Condiciones para la negociación
24.05.06 @ 01:19:07. Archivado en Iglesia Católica, Gays
La primera condición para negociar con esos terroristas del alma es bien simple: que depongan sus armas homófobas, de modo que las personas homosexuales no volvamos a sufrir un nuevo insulto, ataque, injuria ni desprecio institucional por parte de la jerarquía católica, doblemente hermana nuestra. Tras el debido alto el fuego homófobo definitivo, será posible la paz, será posible sentarse juntos a reconsiderar nuestra fraternidad, que nos viene de Cristo, y nuestra eclesialidad, que nos nace del Espíritu.
Segunda –y lógica- condición: con sincera compunción, y de manera solemne, pida el Papa perdón a la comunidad homosexual (de dentro y fuera), sobre todo por la radicalizada homofobia de las últimas décadas, desde que el cardenal Ratzinger fue puesto al frente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, hasta su elección como obispo de Roma, cátedra desde la cual no ha cesado de agredir, pertinaz y fríamente, al colectivo LGBT, en gran medida formado por personas sinceramente católicas, clérigos y laicos que actualmente se debaten entre dos corrientes de fidelidad: a Cristo, o a la iglesia católica. Lo triste es que se perciba como disyuntiva… El Papa debe pedirnos perdón por haber hundido a miles de hermanas y hermanos, lesbianas y gays, en la más desgarrada de las perplejidades; por haberles hecho dudar de la presencia fiel y constante del Señor en sus vidas. Por haberles, en más de una ocasión, arrancado la fe del corazón.
Tercera condición: que, tras obtener el perdón de sus hermanos y hermanas homosexuales, los jerarcas homófobos se dispongan a participar en un curso intensivo que gire en torno a la acogida y la inclusividad de Dios; materia que se les impartiría por medio, fundamentalmente, de la Sagrada Escritura.
La comunidad cristiana gay está dispuesta a perdonar, sin rencor, sin resabios, sin resentimientos. Pero ha de saber si el agresor-ofensor está arrepentido; para ello, necesitamos ver y escuchar la petición solemne de perdón, hecha por la cabeza visible del catolicismo jerárquico. No para sentirnos vencedores revanchistas (pues nos basta con vencer, y ya hemos vencido, pues, a las claras, Dios está de nuestra parte), sino para que el mundo vea constatada la victoria de Cristo sobre el pecado de homofobia y acepción de personas.
El perdón que pidiera el Papa le reportaría un inmenso beneficio a la iglesia católica, pues, por la homofobia jerárquica (es necesario aclarar que es homófoba sólo una parte de la jerarquía: ni siquiera la mayor parte, y por supuesto, no el pueblo de Dios) se ha agrandado de manera extrema el abismo jerarquía-laicado, la fractura Iglesia-Sociedad. Lo que está en juego, lo que hay que negociar tiene que ver con la vida y con la Iglesia misma.
Por ello, somos ya muchos quienes, sincera y documentadamente convencidos de que la homofobia es un profundo desequilibrio, y la homofobia en la iglesia es pecado contra su propia naturaleza, pedimos al Padre de Nuestro Señor Jesucristo que haga recapacitar a los pastores del pueblo de Dios para que caigan en la cuenta de su pecado mortal, pidan la misericordia de Dios y el perdón de los hermanos, y seamos un rebaño bajo un pastor, el Buen Pastor, Jesucristo. A Él la gloria por los siglos.
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José Mantero



