. Lo que importa es otra cosa, el interior, la persona, la sustancia. La pluma, el amaneramiento es accidental.
Pero lo de Benedicto XVI es hilarante. ¿Cómo se le habrá ocurrido, con lo que tiene en casa, exigir virilidad a su clero? Por Dios, si es que se va a quedar más solo que la una. Incluso que la media, si se excluye a sí mismo. ¿En qué estaría pensando este Pontífice, al aconsejar virilidad a los sacerdotes?
¿Pensaba acaso en la virilidad del cardenal Carles? ¿Tal vez en la del cura de Beas? ¿Puede que en la del desaparecido Gea Escolano, o del aparecido (en Roma) López Trujillo? ¿Estaría, quizás, oyendo un audio de Reig Pla, insigne biólogo y biomoralista? ¿Miraba en ese momento hacia nuestra Conferencia Episcopal? Son preguntas.
¿Será hecho público próximamente un documento de Susan Tidad sobre la virilidad como característica intrínseca y connatural al ministerio sacerdotal, como el de noviembre sobre la novísima cualidad del sacerdocio ministerial católico: el heterosexismo recalcitrante?
Si ello es así, ¿le acompañará una carta a los obispos de todo el mundo, instándoles a expulsar de los Centros de Estudios Teológicos y facultades de teología a los profesores amanerados o, simplemente, no-viriles o poco-viriles? Pues se van a quedar solos. ¡Ay, Ponti, querida Ponti!
¿Cómo se dispondrán Benedicto y adláteres a baremar la dosis justa de virilidad?
Si es por la voz, ¡me pido entrada en primera fila! La cosa promete descojone universal.
Si es por afeites... es otro cantar. Si es por...
En fin, que no son serios estos señores. Este señor Papa.
Pensemos en Soeur Thylege de la Perpetua Indulgencia, cuyo vero icono ilustra nuestro día.
Ustedes se despiporren bien.
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José Mantero



