Homosexualidad, sacramento de tu encuentro con Dios (3ª parte)
19.05.06 @ 00:25:52. Archivado en Gays
El Papa vendrá a Valencia –días 8 y 9 de julio- a decir contra ti, lesbiana y gay, lo que suele; lo que ayer largó al embajador australiano ante el estado Vaticano; ahí va en italiano (total, en español lo entendemos igual: insulto, despropósito, ingerencia contranatural en los planes de Dios y en la política de estados soberanos): "Le pseudo-forme di matrimonio distorcono il disegno del creatore e minano la verità della natura umana". O sea, que al obispo de Roma le parece muy mal que tú, homosexual, tengas –por derecho divino, y simplemente por derecho- derecho (valga la tridundancia) al amor, y a ver ese amor tuyo legalmente reconocido bajo el título de lo que, hoy, en nuestro ordenamiento jurídico, se denomina matrimonio. Sobre la apertura de esta institución a las personas del mismo sexo, ha advertido Ratzinger a los responsables políticos de Australia que otras formas diferentes de matrimonio (se refiere a chico-chico, chica-chica) "confondono un falso senso di libertà con la vera libertà di scegliere il dono definitivo di un 'si' permanente con il quale gli sposi si promettono reciprocamente" (no te preocupes: en español tampoco lo comprende casi nadie). O sea, que el sí que tu chico y tú os habéis dado no tiene ningún valor, es mentira. Igual ocurre, según BXVI, con el compromiso que tú has establecido con tu chica. ¿Por qué? Porque soys gays. Porque soys lesbianas. No tenéis, para este hombre, razón de existir, sois –somos- un error de la naturaleza (¿de Dios, tal vez? ¿se atreve este Papa a enmendarle la plana al mismísimo Creador?). No le hagáis caso: vosotros y yo sabemos que nuestra homosexualidad, aparte de una orientación sexual perfectamente natural, es sacramento para nuestro encuentro con Dios.
Será digno de ver lo que esa criatura echará por esa boquita en Valencia, durante el encuentro mundial de sus familias. Ratzinger viene para que tú, lesbiana, y tú, gay, te sientas aún más excluido de la comunión con una iglesia que sólo te quiere mudo, invisible, sumiso, un alma extra muros. Alrededor de catorce asociaciones, algunas de ellas cristianas (comunidades eclesiales de base y la corriente Somos Iglesia) han planeado actos pacíficos durante el tiempo que el gran homófobo permanezca en nuestro país. Ellos estarán haciendo algo serio, mientras él nos flagela, como a Cristo antes de la crucifixión.
No le hagáis caso, no le hagamos caso, pues sabemos que el Señor de la Iglesia nos acoge a todos por igual, porque Él no hace acepción de personas, porque para su misericordioso Corazón todos somos hijos suyos (Hech 10, 34; Rm 2, 11; Gal 2, 6; Ef 6, 9). “A mí me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame profano o impuro” (Hech 10, 28), y “lo que Dios limpió, no lo llames inmundo” (Hech 10, 15). ¿Quién o qué le ha podido inspirar al gran homófobo su impío discurso? No ha podido ser el Espíritu Santo, pues sus frutos no son los que se desgranan en sus andanadas homófobas. Muy otros son los frutos del Espíritu (Gal 5, 22).
Ayer, en Misa, podíamos disfrutar de la Palabra acogedora, inclusiva de nuestro Señor, en la primera lectura, tomada de Hechos. Una palabra que nos ilumina y aclara muchas cosas, dando sentido a nuestros porqués:
Buena pregunta. Tentar a Dios imponiendo a sus hijos cargas por llevar las cuales los fariseos no están dispuestos a mover ni un dedo (Mt 23, 4).“¿Por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar?” (Hech 15, 10).
La Palabra de Dios te acoge, te incluye; la del Papa te rechaza, te excluye, contra los planes del Señor, que en tiempos apostólicos decidió que no se inquietara con cargas absurdas a los cristianos procedentes de la gentilidad; y tú –para estos jerarcas- perteneces a la nueva gentilidad (Hech 15, 19), y eres por tanto objeto de la acogida y los desvelos de la verdadera Iglesia de Jesucristo.
Cuando escuches los insultos homófobos del Papa, no te inquietes, no nos desvelemos, hermanas y hermanos. Hay que rezar por él, para que se convierta de su mentalidad homófoba, y Dios le conceda la salud. Rezar, también, para que no sea demasiado tarde para la iglesia católica.
Respondámosle con paz, y acogiendo en nuestro corazón la Buena Noticia que es Jesús, Evangelio para todos, sin distinción. Lo que Pedro dice de los gentiles, lo dice también de los hoy considerados gentiles por la jerarquía católica: tú, yo, las personas homosexuales. Es esta la palabra que es preciso acoger en el alma, para que dé fruto de alegría y caridad, y así nuestro gozo sea completo:
Al excluirte, al excluirnos, ¿no estarán estorbando a Dios?“Si Dios, pues, les concedió también el mismo don que a nosotros que hemos creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo que pudiese estorbar a Dios?” (Hech 11, 17).
Terminemos por hoy esta meditación, con la promesa del salmo 96, responsorial de la Eucaristía de ayer:
“Entonces todos los árboles del bosque rebosarán de contento” (Sal 96, 12). Todos.
A pesar del encuentro mundial de un-solo-tipo-de-familias, a pesar de los insultos que oiremos, hermanos, alegrémonos. Que nuestra alegría beligerante no pueda ser apagada. Bendita sea Dios.
Comentarios:
Aún no hay Comentarios para este post...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Los comentarios para este post están cerrados.
José Mantero



