Homosexualidad, sacramento de tu encuentro con Dios (1ª parte)
17.05.06 @ 00:30:12. Archivado en Gays
Un sacramento es un signo sensible –esto es, que se puede ver, oler, oír, palpar, gustar, amar- que expresa –significa- y produce –causa- la gracia, por la propia virtualidad significativa y actuante con que Dios ha querido dotarlo; o sea, no por santidad, calidad o designio humano, sino por voluntad de Dios, que ha querido dotar al signo de su propia presencia operante. Refresquemos la memoria teológica: aunque el cura de Base Bartola (un poner) fuera un bulto con ojos, que ni tuviera fe ni devoción ni caridad, el Señor es más fuerte que su maldad o su frialdad de sapo, y Él opera el milagro de su presencia y de su gracia aun a pesar del reverendo en cuestión. Es decir: sus misas, como las mías, son válidas. Incluso las misas u ordenaciones presididas (¿perpetradas?) por el homófobo cardenal Carles, por Reig y/o similares son válidas, porque Dios ha querido trascender nuestra maldad, gilipollez o mediocridad.
Cada persona es representación del Señor; cada acto de bondad o maldad que hacemos con ella, es más, cada omisión, es para con el Señor. Porque Él nos dejó dicho que lo que hacemos –o no- a uno de nuestros hermanos a Él se lo hacemos (Mt 25, 40.45). El prójimo es sacramento de nuestro encuentro con Dios, porque Cristo Jesús es el Sacramento genuino de nuestro encuentro con el Padre. A través del cuerpo de Cristo llegamos a Dios, a través del cuerpo llegamos a Dios. La corporalidad no es carga ni rémora, sino gozo y puerta abierta.
Es más, tú, cada uno de nosotros es sacramento del encuentro con Dios, porque tu cuerpo, nuestro cuerpo es templo de Dios, de su Espíritu Santo (1Cor 6, 19). Eres templo, oratorio donde sintonizas con la onda del Espíritu que ora en ti con gemidos inefables (Rm 8, 26); y eres altar donde Cristo se ofrece –por la entrega de su amor- en sacrificio único y eficaz al Padre. Cuando amas eres más consciente de tu carácter sacramental; cuando haces el amor, Cristo está, en ti y en tu acto sexual y afectivo, amando y redimiendo, sacramentando al mundo en tu acto.
Eres homosexual, lo cual quiere decir que el Creador ha modelado tus centros afectivos y sexuales, te ha dotado de esa singular capacidad de amar, ser amado/amada, de respirar en Su amor, de transpirarlo, de comunicarlo. Tu homosexualidad es sacramento a través del cual te encuentras con Dios, a través del cual Él ha querido manifestarte su misericordia, su infinita ternura, toda la dulzura de todo un Dios. Eres gay, eres lesbiana por la gracia de Dios, porque Él lo ha deseado y realizado en ti desde antes de los siglos:
“Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre.
Te alabaré, porque formidables, maravillosas son tus obras;
Estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien.
No fue encubierto de ti mi cuerpo,
Bien que en lo oculto fui formado,
Y entretejido en lo más profundo de la tierra.
Mi embrión vieron tus ojos,
Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas
Que fueron luego formadas,
Sin faltar una de ellas.
¡Cuán preciosos me son, oh Dios,
tus pensamientos!” (Sal 139, 13-17).
Tu orientación sexual, la homosexualidad es sacramento de tu encuentro con Dios. No les hagas caso, da gracias a Dios por ser lesbiana, da gracias a Dios porque eres gay.
(CONTINUARÁ)
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José Mantero



